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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Palomas blancas entre el amor y el dolor: El cuidado, las Hijas de la Caridad y el Hospital Gómez Ulla]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[White doves between love and pain: Medical Care, Daughters of Charity and Hospital "Gómez Ulla"]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Medical care, since the dawn of mankind, has conceptually adopted different meanings throughout the times, as well as health and sickness. Women have been involved for centuries in this medical care, at home, as an extension of their activities as lifegivers, and not only for children but also for the elderly, sick and disabled. Moreover, women, from a wide range of origins, and more or less qualified, cared for the sick out of their own homes at different levels until the Low Middle Ages, when their aptitudes and capacities were denied as they were not allowed to enter the Universities. Christianity introduced the values of mercy, charity and compassion, which were taken up particularly by many women who offered their lives in service to their fellow men and women, mitigating the sorrows and sufferings of the unfortunates and dispossessed. In the 18th century in France St. Vincent de Paul and Sainte Louise de Marillac started a simple organization, the Brotherhood of Charity to help the needy in the Parisian parishes. A little later this originated the Daughters of Charity with their own characteristics and the objective to provide service to the poor and sick. Due to their praiseworthy labor soon the Daughters of Charity became an irreplaceable part of many institutions: foundling homes, orphanages, military and civilian hospitals, prisons, insane asylums, leper colonies... These nuns arrived in Spain in 1790 and spread immediately all over the country improving everything they became responsible for. They were fully committed to taking care of sick and wounded soldiers in the numerous conflicts in the 19th century: Spanish War of Independence, Carlist Wars, African and Overseas Wars... They continued their activities during the Spanish Civil War in field hospitals in the so-called national zone. In the Military Hospital of Carabanchel (Madrid) they worked industriously since its inauguration in 1896 and they are still doing it in the new buildings of the current Central Defense Hospital "Gómez Ulla". During all this time they have striven to demonstrate the education that was required of them without forgetting the duties that being Daughters of Charity imposed upon them: love and service to the needy with a spirit of humility and modesty.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Historia de las Mujeres]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p><a name="top"></a><font face="Verdana" size="2"><b>HISTORIA Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Palomas blancas entre el amor y el dolor. El cuidado, las Hijas de la Caridad y el Hospital G&oacute;mez Ulla</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>White doves between love and pain. Medical Care, Daughters of Charity and Hospital "G&oacute;mez Ulla"</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Arias Bautista M.T.<sup>1</sup></b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">1 Licenciada en Geograf&iacute;a e Historia. Secci&oacute;n Historia Medieval. Doctora por la Universidad Complutense de Madrid.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Dirección para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cuidado, que ha existido desde los albores de nuestra humanidad, ha adoptado, conceptualmente, diversos significados a trav&eacute;s del tiempo, al igual que lo han hecho la salud y la enfermedad. En dicho cuidado han estado secularmente implicadas las mujeres, en el interior del hogar, como prolongaci&oacute;n de sus tareas de productoras y reproductoras de la vida, y lo han prodigado no solo a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, sino tambi&eacute;n a las personas mayores, discapacitadas y enfermas. Adem&aacute;s, desde siempre, mujeres de la m&aacute;s diversa &iacute;ndole trataron la enfermedad fuera de los l&iacute;mites de su casa, con mayor o menor preparaci&oacute;n y asumiendo diferentes competencias hasta que, en la Baja Edad Media, se les neg&oacute; autoridad y aptitud pues no se les permiti&oacute; la entrada en las Universidades. El cristianismo hab&iacute;a introducido en las conciencias los valores de piedad, caridad y misericordia, afectando, especialmente, a muchas mujeres que pronto se dispusieron a mitigar las penas de los desheredados y de los sufrientes entregando su vida por vocaci&oacute;n de servicio a los dem&aacute;s. En el siglo XVII, en Francia, San Vicente de Pa&uacute;l y Santa Luisa de Marillac pusieron en marcha una sencilla organizaci&oacute;n: las Cofrad&iacute;as de Caridad, para canalizar la ayuda a los necesitados de las parroquias parisinas. Poco despu&eacute;s, ellas dieron a luz al instituto de las Hijas de la Caridad con caracter&iacute;sticas propias y con el fin de extender el servicio a los pobres y enfermos. Pronto, por su meritoria labor, las Hijas de la Caridad formaron parte insustituible de numerosas instituciones: casas de exp&oacute;sitos, orfanatos, hospitales civiles y militares, c&aacute;rceles, manicomios, leproser&iacute;as... A Espa&ntilde;a llegaron estas religiosas en 1790 y r&aacute;pidamente se extendieron por todas las provincias, mostrando mejoras en todo aquello que les era encomendado. Los soldados heridos y enfermos fueron atendidos por ellas con todo celo en las numerosas contiendas del XIX: Guerra de la Independencia, Guerras Carlistas, Guerras de &Aacute;frica y Ultramar... Tambi&eacute;n lo hicieron, posteriormente, en la Guerra Civil en los hospitales de sangre constituidos en la llamada zona nacional. En el Hospital Militar de Carabanchel trabajaron laboriosamente desde su inauguraci&oacute;n, en el a&ntilde;o 1896, y a&uacute;n siguen haci&eacute;ndolo en los nuevos edificios que albergan al actual Hospital Central de la Defensa "G&oacute;mez Ulla". A lo largo de todo este tiempo se han esforzado por acreditar la formaci&oacute;n que los tiempos les iba exigiendo, sin dejar de cumplir con las obligaciones que por encima de todo les impon&iacute;a el ser Hijas de la Caridad: amor y servicio a los necesitados con esp&iacute;ritu de humildad y sencillez.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Historia de las Mujeres, Hijas de la Caridad, Sanidad, Mujeres y Cuidado, Mujeres y Salud.</font></p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>SUMMARY</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Medical care, since the dawn of mankind, has conceptually adopted different meanings throughout the times, as well as health and sickness. Women have been involved for centuries in this medical care, at home, as an extension of their activities as lifegivers, and not only for children but also for the elderly, sick and disabled. Moreover, women, from a wide range of origins, and more or less qualified, cared for the sick out of their own homes at different levels until the Low Middle Ages, when their aptitudes and capacities were denied as they were not allowed to enter the Universities. Christianity introduced the values of mercy, charity and compassion, which were taken up particularly by many women who offered their lives in service to their fellow men and women, mitigating the sorrows and sufferings of the unfortunates and dispossessed. In the 18th century in France St. Vincent de Paul and Sainte Louise de Marillac started a simple organization, the Brotherhood of Charity to help the needy in the Parisian parishes. A little later this originated the Daughters of Charity with their own characteristics and the objective to provide service to the poor and sick. Due to their praiseworthy labor soon the Daughters of Charity became an irreplaceable part of many institutions: foundling homes, orphanages, military and civilian hospitals, prisons, insane asylums, leper colonies... These nuns arrived in Spain in 1790 and spread immediately all over the country improving everything they became responsible for. They were fully committed to taking care of sick and wounded soldiers in the numerous conflicts in the 19th century: Spanish War of Independence, Carlist Wars, African and Overseas Wars... They continued their activities during the Spanish Civil War in field hospitals in the so-called national zone. In the Military Hospital of Carabanchel (Madrid) they worked industriously since its inauguration in 1896 and they are still doing it in the new buildings of the current Central Defense Hospital "G&oacute;mez Ulla". During all this time they have striven to demonstrate the education that was required of them without forgetting the duties that being Daughters of Charity imposed upon them: love and service to the needy with a spirit of humility and modesty.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> History of the Women, Daughters of Charity, Medical Service, Women and Medical Care, Women and Health.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n: objetivos y agradecimientos</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"En una amplia avenida que bordean los &aacute;rboles, veo destacarse, a lo lejos, dos figuras blancas como sus amplias vestiduras. Son las heroicas hermanas de San Vicente de la congregaci&oacute;n espa&ntilde;ola, que en plena noche oscura, salen a buscar heridos en las posiciones avanzadas, sin temor al peligro y que cumplen a conciencia la misi&oacute;n de cuidar y consolar al que sufre. <i><b>Como palomas blancas van apareciendo por la hermosa avenida de dos en dos...