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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Efecto del Acoso Psicológico en el Trabajo sobre la Salud: El Papel Mediador del Conflicto Trabajo-Familia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Los efectos de los estresores psicosociales pueden influir en la vida personal, afectando a la salud. El objetivo de este estudio es analizar el papel mediador del conflicto trabajo-familia en la relación entre el acoso psicológico en el trabajo y problemas de salud. La muestra del estudio estuvo formada por 441 trabajadores de tres empresas del sector de telecomunicaciones ubicadas en la Comunidad de Madrid. Los resultados muestran que el acoso psicológico tiene efectos negativos sobre la salud de forma directa, e indirecta mediante el conflicto trabajo-familia, actuando éste último como mediador parcial. Este hallazgo tiene implicaciones a nivel teórico, puesto que muestra que los efectos negativos de un estresor como es el acoso, se pueden transmitir a través de un conflicto que tiene lugar fuera del ámbito laboral.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica-Normal, sans-serif" size=4><a name="top"></a><b>El Efecto del Acoso Psicológico en el Trabajo sobre la Salud: El Papel Mediador del Conflicto Trabajo-Familia</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica-Normal, sans-serif" size=4><b>The Effect of Workplace Bullying on Health: The Mediating Role of Work-Family Conflict</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Ana Isabel Sanz-Vergel<sup>1</sup>, Alfredo Rodríguez-Muñoz<sup>2</sup></b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2><sup>1</sup>IE University<sup>    <br> 2</sup>Universidad Complutense de Madrid</font></p>     <p><font face=Verdana size=2><a href="#back">Dirección para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p><hr size="1">     <p><font face=Verdana size=2><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Los efectos de los estresores psicosociales pueden influir en la vida personal, afectando a la salud. El objetivo de este estudio es analizar el papel mediador del conflicto trabajo-familia en la relación entre el acoso psicológico en el trabajo y problemas de salud. La muestra del estudio estuvo formada por 441 trabajadores de tres empresas del sector de telecomunicaciones ubicadas en la Comunidad de Madrid. Los resultados muestran que el acoso psicológico tiene efectos negativos sobre la salud de forma directa, e indirecta mediante el conflicto trabajo-familia, actuando éste último como mediador parcial. Este hallazgo tiene implicaciones a nivel teórico, puesto que muestra que los efectos negativos de un estresor como es el acoso, se pueden transmitir a través de un conflicto que tiene lugar fuera del ámbito laboral.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Palabras clave</b>: acoso psicológico, conflicto trabajo-familia, salud, mediación.</font></p> <hr size="1">     <p><font face=Verdana size=2><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>The effects of psychosocial stressors may have an impact on employees' personal life, impairing their health. The objective of this study is to analyze the mediating role of work-family conflict in the relationship between workplace bullying and health problems. The sample was composed of 441 employees from different organizations in the telecommunications sector located in Madrid. Results show that workplace bullying has negative direct effects on health, and indirect effects through work-family conflict, which implies a partial mediation. This finding has theoretical implications. Specifically, the negative effects of workplace bullying may be transmitted through a conflict that takes place in the non-work domain.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Keywords</b>: workplace bullying, work-family conflict, health, mediation.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2>Cada vez en mayor medida, se hace patente que el acoso psicológico en el trabajo es una realidad social. En la literatura sobre esta temática, ya se ha enfatizado la necesidad de analizar los factores que conducen a este problema, puesto que se trata de uno de los estresores psicosociales más severos (Einarsen y Mikkelsen, 2003; Moreno-Jiménez y Rodríguez- Muñoz, 2006). Einarsen y Hauge (2006, p. 255) señalaron que aproximadamente entre el 1 y el 10% de los trabajadores están expuestos a comportamientos de acoso, entendidos como <i>&#8220;hostigar, ofender, excluir socialmente a alguien o interferir negativamente en sus tareas laborales. Para concebir una acción como acoso psicológico (o mobbing) ésta debe ocurrir regularmente (semanalmente) y durante un prolongado periodo de tiempo (por lo menos seis meses). El acoso es un proceso gradual, durante el cual la persona, desde una posición inferior, se convierte en el objetivo de comportamientos sociales negativos de forma sistemática&#8221;</i>.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2> Los efectos del acoso psicológico abarcan una   amplia y variada gama de problemas emocionales y   psicosomáticos, como la ansiedad (Einarsen y   Mikkelsen, 2003), la depresión (González de Rivera y   Rodríguez-Abuín, 2006; Niedhammer, David y   Degioanni, 2006), la irritabilidad (Leymann, 1990), o   los problemas de sueño (Moreno-Jiménez, Rodríguez-   Muñoz, Sanz-Vergel y Rodríguez, 2008). Los efectos   de los estresores psicosociales no pertenecen exclusivamente   a la esfera laboral, sino que pueden tener una   influencia en la vida personal. Por ejemplo, Tepper   (2000) encontró que las personas que percibían que sus   supervisores eran abusivos, experimentaban mayores   niveles de conflicto trabajo-familia. Además, en un   estudio realizado con parejas se observó que la agresión   laboral experimentada por uno de los miembros   generaba un mayor nivel de estrés en la pareja de la   víctima (Haines, Marchand y Harvey, 2006).   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2>En este sentido, en el trabajo de Pleck (1977) ya se   reconocía que lo que ocurre en el trabajo traspasa las   barreras y afecta a la vida personal. Posteriormente, la   definición de Greenhaus y Beutell (1985) sobre el   <i>&#8220;conflicto trabajo-familia&#8221;</i> supuso el comienzo de un   consenso generalizado acerca de la importancia de   atender a las relaciones entre estos dos ámbitos. Estos   autores definen el conflicto trabajo-familia como <i>&#8220;una   forma de conflicto de rol, en el que las presiones que   resultan del trabajo y las presiones familiares son mutuamente incompatibles en algún aspecto&#8221;</i> (p.77).   El hecho de señalar la existencia de presiones mutuamente   incompatibles supone reconocer que se trata de   un fenómeno bidireccional. Por lo tanto, el trabajo   puede influir en la vida familiar y viceversa. En este   caso, nos centramos en la dirección trabajo-familia,   que implica, por ejemplo, que el hecho de estar irritado   o tenso por asuntos laborales pueda afectar al comportamiento   en el ámbito familiar. Las consecuencias   del conflicto trabajo-familia han sido ampliamente   probadas. Entre ellas, se encuentran los síntomas   somáticos (Kinnunen, Geurts y Mauno, 2004; Noor,   2003), los problemas de sueño (Geurts, Rutte y   Peeters, 1999), o la insatisfacción familiar (Hill, 2005)   entre otras.   