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<institution><![CDATA[,Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Facultad de Ciencias de la Salud ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p><a name="top"></a><font face="Verdana" size="2"><b>COLABORACIONES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Proceso de Bolonia (V): el curr&iacute;culo oculto</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Bologna Process (V): the hidden curriculum</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Felipe Rodr&iacute;guez de Castro</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, Espa&ntilde;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Dirección para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La educaci&oacute;n m&eacute;dica es algo m&aacute;s que la mera transmisi&oacute;n de conocimientos y habilidades. De una forma consciente o inconsciente, los educadores tambi&eacute;n trasladan a los futuros m&eacute;dicos normas y valores que a menudo socavan los mensajes formales contemplados en los programas de formaci&oacute;n o en el ideario de los centros sanitarios. De hecho, gran parte de la socializaci&oacute;n secundaria ligada al proceso transformacional que supone convertirse en m&eacute;dico se produce fuera de los espacios considerados formalmente como docentes, lo que no le resta importancia en relaci&oacute;n al conocimiento adquirido en situaciones m&aacute;s expl&iacute;citas o formales &#091;1&#093;. Cada palabra pronunciada, cada acto ejecutado u omitido, cada broma gastada, cada silencio mantenido o cada contrariedad manifestada en un pasillo, en la cafeter&iacute;a o en el ascensor, tiene una influencia en el que aprende a nuestro lado mayor de lo que hubi&eacute;ramos pretendido &#091;2&#093;. Quiz&aacute; sea &eacute;sta una de las razones de por qu&eacute; los cambios que las diversas reformas introducen en los curr&iacute;culos formales no siempre consiguen los resultados esperados.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha puesto de manifiesto que la buena pr&aacute;ctica asistencial, adem&aacute;s de las habilidades t&eacute;cnicas, necesita otro tipo de capacidades. Estas habilidades no t&eacute;cnicas (<i>non-technical skills</i>) forman parte de las conductas relacionadas con el desempe&ntilde;o profesional, que est&aacute; condicionado, en gran medida, por un conjunto de premisas, no siempre f&aacute;ciles de reconocer, las cuales constituyen la base de la cultura que se promulga en nuestros centros formativos. Este conjunto de premisas va a tener una profund&iacute;sima influencia en los estudiantes y en los m&eacute;dicos en formaci&oacute;n porque determina asunciones b&aacute;sicas acerca de lo que es &quot;aceptable&quot; o &quot;inaceptable&quot; en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>¿Qué es el currículo oculto?</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El curr&iacute;culo oculto representa un trasfondo de normas, valores y reglas latentes en el proceso formativo, que los estudiantes han de asumir y adoptar para desempe&ntilde;ar convincentemente un papel social &#091;3&#093;. Es evidente que no todo lo que se ense&ntilde;a en la facultad o durante la residencia est&aacute; contemplado en los programas. En realidad, una gran parte de lo que se ense&ntilde;a -y desde luego mucho de lo que se aprende- tiene lugar fuera de los cursos o explicaciones formales. Pero el curr&iacute;culo oculto no es algo que se encuentre por casualidad, sino que se debe buscar intencionadamente &#091;4&#093;. Desde un punto de vista pr&aacute;ctico, se podr&iacute;a definir como el conjunto de &quot;reglas, regulaciones y rutinas&quot; institucionales no escritas &#091;5&#093;. Aunque el aprendizaje formal es importante, es el curr&iacute;culo oculto el que proporciona los elementos que permiten comprender las influencias existentes en el comportamiento del estudiante &#091;6&#093;. La mayor potencialidad educativa se consigue cuando ambos curr&iacute;culos, formal e informal, est&aacute;n alineados, lo que lamentablemente no siempre ocurre.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Reconocer que la educaci&oacute;n m&eacute;dica incluye aspectos latentes o impl&iacute;citos permite apreciar cu&aacute;nto de lo que los estudiantes y residentesllegan a &quot;conocer&quot; se adquiere o se fundamenta en interacciones que tienen lugar fuera de las aulas, de los laboratorios o, en general, al margen de los escenarios educativos tradicionales. Esta idea supone considerar los hospitales, los centros de salud y las instituciones formativas como entidades culturales y comunidades morales, &iacute;ntimamente involucradas en la construcci&oacute;n de definiciones de lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal, lo que es  &quot;buena&quot; o &quot;mala&quot; medicina. Adem&aacute;s, y lo que es m&aacute;s importante, este concepto de curr&iacute;culo informal o curr&iacute;culo oculto exige de los profesores, de los tutores y de los educadores en su conjunto el reconocimiento de la educaci&oacute;n m&eacute;dica como un proceso cultural y, por tanto, como algo en constante cambio y sometido a fuerzas externas &#091;7&#093;.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Condicionantes externos del curr&iacute;culo oculto</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Estas continuas transformaciones a las que est&aacute; sujeta la educaci&oacute;n m&eacute;dica no s&oacute;lo se relacionan con la evoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica y social, o los avances m&eacute;dicos en general, sino tambi&eacute;n con el perfil demogr&aacute;fico y la creciente diversidad socioecon&oacute;mica, cultural y &eacute;tnica de estudiantes y residentes &#091;8&#093;. En el a&ntilde;o 2010, casi la mitad de los aspirantes a ocupar una plaza de m&eacute;dico especialista en formaci&oacute;n en Espa&ntilde;a era extranjero. Los extracomunitarios que compiten por las plazas de formaci&oacute;n especializada han aumentado su presencia en la convocatoria de 2012 en un 15% &#091;9&#093;. Adem&aacute;s, en los centros formativos coexisten diferentes generaciones de m&eacute;dicos, con distintos valores y diferentes estilos de aprender y de trabajar. La personalidad y las caracter&iacute;sticas de la generaci&oacute;n actual de estudiantes y residentes vienen condicionadas por el hecho de haber crecido en un mundo saturado de im&aacute;genes, ordenadores personales, Internet y nuevas formas de comunicaci&oacute;n interpersonal. Los especialistas en formaci&oacute;n se han educado en un mundo en el que se han producido cambios tecnol&oacute;gicos r&aacute;pidos y profundos, y est&aacute;n acostumbrados al acceso a la informaci&oacute;n de una forma inmediata, ilimitada y sin esfuerzo. Como consecuencia de ello, son cr&iacute;ticos con la organizaci&oacute;n y los m&eacute;todos docentes jer&aacute;rquicos tradicionales. Se sienten c&oacute;modos estableciendo relaciones con colegas que s&oacute;lo conocen de forma virtual, lo que les permite organizarse sin restricciones geogr&aacute;ficas para resolver problemas complejos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Uno de los cambios demogr&aacute;ficos m&aacute;s notables que se ha producido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es el incremento de la proporci&oacute;n de mujeres en las &uacute;ltimas generaciones de m&eacute;dicos. Actualmente, suponen en torno al 40% de los m&eacute;dicos colegiados en Espa&ntilde;a y hasta dos tercios de los estudiantes de medicina. En 1982, la cuarta parte de los profesores universitarios de ciencias de la salud