</b></i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b><i>Y aquella bandada de palomas blancas que me rodeaba vuelve otra vez a dispersarse por aquellos pabellones en que anida el dolor".</i></b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">(<i>"La Correspondencia Militar"</i>, Mar&iacute;a de Quir&oacute;s, en su visita al Hospital Docker de Melilla, VARGAS, Pedro, <i>Historia de las Hijas de la Caridad de la Provincia Espa&ntilde;ola, Madrid, 1996, p. 796)</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando puse t&iacute;tulo a este trabajo y realic&eacute; el bosquejo del &iacute;ndice, a&uacute;n no hab&iacute;a le&iacute;do las hermosas frases que acabo de citar. Ellas no solo me alegraron al ver que otras personas antes que yo hab&iacute;an coincidido conmigo en sentimientos y pensamientos, sino que, adem&aacute;s, me ayudaron a reafirmarme en mi inicial objetivo: el de prestar mis palabras a los miles de alientos que durante a&ntilde;os y a&ntilde;os se han volcado sobre millones de personas desvalidas y enfermas para paliar su dolor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otro de mis objetivos personales fue el de sumarme a las honras dedicadas a las Hijas de la Caridad en el 350 aniversario del fallecimiento de sus fundadores. Honras, que con independencia de las ideolog&iacute;as, esta instituci&oacute;n merece pues, si en general la labor continua y callada de las mujeres ha sido siempre silenciada, y en demasiadas ocasiones ninguneada, m&aacute;s a&uacute;n lo ha sido la de quienes se han derramado sobre sus semejantes en virtud de sus creencias. Una actitud que parece especialmente loable en unos tiempos en que todo se compra y se vende con dinero y se eval&uacute;a en funci&oacute;n del beneficio material que otorga.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Considero que el amor (palabra que puede resultar rid&iacute;cula, improcedente o pasada de moda para algunos), cuando se aplica al cuidado de la vida, nunca se ha tasado en su justa medida. La cesi&oacute;n de s&iacute; no tiene recipiente, ni regla, ni ecuaci&oacute;n matem&aacute;tica capaz de contenerla, ya que es un regalo que gratifica a quien lo recibe por encima de todo lo dem&aacute;s y sin el cual, a&uacute;n ah&iacute;to de dinero, el ser humano descubre la soledad y el desgarro interior, especialmente en los momentos en que se halla atrapado por el dolor.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, y como especialista en historia de las mujeres, me atra&iacute;a sobremanera indagar en el campo historiogr&aacute;fico de la religiosidad femenina activa, a&uacute;n poco desbrozado<sup>1</sup>, pero que permiti&oacute; a muchas mujeres desenvolverse fuera de los esquemas patriarcales a que se las hab&iacute;a tenido sometidas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La pretensi&oacute;n de mostrar la capacidad y la consagraci&oacute;n de las Hijas de la Caridad a las tareas del cuidado llevaba impl&iacute;cito el reto de enfrentarse, por un lado, al silencio propio de quienes han permanecido en la sombra por la discreci&oacute;n y humildad que le impon&iacute;an sus h&aacute;bitos. Y, por otro, al mutismo impuesto por la carencia de fondos documentales, la mayor&iacute;a desaparecidos como consecuencia del sinsentido de las sucesivas guerras que han asolado la Pen&iacute;nsula. En dichos periodos, como sucede en todas partes y siempre que hay conflictos b&eacute;licos, nada parece ser contemplado en su justa medida y la dignidad y el buen hacer quedan ahogados por la brutalidad m&aacute;s extrema.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">He intentado, no obstante, suplir la carencia de fuentes directas seleccionando una bibliograf&iacute;a que respondiese a criterios de idoneidad, veracidad y suficiente rigor como para que me sirviera de gu&iacute;a, toda vez que he consultado numeros&iacute;simas obras que se limitaban a dar por sentado situaciones o hechos hist&oacute;ricos algunas veces inciertos o desvirtuados por las repetidas manipulaciones.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Los primeros pasos del cuidado</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Nuestra sociedad, a trav&eacute;s de la OMS, ha definido la salud como un estado de completo bienestar f&iacute;sico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades; es decir, que el concepto se ha ampliado considerablemente con respecto a tiempos pret&eacute;ritos y la salud se ha convertido en sin&oacute;nimo de bienestar. La Real Academia Espa&ntilde;ola entiende por este &uacute;ltimo vocablo el conjunto de las cosas necesarias para vivir bien; el disfrute de una vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad y, en su &uacute;ltima acepci&oacute;n, como el estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad som&aacute;tica y ps&iacute;quica. Esto es, que no solo se ha de disfrutar de bienestar, sino que es preciso que el sujeto sea consciente de ello.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nada parecido a lo que se entend&iacute;a con anterioridad a nuestro siglo pues, generalmente, y a lo largo de la historia, la salud ha sido vista como la carencia de enfermedades, y estas, hasta el momento en que se supo determinar las causas reales de las mismas, atribuidas a un sinn&uacute;mero de especulaciones y procesos oscuros a los que se pretend&iacute;a dar sentido a trav&eacute;s de la magia y la religi&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La magia y la realidad caminaron durante mucho tiempo estrechamente unidas. Salud y enfermedad se hallaban situadas para nuestros antepasados en una l&iacute;nea por la que se pod&iacute;a circular en ambas direcciones seg&uacute;n el capricho de los dioses, los demonios o el comportamiento de los seres humanos<sup>2</sup>. Por ello, para mitigar los da&ntilde;os sobre el cuerpo se conjuraba el mal por medio de la palabra, cuyo poder incuestionable se pensaba que hac&iacute;a realidad lo imaginado o deseado si se proced&iacute;a con la suficiente fuerza y confianza o se dispon&iacute;a del don para utilizarla. Y es que desde que el ser humano tuvo conciencia de su existencia precis&oacute; dar explicaci&oacute;n a cuantas contingencias le rodeaban: la enfermedad y la muerte eran las m&aacute;s preocupantes e inexplicables, al igual que lo era la vida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Que sepamos, nuestros antecesores <i>Erectus</i> vagabundearon sin demostrar inter&eacute;s por la otra vida pues no enterraban a sus muertos<sup>3</sup>. Este paso de gigante, fruto de un gran avance evolutivo, lo deberemos a los <i>Sapiens</i>. Ellos, seg&uacute;n el estado actual de las investigaciones, aparte de un sinf&iacute;n de avances t&eacute;cnicos, pusieron en marcha un simbolismo y un lenguaje que les permiti&oacute; aumentar y retener los conocimientos del pasado y su transmisi&oacute;n al futuro<sup>4</sup>. Fueron los <i>Sapiens Neanderthalensis</i> los que nos legaron las primeras sepulturas y ellas nos hablan de la conciencia de la muerte, e igualmente del deseo de transcenderla. Tambi&eacute;n, y lo m&aacute;s importante en lo que toca a este trabajo, estos seres cuidaban de ancianos, enfermos y discapacitados, dado que subsistieron individuos muy limitados f&iacute;sicamente en un entorno riguros&iacute;simo como aquel en el que les toc&oacute; vivir. Es m&aacute;s, los &uacute;ltimos yacimientos excavados en Espa&ntilde;a nos hablan de esta funci&oacute;n del cuidado ejercida con anterioridad<sup>5</sup>, aunque se desconoce, por motivos obvios, quienes eran los encargados del mismo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un cuidado que, sin embargo, se ha venido atribuyendo a las hembras de la especie en raz&oacute;n de las concepciones patriarcales de nuestra cultura, que han querido ver siempre, desde los albores de la humanidad, divididas por sexo las tareas de la supervivencia<sup>6</sup>. Cu&aacute;ndo, exactamente, tuvo lugar tal dicotom&iacute;a social y por qu&eacute; es algo que a&uacute;n senos escapa y solo existen especulaciones sobre el tema, dif&iacute;ciles de corroborar por falta de testimonios escritos<sup>7</sup>. Andando el tiempo, y entrando ya en la etapa hist&oacute;rica, es tambi&eacute;n muy complicado averiguar el papel de las mujeres en el cuidado aunque, para esta fecha, ya se hab&iacute;a dividido sexualmente el trabajo<sup>8</sup>. Las mujeres en las distintas civilizaciones de la antigüedad tuvieron m&aacute;s o menos libertad, seg&uacute;n el caso, pero estaban ya agregadas al hogar, al espacio privado, mientras los varones realizaban cuantas tareas eran precisas fuera de &eacute;l.