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Además de considerarse el conflicto trabajo-familia   como fuente de estrés, existe una línea de investigación   que proporciona evidencia sobre el papel mediador   del conflicto en la relación entre estresores y diversas   consecuencias (Geurts, Kompier, Roxburgh y   Houtman, 2003). De hecho, algunos estresores como el   conflicto o la ambigüedad de rol no sólo se relacionaban   directamente con mayores niveles de tensión, sino   que lo hacían también de manera indirecta a través del   conflicto trabajo-familia (Grandey y Cropanzano,   1999). En la misma línea, se ha encontrado que el conflicto   trabajo-familia media la relación entre la sobrecarga   laboral y la depresión (Geurts et al., 2003).   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>El campo de estudio del papel mediador de esta   variable se ha ampliado, analizando por ejemplo antecedentes   como la cultura organizacional. En un estudio   realizado en organizaciones finlandesas, se observó   que las personas que percibían menor apoyo por parte   de su organización, reportaban mayores niveles de   conflicto trabajo-familia, que a su vez, llevaban a   mayores niveles de estrés (Mauno, Kinnunen y   Pyykkö, 2005). Más recientemente, en la literatura   aparecen temáticas como el papel mediador del conflicto   trabajo-familia en la relación entre variables personales   (p.e. neuroticismo o <i>&#8220;core self-evaluation&#8221;</i>) y   medidas de bienestar (Bouchard y Poirier, 2011; Boyar   y Mosley, 2007). Sin embargo, pese a ser uno de los   estresores psicosociales más ampliamente analizados,   hasta el momento no existen investigaciones que analicen   el papel mediador del conflicto trabajo-familia en   la relación entre el acoso psicológico en el trabajo y los   problemas de salud.   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>En el presente trabajo, contribuimos a la literatura   sobre esta temática analizando dicho papel mediador   (ver <a target="_blank" href="/img/revistas/rpto/v27n2/n2a2f01.jpg">Figura 1</a>). Para fundamentar nuestras hipótesis,   nos basamos en la Teoría de Conservación de Recursos   planteada por Hobfoll (1998). Según esta teoría, el   estrés aparecería como respuesta a tres posibles situaciones:   el miedo a perder nuestros recursos, la pérdida   real de los recursos o la expectativa de que no vas a   conseguir recursos. Según este autor una motivación   básica de las personas reside en obtener, retener, y proteger   aquello que consideran valioso, o en otras palabras,   los recursos. La teoría COR diferencia cuatro   categorías principales de recursos: (1) objetos (e.j.,   casa, coche); (2) condiciones (e.j., estabilidad laboral,   buena relación de pareja); (3) características personales   (e.j., alta autoestima, optimismo); y (4) energía   (e.j., tiempo, dinero).   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>En 2001, Hobfoll amplia esta teoría, proponiendo la   idea de una <i>&#8220;espiral de pérdida de recursos&#8221; </i>que deriva   finalmente en problemas de salud. Desde esta perspectiva,   una pérdida inicial de recursos dificulta que se   pueda hacer frente a nuevas demandas, por lo que la   salud finalmente se resiente. En nuestro caso, el acoso   psicológico en el trabajo, supone una pérdida inicial de   recursos, puesto que la persona se enfrenta a una situación   altamente estresante. Al finalizar la jornada laboral,   esa pérdida de recursos dificulta la atención a otras   demandas en el ámbito personal, generando un conflicto   entre ambas esferas. Como hemos visto anteriormente,   a su vez el conflicto trabajo-familia supone una   situación de estrés, que implica una nueva pérdida de   recursos y finaliza con problemas de salud. Es más,   cuando las personas pierden recursos, suelen responder   intentando limitar la pérdida invirtiendo más recursos,   lo cual puede empeorar la situación incrementando las   pérdidas (Hobfoll, 1998). Por tanto, aplicando esta teoría   a nuestro estudio, la espiral que se produce es la   siguiente: acoso psicológico en el trabajo evoca conflicto   trabajo-familia que a su vez deriva en problemas   de salud. Basándonos en esta teoría, se plantea como   objetivo analizar el papel mediador del conflicto trabajo-   familia en la relación entre el acoso psicológico en   el trabajo y problemas de salud. Siguiendo los pasos propuestos por Baron y Kenny (1986) para examinar   efectos mediadores, las hipótesis planteadas son las siguientes: </font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>H1: El acoso psicológico en el trabajo se relacionará de forma positiva y significativa con los problemas de salud (insomnio, síntomas somáticos y ansiedad) en ausencia del conflicto trabajo-familia.</i></font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2>H2: El acoso psicológico en el trabajo se relacionará   de forma positiva y significativa con el conflicto trabajo-   familia.   </font></i></p>     <p><i><font face=Verdana size=2>H3: El conflicto trabajo-familia se relacionará de   forma positiva y significativa con los problemas de   salud (insomnio, síntomas somáticos y ansiedad).   </font></i></p>     <p><i><font face=Verdana size=2>H4: El efecto del acoso psicológico del trabajo   sobre los problemas de salud disminuirá significativamente   al incluir la variable conflicto trabajo-familia.   </font></i></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2><b>Método   </b></font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Participantes y procedimiento</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>La muestra del estudio estuvo formada por 441 trabajadores   de tres empresas del sector de telecomunicaciones   ubicadas en la Comunidad de Madrid. La muestra   se encuentra formada en mayor medida por hombres   (54.4%). La edad media es de 37.85 años (DT =   9.71), mientras que la media de antigüedad en la   empresa es de 11.66 años (DT = 8.1). Trabajan una   media de 40.9 horas semanales (DT = 3.24), la mayoría   con un contrato indefinido (83.9%). El 76% de los   participantes tiene pareja estable y el 63.3% tiene al   menos un hijo.   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Los participantes del estudio cumplimentaron un   protocolo sobre factores psicosociales en el trabajo y   salud, siendo la participación en el estudio voluntaria y   anónima. La devolución del cuestionario se hacía en   un sobre cerrado dirigido al coordinador del estudio.   Los datos se recogieron entre los meses de septiembre   de 2010 y febrero de 2011. En total, de 1000 cuestionarios   enviados, se recibieron los datos de 441 empleados   (tasa respuesta = 44%).   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2><b><i>Instrumentos</i>   </b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>Short-Negative Acts Questionnaire (NAQ)</i>. Para   evaluar el acoso psicológico en el trabajo se ha utilizado   la versión reducida de 9 ítems del NAQ (S-NAQ;   Notelaers y Einarsen, 2008). Se trata de un cuestionario   que recoge conductas típicas de acoso, respecto a   las cuales el sujeto debe indicar en qué grado ha padecido   dichas conductas durante los últimos seis meses.   La escala de respuesta consta de cinco alternativas   desde 1 (&#8220;nunca&#8221;) a 5 (&#8220;diariamente&#8221;). Algunos ejemplos   de los ítems incluidos son: <i>&#8220;Se han extendido   chismes y rumores sobre mí&#8221;, &#8220;He sido objeto ofensas   sobre mi persona o mi vida privada&#8221;</i>. El coeficiente de   fiabilidad Alfa de Cronbach fue de 0.90.   