eran mujeres, mientras que hoy d&iacute;a suponen casi la mitad. Este cambio no s&oacute;lo es evidente en nuestro pa&iacute;s, sino que tambi&eacute;n se constata en otras naciones de nuestro entorno geogr&aacute;fico y cultural. En Gran Breta&ntilde;a se estima que las mujeres ser&aacute;n mayor&iacute;a en el National Health System en el plazo de una d&eacute;cada, y en Estados Unidos, en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, la proporci&oacute;n femenina entre los estudiantes de medicina ha pasado de ser menor del 10% a alcanzar el 50%. Este cambio en la demograf&iacute;a m&eacute;dica sin duda determina cambios en la cultura predominante en nuestros centros educativos. Sin pretender ser exhaustivo en este punto, las mujeres tienden a escoger especialidades menos tecnol&oacute;gicas, m&aacute;s orientadas al paciente y con trabajo m&aacute;s planificable. Este patr&oacute;n, que se reproduce en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses occidentales, coincide con el creciente deseo de una mayor proporci&oacute;n de m&eacute;dicos -hombres y mujeres- de disponer de un trabajo m&aacute;s flexible y del dise&ntilde;o de carreras menos lineales, con per&iacute;odos sab&aacute;ticos o interrupciones ocasionales &#091;10&#093;. Todo esto implica una transformaci&oacute;n en la concepci&oacute;n de algunos aspectos que, en relaci&oacute;n con la dedicaci&oacute;n al ejercicio de la profesi&oacute;n, han tenido generaciones previas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Algunas premisas latentes en educaci&oacute;n m&eacute;dica</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aprender a ser m&eacute;dico consiste en adoptar las normas de la profesi&oacute;n, lo que supone un proceso que tiene lugar en situaciones concretas y contextualizadas, e incluye, entre otros aspectos, la asimilaci&oacute;n del impacto social que tiene la conducta de los miembros m&aacute;s influyentes del entorno &#091;11&#093;. Los estudiantes y los residentes tienden a internalizar los valores predominantes de la comunidad de pr&aacute;ctica y, en este sentido, la educaci&oacute;n m&eacute;dica debe entenderse como un proceso transformacional de identidades que precisa ajustes en la aplicaci&oacute;n de unos principios idealizados y te&oacute;ricos a la complejidad de los contextos reales. El curr&iacute;culo oculto funciona como un mecanismo de socializaci&oacute;n dentro de una estructura educativa institucional m&aacute;s amplia que ense&ntilde;a a los estudiantes las din&aacute;micas de poder que existen entre ellos y los legos, y que se fundamentan en la asimetr&iacute;a del conocimiento. En los hospitales, y en general en los centros educativos, existe un conjunto de asunciones y una serie de premisas que subyacen en ellas de forma impl&iacute;cita. Estas premisas no se reconocen f&aacute;cilmente; son, m&aacute;s bien, una especie de &quot;ruido de fondo&quot; cuya identificaci&oacute;n es clave porque constituye el n&uacute;cleo de normas no escritas que se transmiten, voluntaria o involuntariamente, en nuestras instituciones formativas, y que enmarcan las asunciones que los discentes finalmente aceptan como inevitables. Cambiar estas premisas se convierte, por consiguiente, en una tarea esencial para aquellos que intentan modificar la cultura m&eacute;dica vigente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La influencia del curr&iacute;culo oculto puede analizarse en m&uacute;ltiples aspectos y desde diferentes perspectivas. Sin pretender agotar todas las situaciones potenciales o los contextos cl&iacute;nicos o educativos, a continuaci&oacute;n se analizan algunas de estas premisas latentes que participan en el proceso de aculturaci&oacute;n profesional &#091;12&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Incertidumbre y complejidad</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el ejercicio de la medicina no es frecuente admitir que algo se ignora o se desconoce. De hecho, siempre parece existir una explicaci&oacute;n plausible o una respuesta correcta para cualquier problema m&eacute;dico, ya sea de naturaleza t&eacute;cnica o &eacute;tica &#091;13&#093;. Esta actitud, de alguna forma, se arrastra desde las facultades de medicina, donde tanto profesores como alumnos se desenvuelven m&aacute;s confortablemente en el &aacute;mbito de la  &quot;respuesta correcta&quot;. En lugar de aprender a manejar la incertidumbre y el conocimiento probabil&iacute;stico que caracterizan el ejercicio cl&iacute;nico, no es raro que una y otro se rechacen vehementemente tratando de transmitir a los pacientes y a los discentes una seguridad que, en muchas ocasiones, ni se tiene ni es posible. Adem&aacute;s, como ha se&ntilde;alado recientemente Hilliard Jason en un <i>MedEd-World Webinars</i>, la humildad del profesor es un instrumento vital, aunque frecuentemente menospreciado, para una educaci&oacute;n m&eacute;dica efectiva. Se debe redescubrir y ense&ntilde;ar el valor del juicio cl&iacute;nico y la importancia de la reflexi&oacute;n personal, intelectual, cient&iacute;fica y administrativa, en la toma de decisiones en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica &#091;14&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La naturaleza de los dilemas morales a los que se enfrenta un estudiante o un residente es una fuente constante de incertidumbre y ansiedad que no siempre se maneja de forma adecuada. La mayor&iacute;a de las intervenciones educativas que se realizan con objeto de desarrollar la formaci&oacute;n &eacute;tica de los futuros m&eacute;dicos se centra en aspectos relacionados con el ejercicio profesional. Este abordaje, sin duda necesario, soslaya los conflictos &eacute;ticos a los que se enfrenta el estudiante como tal y para los cuales no recibe ning&uacute;n apoyo u orientaci&oacute;n espec&iacute;fica &#091;15&#093;. En la mayor&iacute;a de los casos, los estudiantes son abandonados sin ofrecerles la oportunidad de discutir o de compartir estos conflictos. El residente tambi&eacute;n afronta otra clase de problemas &eacute;ticos inherentes al proceso formativo en s&iacute; mismo. Estos dilemas surgen por las obligaciones &eacute;ticas que tiene como m&eacute;dico y como estudiante, como m&eacute;dico y tutelado, y como m&eacute;dico y empleado de una instituci&oacute;n docente &#091;16&#093;. Estas lealtades encontradas pueden ser &eacute;ticamente dif&iacute;ciles de resolver para m&eacute;dicos formados, pero para un residente, la negociaci&oacute;n de estos dilemas en un momento de alto nivel de estr&eacute;s, cuando las debilidades personales -miedo, cansancio, dudas, ignorancia- conducen, en ocasiones, a tomar decisiones &eacute;ticamente dudosas, la resoluci&oacute;n de estos conflictos es particularmente compleja. Aquellos que no tengan recursos personales o sociales para resolver estos dilemas optar&aacute;n por la soluci&oacute;n m&aacute;s sencilla:  &quot;seguir la corriente&quot; y obedecer las normas y las reglas expl&iacute;citas o impl&iacute;citas. Hafferty y Franks sostienen que los estudiantes de medicina sufren la inseguridad profesional y el miedo a la equivocaci&oacute;n tambi&eacute;n como una incompetencia &eacute;tica &#091;17&#093;. En este sentido, las normas y los valores que se transmiten en el curr&iacute;culo oculto se pueden percibir como moralmente aceptables al carecer de referencias propias.