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tras lo expuesto, dos vertientes esenciales y entrelazadas parecen insinuarse al abordar el estudio diacr&oacute;nico de la salud: el concepto que sobre ella ten&iacute;a cada civilizaci&oacute;n en un momento dado (definici&oacute;n, origen, f&oacute;rmulas para remediarla...), y, por otro, qui&eacute;nes estaban encargados de vigilarla y cuidarla, si se deterioraba, con objeto de devolver a quien padeciese una perturbaci&oacute;n de la misma a su estado primigenio. Estas dos cuestiones son fundamentales a la hora de determinar la participaci&oacute;n de la mujer en el cuidado de la salud. Cuidado que, sistem&aacute;ticamente, se le ha atribuido en el hogar como una m&aacute;s de las tareas que le fueron asignadas, aunque no recibiera nunca reconocimiento por ello<sup>9</sup>, toda vez que se contemplaba como extensi&oacute;n de los cuidados maternos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Parece ser que la preparaci&oacute;n para su desempe&ntilde;o se basaba en conocimientos emp&iacute;ricos que eran traspasados de mujer a mujer y de forma oral y que se incrementaban generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. Es esta una cuesti&oacute;n en la que est&aacute;n de acuerdo la mayor&iacute;a de las investigaciones<sup>10</sup> y que pueden rastrearse en diferentes documentos literarios o art&iacute;sticos<sup>11</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Muchos testimonios nos hablan pues de la obra que como dadoras y cuidadoras de la vida han desempe&ntilde;ado las mujeres a lo largo de la Historia. Tarea que no ha sido digna de menci&oacute;n, como tampoco el mantenimiento del fuego, la elaboraci&oacute;n del alimento, el acarreo del agua, la confecci&oacute;n de las ropas, etc., ocupaciones que, en conjunto otorgaban a las mujeres su carta de naturaleza. En su desempe&ntilde;o no hac&iacute;an sino cumplir con su destino inexcusable y su deber irrenunciable.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ello no es &oacute;bice para estimar, hoy en d&iacute;a, que la labor del cuidado realizada por las mujeres result&oacute; insustituible en los tiempos en que nadie sab&iacute;a m&aacute;s que nadie y que sigui&oacute; resultando imperiosa cuando no exist&iacute;an recursos para abonar los elevados honorarios de quienes, en un momento dado -cuyo punto de inflexi&oacute;n exacto desconocemos y del que luego hablar&eacute;-, fueron tenidos oficialmente por sabios del cuidado: m&eacute;dicos y cirujanos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Asimismo, parece que la atenci&oacute;n prestada por las mujeres fue ineludible cuando se trataba de vigilar y cuidar otros cuerpos femeninos. El tab&uacute; que se ha cernido durante siglos, y hasta fechas muy recientes, sobre el cuerpo de las mujeres obligaba a que fueran tambi&eacute;n mujeres quienes asistieran sus enfermedades espec&iacute;ficas<sup>12</sup>, ayudaran a las parturientas -hasta hace  poco en nuestra cultura mujeres de la familia, vecinas, o parteras-, o quienes dieran testimonio fidedigno en procesos judiciales tales como violaciones, embarazos, frigidez, etc. <sup>13</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Puede ser que estas actuaciones privadas y públicas, de obligado cumplimiento, lanzaran a algunas mujeres a traspasar los límites impuestos a su libertad, pero, también, pudo ser el resultado de la especial pericia de otras, o su vocaci&oacute;n, la que les llev&oacute; a hacer extensivos sus cuidados a personas de toda edad y condici&oacute;n fuera de los l&iacute;mites de su hogar<sup>14</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde luego, merced a los conocimientos adquiridos por tradici&oacute;n, por la propia observaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n, actuaron las innumerables sanadoras de medios rurales donde no hab&iacute;a galenos, o las de los barrios de las crecientes ciudades que atend&iacute;an a los menos favorecidos. Hubo, igualmente, quienes por su especial situaci&oacute;n en el &aacute;mbito social, o por su grado superior de instrucci&oacute;n, intentaron aliviar el dolor de sus dependientes y pr&oacute;ximos como recogensingulares testimonios. Tal fue el caso concreto de Lady Mildmay, dama inglesa del siglo XVII que seg&uacute;n ella misma relata hab&iacute;arecibido los conocimientos de su madre y los transmiti&oacute; por escrito a sus hijas. De su actividad da cuenta un contempor&aacute;neo admirado de su labor y, sobre todo, de que respetara la autoridad de los varones de acreditado conocimiento:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Yo no rechazar&iacute;a a todas las mujeres adictas a la cirug&iacute;a sin excepci&oacute;n, porque he conocido a algunas que por su val&iacute;a y sabidur&iacute;a pueden equiparse con los grandes hombres; mujeres que prestaban el debido cuidado a la realizaci&oacute;n de sus curas y las terminaban con verdadera caridad: como la cabal, religiosa y virtuosa dama Lady Mildmay de Apethorpe, en el condado de Northampton, que pose&iacute;a por s&iacute; misma un buen juicio en muchas cosas; y, no obstante, cuando las gentes pobres iban a su casa en busca de ayuda (puesto que sembr&oacute; su pr&aacute;ctica entre estas personas), si eran casos de f&iacute;sica, buscaba la aprobaci&oacute;n de un m&eacute;dico; si se trataba de problemas quir&uacute;rgicos, buscaba la ayuda de un cirujano, y si se trataba de problemas oculares la m&iacute;a propia"</i><sup>15</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como se puede observar, se conjugan en el texto las dos actividades posibles desarrolladas por las mujeres en torno al cuidado de la enfermedad: la desempe&ntilde;ada en el recinto del hogar, que no precisaba de supervisi&oacute;n y en el que eran autoridad indiscutida, y la desarrollada de puertas afuera de su casa, en la que deb&iacute;an mostrar respeto por los conocimientos que les estaban vedados y que se hallaban& ya, en este tiempo, en poder de los varones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Este testimonio y otros similares nos hablan de c&oacute;mo algunas mujeres supieron vencer o sortear los impedimentos a sus actividades sanadoras<sup>16</sup>, aunque hubo etapas hist&oacute;ricas o espacios geogr&aacute;ficos m&aacute;s permisivos en los que las mujeres ejercieron la sanaci&oacute;n desde las m&aacute;s altas cimas del saber y el reconocimiento, como sucedi&oacute; con las m&eacute;dicas de Salerno<sup>17</sup>, o con aquellas que la practicaron junto a sus hijos o maridos o, una vez viudas, lo hicieron en sustituci&oacute;n de sus c&oacute;nyuges<sup>18</sup>. Con todo, fueron per&iacute;odos muy limitados o situaciones muy concretas que acabaron por desaparecer ahogados por las pretensiones de quienes quisieron ejercer con todos los parabienes sociales. Cualquier veleidad femenina de ocupar posiciones relevantes en el cuidado qued&oacute; cercenada en la baja Edad Media, cuando la pr&aacute;ctica m&eacute;dica se organiz&oacute; institucionalmente y los estudios quedaron insertos en las universidades donde las mujeres no ten&iacute;an cabida<sup>19</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A partir de entonces algunas atrevidas hubieron de dar cuenta de sus actos por su intromisi&oacute;n en terrenos que les estaban prohibidos, como sucedi&oacute; a Jacoba Felici&eacute;, sometida a juicio por el Protomedicato de Par&iacute;s a pesar de ser reconocida por quienes hab&iacute;an sido cuidados por ella como m&aacute;s capaz que ning&uacute;n m&eacute;dico de los que hab&iacute;an conocido<sup>20</sup>. M&eacute;dicas, curanderas, sanadoras, cirujanas, parteras... formaron un  <i>totum revolutum</i> en momentos en que los conocimientos no estaban demasiado avanzados y diferenciados. Y ello, a pesar de que ya en &eacute;poca griega hab&iacute;a quedado establecida una clara divisi&oacute;n entre las distintas clases de personas que abordaban el cuidado de la enfermedad<sup>21</sup>, se hab&iacute;a dotado de significado racional a la medicina<sup>22</sup> y la enfermedad, y categor&iacute;a espec&iacute;fica al m&eacute;dico<sup>23</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Fuera de estos cometidos sanitarios externos, ora ejercidos por su propia condici&oacute;n de mujeres, ora compartidos por las mujeres con los varones, ora en competencia con ellos, hubo un tipo de cuidado ajeno al entorno del hogar permitido a las mujeres que quisieran realizarlo. Surgi&oacute; cuando se regulariz&oacute; la asistencia ben&eacute;fica a los desvalidos en las casas destinadas a tal fin, la mayor&iacute;a de las cuales no respond&iacute;a a nuestro moderno concepto de hospitales<sup>24</sup>. Dicho cuidado consist&iacute;a en vigilar y atender al enfermo en sus necesidades b&aacute;sicas: aseo, consuelo, alimentaci&oacute;n, administraci&oacute;n de hierbas o preparados prescritos por m&eacute;dicos, etc.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se encargaban de ello mujeres de la m&aacute;s variada procedencia y sus motivaciones eran diversas: caridad, obligaci&oacute;n, necesidad... Algunas de ellas arrastraban una dudosa moralidad como suced&iacute;a, por ejemplo, en los hospitales de campa&ntilde;a medievales<sup>25</sup>, asistidos por soldaderas<sup>26</sup>, mujeres de la m&aacute;s variada extracci&oacute;n, prostitutas muchas de ellas, o que viv&iacute;an con un hombre determinado sin formalizar su relaci&oacute;n. Lo mismo ocurri&oacute; en etapas hist&oacute;ricas sucesivas y no solo en los hospitales de campa&ntilde;a. En realidad, como la mayor&iacute;a de estas mujeres estaban situadas fuera de los r&iacute;gidos c&aacute;nones establecidos para el comportamiento femenino, eran miradas con desconfianza por su posible o declarada libertad sexual, lo que condicion&oacute; y perjudic&oacute; durante a&ntilde;os al colectivo de mujeres laicas entregadas al cuidado de los enfermos<sup>27</sup>. A ello hay que a&ntilde;adir que tales cuidados fueran considerados de poca categor&iacute;a, como sugiere el siguiente texto: <i>"porque el cuidado del ganado y de los enfermos de los hospitales lo realiza mejor el sexo femenino"</i><sup>28</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nada parecido ocurr&iacute;a con las mujeres que ejerc&iacute;an el cuidado dentro de cauces considerados como inspirados por el amor a Dios o ejecutoras de sus misericordiosos designios. Ellas lograron saltar las barreras de la imposibilidad y lograr el reconocimiento p&uacute;blico.