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>Cuestionario de Interacción Trabajo-Familia</i>. El   conflicto trabajo familia se evaluó mediante una   dimensión de la versión española (Moreno-Jiménez,   Sanz-Vergel, Rodríguez-Muñoz y Geurts, 2009) de la   escala de interacción vida laboral-personal SWING   (Geurts et al., 2005). En concreto, se utilizó la subescala   que evalúa cómo el trabajo dificulta la vida familiar.   Los participantes debían indicar la frecuencia con   la que experimentaban cada una de las situaciones   reflejadas en los ítems (p.e., <i>&#8220;Estás irritable en casa   porque tu trabajo es muy agotador&#8221;</i>), según una escala   de respuesta tipo Likert con puntuaciones comprendidas   entre 0 (nunca) y 3 (siempre). La dimensión   incluye ítems referidos a interferencias debido a problemas   de estrés y por escasez de tiempo. En el presente   estudio se incluyeron tan solo los 4 ítems que hacen   referencia al estrés. El coeficiente de fiabilidad Alfa de   Cronbach fue de 0.78.   </font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>Problemas de salud</i>. Para evaluar los síntomas   somáticos y la ansiedad se utilizaron las subescalas del   Cuestionario de Salud General de Goldberg (GHQ-28;   Goldberg y Hillier, 1979), en su versión española   (Lobo y Muñoz, 1996). Esta prueba es una medida   para detectar problemas psicológicos, y cada dimensión   está compuesta por 7 ítems. En el caso de la ansiedad,   se eliminaron dos ítems que hacían referencia a   problemas de sueño. Algunos ejemplos de los ítems   incluidos son: <i>&#8220;¿Ha padecido dolores de cabeza?&#8221;   </i>(Síntomas somáticos) y <i>&#8220;¿Se ha notado constantemente   agobiado y en tensión?&#8221;</i> (Ansiedad). En este estudio   se ha utilizado la puntuación tipo Likert, que asigna   pesos desde 0 hasta 3, mayores puntuaciones indican   una mala salud. La fiabilidad fue de 0.81 para   Síntomas somáticos y 0.86 para Ansiedad. Por su   parte, el insomnio se evaluó a través de una escala de   4 ítems de Jenkins, Stanton, Niemcryk y Rose (1988),   que evalúa problemas de síntomas de insomnio durante   el último mes (por ejemplo, <i>&#8220;Has tenido problemas   para conciliar el sueño&#8221;</i>). La escala de respuesta consta   de seis alternativas desde 1 (&#8220;nunca&#8221;) a 6 (&#8220;Todas las   noches&#8221;). Mayores puntuaciones indican mayor   insomnio. En el presente estudio mostró un índice de   fiabilidad de 0.90.  </font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Análisis estadístico</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>Para la realización de los análisis estadísticos se utilizó   el paquete estadístico SPSS versión 15.0. En primer   lugar se realizaron análisis descriptivos y de correlación   para explorar las relaciones entre las variables.   Antes de realizar los modelos de regresión, se examinaron   varios modelos de medida mediante el programa AMOS 7.0 (Arbuckle, 2006), para comprobar la independencia   de las medidas. Posteriormente, se realizaron   diversos análisis de regresión múltiple jerárquica,   para comprobar el papel mediador del conflicto trabajo   familia en la relación entre el acoso psicológico y   los problemas de salud. Para ello, se siguieron los   pasos recomendados por Baron y Kenny (1986). Las   variables independientes entraron en la ecuación de   regresión en tres pasos sucesivos. En primer lugar, a   modo de control, se introdujeron las variables género y   edad. En el segundo paso, se introdujo el acoso psicológico   en el trabajo. Finalmente, en el tercer paso se   introdujo la variable conflicto trabajo-familia. Para   asegurar la validez del procedimiento se analizaron los   supuestos del modelo estadístico. Una vez efectuados   los análisis se observó que los residuos eran independientes,   ya que los valores del estadístico Durbin-   Watson se encontraban dentro del rango recomendado   (1.5-2.5) para considerar independientes las observaciones.   Por otra parte, los valores del factor de inflación   de la varianza (FIV) se encontraban por debajo de   10 y los índices de tolerancia eran mayores de 0.10, lo   que nos permitió descartar la existencia de colinealidad   entre las variables independientes (Kleinbaum, Kupper y Muller, 1988).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Resultados</b></font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Análisis preliminares</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>Antes de proceder a examinar las hipótesis del estudio,   se analizaron varios modelos de medida (Abad,   Olea, Ponsoda y García, 2011). En primer lugar se examinó   un modelo que incluía todas las variables del   estudio en factores diferentes: acoso psicológico, conflicto   trabajo-familia, insomnio, síntomas somáticos y   ansiedad. Los resultados indican que el modelo de 5   factores presenta un ajuste adecuado a los datos R2   (363) = 831.17, p &lt; 0.001; RSMEA = 0.05; GFI = 0.88,   TLI = 0.91, y CFI = 0.92. Mediante la prueba de chicuadrado,   se comparó el modelo de 5 factores con un   modelo en el que todos los ítems cargaban en un único   factor. En caso de que hubiese un problema de varianza   del método común (VMC), el modelo de un factor   debería ajustarse mejor a los datos (Podsakoff,   MacKenzie, Lee y Podsakoff, 2003). Los resultados   indican que el modelo de 5 factores ajusta significativamente   mejor a los datos que el de un único factor,   ÆR2 (4) = 1697.2; p &lt; 0.001, lo cual sugiere que las   variables pueden ser diferenciadas empíricamente, y   que la VMC no parece ser un problema significativo en   el presente estudio.</font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Descriptivos y correlaciones</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>En la  <a target="_blank" href="/img/revistas/rpto/v27n2/n2a2t01.jpg">Tabla 1</a> se muestran las medias, desviaciones   típicas y correlaciones de las variables del estudio. Los   análisis de correlación indican que el acoso psicológico   se relaciona de forma directa con el conflicto trabajo-   familia (r = 0.37; p &lt; 0.01). De igual forma, se   observa que el acoso y los problemas de salud presentan   relaciones significativas, especialmente con la   ansiedad (r = 0.50; p &lt; 0.01) y los síntomas somáticos   (r = 0.38; p &lt; 0.01). Por su parte, el conflicto trabajofamilia   correlaciona significativamente de forma elevada   con los problemas de salud, especialmente con la   ansiedad (r = 0.48; p &lt; 0.01) y el insomnio (r = 0.43;   p &lt; 0.01).</font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Análisis de mediación</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>Para analizar el posible papel mediador del conflicto   trabajo familia se siguieron las recomendaciones de   Baron y Kenny (1986). Según estos autores, se deben   cumplir tres condiciones para mostrar mediación. En   primer lugar, que la variable independiente (acoso psicológico)   influya en la variable mediadora (conflicto   trabajo-familia). Segundo, que la variable mediadora   se relacione con la variable dependiente (problemas de   salud). Y, en tercer lugar, que exista una relación significativa   entre la variable independiente y la dependiente,   que una vez introducida la variable mediadora pierda,   parcial o totalmente, su efecto. Se comprobaron   estos requisitos mediante diversos análisis de regresión.   