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Infalibilidad del m&eacute;dico</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Este aserto latente contrasta con datos de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) seg&uacute;n los cuales el 10% de los pacientes hospitalizados sufren un suceso adverso que les supone alg&uacute;n da&ntilde;o o una prolongaci&oacute;n de su estancia. A pesar de este elevado porcentaje, es excepcional que en una sesi&oacute;n general de nuestros centros educativos se debata abiertamente acerca de equivocaciones o errores cometidos durante el proceso de diagn&oacute;stico, tratamiento o seguimiento de los pacientes, y sobre la forma de evitarlos en el futuro. Se calcula que en Estados Unidos se produce una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica en el lugar err&oacute;neo o en un paciente equivocado cada 75.000 operaciones &#091;18&#093;. En nuestro pa&iacute;s, en una encuesta sobre errores profesionales dada a conocer recientemente, se constata que el 76% de los m&eacute;dicos reconoce que se ha equivocado alguna vez -aunque le cuesta concretar en qu&eacute; consisti&oacute; el error- y s&oacute;lo el 40% admite hab&eacute;rselo comunicado al paciente. Esta situaci&oacute;n no deja de ser parad&oacute;jica dado que las denuncias m&eacute;dicas suelen ser producto de la combinaci&oacute;n de un error y de la falta de informaci&oacute;n al paciente respecto a ello. En cualquier caso, es interesante constatar el modo tan diverso en el que los m&eacute;dicos comunican sus errores a los pacientes y la manera en que este proceso est&aacute; cambiando &#091;19&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Entornos intimidatorios</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Lo m&aacute;s dram&aacute;tico es que la mayor&iacute;a de los errores se podr&iacute;a haber evitado f&aacute;cilmente. En muchos casos, la &uacute;nica causa atribuida a la equivocaci&oacute;n es, sencillamente, la falta de comunicaci&oacute;n entre los miembros del equipo asistencial. Sin duda, la soluci&oacute;n para evitar los errores m&eacute;dicos no es tan simple como repasar una lista de tareas. Es preciso un cambio cultural porque, en muchas ocasiones, el ambiente laboral que se respira es muy intimidatorio y jerarquizado &#091;20&#093;. De hecho, no es raro que en nuestros centros sanitarios se justifiquen comportamientos inapropiados o groseros por la importancia de la tarea que se est&aacute; desarrollando o la delicada situaci&oacute;n que se est&aacute; viviendo, subrayando de esta manera la importancia del resultado por encima del proceso. En este sentido, estudiantes y residentes se quejan de frecuentes actitudes de intimidaci&oacute;n, reprobaci&oacute;n p&uacute;blica y humillaci&oacute;n -un abuso del m&eacute;todo socr&aacute;tico-, que inducen a esconder lo que se ignora y que estimulan un entorno donde se tiene miedo a preguntar y a aclarar dudas o aspectos de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n &#091;21&#093;. Un art&iacute;culo reciente evalu&oacute; el nivel de menosprecio y de acoso sufrido por m&aacute;s de 1.500 estudiantes de 16 facultades de medicina estadounidenses. Al final del &uacute;ltimo a&ntilde;o, el 42% manifestaba haber sufrido alg&uacute;n tipo de acoso y el 84% pensaba que hab&iacute;a sido menospreciado en alg&uacute;n momento &#091;22&#093;. Uno de los aspectos m&aacute;s llamativos de este trabajo es que los principales responsables de estos comportamientos reprobables son los residentes o los profesores de asignaturas cl&iacute;nicas, que se supone que deben servir de modelo a imitar para la nueva generaci&oacute;n de m&eacute;dicos. En Canad&aacute;, tambi&eacute;n se ha comunicado abuso psicol&oacute;gico en hasta el 93% de los m&eacute;dicos residentes &#091;23&#093;. El humor c&iacute;nico o despectivo por parte del personal sanitario -que frecuentemente es disculpado como una forma de sobrellevar el estr&eacute;s, el cansancio y las dificultades emocionales intr&iacute;nsecas de las profesiones sanitarias- tambi&eacute;n debe considerarse un abuso verbal, una falta de respeto y una forma de deshumanizaci&oacute;n de los pacientes y de los discentes que lo sufren y de los docentes que lo cultivan &#091;24&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los distintos escenarios en los que se produce la asistencia cl&iacute;nica deber&iacute;an ser lugares id&oacute;neos para transferir los valores profesionales y donde los tutores y docentes pudieran ejercer su funci&oacute;n de &quot;modelo a imitar&quot; de forma eficaz. Sin embargo, el entorno cl&iacute;nico no siempre constituye un clima ideal para el aprendizaje &#091;25&#093;. Los estudiantes y los residentes tienden a interiorizar los valores de la comunidad donde se est&aacute;n formando, pero cuando en estos espacios educativos no hay correspondencia entre la pr&eacute;dica y la pr&aacute;ctica, el discente percibe que su formaci&oacute;n se basa en inconsistencias, contradicciones y mensajes ambivalentes, lo que abocar&aacute; inevitablemente a un comportamiento c&iacute;nico y a un relativismo moral. Hafferty &#091;7&#093; define el curr&iacute;culo oculto precisamente como el impacto que causa en quienes aprenden el hecho de ver c&oacute;mo se est&aacute;n haciendo las cosas, especialmente si no coincide con el discurso de c&oacute;mo deber&iacute;an hacerse. Por consiguiente, como se&ntilde;alan Prat et al &#091;26&#093;, habr&aacute; que cuidar los comportamientos docentes en los entornos formativos para no arruinar el entusiasmo de los que se inician en el aprendizaje de la profesi&oacute;n. De hecho, se ha documentado repetidamente en la bibliograf&iacute;a &#091;27-29&#093; que, a medida que el estudiante de medicina avanza en su proceso formativo, se produce una serie de transformaciones no siempre positivas. Los estudiantes llegan a la facultad con una actitud idealizada y un tanto ingenua que muy pronto comienza a marchitarse dejando patentes actitudes c&iacute;nicas, arrogantes y de desapego emocional. En un sistema fuertemente jerarquizado, los estudiantes perciben que, para progresar, la soluci&oacute;n menos dolorosa es la adhesi&oacute;n incondicional a las reglas y normas establecidas &#091;30,31&#093;. Hren et al constatan la regresi&oacute;n en el razonamiento moral de los estudiantes de medicina, que se manifiesta como una convergencia hacia un esquema basado en el &quot;mantenimiento de las normas&quot; &#091;32&#093;. Feudtner et al &#091;28&#093; describen que un 98% de los estudiantes entrevistados en su estudio fue testigo de una actitud peyorativa del m&eacute;dico hacia el paciente, el 61% observ&oacute; lo que a su juicio fue un comportamiento poco &eacute;tico por parte de alg&uacute;n otro miembro del equipo asistencial, el 67% se sinti&oacute; inc&oacute;modo o culpable por algo que hab&iacute;a hecho como interno y el 62% reconoc&iacute;a que sus principios &eacute;ticos se hab&iacute;an deteriorado gravemente. As&iacute; las cosas, lo que detectamos entre nuestros estudiantes y residentes es un malestar psicol&oacute;gico, un estr&eacute;s y una angustia cada vez mayores. Son personas que llegan con expedientes acad&eacute;micos impolutos y con altas expectativas personales que la vida diaria se va encargando de desgastar. Por tanto, no es extra&ntilde;o comprobar que, seg&uacute;n un estudio de la Fundaci&oacute;n Galatea, el 30% de los m&eacute;dicos internos residentes de nuestro pa&iacute;s padece malestar psicol&oacute;gico por su desempe&ntilde;o laboral, lo que supone una incidencia tres veces superior a la observada en el resto de la poblaci&oacute;n de la misma edad. Esta situaci&oacute;n est&aacute; desencadenando un mayor abuso de sustancias, trastornos alimentarios, cinismo y baja empat&iacute;a entre nuestros j&oacute;venes colegas. En definitiva, algunos m&eacute;dicos se convierten en verdaderos agentes t&oacute;xicos porque ense&ntilde;an o muestran conductas ajenas al profesionalismo m&eacute;dico; en este mismo sentido, profesores y tutores tienen un papel potencial muy relevante como agentes de salud.