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>Sobre las huellas del amor</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El Cristianismo trajo al mundo una serie de valores que, aunque predicados por algunas otras religiones, calaron en los esp&iacute;ritus del viejo y crudel&iacute;simo mundo romano por su sencillez indiscutible. Todo se reduc&iacute;a a una m&aacute;xima: el amor a Dios y el amor a los seres humanos como si se trataran de Dios mismo. Compasi&oacute;n, caridad, piedad, misericordia... fueron virtudes arrojadas como perlas al interior de las conciencias que supieron recibirlas y que hallaron nuevas expectativas, ante la perversidad del sistema existente. Por otro lado, la renuncia a la propia satisfacci&oacute;n y el cuidado bienaventurado de los desvalidos empuj&oacute; a muchos nuevos cristianos y cristianas a tomar conciencia de su situaci&oacute;n y la de sus semejantes<sup>29</sup>. As&iacute;, las matronas romanas<sup>30</sup> primero, y posteriormente, las diaconisas<sup>31</sup>, entre otras y de modo sobresaliente, se entregaron a la fundaci&oacute;n de lugares donde dar cobijo a las personas dolientes e incluso a cuidarlas ellas mismas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Andando el tiempo, el esp&iacute;ritu medieval distorsionar&aacute; algunas de las claves del mensaje del amor de Dios a los seres humanos y la ense&ntilde;anza de que quien abrazaba la fe de Cristo ten&iacute;a como &uacute;nica obligaci&oacute;n amar a sus semejantes. Lo mismo har&aacute; con respecto a los avances conseguidos por los descubrimientos de griegos y romanos en lo tocante al cuidado y a sus concepciones de salud y bienestar, que no volver&aacute;n a ser recuperados hasta muy avanzada esta etapa hist&oacute;rica. A ello contribuyeron los rigores y la violencia de la vida cotidiana que se dejar&aacute;n sentir sobre la masa de almas incultas, hambrientas y depauperadas, convertida en magn&iacute;fico campo abonado en el que triunfar&aacute;n ideas que impregnar&aacute;n el sentir de estos tiempos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Especial relevancia tendr&aacute; el pensamiento sobre el cuerpo enfrentado a su debilidad, as&iacute; como la incapacidad de remediarla<sup>32</sup>, ideas que ser&aacute;n harto evidentes ante las terribles pandemias que asolaban poblaciones enteras<sup>33</sup>. Enfermedad, podredumbre, suciedad, miseria, fealdad... se convertir&aacute;n en sin&oacute;nimos de pecado, por lo que no es de extra&ntilde;ar que se valorara y pregonara tanto la belleza exterior y que &eacute;sta se comprendiera como unida a la belleza interior. Como no pod&iacute;an explicarse las grav&iacute;simas penurias por las que ten&iacute;a que transitar el cuerpo, los pensadores medievales estimaron que Dios hac&iacute;a nido en los m&aacute;s bellos, aquellos que mejor le serv&iacute;an. El cuerpo, no lo olvidemos, era para aquellas mentalidades el recept&aacute;culo del don m&aacute;s preciado: el alma y &eacute;sta no era sino la imagen del Dios Creador<sup>34</sup>. El cuerpo hab&iacute;a pedido la gracia por el pecado de ser carne y atender m&aacute;s a su llamada que a la del esp&iacute;ritu. As&iacute;, parece que, por su propia naturaleza, el cuerpo estaba inmerso en la miseria de sus tendencias, de sus vicios m&aacute;s inconfesables. Con el cuerpo el ser humano pecaba, sobre todo de lujuria, enfermaba, se alejaba de Dios y pod&iacute;a llegar a condenar el alma para siempre y de forma irremisible<sup>35</sup>. Tales ideas instaban a los hombres y las mujeres medievales a vivir en una continua tensi&oacute;n, en una necesidad de desasirse de aquello que les provocaba los sentimientos y las emociones humanas m&aacute;s gratificantes en este mundo, pero que pod&iacute;a privarles de la m&aacute;s alta de las remuneraciones en el m&aacute;s all&aacute;. Tales ideas le har&aacute;n exclamar al antipapa Luna: <i>"Es mejor la tristeza que el gozo... Esta carne nuestra es el c&aacute;lice lleno de la carnal delectaci&oacute;n</i>"<sup>36</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cuerpo acab&oacute; siendo visto como una envoltura intrascendente que hab&iacute;a de penar para alcanzar la bienaventuranza. El dolor se minimiz&oacute; en los dos &aacute;mbitos sociales que dirig&iacute;an la sociedad: el de los  <i>bellatores</i>, puesto que la obtenci&oacute;n de la gloria ser&iacute;a meta situada por encima de todas las dificultades, penalidades y desalientos; la  <i>virtus</i> del guerrero le empujaba a ello. En segundo lugar, el de los <i>oratores</i>, para quienes la enfermedad se concebir&iacute;a como una prueba para santificar al justo, una ordal&iacute;a para que quien la sufriese y superase con dignidad y resignaci&oacute;n consiguiese m&eacute;ritos en el cielo, o como un castigo enviado por Dios para purgar el pecado propio o el ajeno, especialmente el de los progenitores<sup>37</sup>. En consecuencia, el dolor no deb&iacute;a ser mostrado porque hacerlo desvirilizaba al guerrero o pon&iacute;a de manifiesto que sobre la persona pod&iacute;a haber reca&iacute;do un castigo de Dios. El dolor hab&iacute;a de permanecer oculto<sup>38</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todo este complejo mundo de creencias ir&aacute; parejo al que estimaba que la virtud cristiana tend&iacute;a un puente sobre los afligidos, especialmente a trav&eacute;s del ejercicio de la piedad y la caridad. La mirada compasiva sobre los sufrientes ser&aacute; una recomendaci&oacute;n a los creyentes en el entendimiento de que en el proceso de santificaci&oacute;n de quien sufr&iacute;a, estar&iacute;a igualmente bendecido quien se compadeciese del sufrimiento e intentase aliviarlo, de quien derrochase misericordia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A la llamada de la caridad, entendida como el amor desinteresado hacia los dem&aacute;s, fueron esencialmente sensibles las mujeres en las que el<i> habitus</i><sup>39</sup> o, lo que es lo mismo, aquellos procesos de socializaci&oacute;n que comienzan a percibir y asimilar inconscientemente durante la infancia, les impulsan a obrar, pensar y sentir de forma diferente a los varones; les hace part&iacute;cipes de valores diferenciales del mundo. La mayor&iacute;a, adem&aacute;s, convencidas de que la carne femenina de Eva fue la causa del dolor de toda la humanidad, fueron empujadas a pensar y repensar su feminidad como algo contaminado y pecaminoso que hab&iacute;a de ser dominado y sometido a vigilancia por parte de quienes ten&iacute;an poder sobre ellas y la autoridad moral necesaria para hacerlo. A las mujeres se les ofreci&oacute; en el plano ideol&oacute;gico la posibilidad de superar su propia naturaleza convirti&eacute;ndose en naturaleza destinada a reproducir la vida a trav&eacute;s del matrimonio. Esto solo era posible con la entrega de s&iacute;, de sus afectos, de sus intereses, de sus propias consideraciones. La entrega y el cuidado redim&iacute;an su pecado de origen cuando no eran capaces de renunciar absolutamente a su condici&oacute;n femenina transform&aacute;ndose en hombres<sup>40</sup>, en mujeres viriles capaces de los m&aacute;s atroces sacrificios para conseguir desasirse del cuerpo que estorbaba su purificaci&oacute;n<sup>41</sup>. Tambi&eacute;n pod&iacute;an encontrar su destino efectuando una entrega de s&iacute;; dedic&aacute;ndose, fuera del matrimonio, a la pr&aacute;ctica de las virtudes antes citadas y adheridas a su identidad como una segunda piel, como un sello indeleble, merced al discurso patriarcal que se reforzaba continuamente con la adici&oacute;n de la arenga de nuevas autoridades procedentes tanto del pasado como del presente. Si no eran madres f&iacute;sicas, pod&iacute;an ser madres espirituales, esposas m&iacute;sticas de Cristo que recib&iacute;an como hijos e hijas a toda la humanidad y se deb&iacute;an a ella.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La literatura medieval est&aacute; plagada de ejemplos de mujeres virtuosas tomadas de la m&aacute;s variada procedencia: la Biblia, la literatura griega y romana, que muestra damas de reconocida dignidad; la cron&iacute;stica, plagada de reinas o grandes se&ntilde;oras inclinadas al cumplimiento de sus actos devotos y caritativos; la hagiograf&iacute;a, que se&ntilde;ala un elenco de santas y m&aacute;rtires cuyo &uacute;nico objetivo en la vida era el amor a Dios... En definitiva, un repertorio de se&ntilde;oras cuyo &uacute;nico fin hab&iacute;a sido el bienestar de sus pr&oacute;ximos y el mantenimiento de la sociedad tal y como se hab&iacute;a configurado en cada momento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los sacerdotes, desde sus p&uacute;lpitos y confesonarios, indujeron a la repetici&oacute;n de los esquemas que har&iacute;an sortear a las hijas de Eva la tan tra&iacute;da y llevada  <i>infirmitas sexus</i><sup>42</sup> -literalmente enfermedad del sexo femenino, en referencia a su incapacidad, debilidad y miseria-, materializada en el ejercicio de la caridad, la piedad, la dulzura y, ante todo, la honestidad, meta irrenunciable sobre todas las dem&aacute;s. Elemento fundamental en la forja de un modelo de mujer ideal, corolario de la genealog&iacute;a femenina que era preciso imitar fue la Virgen Mar&iacute;a, espejo donde las mujeres pod&iacute;an y deb&iacute;an contemplarse<sup>43</sup>. Presentada como mujer perfecta, carne