Tal y como se aprecia en la  <a target="_blank" href="/img/revistas/rpto/v27n2/n2a2t02.jpg">Tabla 2</a>, los resultados   indican que la variable acoso psicológico influye   significativamente en los tres problemas de salud;   insomnio (&#223; = .27; p&lt;0.01), síntomas somáticos (&#223; =   .37; p &lt; 0.01), y ansiedad (&#223; = .49; p &lt; 0.01).   Igualmente, mediante un análisis de regresión independiente,   se observó una relación significativa entre acoso psicológico y conflicto trabajo-familia (&#223; = .37;   p &lt; 0.01). Además, en el paso tres de la regresión, se   observa que el acoso pierde parcialmente su efecto   sobre los problemas de salud cuando se introduce la   variable conflicto trabajo-familia. Para examinar si la   reducción del efecto de acoso sobre las variables   dependientes era significativa se realizó el test de   Sobel (Sobel, 1982). Esta prueba indicó que el descenso   de la predicción del acoso sobre los distintos problemas   de salud era significativo en el insomnio (<i>z =</i>5.76,   p &lt; .001), en los síntomas somáticos (<i>z =</i>6.09, p &lt;   .001), y en la ansiedad (<i>z =</i>6.67, p &lt; .001). Por lo tanto,   de los análisis se desprende que el conflicto trabajofamilia   media parcialmente la relación entre el acoso   psicológico en el trabajo y los tres problemas de salud   incluidos en el estudio. </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Discusión</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2>El objetivo de este trabajo ha sido examinar el papel   mediador del conflicto trabajo-familia en la relación   entre el acoso psicológico en el trabajo y diversos indicadores   de salud. Los resultados muestran que el acoso   psicológico tiene efectos negativos sobre la salud tanto   de forma directa como indirecta, mediante el conflicto   trabajo-familia, actuando éste último como mediador   parcial. Esta propuesta tiene implicaciones a nivel teórico,   puesto que supone que los efectos negativos de un   estresor psicosocial como es el acoso, se transmiten   también parcialmente a través de un conflicto que tiene   lugar fuera del ámbito laboral.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Este hallazgo puede interpretarse en línea con la   Teoría de Conservación de Recursos propuesta por   Hobfoll (1998, 2001). Por una parte, la situación de   acoso implica una pérdida inicial de recursos, no sólo   materiales, sino también personales, afectando por   ejemplo al estatus que se tiene en la organización, o a   la energía física y mental. En concreto, nuestros resultados   muestran que el estar expuesto a este estresor en   el ámbito laboral, genera mayores niveles de conflicto   trabajo-familia. La persona cuenta con menos recursos   para enfrentarse a nuevas demandas fuera del trabajo,   apareciendo un conflicto con la vida familiar. Este   resultado apoya la idea de &#8220;permeabilidad&#8221; propuesta   por Clark (2000), de modo que las barreras entre el trabajo   y la familia no son impermeables, sino que son   flexibles y se afectan mutuamente. En concreto, tal y   como señalaron Frone, Russell y Cooper (1992), es   más frecuente que el trabajo interfiera con la familia   que viceversa. En este sentido, es razonable pensar que   una situación laboral complicada como la experiencia   de acoso psicológico pueda interferir en la vida personal.   Sin embargo, esta relación no se había examinado   previamente.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Por otra parte, desde la literatura sobre el conflicto   trabajo-familia, se ha analizado este fenómeno considerándolo   tanto consecuencia de las demandas laborales   y familiares, como un estresor en sí mismo.   Greenhaus y Beutell (1985) lo consideran fuente de   estrés, ya sea por la incompatibilidad de tiempo, de   comportamientos, o por generar tensión. De hecho,   Grandey y Cropanzano (1999) aplicaron la Teoría de   Conservación de Recursos a esta línea de investigación,   señalando que el esfuerzo por compaginar trabajo   y familia supone en sí mismo una pérdida de recursos.   De hecho, y en línea con investigaciones previas   (Anderson, Coffey y Bierly, 2002; Geurts et al., 1999;   Kinnunen et al., 2004), hemos observado un efecto   negativo del conflicto sobre la salud. En nuestro estudio,   partimos de otro estresor que ya ha generado una   pérdida previa de recursos. Esto ha conducido a una   experiencia de conflicto entre la vida laboral y familiar,   que a su vez ha supuesto una mayor pérdida de   recursos. El hecho de haberse enfrentado a esa situación   con un desgaste previo, deriva finalmente en problemas   de salud. Como vemos, se produce la &#8220;espiral   de pérdida de recursos&#8221; que proponíamos anteriormente.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Por último, es necesario señalar que aunque existe   un efecto indirecto del acoso sobre la salud mediante el   conflicto trabajo-familia, el impacto directo de este estresor sobre nuestras variables dependientes continúa   siendo significativo. Este resultado refleja la severidad   del problema de acoso psicológico, y va en línea   con estudios previos en los que los mediadores estudiados   tampoco presentaban un efecto de mediación total   en la relación entre el acoso y los problemas de salud   (Hansen et al., 2006; Mikkelsen y Einarsen, 2002).   Dentro del campo de investigación del conflicto trabajo-   familia, aunque existe evidencia empírica para considerar   dicha variable como fundamental en la relación   entre los estresores laborales y diversos indicadores de   bienestar (Frone, Yardley y Markel, 1997), no todos los   estudios han encontrado mediaciones completas. Por   ejemplo, Choi (2008) encontró que la sensación de   tener mucho que hacer, o tener mucha responsabilidad   en el trabajo, se asociaba de forma positiva con síntomas   de estrés. Al incluir el conflicto trabajo-familia en   el modelo, el efecto directo de las demandas laborales   disminuía, pero continuaba siendo significativo.   Puesto que se han encontrado mediaciones parciales   con estresores como la sobrecarga, es razonable considerar   que estresores severos como el acoso psicológico,   sigan teniendo un efecto sobre la salud.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>A nivel teórico, estos hallazgos reflejan que cuando   existen demandas laborales, los esfuerzos realizados y   el estrés asociado no se quedan en el ámbito laboral,   sino que pueden afectar a otros ámbitos. Por lo tanto,   muchos de los problemas con los que nos enfrentamos   diariamente afectan a diversas esferas de nuestra vida.   Así pues, en el futuro sería necesario continuar con   esta línea, e ir más allá de las demandas laborales tradicionalmente   analizadas en el campo de la conciliación   vida laboral-familiar. Examinar estresores con   tanta repercusión como el acoso psicológico, analizando   distintos mecanismos como el propuesto en este   estudio, es relevante para alcanzar un conocimiento   más completo de los procesos de estrés.