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El aprendizaje se construye y, por consiguiente, los m&eacute;dicos que se est&aacute;n formando no reciben informaci&oacute;n, sino que se exponen a ideas sobre las que construir&aacute;n un significado, conectar&aacute;n con experiencias y conocimientos previos, evaluar&aacute;n y sobre las que elaborar&aacute;n juicios. En este paradigma, las relaciones tutor-residente o profesor-estudiante y el entorno educativo son importantes porque proporcionan el contexto que da forma a la construcci&oacute;n del aprendizaje. Una buena relaci&oacute;n residente-tutor o una cultura institucional abierta se asocia con una motivaci&oacute;n intr&iacute;nseca para el aprendizaje. Un contexto de emociones negativas, como el miedo o la ansiedad, puede interferir con este proceso porque altera la capacidad del aprendiz para procesar la informaci&oacute;n de una manera eficiente. De la misma manera, las emociones positivas disminuyen la ansiedad y llevan al estudiante o al m&eacute;dico en formaci&oacute;n a adoptar comportamientos positivos de aprendizaje, como hacer preguntas, asumir retos o probar hip&oacute;tesis &#091;33&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Atenci&oacute;n centrada en el paciente</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El curr&iacute;culo formal hace hincapi&eacute; en la prevalencia de los intereses del paciente por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n. Nadie pone en duda la pertinencia de esta actitud, si bien, en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, cuesta concretar qu&eacute; significa exactamente centrar la atenci&oacute;n en el paciente. Por el contrario, lo que sabemos es que los m&eacute;dicos contin&uacute;an sin poder o sin querer dar a sus pacientes el tiempo suficiente para discutir sus problemas, sus miedos y sus preocupaciones. En algunos estudios se ha observado que los m&eacute;dicos interrumpen a sus pacientes a los 18 segundos de iniciar la explicaci&oacute;n de sus s&iacute;ntomas, a pesar de que lo habitual es que los enfermos s&oacute;lo hablen espont&aacute;neamente una media de 92 segundos. Las consultas son percibidas por el paciente como situaciones estresantes que tienen lugar en un ambiente hasta cierto punto hostil y, en consecuencia, recuerdan menos del 50% de lo que se les dice durante la entrevista cl&iacute;nica &#091;34&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el informe de la OMS del año 2000 se introdujo un concepto interesante que puede ayudar a definir la atención centrada en el paciente. Se trata del concepto de &quot;responsividad&quot; (<i>responsiveness</i>). Los resultados en salud -supervivencia, por ejemplo- no miden aspectos no sanitarios, como las expectativas personales de cada paciente o el trato recibido. La idea de &quot;responsividad&quot; se refiere a estos aspectos. Se podr&iacute;a decir, como sugiere Escarrabill, que mide el coste personal que tiene para el paciente la obtenci&oacute;n de unos resultados cl&iacute;nicos determinados. En el informe de la OMS se identifican diversos elementos que configuran el concepto. Estos elementos se agrupan en dos grandes dimensiones: respeto a las personas y orientaci&oacute;n al cliente. Los centros sanitarios son responsables de las pol&iacute;ticas institucionales, de la cultura organizativa y de los c&oacute;digos de conducta que reconoce -aunque sea de forma t&aacute;cita- como buenas pr&aacute;cticas. Los tiempos asignados para atender a los pacientes, las explicaciones escritas que se les proporcionan acerca de su enfermedad y sus expectativas, la continuidad del mismo m&eacute;dico en la atenci&oacute;n del enfermo, la estructura arquitect&oacute;nica de los espacios asistenciales de forma que garantice la confidencialidad y la dignidad de las personas, la manera como se llama a los pacientes en las salas de espera, los r&oacute;tulos de las consultas con identificaciones demasiado expl&iacute;citas acerca de la enfermedad que se sufre, los tiempos de espera con inaceptables cargas de sufrimiento e incertidumbre, etc., configuran la cultura institucional y el c&oacute;digo de conducta que &eacute;sta promulga.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La atenci&oacute;n centrada en el paciente implica tambi&eacute;n un cambio de actitud en el que se acepte que el n&uacute;cleo de la toma de decisiones no radica exclusivamente en el m&eacute;dico &#091;35&#093;. Cada vez es m&aacute;s frecuente que el paciente se implique en la elecci&oacute;n del tratamiento o en la decisi&oacute;n de c&oacute;mo abordar su problema de salud. Esta participaci&oacute;n del paciente se relaciona directamente con la cultura m&eacute;dica predominante. Si &eacute;sta es paternalista, tanto el m&eacute;dico como el paciente asumir&aacute;n que la decisi&oacute;n es responsabilidad exclusiva del primero. En un modelo cultural m&aacute;s igualitario, se suele optar por una f&oacute;rmula de responsabilidad compartida &#091;36&#093;. La relaci&oacute;n cl&iacute;nica es una relaci&oacute;n de deliberaci&oacute;n y este concepto no siempre es bien entendido. Todo di&aacute;logo constituye una deliberaci&oacute;n y la deliberaci&oacute;n es un procedimiento t&eacute;cnico que tiene su complejidad y que requiere unos h&aacute;bitos que hay que adquirir y que no siempre son f&aacute;ciles de aprender.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Trabajo en equipo</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La deliberaci&oacute;n fundamental para tomar decisiones es colectiva y deliberar colectivamente es dif&iacute;cil porque al poner en com&uacute;n posturas, criterios u opiniones, los otros pueden discrepar o quitarnos la raz&oacute;n, y eso no suele recibirse de buen grado. Las rutinas sanitarias se basan en equipos interdisciplinarios, en la colaboraci&oacute;n profesional y en la toma de decisiones en grupo, por lo que una interacci&oacute;n entre distintos profesionales sanitarios resulta crucial para garantizar un servicio asistencial de calidad y enfocado a la atenci&oacute;n social &#091;37&#093;. Todos los profesionales de la salud deber&iacute;an ser formados para utilizar conocimientos, involucrarse en el razonamiento cr&iacute;tico y seguir una conducta &eacute;tica, de manera que sean capaces de participar en sistemas de salud centrados en el paciente y en la poblaci&oacute;n, como miembros de equipos sensibles, receptivos y conectados de forma global. Los m&eacute;dicos no debemos insistir en que somos nosotros los &uacute;nicos que tomamos siempre todas las decisiones. Hay que &quot;empoderar&quot; a los otros miembros del equipo porque de esta manera ganamos respeto entre nuestros pares y subordinados y, sobre todo, creamos una cultura de lealtad (38). La jerarqu&iacute;a  <i>top-down</i> predominante hace dos o tres d&eacute;cadas est&aacute; pasada de moda y, adem&aacute;s, puede llegar a ser peligrosa. Como han observado algunos autores, existe una relaci&oacute;n directa entre un comportamiento arrogante, intimidatorio, rudo o grosero en el quir&oacute;fano y la mortalidad o la tasa de complicaciones postoperatorias. Conductas de estas caracter&iacute;sticas por parte del cirujano tienen, como primera consecuencia, una mayor rotaci&oacute;n del personal de enfermer&iacute;a y un incremento del n&uacute;mero de errores. En 2002, un estudio realizado en hospitales de