beat&iacute;fica en la que se hizo carne el Logos, Dios mismo. Carne por tanto que, en oposici&oacute;n a la de Eva, redimi&oacute; al mundo con su intervenci&oacute;n silente, amorosa, entregada y paciente. La imagen de Mar&iacute;a contribuy&oacute; a cimentar el orden social del periodo<sup>44</sup>. Mar&iacute;a ir&aacute; acumulando, a trav&eacute;s de sus numeros&iacute;simas advocaciones, todas aquellas cualidades que deb&iacute;an imitar las mujeres: Socorro, Consuelo y Remedio de los afligidos, Auxilio de los pobres, Salud de los enfermos, Madre de los Desamparados, Se&ntilde;ora de todos los Dolores, de las Penas y de las Angustias, Madre Clemente y Misericordiosa, Mar&iacute;a de las L&aacute;grimas, del Buen Fin, de la Esperanza, de la Piedad, de la Amargura, del Desconsuelo, De la Cinta, de la Leche, del Perd&oacute;n... La literatura la mostrar&aacute; c&aacute;lida y acogedora para todos aquellos que le rindieran tributo y mediadora diligente entre la divinidad y quienes sufrieran los padecimientos del cuerpo, sujeto a la enfermedad, o del alma atormentada por el pecado. Es m&aacute;s, la Virgen aparecer&aacute; en la iconograf&iacute;a como "Hospital para los cuidados", tal y como sugieren las Cantigas de Santa Mar&iacute;a<sup>45</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Seguir los pasos de las santas, las m&aacute;rtires y, en la medida de lo posible, los de la Virgen Mar&iacute;a, habr&iacute;a de convertirse en la meta de muchas mujeres. Muchas de ellas lo consiguieron ejerciendo la caridad y el cuidado en el interior de los muros de los monasterios y los hospitales de caridad. A otras quiz&aacute;s, por qu&eacute; no, les guiasen otros objetivos como alejarse de un matrimonio no apetecido<sup>46</sup> y de maternidades impuestas y, asimismo, despegarse del mundo y sus significados pero metidas hasta los codos en el producto de sus miserias<sup>47</sup>. Lavar las heridas y asistir a los enfermos era, en cierta medida, ayudar a enjugar los pecados de la humanidad. As&iacute; lo hicieron tanto las mujeres sujetas a una regla<sup>48</sup>, como las que intentaron ser m&aacute;s libres y prescindir del tutelaje masculino. Ejemplos circulan por doquier en cualquier manual: desde la muy conocida y m&aacute;s que citada Hildegarda de Bingen, cuya medicina abarca el campo pr&aacute;ctico y te&oacute;rico llevado a cabo desde su monasterio de Rupetsberg y posteriormente de Eibingen<sup>49</sup>, y que ha trascendido el paso de los a&ntilde;os como muestran las numeros&iacute;simas obras editadas recientemente, o Catalina de Siena, que ejerci&oacute; como terciaria<sup>50</sup>, o el important&iacute;simo movimiento beguino del norte y centro europeo<sup>51</sup>, o algunas otras menos conocidas como Santa Ubaldesca, monja pisana, del siglo XII que comenz&oacute; sus tareas del cuidado de enfermos a los quince a&ntilde;os y durante cincuenta y cinco se entreg&oacute; a ellos en el hospital de su ciudad, perteneciente a la Orden de San Juan del Hospital<sup>52</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A lo largo de los siglos XII y XIII, junto a este conglomerado ideol&oacute;gico que producir&aacute; un cambio de conciencia individual y favorecer&aacute; la dedicaci&oacute;n al cuidado, cuaj&oacute; otra importante vertiente de la caridad, que golpe&oacute; numerosas conciencias: la necesidad de acoger a los menesterosos, enfermos y desvalidos -dado que pobreza y enfermedad se hallaban hermanadas-, en lugares apropiados donde proveerles de lo necesario. Wade Labarge cataloga estos siglos plenomedievales en lo tocante a la evoluci&oacute;n del cuidado como "extraordinariamente fruct&iacute;feros" ya que dieron lugar a la fundaci&oacute;n de hospitales de todo tipo, por modestos que estos fueran<sup>53</sup>. Reinas y damas nobles, al igual que los reyes y los grandes se&ntilde;ores y caballeros, am&eacute;n de prelados, cofrad&iacute;as religiosas o autoridades locales, derrocharon patrimonio para la fundaci&oacute;n de muchos de estos centros en toda Europa, en especial los que jalonaban los important&iacute;simos caminos de peregrinaci&oacute;n de Santiago, Roma o Jerusal&eacute;n. Gran cantidad de ellos seguir&iacute;an, precisamente, el modelo forjado por la Orden de San Juan del Hospital creada para dar refugio y atenci&oacute;n a los cruzados y peregrinos a Tierra Santa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En Espa&ntilde;a fueron especialmente los caminos que llevaban a Santiago los que enjugaron las donaciones. En las fundaciones se hace expresa referencia a esa caridad a la que alud&iacute; al principio, como sucede en el hospital que erigi&oacute; Aldonza Rodr&iacute;guez de Ib&iacute;as<sup>54</sup>. En Burgos, por ejemplo, es singular el desarrollo de la labor del Monasterio cisterciense de las Huelgas Reales. Su constituci&oacute;n tuvo lugar en el a&ntilde;o 1195, gracias a Alfonso VIII y su esposa Leonor qui&eacute;n, al parecer, fue la inductora de la misma<sup>55</sup>. Uno de sus cometidos fue la atenci&oacute;n del Hospital del Rey que se erigi&oacute;, en 1212, para el cuidado de enfermos y peregrinos que se dirig&iacute;an a Santiago. Sin embargo, no eran las monjas quienes lo atend&iacute;an, sino el Comendador y sus freires. Tanto el monasterio como el hospital quedaron situados bajo la autoridad directa de la abadesa<sup>56</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Salvando este caso concreto, bien conocido, lo que resulta dif&iacute;cil de determinar en todos estos hospitales, por falta de registros o p&eacute;rdida de los mismos, era qui&eacute;nes llevaban a cabo el cuidado efectivo de los enfermos. La mayor&iacute;a de los testimonios nos hablan de la existencia de mujeres que cuidaban a las mujeres y hombres que hac&iacute;an lo propio con los varones, debido a las concepciones y limitaciones impuestas por el g&eacute;nero.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Muchas investigaciones sugieren que dichos centros podr&iacute;an ser el lugar donde se refugiaran mujeres que quedaban fuera de los circuitos matrimoniales y que por sus pocos recursos no pod&iacute;an ingresar en los monasterios. Esta dedicaci&oacute;n las salvaba de caer en situaciones adversas tales como la mendicidad o la prostituci&oacute;n. Sabemos, tambi&eacute;n que la mayor&iacute;a de dichas instituciones depend&iacute;an de la iglesia, y en ellas su vida era <i>quasi</i> religiosa. M&aacute;s que curar a los enfermos, dado lo limitado de conocimientos m&eacute;dicos del momento, les procuraban alivio y consuelo por medio de una mejor dieta alimenticia, higiene, algunas medicinas y purgantes y, en algunos casos, les realizaban sangr&iacute;as si no exist&iacute;a cirujano-barbero<sup>57</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se podr&iacute;a dar noticia de numeros&iacute;simas mujeres espa&ntilde;olas de virtud que derramaron su caridad y colaboraron en la fundaci&oacute;n de hospitales en la etapa medieval y en las posteriores<sup>58</sup>. He elegido la figura de la Reina Isabel I de Castilla, no solo porque fue una mujer que esperaba y confiaba en Dios, a decir de sus cronistas, sino por haber sido durante muchos a&ntilde;os se&ntilde;alada como modelo. A mi prop&oacute;sito interesa, adem&aacute;s, porque aparte de su devoci&oacute;n, piedad, caridad y amor por la justicia, pregonada por las fuentes<sup>59</sup>, la soberana se dol&iacute;a de los heridos en las batallas. Para paliar sus desdichas organiz&oacute; un hospital de campa&ntilde;a en la contienda de Granada conocido como el "Hospital de la Reyna" que dispon&iacute;a de seis grandes tiendas donde se albergaba a los pacientes y que contaba con una dotaci&oacute;n de enfermeros, cirujanos y medicinas, todo ello abonado a sus expensas<sup>60</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Constatar los avances en materia de cuidado no puede evitarnos reconocer los retrocesos. As&iacute;, mientras la caridad se afanaba en proveer lo necesario para los sufrientes y se consolidaba la dedicaci&oacute;n de las religiosas a ellos, se desarrollaba en gran parte de Europa una caza sistem&aacute;tica de mujeres esforzadas en el bienestar de quienes las rodeaban<sup>61</sup>. La ignorancia y las arcanas pr&aacute;cticas ligadas a sus tradicionales oficios de sanadoras y parteras: hechizos, conjuros, ataduras, etc., condujo a miles de mujeres a la detenci&oacute;n, la tortura y la hoguera. Otras terminaron en las lindes de lo aceptado entregadas a la prostituci&oacute;n o la medianer&iacute;a; menesteres a que les empujaba la necesidad de subsistir, tal y como insin&uacute;an las figuras literarias de la Celestina o la Lozana Andaluza<sup>62</sup>.