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>El presente estudio tiene una serie de limitaciones   que deben tenerse en cuenta a la hora de interpretar los   resultados. En primer lugar, el diseño transversal no   permite conclusiones causales sobre la relación entre   las variables. Sin embargo, según MacKinnon,   Fairchild y Fritz (2007) las definiciones de mediación   suelen estar formuladas en términos causales. La idea   central en el presente estudio es que el acoso lleva a   diversos problemas de salud, que parcialmente están   mediados por el conflicto trabajo-familia. No obstante,   al igual que con otras formas de estrés laboral, pueden   existir otros tipos de causalidad entre las variables,   como por ejemplo inversa o recíproca. Sin   embargo, la evidencia empírica al respecto señala que   la relación entre el acoso y las consecuencias se rige   por la causalidad normal (Rodriguez-Muñoz et al.,   2009). De esta forma, nuestras hipótesis se basan en   evidencia empírica existente. Otra posible limitación   radica en el hecho de que todas las variables se hayan   evaluado mediante autoinforme, lo que incrementa el   riesgo de la varianza del método común (VMC). Con   el objetivo de reducir esta posibilidad, hemos llevado   a cabo algunas de las recomendaciones estadísticas   propuestas por Podsakoff et al. (2003), como el análisis   factorial confirmatorio. Por otra parte, tal y como   han señalado Frazier, Tix y Barron (2004) el tamaño   muestral, entre otros factores, puede afectar al tamaño   del efecto y al poder de los resultados. A este respecto,   el número de participantes incluidos en nuestro   estudio parece ser adecuado para hallar efectos de   mediación, puesto que Hoyle y Kenny (1999) encontraron   que con muestras por encima de los 200 sujetos,   el poder para detectar mediación era de al menos   0.80. Es necesario confirmar estos resultados en   muestras más heterogéneas, con trabajadores de distintos   sectores.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Por último, de los resultados obtenidos se desprenden   también una serie de implicaciones prácticas que   han de tomarse en cuenta con fines tanto preventivos   como interventivos. Ha sido ampliamente reconocido   el papel que tiene la política organizacional y determinadas   condiciones laborales en la aparición del acoso   (Einarsen, 2000; Moreno-Jiménez, Rodríguez-Muñoz,   Garrosa y Morante, 2005; Salin, 2006). Los desequilibrios   de poder, estilos de liderazgo débiles o la sobrecarga   de trabajo han sido alguno de los antecedentes   más estudiados, que reflejan la necesidad de actuar a   nivel organizacional. Un diseño adecuado del puesto,   un estilo de liderazgo democrático, y procedimientos   organizacionales claros y basados en la justicia, son   pilares básicos para evitar que el propio ambiente de   trabajo propicie la aparición de este tipo de situaciones.   Para que esto sea posible, hace falta una cultura de   apoyo en general, atendiendo a aspectos laborales,   pero sobre todo atendiendo a la persona en conjunto.   En este sentido, Grandey, Cordeiro y Michael (2007)   señalan que valorar a la persona al completo es una   forma de justicia interpersonal, que supone comprender   que lo que ocurre en el trabajo afecta también a la   vida personal. Por lo tanto, es necesario que las organizaciones   ofrezcan un apoyo global a los empleados   con la adopción de políticas que permitan compaginar   la esfera laboral y personal (Thomas y Ganster, 1995).   Estas políticas se basan en proporcionar flexibilidad de   tiempo y espacio, así como una comunicación abierta   que permita a la persona expresar posibles inquietudes   o dificultades. El objetivo es evitar que los problemas   en una u otra esfera afecten al bienestar y a la salud del   trabajador.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Extended Summary</b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>In recent years, it has been widely recognized that   workplace bullying is part of social reality. Literature   on this topic has emphasized the necessity of exploring   the factors leading to this problem, since it is one of the   most severe psychosocial stressors (Einarsen &   Mikkelsen, 2003; Moreno-Jiménez & Rodríguez-   Muñoz, 2006). The effects of workplace bullying   include several emotional and psychosomatic problems,   such as anxiety (Einarsen & Mikkelsen, 2003),   depression, (Niedhammer, David, & Degioanni, 2006),   and irritability (Leymann, 1990). These effects do not   belong exclusively to the work domain, but they also   have an impact on the personal life of employees. For   instance, Tepper (2000) found that people who perceived   an abusive supervision experienced higher levels of work-family conflict.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2>In this sense, the work of Pleck (1977) also recognized   that experiences at work spill over and affect   family life. Greenhaus and Beutell (1985) defined the   term <i>&#8220;work-family conflict&#8221; as &#8220;a form of interrole   conflict in which the role pressures from work and family   domains are mutually incompatible in some   respect&#8221;</i> (p.77). The effects of work-family conflict   have been also widely recognized, including somatic   symptoms (Kinnunen, Geurts & Mauno, 2004; Noor,   2003), health complaints (Geurts, Rutte, & Peeters, 1999), and family dissatisfaction (Hill, 2005).</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Apart from considering work-family conflict as a   source of stress, there is a line of research which provides   empirical evidence about the mediating role of   the stress-strain process (Geurts, Kompier, Roxburgh   & Houtman, 2003). However, despite being one of the   most severe psychosocial stressors, to our knowledge,   there is a lack of research examining the mediating role   of work-family conflict in the relationship between workplace bullying and health problems.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>In the present work, we analyze this mediating   effect, based on the <i>&#8220;Conservation of Resources   Theory&#8221;</i> proposed by Hobfoll (1998), which proposes   that exposure to stressful situations may lead to loss of   resources (i.e. energy), which affects health and wellbeing.   Hobfoll (2001) also proposed a <i>&#8220;loss spiral&#8221;</i>,   which means that an initial loss of resources makes it   more difficult to face new demands, which finally   leads to health problems. Based on these arguments, we hypothesize that:</font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>H1: Workplace bullying will be positively and significantly   related to health problems (i.e. insomnia,   somatic symptoms and anxiety) when work-family conflict is not included in the model.</i></font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>H2: Workplace bullying will be positively and significantly related to work-family conflict.</i></font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>H3: Work-family conflict will be positively and significantly   related to health problems (i.e. insomnia, somatic symptoms and anxiety).</i></font></p>     <p><font face=Verdana size=2><i>H4: The effect of workplace bullying on health   problems will be significantly lower when work-family conflict is included in the model</i></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Method</b></font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Participants and procedure</b></font></i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2>The sample was composed of 441 employees from   different organizations in the telecommunications sector   located in Madrid. Of them, 54.4% were men. The   mean age was 37.85 years (<i>SD =</i> 9.71), and the mean   of years working in the company was 11.66 (<i>SD  =</i> 8.1).   