la Veterans Administration &#091;39&#093; mostr&oacute; que el 96% de las enfermeras hab&iacute;a sido testigo de alg&uacute;n comportamiento reprobable por parte del m&eacute;dico. Diez a&ntilde;os antes, D&iacute;az y McMillin &#091;40&#093; comunicaron que el 64% de las enfermeras hab&iacute;a sufrido abuso verbal por parte de alg&uacute;n m&eacute;dico al menos una vez cada dos o tres meses, y que el 23% de ellas hab&iacute;a sido amenazada f&iacute;sicamente. Este tipo de situaciones puede tener consecuencias nefastas para los pacientes porque la mayor&iacute;a de las enfermeras, ante unas &oacute;rdenes m&eacute;dicas confusas, asumen que el tratamiento prescrito es seguro o correcto con tal de evitar la consulta con m&eacute;dicos concretos que han tenido este tipo de comportamiento negativo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Democratizaci&oacute;n del conocimiento y cambios tecnol&oacute;gicos</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En la actualidad, con el acceso a la informaci&oacute;n que proporcionan las nuevas tecnolog&iacute;as, estudiantes, residentes o incluso los propios pacientes pueden disponer de tanta informaci&oacute;n como un m&eacute;dico experimentado. La informaci&oacute;n ya no fluye, como se comentaba antes, de arriba hacia abajo, sino que tiene un curso bidireccional. Varios autores han apuntado el poder de Google en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, sugiriendo que puede proporcionar un diagn&oacute;stico correcto en m&aacute;s del 50% de los casos clinicopatol&oacute;gicos que publica peri&oacute;dicamente <i>The New England Journal of Medicine</i> &#091;41&#093;. De hecho, en la actualidad, hay m&aacute;s b&uacute;squedas cient&iacute;ficas que se inician con Google que con PubMed &#091;42&#093;. Todo ello demuestra que la disponibilidad inmediata de una informaci&oacute;n pr&aacute;cticamente ilimitada tiene un enorme potencial transformador, no s&oacute;lo del conocimiento de los residentes o estudiantes, sino tambi&eacute;n de sus relaciones con sus tutores, sus colegas y sus pacientes. Todo el mundo tendr&aacute; que adaptarse a esta nueva situaci&oacute;n, pero, como en todas las revoluciones, los que tendr&aacute;n que hacer un mayor esfuerzo ser&aacute;n aquellos que est&aacute;n situados en lo m&aacute;s alto de la pir&aacute;mide jer&aacute;rquica en el momento actual. Se ha sugerido, adem&aacute;s, que la competencia declina con el tiempo tras finalizar el per&iacute;odo de formaci&oacute;n y que hay una relaci&oacute;n inversa entre el tiempo que se lleva ejerciendo y la calidad de la asistencia que se presta &#091;43&#093;. Probablemente, la pendiente de ca&iacute;da de la competencia viene condicionada por la aceleraci&oacute;n de los cambios cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos. En el futuro m&aacute;s inmediato, posiblemente cada generaci&oacute;n ofrecer&aacute; habilidades complementarias que contribuyan a la formaci&oacute;n del resto del equipo con el objeto de mejorar la calidad de la asistencia a los pacientes. En todo caso, s&iacute; parece claro que, como subraya Margaret Mead, estamos viviendo la brecha generacional mayor de la historia y nos adentramos en una &eacute;poca en que los j&oacute;venes ya no tienen como modelo de conducta a sus padres, sino a personas de su propia generaci&oacute;n. Los miembros de la llamada &quot;generaci&oacute;n Y&quot; han comprobado que algunos de sus integrantes han alcanzado posiciones sociales y econ&oacute;micas destacadas, lo que condiciona que el sistema tradicional de jerarqu&iacute;as sea visto con cierta indiferencia. Tal vez por esto, una de las caracter&iacute;sticas que m&aacute;s valoran los residentes en los m&eacute;dicos con los que se relacionan es que sean j&oacute;venes &#091;44&#093;. Sea como fuere, lo cierto es que un n&uacute;mero significativo de tutores siente que sus residentes est&aacute;n m&aacute;s preocupados que ellos por armonizar su vida personal con la laboral y por su calidad de vida, y menos dispuestos al compromiso institucional y al trabajo sin l&iacute;mite de horario que caracteriz&oacute; a su generaci&oacute;n. En cualquier caso, en el momento actual se dispone de muy pocos datos acerca de la actitud laboral de los m&eacute;dicos m&aacute;s j&oacute;venes &#091;45&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Investigaci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La investigaci&oacute;n tambi&eacute;n ocupa un lugar preferente en el curr&iacute;culo oculto y ofrece otra interesante oportunidad a los educadores para formar en valores. Sin embargo, desgraciadamente, en este campo tampoco las noticias son buenas. Seg&uacute;n Titus y Bosch, el 2% de los investigadores reconoce haber tenido comportamientos cient&iacute;ficos inadecuados al menos una vez, lo que en t&eacute;rminos absolutos supone unos 8.000 investigadores en Estados Unidos. Hasta el 34% de los cient&iacute;ficos admite una o m&aacute;s pr&aacute;cticas investigadoras cuestionables, como an&aacute;lisis inapropiados, exageraci&oacute;n deliberada de los hallazgos y cambios en el dise&ntilde;o del estudio &#091;46&#093;. Adem&aacute;s, s&oacute;lo el 24% de los investigadores que fueron testigos de comportamientos cient&iacute;ficos inapropiados, lo comunic&oacute; a sus superiores. Los tutores deben ense&ntilde;ar conductas responsables en investigaci&oacute;n y las instituciones tienen que establecer una cultura de la honradez y del comportamiento responsable. La veracidad en las autor&iacute;as, los conflictos de intereses, el manejo de datos, etc., son s&oacute;lo algunos ejemplos de lo que se ha comenzado a denominar un &quot;comportamiento institucional responsable&quot;. La tarea se ha complicado progresivamente, sobre todo si tenemos en cuenta que para la generaci&oacute;n del milenio -aquellos que ingresaron en la universidad en el a&ntilde;o 2000-, compartir es un elemento clave en su vida y esta socializaci&oacute;n les ha ense&ntilde;ado a &quot;cortar, pegar, copiar, bajar...&quot;, tal vez con una excesiva desenvoltura. Twenge observ&oacute; un incremento persistente en el porcentaje de estudiantes de &uacute;ltimos a&ntilde;os de bachillerato que admit&iacute;an haber enga&ntilde;ado deliberadamente en sus ex&aacute;menes, pasando de un 34% en 1969, a un 61% en 1992 y un 74% en el a&ntilde;o 2002 &#091;47&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Gesti&oacute;n y relaciones con la industria</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El car&aacute;cter especializado del conocimiento de los profesionales sit&uacute;a a los m&eacute;dicos como agentes de dos principales: los pacientes y los gestores de los centros. La dependencia de m&aacute;s de un principal, junto a la dif&iacute;cil cuantificaci&oacute;n de los resultados de los servicios m&eacute;dicos, la urgencia y la sobrecarga de trabajo, favorece un trasvase de la autoridad real (derecho efectivo de decisi&oacute;n y control) desde quienes ostentan la autoridad formal (directivos y administradores) hacia los m&eacute;dicos. Estos &uacute;ltimos, a falta de esquemas de incentivos apropiados, podr&iacute;an inducir al consumo excesivo. Pero la gesti&oacute;n de los recursos es tambi&eacute;n un problema moral &#091;48&#093;. Una parte considerable, aunque no muy bien medida, del gasto sanitario es innecesaria: prescripciones de medicamentos inadecuadas, estancias e ingresos hospitalarios inapropiados o efectividad marginal de muchas pruebas e intervenciones diagn&oacute;sticas. Esta proporci&oacute;n de actividad sanitaria improcedente puede ser consecuencia de un d&eacute;ficit de formaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n puede tener su ra&iacute;z en la pr&aacute;ctica de una medicina defensiva, en la personalidad y en la forma en que cada m&eacute;dico ejerce la profesi&oacute;n, el modo en que maneja la incertidumbre y los diferentes grados de aversi&oacute;n al riesgo y la prudencia. Estos rasgos de la personalidad del m&eacute;dico marcan diferencias en sus h&aacute;bitos de prescripci&oacute;n o indicaci&oacute;n de exploraciones &#091;49&#093; y condicionan una determinada cultura institucional. Algunos autores han observado que los m&eacute;dicos que m&aacute;s precozmente prescriben nuevos medicamentos tienen un perfil determinado: son j&oacute;venes y formados en determinadas facultades &#091;50&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La separaci&oacute;n entre factores de oferta y demanda no siempre est&aacute; clara en un mercado imperfecto como el sanitario, donde la demanda est&aacute;, al menos en parte, inducida por la oferta. Habitualmente es el m&eacute;dico quien determina la demanda que los pacientes har&aacute;n de los servicios sanitarios. Se establece una relaci&oacute;n de agencia en la que existen incentivos para elevar el gasto. Un ejemplo claro es la industria farmac&eacute;utica, que adem&aacute;s de producir soluciones a necesidades, genera necesidades y multiplica el n&uacute;mero de enfermos con el desarrollo del llamado &quot;<i>marketing</i> del malestar&quot; &#091;51&#093;. Aunque los conflictos de intereses est&aacute;n generalizados en la vida profesional del m&eacute;dico, su formaci&oacute;n en cualquiera de sus etapas no suele contemplar la ense&ntilde;anza de c&oacute;mo abordar esos conflictos &#091;52&#093;. Se ha propuesto un an&aacute;lisis l&oacute;gico como herramienta nuclear en el manejo de estos dilemas. Por ejemplo, para alcanzar un objetivo (A: ser un m&eacute;dico &eacute;tico e informado que ejerce la medicina basada en la mejor evidencia disponible), debe satisfacerse una condici&oacute;n (B: estar actualizado y disponer de la informaci&oacute;n cl&iacute;nica m&aacute;s reciente). Esta condici&oacute;n se consigue mediante una acci&oacute;n (D: acudir a cursos de formaci&oacute;n continuada esponsorizados por la industria farmac&eacute;utica). Pero, alternativamente, conseguir el objetivo A requiere otra condici&oacute;n (C: disponer de informaci&oacute;n objetiva y tener libertad para actuar en base a ella), lo que se logra mediante la acci&oacute;n D' (evitando participar en actividades de formaci&oacute;n subvencionadas por la industria). La exposici&oacute;n de objetivos, necesidades, deseos y asunciones permite modificar una o m&aacute;s de estas variables para resolver el conflicto, tal vez sustituyendo una de las condiciones necesarias (B, C) o de las acciones (D, D'), o incluso encontrando la manera de llevar a cabo ambas, D y D'. Este tipo de an&aacute;lisis puede ayudar a los cl&iacute;nicos a identificar y resolver conflictos y ser de mayor utilidad que mantener de forma simplista el aserto: 'no acepte regalos o ayudas porque no es profesional' &#091;53&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Prestigio de la especialidad</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde hace a&ntilde;os se habla del d&eacute;ficit de m&eacute;dicos en determinadas especialidades. Entre estas especialidades deficitarias siempre figura la de medicina familiar y comunitaria que, de manera parad&oacute;jica, es relativamente poco demandada por los egresados de nuestras facultades. Es posible que comentarios peyorativos que escuchan nuestros estudiantes en los centros formativos en relaci&oacute;n a esta disciplina formen parte del curr&iacute;culo oculto, lo que junto con el prestigio actual de la tecnolog&iacute;a, las expectativas de realizaci&oacute;n y mejora profesional y de las condiciones laborales, as&iacute; como la posibilidad de ejercicio de la medicina privada, expliquen parcialmente esta situaci&oacute;n. Sea como fuere, lo cierto es que este estado de cosas no es privativo de nuestro pa&iacute;s y algunos investigadores se han preocupado de demostrar lo injustificado de este aspecto latente en la formaci&oacute;n de nuestros m&eacute;dicos &#091;54&#093;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Evoluci&oacute;n del profesionalismo</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como se&ntilde;ala Oriol, reconocer que la medicina actual tiene una base cient&iacute;fico-t&eacute;cnica no implica entender la medicina exclusivamente como una ocupaci&oacute;n para t&eacute;cnicos de alta cualificaci&oacute;n. La medicina trata con pacientes, algunos de los cuales pueden ser tratados con &eacute;xito, pero tambi&eacute;n se responsabiliza del cuidado de aquellas otras personas -hoy d&iacute;a mayoritarias- cuyas dolencias s&oacute;lo pueden paliarse. La medicina es una actividad moral cuya funci&oacute;n primordial es sanar, lo que depende en gran medida de la confianza que el paciente y la sociedad depositan en ella. El profesionalismo es el conjunto de valores y compromisos por los cuales la sociedad otorga a los m&eacute;dicos un contrato social espec&iacute;fico y los reconoce como profesi&oacute;n &#091;55&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La educaci&oacute;n m&eacute;dica ha promocionado la importancia y la necesidad de formar a los estudiantes en el profesionalismo &#091;56,57&#093;, que contiene valores como la honradez, la integridad, la primac&iacute;a del bienestar del paciente y su autonom&iacute;a, la compasi&oacute;n, la empat&iacute;a, el altruismo, el comportamiento &eacute;tico y la justicia social &#091;58&#093;. Estos atributos est&aacute;n altamente considerados por los educadores, de forma que un n&uacute;mero creciente de facultades de medicina de todo el mundo ha dise&ntilde;ado cursos, seminarios o asignaturas espec&iacute;ficamente orientados a conseguir que estos valores arraiguen en el ejercicio profesional de los futuros m&eacute;dicos &#091;56,59&#093;. Esta noci&oacute;n de profesionalismo parece entrar en conflicto frecuente con muchas de las premisas latentes en el curr&iacute;culo. De hecho, a pesar de la constante repetici&oacute;n del mantra de los valores human&iacute;sticos, de las habilidades en la comunicaci&oacute;n efectiva, de la conectividad con el paciente, del comportamiento coherente y positivo, etc., estas cualidades no se reflejan de una manera sistem&aacute;tica en los procesos formativos &#091;60&#093;. Algunos autores han establecido una clara relaci&oacute;n entre las experiencias vividas por el discente en el curr&iacute;culo oculto y aspectos particulares del profesionalismo, los contextos en los que emergen estas experiencias cr&iacute;ticas &#091;61&#093;, o formas m&aacute;s expl&iacute;citas alternativas al proceso de socializaci&oacute;n espont&aacute;nea -dependientes de los modelos profesionales a los que se encuentra expuesto el que aprende y a la cultura institucional predominante del centro educativo-, como forma de alcanzar competencias relacionadas con el profesionalismo &#091;62&#093;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No est&aacute; claro c&oacute;mo influir&aacute;n los cambios generacionales, demogr&aacute;ficos y tecnol&oacute;gicos en la filosof&iacute;a educativa y en la visi&oacute;n del profesionalismo. &Eacute;ste no es est&aacute;tico, sino que evoluciona con su contexto social, aunque resida sobre un n&uacute;cleo de valores permanentes. Es posible que la nueva generaci&oacute;n de m&eacute;dicos no acepte f&aacute;cilmente que otros les digan cu&aacute;les deben ser sus valores, sus