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Semillas en el camino</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El per&iacute;odo del renacimiento es un hito importante en la evoluci&oacute;n de la idea del cuidado, e important&iacute;sima en lo que ata&ntilde;e a este trabajo. He fijado en &eacute;l mi atenci&oacute;n por ser este el punto de arranque que me permite acercarme a varias figuras trascendentales. En primer lugar, a la del insigne humanista Juan Luis Vives y, posteriormente, a las de San Vicente de Pa&uacute;l y Santa Luisa de Marillac que, aunque m&aacute;s tard&iacute;as, abrazaron una forma diferente de contemplar la vida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin duda separan a estas tres personas muchas cosas, entre ellas, casi un siglo. No obstante, tienen en com&uacute;n su preocupaci&oacute;n por los desheredados. Vives lo har&aacute; como te&oacute;rico, como impulsor de la asistencia p&uacute;blica; San Vicente -a quien tambi&eacute;n se le ha otorgado este &uacute;ltimo t&iacute;tulo-<sup>63</sup> y Santa Luisa -que lo ha recibido de igual manera-<sup>64</sup>, formar&aacute;n el t&aacute;ndem de la praxis, aquel que conseguir&aacute; dar forma a un proyecto de vida volcado en los abandonados: en los pobres y en los enfermos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El pensamiento de Vives muestra la importante contribuci&oacute;n del humanismo espa&ntilde;ol a la dif&iacute;cil tarea de resolver los problemas sociales. Este insigne personaje se sinti&oacute; perturbado por el sensible abandono en que los pobres se encontraban. Tan abrumadora constataci&oacute;n le empuj&oacute; a dar cuerpo a su <i>"Tratado del socorro de los pobres"</i><sup>65</sup>, en el que expres&oacute; los nuevos esquemas de entender al ser humano dentro del contexto ofrecido por las ideas y los tiempos que transitan entre las edades media y moderna. Lo m&aacute;s importante en este diferente discernir de la realidad es se&ntilde;alar c&oacute;mo Vives es capaz de superar las barreras impuestas al pensamiento por el conformismo tradicional. Desde su razonamiento "la pobreza, la incultura, la enfermedad, etc., ser&aacute;n retos superables"<sup>66</sup>, no irremisiblemente atados a la naturaleza humana, sino superables merced a las justas obras de los gobernantes. Juan Luis Vives nos advierte de que la justicia ha de ser vocaci&oacute;n de los gobernantes para con sus administrados<sup>67</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para este autor el desequilibrio surge como consecuencia de la violencia con que las leyes han sido corrompidas, de ah&iacute; que el ejercicio de la virtud sea el &uacute;nico y verdadero bien, as&iacute; como la ense&ntilde;anza para alumbrar a los que no tienen entendimiento para ver<sup>68</sup>. Razona que "dar" es en s&iacute; mismo un deleite y tal acto que nos gratifica ha de hacerse con todas las potencias del alma y del cuerpo. Hacer el bien puede redundar en el propio beneficio si, de espaldas a la suerte, alguna vez se precisa<sup>69</sup>. No ayudar a quienes lo necesitan se vuelve en contra de la ciudad y sus dirigentes pues es una <i>"grande mancha y hedionda apostema"</i><sup>70</sup>. Como en el per&iacute;odo anterior, la pobreza y la enfermedad, cuando son verdaderas, son vistas como un acto divino para evitar el pecado y ejercitar la virtud<sup>71</sup>. Ante estas premisas tan n&iacute;tidamente sentidas y expresadas por Vives, en que el pobre es Dios mismo, al buen cristiano no le queda m&aacute;s opci&oacute;n que compartir lo que tiene, que no es suyo, sino que lo recibi&oacute; de Dios para ejercitar la caridad<sup>72</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esta llamada a la caridad, pero tambi&eacute;n a la justicia, en la que se intenta hacer tomar conciencia de que nadie que es poseedor de algo lo posee por s&iacute;, sino por la voluntad de Dios y que est&aacute; obligado a compartirlo, ser&aacute; esp&iacute;ritu que van a recoger las nuevas &Oacute;rdenes Religiosas constituidas para el cuidado de los enfermos. Los guerreros por la fe, como los de San Juan del Hospital, ser&aacute;n sustituidos por hombres y mujeres dedicadas espec&iacute;ficamente al cuidado, a la entrega generosa de sus vidas. Merece especial menci&oacute;n en este punto la figura de San Juan de Dios, contempor&aacute;neo de Vives, quien dio los pasos iniciales sobre este nuevo caminar sobre las sendas del dolor. Un caminar en que se muestra que todo necesitado es Cristo con independencia de su creencia, edad, sexo o condici&oacute;n. Toda persona enferma merece, en esta perspectiva, atenci&oacute;n, respeto, cuidado y consideraci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tales ideas toman valor en momentos en que toda Europa se ve conmocionada por multitud de problemas. El siglo XVI y en mayor grado el XVII -al que se ha dado en llamar siglo de hierro en contraposici&oacute;n a ese otro Siglo de Oro, con que se nombr&oacute; al XVI hispano-, ser&aacute;n siglos de penurias, de guerras, de epidemias, de carencias alimentarias... Los pobres, enfermos, lisiados y vagabundos se amontonar&aacute;n por las calles sin lugar a donde ir; los ni&ntilde;os exp&oacute;sitos morir&aacute;n en las esquinas, entre las basuras, a los lados de los caminos, o padecer&aacute;n devorados por los perros, los cerdos o las ratas. La miseria consumir&aacute; a un n&uacute;mero elevad&iacute;simo de seres humanos incapaces de hallar la soluci&oacute;n a sus problemas. Almas piadosas y caritativas como la de San Juan de Dios, saltar&aacute;n aqu&iacute; y all&iacute; intentando dar forma al mensaje evang&eacute;lico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este contexto aparece en Francia otra persona comprometida con la desdicha de tantos inocentes: San Vicente de Pa&uacute;l. Este hombre que sufri&oacute; en su infancia la escasez y en su carne la dureza de la esclavitud entre los turcos, pudo haberse dedicado a vivir una vida regalada en la proximidad de los reyes y los grandes nobles, toda vez que lleg&oacute; a ser capell&aacute;n de la reina Margarita y preceptor de Jean-Fran&ccedil;ois Paul de Gondi, sobrino del arzobispo de Par&iacute;s. Sin embargo, no estaba llamado a vivir entre los grandes sino a hacer grande la ternura, la caridad<sup>73</sup> y la justicia<sup>74</sup>. Una serie de experiencias fueron conduci&eacute;ndole al encuentro definitivo con la enfermedad y la pobreza que le tocaron el alma, seg&uacute;n sus propias palabras. Corr&iacute;a entonces el mes de agosto de 1617<sup>75</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tras procurar el alivio a los primeros enfermos y necesitados que sirvieron de detonante de su obra, organiz&oacute; la primera Cofrad&iacute;a de la Caridad con objeto de atender a un mayor n&uacute;mero de menesterosos<sup>76</sup>. Para llevar a cabo su prop&oacute;sito estableci&oacute; unas peque&ntilde;as pautas aplicadas a la acci&oacute;n caritativa de mujeres casadas o solteras, provistas del permiso de su padre o marido<sup>77</sup>, que se encargar&iacute;an por turnos de la atenci&oacute;n de los pobres de su parroquia. A mi modo de ver, no fue lo m&aacute;s importante la idea, ya que otras personas, como he indicado, la hab&iacute;an elaborado tambi&eacute;n, sino el modo de ejecutarla. Para San Vicente los despojados de salud o medios materiales no eran perros a quienes se pod&iacute;a arrojar el sobrante de una mesa surtida, con el fin de sentir que se hab&iacute;a hecho algo por remediar la miseria y poder dormir en paz con la conciencia, sino que eran personas, im&aacute;genes de Cristo, a quienes hab&iacute;a que tratar con benevolencia, amabilidad y cari&ntilde;o<sup>78</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y a&uacute;n hay algo m&aacute;s, la fuerza para tan encomiable y dificultosa labor hab&iacute;an de encontrarla, las comprometidas con la tarea, en ellas mismas, en el rec&iacute;proco impulso que deb&iacute;an ser capaces de proveerse unidas en el amor<sup>79</sup>. Ese afecto, que reclama entre las mujeres que han de dedicarse a los dem&aacute;s, ser&aacute; el que gu&iacute;e su obra y la de Luisa de Marillac, quien insistir&aacute;, una y otra vez, en la necesidad de la unidad y armon&iacute;a para poder comunicar bienestar a los enfermos: <i>"Que os soport&eacute;is mutuamente, que se&aacute;is cordiales y que practiqu&eacute;is santa alegr&iacute;a...Tened gran cordialidad y paz juntas"</i><sup>80</sup>. Es indudable que las relaciones humanas son dif&iacute;ciles y que las personas, antes y ahora, tenemos nuestros momentos de desequilibrio y ego&iacute;smo. Luisa de Marillac era consciente de ello. Sin embargo, las pautas a seguir eran bien claras, tal y como manifiesta en la carta dirigida a las hermanas de Angers en la que les insta a tolerar y comprender porque son situaciones de ida y vuelta<sup>81</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Vicente de Pa&uacute;l parece seguir un patr&oacute;n sobre el que la fil&oacute;sofa Luisa Muraro llam&oacute; la atenci&oacute;n: <i>"En nuestra civilizaci&oacute;n existe una tradici&oacute;n, minoritaria pero tenaz, de hombres que han visto en el sexo femenino la parte mejor de la humanidad. Una tradici&oacute;n que es ignorada por muchos, y que hoy sigue viva"</i><sup>82</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El Santo no solo dar&aacute; valor a lo femenino y a ese mundo de relaciones fraguado en su interior capaz de recrear y mantener la vida, sino que encontrar&aacute; una aliada y un apoyo inestimable en una mujer excepcional, Luisa de Marillac, merced a la cual su obra dar&aacute; el paso trascendental que redundar&aacute; en la constituci&oacute;n de las Hijas de la Caridad. En efecto, la primera de las Cofrad&iacute;as de Caridad hab&iacute;a sido forjada en la parroquia de Saint Sauveur de Par&iacute;s, en 1630; Luisa de Marillac organizar&aacute; la de Saint Nicolas de Chardonnet, al a&ntilde;o siguiente. En breve todas las parroquias de Par&iacute;s y sus arrabales tendr&iacute;an sus propias cofrad&iacute;as atendidas por damas caritativas dispuestas a remediar las tragedias de sus vecinos necesitados y enfermos. Pero pronto se vio que estas damas estaban limitadas en la mayor&iacute;a de los casos por los preocupaciones de su estatus, como dicta la correspondencia de la fundadora; quiz&aacute;s no tanto por sus propias convicciones, como por los prejuicios de aquellos de quienes depend&iacute;an: maridos, padres, tutores... No estaba bien visto que las damas pertenecientes a la buena sociedad se pasearan con una perola en las manos y entraran en las casas de los despojados, cuidaran sus dolencias, lavaran sus heridas, contemplaran sus desnudeces, les aplicaran purgas o lavativas, etc.