The participants worked 40.9 hours per week (<i>SD =</i>   3.24), 83.9% of them have a stable contract. Most of   them lived with a partner (76%) and had at least one   child (63.3%). A cover letter explaining the study and   a self-addressed, stamped envelope were included to   facilitate easy return of the questionnaires. Assurances   of confidentiality were provided. Of the 1000 surveys distributed, 441 were returned (response rate = 44%).</font></p>     <p><i><font face=Verdana size=2><b>Instruments</b></font></i></p>     <p><font face=Verdana size=2>To measure Workplace bullying we used the Short-   Negative Acts Questionnaire (S-NAQ; Notelaers &   Einarsen, 2008), which includes nine items (e.g.,   <i>&#8220;Gossip or rumours about you&#8221;</i>). Cronbach's alpha   was 0.90. Work-family conflict was assessed with a   subscale from the Spanish adaptation Moreno-Jiménez   et al., 2009) of the SWING developed by Geurts et al.   (2005). This scale is composed of eight items. An   example item is: <i>&#8220;Your work schedule makes it difficult   for you to fulfill your domestic obligations&#8221;</i>.   Cronbach's alpha was 0.78. Finally, health problems   were assessed using two subscales of the Spanish version   (Lobo & Muñoz, 1996) of 28-item version of the   general health questionnaire (GHQ-28; Goldberg &   Hillier, 1979). Specifically, we used the dimension of   somatic symptoms (e.g., <i>&#8220;Have you been getting   headaches?&#8221;</i> and anxiety (e.g., <i>&#8220;Have you been feeling   nervous and strung-up all the time?&#8221;</i>). Cronbach's   alpha was 0.81 and 0.86 for somatic symptoms and   anxiety, respectively. Insomnia was assessed using a   four-item (e.g., <i>&#8220;Difficulty falling asleep&#8221;</i>) scale by Jenkins et al. (1988). Cronbach's alpha was 0.90.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Results</b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>First of all, before testing the regression models, we   examined the measurement models with all study variables: workplace bullying, work-family conflict,   insomnia, somatic symptoms and anxiety. This fivefactor   model yielded a good fit, R2 (363) = 831.17, p &lt;   0.001; RSMEA = 0.05; TLI = 0.91, y CFI = 0.92. It fitted   better to the data than a one-factor model, ÆR2 (4)   = 1697.2; p &lt; 0.001, which suggests that common   method variance did not significantly bias participants' responses (Podsakoff et al., 2003).</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>The hypotheses were tested following recommendations   by Baron and Kenny (1986) for testing mediation.   According to these authors, the first step is to   show that there is a significant relation between an   independent variable (workplace bullying) and the outcome   variable (health problems). The second step is to   show that workplace bullying is related to the mediator   (work-family conflict). The third step is to show that   the mediator is significantly related to the outcome   variable. The final step is to show that the strength of   the relation between the predictor and the outcome is   significantly reduced when the mediator is included in   the regression. To investigate these steps we conducted   hierarchical regression analyses. As can be seen in    <a target="_blank" href="/img/revistas/rpto/v27n2/n2a2t02.jpg">Table 2</a>, the results indicate that workplace bullying   significantly predicts health problems; insomnia (&#223; =   .27; p &lt; 0.01), somatic symptoms (&#223; = .37; p &lt; 0.01),   and anxiety (&#223; = .49; p &lt; 0.01). Thus, the first requirement   for mediation was met (Hypothesis 1). Similarly,   in an independent regression analysis, and in keeping   with the second hypothesis, it was shown that there is   a significant relationship between workplace bullying   and work-family conflict (&#223; = .37; p &lt; 0.01). In addition,   it appears that work-family conflict is related to   health problems (Hypothesis 3). Finally, the effect of   bullying on health complaints is reduced after the   inclusion of work family conflict in the third step   (Hypothesis 4). Thus, all four criteria described by   Baron and Kenny (1986) were met. To examine   whether the reduction of the effect of workplace bullying   is significant, we used the Sobel test (Sobel, 1982).   This test indicated that the decrease in the prediction of   bullying on health problems was significant; insomnia   (<i>z =</i>5.76, p &lt; .001), somatic symptoms (<i>z =</i>6.09, p &lt;   .001), and anxiety (<i>z =</i>6.67, p &lt; .001). Therefore,   results show that work-family conflict partially mediates   the relationship between workplace bullying and the three health problems included in the study.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face=Verdana size=2><b>Discussion</b></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>The aim of this study was to examine the mediating   role of work-family conflict in the relationship   between workplace bullying and several health indicators.   The results showed that bullying had a negative   effect on health problems, both directly and indirectly   through work-family conflict, which denotes a partial   mediation. This proposal has theoretical implications,   since it implies that the negative effects of a psychosocial   stressor such as bullying are partially transmitted   through a conflict that takes place in a non-work   domain.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2>Moreover, it should be noted that although there is   an indirect effect of bullying on health through workfamily   conflict, the direct impact of this stressor on our   dependent variables remains significant. This result   reflects the severity of the problem of bullying, and is   in line with previous studies in which the mediators   studied also had a partial mediating effect on the relationship   between bullying and health problems   (Hansen et al., 2006; Mikkelsen & Einarsen, 2002). </font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Some limitations need to be taken into account   when interpreting the current results. First, the crosssectional   design does not allow us to draw conclusions   in causal terms. We must take into account that the   assumptions of our study imply a causal chain. The   central idea was that workplace bullying leads to several   health problems, which is partially mediated by   work-family conflict. Nevertheless, other forms of   relationship among variables, such as reversed and   reciprocal causal influences of outcomes on workplace   bullying, may also be plausible. However, we based   the proposed relations among variables on earlier theoretical   theory and empirical evidence (Rodriguez-   Muñoz et al., 2009). Second, this study relies on selfreports,   which might increase the risk of common   method variance (CMV). Confirmatory factor analysis,   however, indicated that CMV did not significantly   influence our results. Third, the sample size, among   other factors, may affect effect sizes and the power of   the results. In this regard, the sample size seems to be   adequate for testing mediation effects, since Hoyle and   Kenny (1999) found that in samples above 200, the   power to detect mediation was at least 0.80.</font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Finally, our findings have practical implications that   should be taken into account for both preventive and   interventional purposes. Proper design of job tasks, a   democratic leadership style and clear organizational   procedures based on justice, are core policies to prevent   this type of situations. To make this possible, it is   necessary to have a general supportive culture which   helps employees to integrate the work and family   domains.