principios y sus compromisos. Est&aacute; bien que as&iacute; sea, pero algunos datos son preocupantes. En los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, el  <i>Narcissistic Personality Inventory Score</i> -&iacute;ndice que mide el nivel de narcisismo- ha aumentado en dos tercios de los escolares estadounidenses. Ha habido un 30% de incremento desde 1982, que es cuando se aplic&oacute; por primera vez este &iacute;ndice &#091;63&#093;. La importancia de estos hallazgos radica en que el narcisismo, en su forma m&aacute;s extrema, hay que contemplarlo como una personalidad en la cual el enga&ntilde;o, la falta de empat&iacute;a y de sensibilidad y el comportamiento egoc&eacute;ntrico son atributos dominantes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Seguramente, el equilibrio entre la vida personal y profesional adquiera una creciente importancia. El altruismo y la justicia social permanecer&aacute;n como principios b&aacute;sicos inmutables para la mayor parte de los m&eacute;dicos, pero la autoformaci&oacute;n continuada, la atenci&oacute;n a la familia y la flexibilidad en la carga de trabajo pueden emerger como valores. Coherentes con estos cambios evolutivos en la noci&oacute;n de profesionalismo, los j&oacute;venes m&eacute;dicos pueden dise&ntilde;ar su carrera de forma muy diferente a la visi&oacute;n tradicional. Tal vez no se mantenga un compromiso de por vida con una especialidad en particular -sobre todo si la nueva organizaci&oacute;n troncal permite una mayor permeabilidad formativa-, lo que con toda seguridad supondr&aacute; nuevos retos y equilibrios entre valores e intereses, personales e institucionales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Quiz&aacute; sea necesario abordar alguno de los aspectos latentes que se han mencionado de una manera m&aacute;s abierta y expl&iacute;cita, extray&eacute;ndolos de su ubicaci&oacute;n &quot;oculta&quot; dentro del curr&iacute;culo y analizar de qu&eacute; modo est&aacute;n influyendo en la formaci&oacute;n de nuestros estudiantes y residentes, o c&oacute;mo est&aacute;n evolucionando.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Lingard L, Reznick R, DeVito I, Espin S. Forming professional identities on the health care team: discursive constructions of the  &quot;other&quot; in the operating room. Med Educ 2002; 36: 728-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840889&pid=S1575-1813201200010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Mahood SC. Beware the hidden curriculum. Can Fam Physician 2011; 57: 983-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840891&pid=S1575-1813201200010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Wren DJ. School culture: exploring the hidden curriculum. Adolescence 1999; 34: 593-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840893&pid=S1575-1813201200010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Martin JR. What should we do with a hidden curriculum when we find one? In Martin JR, ed. Changing the educational landscape: philosophy, women, and curriculum. New York: Routledge; 1994. p. 154-69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840895&pid=S1575-1813201200010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Bennett N, Lockyer J, Mann K, Batty H, Laforet K, Rethans JJ, et al. Hidden curriculum in continuing medical education. J Contin Educ Health Prof 2004; 24: 145-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840897&pid=S1575-1813201200010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Roberts JH, Sanders T, Mann K, Wass V. Institutional marginalisation and student resistance: barriers to learning about culture, race and ethnicity. Adv Health Sci Educ 2010; 15: 559-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840899&pid=S1575-1813201200010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Hafferty FW. Beyond curriculum reform: confronting medicine's hidden curriculum. Acad Med 1998; 73: 403-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840901&pid=S1575-1813201200010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Murray-Garc&iacute;a JL, Garc&iacute;a JA. The institutional context of multicultural education: what is your institutional curriculum? Acad Med 2008; 83: 646-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840903&pid=S1575-1813201200010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Garc&iacute;a-Sampedro H. MIR 2011: crece la demanda de unas plazas que disminuyen. Revista M&eacute;dica 2012; 133: 16-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840905&pid=S1575-1813201200010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Winyard G. The future of female doctors. BMJ 2009; 338: 1397-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840907&pid=S1575-1813201200010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Gual A, Pal&eacute;s J, Nolla M, Oriol A. Proceso de Bolonia (III). Educaci&oacute;n en valores: profesionalismo. 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Christakis DA, Feudtner C. Ethics in a short white coat: the ethical dilemmas that medical students confront. Acad Med 1993; 68: 249-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840917&pid=S1575-1813201200010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Hoop JG. Hidden ethical dilemmas in psychiatric residency training: the psychiatry resident as dual agent. 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Wrong-site and wrong-patient procedures in the universal protocol era: analysis of a prospective database of physician self-reported occurrences. Arch Surg 2010;145: 978-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840923&pid=S1575-1813201200010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Gallagher TH, Garbutt JM, Waterman AD, Flum DR, Larson EB, Waterman BM, et al. Choosing your words carefully. How physicians would disclose harmful medical errors to patients. 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The hidden curriculum in undergraduate medical education: qualitative study of medical students' perceptions of teaching. BMJ 2004; 329: 770-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840929&pid=S1575-1813201200010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Frank E, Carrera JS, Stratton T, Bickel J, Nora LM. Experiences of belittlement and harassment and their correlates among medical students in the United States: longitudinal survey. 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Berk R. Derogatory and cynical humour in clinical teaching and the workplace: the need for professionalism. Med Educ 2009; 43: 7-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840935&pid=S1575-1813201200010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. Neumann M, Edelh&auml;user F, Tauschel D, Fischer MR, Wirtz M, Woopen C, et al. Empathy decline and its reasons: a systematic review of studies with medical students and residents. 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Unethical and unprofessional conduct observed by residents during their first year of training. Acad Med 1998; 73: 1195-200.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840945&pid=S1575-1813201200010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">30. Morton KR. Why does moral reasoning plateau during medical school? Acad Med 1996; 71: 5-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840947&pid=S1575-1813201200010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">31. Branch WT. 