<sup>83</sup>. Eran sus criadas quienes realizaban estas tareas consideradas serviles. En este sentido dice Sor Margaret Flinton: <i>"las se&ntilde;oras de las cofrad&iacute;as de Par&iacute;s o no pod&iacute;an o no estaban acostumbradas..."</i><sup>84</sup>. Para buscar una soluci&oacute;n a este problema Luisa de Marillac se dirigi&oacute; a Vicente de Pa&uacute;l con una pregunta que recogi&oacute; el primer historiador del Santo: <i>"Ya que en las Caridades eran necesarias sirvientas ¿no habr&iacute;a algunas j&oacute;venes virtuosas y caritativas que, por amor a Dios y al pr&oacute;jimo, y sin ning&uacute;n inter&eacute;s, se brindasen a asistir y consolar a los enfermos?"</i><sup>85</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ella hizo tomar conciencia al fundador acerca de la existencia de mujeres que en las aldeas no quer&iacute;an casarse pero no dispon&iacute;an de medios de fortuna para ser religiosas, aunque ten&iacute;an vocaci&oacute;n de servicio<sup>86</sup>: <i>"hemos advertido a algunas buenas aldeanas a quienes Dios hab&iacute;a inspirado el deseo de asistir a los enfermos pobres..."</i><sup>87</sup>. Comienza de esta forma la selecci&oacute;n de j&oacute;venes procedentes de un mundo en el que predominaba la ignorancia y el pauperismo. Santa Luisa se encargar&aacute; de su supervisi&oacute;n, estableciendo los primeros pasos para desanimar a quienes estimaran tomar dicha vida con otras miras que no fuera el servicio de los pobres y los enfermos; pautas que se mantendr&aacute;n a lo largo de toda su trayectoria<sup>88</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A partir de aquellas primeras mujeres, que resolver&aacute;n los problemas de servicio directo a los enfermos, Santa Luisa va a organizar una comunidad, para evitar su dispersi&oacute;n, bajo un inicial reglamento de vida y una convivencia en su propia casa, donde las ne&oacute;fitas podr&iacute;an formarse espiritualmente y en las actividades que les fueran encomendadas<sup>89</sup>. El 29 de noviembre de 1633 cuatro mujeres se sit&uacute;an bajo la direcci&oacute;n de Luisa de Marillac. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, aunque segu&iacute;an perteneciendo a las distintas Caridades parroquiales, estas auxiliares de las damas de la caridad recibieron las primeras l&iacute;neas de organizaci&oacute;n que comprend&iacute;an unos patrones de comportamiento que ya pr&aacute;cticamente nunca abandonar&iacute;an<sup>90</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de esta transformaci&oacute;n nunca fue idea de los fundadores que las Hijas de la Caridad se convirtieran en monjas, dado que ello les hubiese impuesto la clausura que quer&iacute;an evitar a toda costa<sup>91</sup>.  Estas mujeres piadosas y caritativas, con la &uacute;nica misi&oacute;n de socorrer a los pobres deb&iacute;an permanecer en la calle para poder cumplir con su misi&oacute;n<sup>92</sup>. De ah&iacute; que fuera imprescindible que se guardasen mucho en sus acciones y comportamiento, que deb&iacute;an cuidar y extremar para mostrar mayor virtud que las propias claustrales, dado que estaban expuestas a todas las miradas. De su sensatez y honorabilidad depend&iacute;a pues su ministerio<sup>93</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La visita a domicilio hab&iacute;a sido el punto de arranque de la obra vicenciana y ello debido a que la mayor&iacute;a de los enfermos prefer&iacute;an morir a ser atendido en hospitales por sus lamentables caracter&iacute;sticas que, a la par de escasos, estaban atestados y con deplorables condiciones, tal y como suced&iacute;a con el viejo H&ocirc;tel Dieu de Paris, fundado en el a&ntilde;o 1651:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Los enfermos, amontonados unos sobre otros, se acostaban, cuatro o seis en una misma cama, se contagiaban mutuamente y mor&iacute;an como moscas, convirtiendo el barrio que lo rodeaba en un foco de epidemias; la peste diezmaba regularmente a la poblaci&oacute;n parisina"</i><sup>94</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una situaci&oacute;n que a&uacute;n perduraba un siglo m&aacute;s tarde:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Las penas del infierno pueden superar apenas estos desdichados, aprisionados unos contra otros, asfixiados, ardiendo sin poderse mover y respirar, a veces con uno o dos cad&aacute;veres entre ellos durante horas enteras"</i><sup>95</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La obra de San Vicente crecer&aacute; en vocaciones y tambi&eacute;n en devociones y as&iacute; ir&aacute; abarcando m&aacute;s campos que el del cuidado domiciliario: la educaci&oacute;n de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, el de las criaturas exp&oacute;sitas, la asistencia a los galeotes, los hospitales, las personas mayores, los leprosos, los manicomios, etc., en virtud del esp&iacute;ritu con que el instituto hab&iacute;a sido creado: <i>"No ser&iacute;ais Hijas de la Caridad si no estuvieseis prontas en todo momento a acudir en auxilio de cuantos pudieran necesitarlo"</i><sup>96</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya Luisa de Marillac, antes de ocuparse de las Cofrad&iacute;as de Caridad, hab&iacute;a asistido personalmente a los pobres y enfermos en sus casas y hospitales llev&aacute;ndoles algunas golosinas y prestando con sus propias manos los servicios m&aacute;s bajos y penosos<sup>97</sup>. Parec&iacute;a un paso normal que sus hijas comenzaran su labor en los hospitales civiles. El primero del que formaron parte fue el de Angers, uno de los mayores del reino, y lo hicieron con total independencia de las se&ntilde;oras y de todo otro organismo semejante<sup>98</sup>. El convenio firmado el 1 de febrero de 1640, con pocas variaciones, fue el modelo a seguir en las sucesivas intervenciones hospitalarias<sup>99</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Poco a poco Vicente y Luisa elaborar&aacute;n meticulosamente y de forma conjunta los estatutos por los que se regir&iacute;an las hermanas en cada uno de los hospitales, seguidos de un buen n&uacute;mero de regulaciones particulares encaminadas al empleo aprovechado del tiempo. Nada qued&oacute; al albur de los acontecimientos, aunque el esp&iacute;ritu que subyac&iacute;a era el del Evangelio: el ejercicio del amor<sup>100</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las actividades que deb&iacute;an desempe&ntilde;ar eran las propias que llevaban a cabo quienes estaban encargados de cuidar a los enfermos:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><i>"Recoger la ropa sucia, lavarla, coserla, poner la limpia en orden; hacer tisanas, caldos y batidos y otros preparados para los enfermos m&aacute;s delicados. Colocar recipientes de agua limpia, quitar el polvo, arreglar armarios para la medicaci&oacute;n y limpiar tinteros para su uso. Lavar las palanganas de los ba&ntilde;os, cambiar vendajes, alinear las f&eacute;rulas. Lavar a los enfermos dos veces al d&iacute;a, cambiarles siempre que lo necesitaran y dejar ordenadas las salas por las noches"</i><sup>101</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tras los hospitales civiles y otras atenciones llegar&iacute;an los hospitales militares, en los que comenzaron a intervenir a petici&oacute;n de la reina Ana de Austria<sup>102</sup>, regente por la minor&iacute;a de edad de Luis XIV, para atender a los enfermos y heridos de la terrible guerra<sup>103</sup> de la Fronda que tan altos costes humanos tuvo para el pa&iacute;s vecino. Las Hijas de la Caridad accedieron primero a Chalons, en 1653 y despu&eacute;s a Sedan, La F&eacute;re y Calais, donde murieron varias hermanas por contagio con los infectados<sup>104</sup>. En 1658, Vicente de Pa&uacute;l hab&iacute;a hablado a las hermanas sobre la importante misi&oacute;n que se encomendaba a las enfermeras de campa&ntilde;a. Ellas iban como mensajeras de la vida, donde los hombres pon&iacute;an muerte y destrucci&oacute;n<sup>105</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En general, tres fueron los elementos esenciales sobre los que hab&iacute;a de pivotar toda la actuaci&oacute;n de estas mujeres: caridad, humildad y sencillez, virtudes que seg&uacute;n San Vicente hab&iacute;an de ser el alma y el distintivo de la congregaci&oacute;n de las Hijas de la Caridad<sup>106</sup>. A ello habr&iacute;a que a&ntilde;adir una especial preparaci&oacute;n para el ejercicio de sus tareas. En efecto, desde el principio fueron conscientes los fundadores de que sus hijas ten&iacute;an gran vocaci&oacute;n de servicio pero muy poca o nula formaci&oacute;n intelectual dada la extracci&oacute;n social de procedencia. Adem&aacute;s, eran ne&oacute;fitas en las tareas del cuidado tanto a gran escala, como de forma m&aacute;s reducida en las visitas a domicilio. Tales deficiencias fueron de inmediato corregidas por la propia Luisa de Marillac, muy interesada en que todas adquiriesen un alto grado de instrucci&oacute;n indispensable en la eficacia y eficiencia de sus tareas. As&iacute;, no solo se les ense&ntilde;aba a leer y escribir, sino que se les adiestraba en trabajos tales como el sangrado<sup>107</sup>, haciendo especial hincapi&eacute; en el cuidado que habr&iacute;a de seguirse en la citada t&eacute;cnica<sup>108</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tanto San Vicente como Santa Luisa murieron en el a&ntilde;o 1660 y fue, en 1672, cuando se aprobaron las reglas particulares y avisos para las hermanas empleadas en los hospitales. Todo qued&oacute; perfectamente definido en lo tocante a horarios, vestido, cuidado de enfermos, obligaciones de las hermanas y de la hermana sirviente (superiora), etc. Las hermanas depender&iacute;an del sucesor del fundador que cuidar&iacute;a del cumplimiento de las reglas<sup>109</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La meticulosidad y responsabilidad en la recepci&oacute;n y el trato con los enfermos<sup>110</sup>, la formaci&oacute;n en las artes curativas que implicaban muchas otras actividades, la higiene que impusieron a su paso<sup>111</sup>, el seguimiento de la alimentaci&oacute;n<sup>112</sup>, el cari&ntilde;o y la vigilancia de los pacientes<sup>113</sup>, fueron granjeando la fama de las Hijas de la Caridad a trav&eacute;s del espacio temporal y geogr&aacute;fico, de manera que ser&iacute;an llamadas de todos los lugares en que se quer&iacute;a dar nuevos aires a la enfermedad y al cuidado<sup>114</sup>.