</font></p>      <p>&nbsp;</p>	     <p><font face=Verdana size=2><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>1. Abad, F. J., Olea, J., Ponsoda, V. y García, C. (2011). Medición en ciencias sociales y de la salud. Madrid: Editorial Síntesis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058066&pid=S1576-5962201100020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>2. Anderson, S. E., Coffey, B. S. y Byerly, R. T. (2002). Formal organizational initiatives and informal workplace practices: Links to work-family conflict and job-related outcomes.Journal of Management, 28, 787-810.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058068&pid=S1576-5962201100020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>3. Arbuckle, J. L. (2006). 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Bouchard, G. y Poirier, L. (2011). Neuroticism and wellbeing among employed new parents: The role of the work-family conflict. Personality and Individual Differences,50, 657-661</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058074&pid=S1576-5962201100020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>6. Boyar, S. L. y Mosley Jr., D. (2007). The relationship between core self-evaluations and work and family satisfaction: The mediating role of work&#8211;family conflict and facilitation. 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<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>9. Einarsen, S. (2000). Harassment and bullying at work: a review of the Scandinavian approach. Aggression and Violent Behavior, 4, 379-401.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058081&pid=S1576-5962201100020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>10. Einarsen, S. y Hauge, L. J. (2006). Antecedentes y consecuencias del acoso psicológico en el trabajo: una revisión de la literatura. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 22, 251-274.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058083&pid=S1576-5962201100020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2> 11. Einarsen, S. y Mikkelsen, E. G. (2003). Individual effects of exposure to bullying at work. En S. Einarsen, H. Hoel, D. Zapf,  C. L. Cooper (Eds.), Bullying and emotional abuse in the workplace: International perspectives in research and practice (pp. 127-144). London: Taylor Francis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058085&pid=S1576-5962201100020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>12. Frazier, P. A., Tix, A. P. y Barron, K. E. (2004). Testing moderator and mediator effects in counseling psychology research. Journal of Counseling Psychology, 51, 115-134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058087&pid=S1576-5962201100020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>13. Frone, M. R., Russell, M. y Cooper, M. L. (1992). Prevalence of work-family conflict: Are work and family boundaries asymmetrically permeable? Journal of Organizational Behavior, 13, 723-729.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058089&pid=S1576-5962201100020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>14. Frone, M. R., Yardley, J. K. y Markel, K. (1997). Developing and testing an integrative model of the work-family interface. Journal of Vocational Behavior, 50, 145-167.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058091&pid=S1576-5962201100020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>15. Geurts, S. A. E., Kompier, M. A. J., Roxburgh, S. y Houtman, I. L. D. (2003). Does work-home interference mediate the relationship between workload and well-being?. Journal of Vocational Behavior, 63, 532-559.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058093&pid=S1576-5962201100020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>16. Geurts, S. A. E., Rutte, C. y Peeters, M. (1999). Antecedents and consequences of work&#8211;home interference among medical residents. Social Science & Medicine, 48, 1135-1148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058095&pid=S1576-5962201100020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>17. Geurts, S., Taris, T. W., Kompier, M. A. J., Dikkers, J. S. E., Van Hooff, M. L. M. y Kinnunen, U. M. (2005). Work-home interaction from a work psychological perspective: Development and validation of a new questionnaire, the SWING. Work & Stress, 19, 319-339.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058097&pid=S1576-5962201100020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>18. Goldberg, D. P. y Hillier, V. F. (1979). Ascaled version of the General Health Questionnaire. Psychological Medicine, 9, 139-145.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058099&pid=S1576-5962201100020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>19. González de Rivera, J. L. y Rodríguez-Abuín, M. (2006). Acoso psicológico en el trabajo y psicopatología: un estudio con el LIPT-60 y el SCL-90-R. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 22, 397-412.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058101&pid=S1576-5962201100020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>20. Grandey, A. y Cropanzano, R. (1999). The conservation of resources model applied to work-family conflict and strain. Journal of Vocational Behavior, 54, 350-370.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058103&pid=S1576-5962201100020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>21. Grandey, A., Cordeiro, B. L. y Michael, J. H. (2007). Work-family supportiveness organizational perceptions: Important for the well-being of male blue-collar hourly workers? Journal of Vocational Behavior, 71, 460-478.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058105&pid=S1576-5962201100020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>22. Greenhaus, J. H. y Beutell, N. J. (1985). Sources of conflict between work and family roles. Academy of Management Review, 10, 76-88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058107&pid=S1576-5962201100020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>23. Haines, V. Y., Marchand, A. y Harvey, S. (2006). Crossover of workplace aggression experiences in dual earner couples. Journal of Occupational Health Psychology, 11, 305-314.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058109&pid=S1576-5962201100020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>24. Hansen, A. M., Hogh, A., Persson, R., Karlson, B, Garde, A. H. y Orbaek, P. (2006). Bullying at work, health outcomes, and physiological stress response. Journal of Psychosomatic Research, 60, 63-72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058111&pid=S1576-5962201100020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>25. Hill, E. J. (2005). Work-family facilitation and conflict, working fathers and mothers, work-family stressors and support. Journal of Family Issues, 26, 793-819.