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Optimal consultations for those with respiratory illness. Breathe 2007; 3: 331-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840955&pid=S1575-1813201200010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">35. Berwick DM. What &quot;patient-centered&quot; should mean: confessions of an extremist. A seasoned clinician and expert fears the loss of his humanity if he should become a patient. 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Health professionals for a new century: transforming education to strengthen health systems in an interdependent world. Lancet 2010; 376: 1923-58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840961&pid=S1575-1813201200010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">38. Klein AS, Forni PM. Barbers of civility. Arch Surg 2011; 146: 774-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840963&pid=S1575-1813201200010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">39. Rosenstein AH. Nurse-physician relationships: impact on nurse satisfaction and retention. Am J Nurs 2002; 102: 26-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840965&pid=S1575-1813201200010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">40. D&iacute;az AL, McMillin JD. A definition and description of nurse abuse. West J Nurs Res 1991; 13: 97-109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840967&pid=S1575-1813201200010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">41. Tang H, Ng JH. Googling for a diagnosis -use of Google as a diagnostic aid: internet-based study. BMJ 2006; 333: 1143-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840969&pid=S1575-1813201200010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">42. Campion EW, Drazen JM. Revistas con revisi&oacute;n externa (<i>peer review</i>) en la era digital. Arch Bronconeumol 2010; 46: 569-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840971&pid=S1575-1813201200010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">43. Choudhry NK, Fletcher RH, Soumerai SB. Systematic review: the relationship between clinical experience and quality of health care. Ann Intern Med 2005; 142: 260-73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840973&pid=S1575-1813201200010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">44. V&aacute;zquez G, Rodr&iacute;guez M, Rucabado L, Garc&iacute;a A, Murillo F, Navarrete P, et al. Los residentes en las unidades de cuidados intensivos, ¿cu&aacute;l es la percepci&oacute;n de la formaci&oacute;n que reciben? Educ Med 2011; 14: 189-94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840975&pid=S1575-1813201200010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">45. Elkind MSV. Teaching the next generation of neurologists. Neurology 2009; 72: 657-63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840977&pid=S1575-1813201200010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">46. Titus S, Bosch X. Tie funding to research integrity. Nature 2010; 466: 436-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840979&pid=S1575-1813201200010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">47. Twenge JM. Generation Me: why today's young Americans are more confident, assertive, entitled -and more miserable than ever before. New York: Free Press;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840981&pid=S1575-1813201200010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 2006.</font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">48. Hafferty FW, Brennan M, Pawlina W. Professionalism, the invisible hand, and a necessary reconfiguration of medical education. Acad Med 2011; 86: e5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840983&pid=S1575-1813201200010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">49. Del Llano-Se&ntilde;ar&iacute;s JE. Gesti&oacute;n cl&iacute;nica y sanitaria: ayudando a conciliar necesidad y escasez. Gesti&oacute;n Cl&iacute;nica y Sanitaria 2003; 5: 3-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840985&pid=S1575-1813201200010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">50. Tamblyn R, McLeod P, Hanley JA, Girard N, Hurley J. Physicians and practice characteristics associated with the early utilization of new prescription drugs. Med Care 2003; 41: 895-908.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840987&pid=S1575-1813201200010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">51. Moynihan R. The making of a disease: female sexual dysfunction. BMJ 2003; 326: 45-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840989&pid=S1575-1813201200010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">52. Fitz MM, Homan D, Reddy S, Griffith CH 3rd, Baker E, Simpson KP. The hidden curriculum: medical students' changing opinions toward the pharmaceutical industry. 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Can Fam Physician 2011; 57: e26-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840995&pid=S1575-1813201200010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">55. Oriol A. El profesionalismo: asignatura pendiente del sistema educativo m&eacute;dico. Eidon 2010; 33: 52-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840997&pid=S1575-1813201200010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">56. Baernstein A, Amies-Oelschlager A, Chang T, Wenrich M. Learning professionalism: perspectives of preclinical medical students. Acad Med 2009; 84: 574-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1840999&pid=S1575-1813201200010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">57. Elliott DD, May W, Schaff P, Nyquist JG, Trial J, Reilly JM, et al. Shaping professionalism in pre-clinical medical students: professionalism and the practice of medicine. 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The road to professionalism: reflective practice and reflective learning. Patient Educ Couns 2010; 80: 327-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1841005&pid=S1575-1813201200010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">60. Michalec B. Learning to cure, but learning to care? Adv Health Sci Educ Theory Pract 2011; 16: 109-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1841007&pid=S1575-1813201200010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">61. Karmieli-Miller O, Vu TR, Frankel RM, Holtman MC, Clyman SG, Hui SL, et al. Which experiences in the hidden curriculum teach students about professionalism? Acad Med 2011; 86: 369-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1841009&pid=S1575-1813201200010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">62. Taylor C, Farver C, Stoller JK. Can emotional intelligence training serve as an alternative approach to teaching professionalism to residents? Acad Med 2011; 86: 1551-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1841011&pid=S1575-1813201200010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">63. Twenge JM, Konrath S, Foster JD, Campbell WK, Bushman BJ. Egos inflating over time: a cross-temporal meta-analysis of the Narcissistic Personality Inventory. J Pers 2008; 76: 875-928.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1841013&pid=S1575-1813201200010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/edu/v15n1/seta.gif" width="15" height="17"></a><a name="bajo"></a><b>Dirección para correspondencia:</b>    <br>Dr. Felipe Rodr&iacute;guez de Castro.    <br>Facultad de Ciencias de la Salud.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.    <br>Campus Universitario de San Crist&oacute;bal.    <br>Blas Cabrera Felipe, s/n.    <br>E-35016 Las Palmas de Gran Canaria.    <br>E-mail: <a href="mailto:dec_ccs@ulpgc.es">dec_ccs@ulpgc.es</a>    <br>Conflicto de intereses: No declarado.</font></p>      ]]></body><back>
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