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058113&pid=S1576-5962201100020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>26. Hobfoll, S. E. (1998). Stress, culture, and community: The psychology and philosophy of stress. New York: Plenum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058115&pid=S1576-5962201100020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>27. Hobfoll, S. E. (2001). The influence of culture, community, and the nested-self in the stress process: Advancing conservation of resources theory. Applied Psychology: An International Review, 50, 337-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058117&pid=S1576-5962201100020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2> 28. Hoyle, R. H. y Kenny, D. A. (1999). Sample size, reliability, and tests of statistical mediation. En R. H. Hoyle (Ed.), Statistical strategies for small sample research (pp. 195-222). Thousand Oaks, CA: Sage Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058119&pid=S1576-5962201100020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>29. Jenkins, D., Stanton, B., Niemcryk, S. y Rose, R. (1988). A scale for the estimation of sleep problems in clinical research. Journal of Clinical Epidemiology, 41, 313-321.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058121&pid=S1576-5962201100020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>30. Kinnunen, U., Geurts, S. y Mauno, S. (2004). Work-to-family conflict and its relationship with satisfaction and well-being: A one-year longitudinal study on gender differences. Work & Stress, 18, 1-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058123&pid=S1576-5962201100020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>31. Kleinbaum, D. G., Kupper, L. L. y Mueller, K. E. (1988). Applied regression analysis and other multivariable methods. Boston: PWS-KENT Publishing Company.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058125&pid=S1576-5962201100020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>32. Lobo, A. y Muñoz, P. (1996). Cuestionario de salud general. Guía para el usuario de las distintas versiones. Versiones en lengua española validadas. Barcelona: Masson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058127&pid=S1576-5962201100020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>33. MacKinnon, D. P., Fairchild, A. J. y Fritz, M. S. (2007). Mediation analysis. Annual Review of Psychology, 58, 593-614.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058129&pid=S1576-5962201100020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>34. Mauno, S., Kinnunen, U. y Pyykkö, M. (2005). Does work-family conflict mediate the relationship between work-family culture and self-reported distress? Evidence from five Finnish organizations. Journal of Occupational and Organizational Psychology, 78, 509-530.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058131&pid=S1576-5962201100020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>35. Mikkelsen, E. G. y Einarsen, S. (2002). Relationships between exposure to bullying at work and psychological and psychosomatic health complaints: the role of state negative affectivity and generalized self-efficacy. Scandinavian Journal of Psychology, 43, 397-405.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058133&pid=S1576-5962201100020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>36. Moreno-Jiménez, B. y Rodríguez-Muñoz, A. (2006). Introducción del número monográfico sobre acoso psicológico en el trabajo: una perspectiva general. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 22, 245-249.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058135&pid=S1576-5962201100020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>37. Moreno-Jiménez, B., Rodríguez-Muñoz, A., Garrosa, E. y Morante, M. E. (2005). Antecedentes organizacionales del acoso psicológico en el trabajo: un estudio exploratorio. Psicothema 17, 621-632.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058137&pid=S1576-5962201100020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>38. Moreno-Jiménez, B., Rodríguez-Muñoz, A., Sanz-Vergel, A. I. y Rodríguez, R. (2008) El efecto del acoso psicológico en el insomnio: el papel del distanciamiento psicológico y la rumiación. Psicothema, 20, 760-765.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058139&pid=S1576-5962201100020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>39. Moreno-Jiménez, B., Sanz-Vergel, A. I., Rodríguez-Muñoz, A. y Geurts, S. (2009) Propiedades psicométricas de la versión española de la escala de interacción vida laboralpersonal SWING. Psicothema 21, 331-337.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058141&pid=S1576-5962201100020000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>40. Niedhammer, I., David, S. y Degioanni, S. (2006). Association between workplace bullying and depressive symptoms in the French working population. Journal of Psychosomatic Research, 61, 251-259.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058143&pid=S1576-5962201100020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2> 41. Notelaers, G. y Einarsen, S. (2008). The construction and validation of the Short &#8211; Negative Acts Questionnaire. Comunicación en el 6th International Conference on Workplace Bullying. 4-6 Junio. Montreal. Canada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058145&pid=S1576-5962201100020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>42. Pleck, J. H. (1977). The work-family role system. Social Problems, 24, 417-442.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058147&pid=S1576-5962201100020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>43. Podsakoff, P. M., MacKenzie, S. B., Lee, Y. y Podsakoff, N. P. (2003). Common method biases in behavioral research: A critical review of the literature and recommended remedies. Journal of Applied Psychology, 88, 879-903.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058149&pid=S1576-5962201100020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>44. Rodríguez-Muñoz, A., Baillien, E., De Witte, H., Moreno-Jiménez, B. y Pastor, J. C. (2009). Cross-lagged relationships between workplace bullying, job satisfaction and engagement: Two longitudinal studies. Work & Stress, 23, 225-243.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058151&pid=S1576-5962201100020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>45. Salin, D. (2006). ¿Se preocupan las organizaciones por el acoso psicológico en el trabajo?: Percepciones de los trabajadores sobre las medidas organizacionales contra el acoso psicológico. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 22, 413-432.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058153&pid=S1576-5962201100020000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>46. Sobel, M. E. (1982). Asymptotic confidence intervals for indirect effects in structural equations models. En S. Leinhart (Ed.), Sociological methodology (pp. 290-312). San Francisco: Jossey-Bass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058155&pid=S1576-5962201100020000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face=Verdana size=2>47. Tepper, B. J. (2000). Consequences of abusive supervision. Academy of Management Journal, 43, 178-190.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5058157&pid=S1576-5962201100020000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face=Verdana size=2><a name="back"></a><a href="#top"><img src="/img/revistas/rpto/v27n2/seta.gif" border="0"></a><b>Dirección  para correspondencia:</b>    <br> Ana Isabel Sanz Vergel    <br>IE University    <br>Campus de Santa Cruz la Real    <br>Cardenal Zúñiga, 12    <br>40003 Segovia (España)    <br>E-mail: <a href="mailto:aisanz@profesor.ie.edu">aisanz@profesor.ie.edu</a></font></p>     <p><font face=Verdana size=2>Manuscrito Recibido: 29/04/2011    <br> Revisión Recibida: 24/06/2011    <br> Aceptado: 11/07/2011</font></p>      ]]></body>
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