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Por las sendas espa&ntilde;olas del dolor</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A Espa&ntilde;a llegar&aacute;n las Hijas de la Caridad a finales en el siglo XVIII, tras varios intentos frustrados por parte de algunas personas piadosas conocedoras de sus m&eacute;ritos e interesadas en coserlas al tejido de la caridad hispana<sup>115</sup>. El ambiente era propicio debido a que durante el reinado de Carlos III, se hab&iacute;a gestado un amplio plan de beneficencia p&uacute;blica. Efectivamente, el esp&iacute;ritu ilustrado constituy&oacute; el siguiente eslab&oacute;n en la cadena iniciada por el cristianismo y el humanismo en lo referente a la soluci&oacute;n de los problemas sociales, siempre presentes y de tan dif&iacute;cil satisfacci&oacute;n. Nunca hab&iacute;a suficiente dinero para hacer frente a tan cuantios&iacute;simos gastos, ni n&uacute;mero de manos dispuestas para abordarlo. En primer lugar se hizo frente a lo que parec&iacute;a dif&iacute;cil de discernir: qui&eacute;nes eran los realmente necesitados y qui&eacute;nes intentaban vivir de la buena fe de las gentes<sup>116</sup>. Carlos III dict&oacute; normas para prohibir la mendicidad callejera, al tiempo que fund&oacute; una Junta Central de Caridad en Madrid con ramificaciones por todas las provincias, instituci&oacute;n que unida a la denominada "Polic&iacute;a de pobres" intent&oacute; separar la pobreza real de la simulada<sup>117</sup>. Pero, si bien, como indica Florentina Vidal, las competencias en materia de beneficencia fueron asumidas por la administraci&oacute;n, la realidad se impuso e hizo que siguiera en manos de la Iglesia y los particulares, toda vez que de all&iacute; part&iacute;a la financiaci&oacute;n y el servicio<sup>118</sup>. El monarca, adem&aacute;s, foment&oacute; la asistencia domiciliaria y la creaci&oacute;n del Fondo P&iacute;o Beneficial, la fundaci&oacute;n de Sociedades de Amigos del Pa&iacute;s, declar&oacute; que no hab&iacute;a oficios infamantes, que las mujeres pod&iacute;an dedicarse a cualquier labor compatible con la decencia, fuerza y disposici&oacute;n de su sexo, foment&oacute; la educaci&oacute;n de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y prest&oacute; singular atenci&oacute;n a las mejoras sanitarias<sup>119</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Mecida por este impulso, en 1783, se insert&oacute;, en el Hospital de Santa Cruz de Barcelona, una hermandad hospitalaria de varones, bajo la direcci&oacute;n espiritual de los Misioneros Pa&uacute;les, para el cuidado de las salas de hombres. Antes se hab&iacute;a comenzado a promover el instituto de las Hijas de la Caridad. Como resultado de ello, en 1782, marcharon al pa&iacute;s vecino, para formarse, seis j&oacute;venes decididas a abrazar el camino trazado por los santos franceses. Permanecieron cinco meses en Narbona hasta aprender el idioma y, posteriormente, se trasladaron a Paris para seguir all&iacute; su iniciaci&oacute;n. Tras ello fueronenviadas a distintas casas donde adquirieron pr&aacute;ctica en las diversas tareas que les fueron encomendadas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin esperarlo, la furia revolucionaria las atrap&oacute; en Francia, por lo que comenzaron las gestiones para su regreso: llegaron a Barcelona el 26 de mayo de 1790, donde fueron recibidas con la mayor honra y distinci&oacute;n por parte de autoridades civiles y militares<sup>120</sup>. Destinadas al Hospital de Santa Cruz, poco tiempo despu&eacute;s se produjo una divisi&oacute;n entre las hermanas por la diferente interpretaci&oacute;n de la regla, por un lado, y de la pol&iacute;tica del hospital por otro. Una de las reci&eacute;n llegadas permaneci&oacute; en &eacute;l, mientras que el resto lo abandon&oacute; y parti&oacute; para otros lugares<sup>121</sup> donde dieron de inmediato muestras de su vocaci&oacute;n y saber hacer<sup>122</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Los primeros a&ntilde;os de de las Hijas de la Caridad en Espa&ntilde;a coinciden con los atropellos que sus hermanas francesas sufrieron por causa de la Revoluci&oacute;n. Durante dicha conmoci&oacute;n las religiosas perdieron las casas, muchas la vida y, la mayor&iacute;a sufrieron una dura afrenta criminal sobre sus cuerpos<sup>123</sup>. Confundidas con el resto dela poblaci&oacute;n y vestidas de seglares, no volver&iacute;an a poder ejercer su ministerio con h&aacute;bito religioso hasta que lo autoriz&oacute; expresamente Napole&oacute;n en 1804 a petici&oacute;n del papa P&iacute;o VII<sup>124</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En septiembre de 1800, cuando ya estaban instaladas en Barcelona, L&eacute;rida, Reus y Barbastro, llegaron a Madrid seis Hijas de la Caridad, para el cuidado de la inclusa, por expreso deseo de las Damas de Honor y M&eacute;rito que fueron sus valedoras<sup>125</sup>. Los resultados de su labor con los ni&ntilde;os exp&oacute;sitos fueron encomiables por lo que r&aacute;pidamente se solicitaron m&aacute;s hermanas para que se hicieran cargo de otras instituciones. No pudieron satisfacerse las demandas por falta de efectivos. Se urgi&oacute; entonces, por parte del visitador provincial, padre Murillo, a Carlos IV para que se organizara un noviciado en Madrid similar al de Par&iacute;s. El rey autoriz&oacute; la fundaci&oacute;n, ordenando lo necesario para que se llevara a efecto sin dilaci&oacute;n y encarg&oacute; de ello a la presidenta de las Damas de Honor y M&eacute;rito, condesa de Trull&aacute;s<sup>126</sup>. Esta se&ntilde;ora, sor Manuela Lecina, superiora de la inclusa, el visitador y el resto de las hermanas se pusieron de inmediato manos a la obra. La duquesa viuda de Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez cedi&oacute; en arriendo, al efecto, su casa ubicada en la calle del Prado. En marzo de 1803 se inaugur&oacute; solemnemente el noviciado y poco tiempo despu&eacute;s ya estaban form&aacute;ndose las nuevas Hijas de la Caridad. La preocupaci&oacute;n de que estuvieran espec&iacute;ficamente ilustradas en cirug&iacute;a y botica suscit&oacute; una propuesta por parte de la condesa de Trull&aacute;s, para que algunas de las hermanas fueran enviadas a Francia. No result&oacute; bien acogida la idea por el elevado coste de la misma y por la situaci&oacute;n en que se hallaba el pa&iacute;s vecino. Sin embargo, s&iacute; se consider&oacute; oportuna la formaci&oacute;n en dichas materias y se habilitaron como maestros expertos cirujanos y boticarios que dedicaron su tiempo y conocimientos a la instrucci&oacute;n de las novicias<sup>127</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los a&ntilde;os siguientes, mientras se consolidaba la existencia de las Hijas de la Caridad, fueron desastrosos para Espa&ntilde;a a causa de la guerra de la Independencia y sus secuelas de inestabilidad pol&iacute;tica, deterioro del crecimiento demogr&aacute;fico y econ&oacute;mico y, finalmente, por el gran n&uacute;mero de necesitados, enfermos y tullidos que arroj&oacute; a las calles. Dada la a&uacute;n escasa presencia de estas valerosas mujeres, y la p&eacute;rdida documental debida al conflicto, pocos testimonios tenemos de sus acciones valerosas, aunque podemos contar con algunas muestras de su heroicidad, como la protagonizada en el hospital de Reus por Vicenta Molner y Sagim&oacute;n. Esta hermana arriesg&oacute; su vida para defender la de los heridos franceses all&iacute; acogidos, procedentes del sitio de Zaragoza y amenazados por una turba que irrumpi&oacute; en las dependencias del hospital con pretensi&oacute;n de lincharlos<sup>128</sup>. Como se&ntilde;ala Vargas: <i>"Como bandera de paz y de perd&oacute;n, la blanca toca de sor Vicenta se interpuso y les salv&oacute; la vida con riesgo de la suya"</i><sup>129</sup>. Con su arrojo la hermana impidi&oacute; la masacre y logr&oacute; el reconocimiento de los franceses all&iacute; asilados, especialmente el de un oficial que toda su vida guard&oacute; un reverente recuerdo de su acci&oacute;n<sup>130</sup>. Para las Hijas de la Caridad todos los seres humanos eran igualmente dignos de atenci&oacute;n y remedio, con independencia de cualquier categor&iacute;a humana<sup>131</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero si en la teor&iacute;a evang&eacute;lica y en la pr&aacute;ctica cotidiana estaban todas de acuerdo, no suced&iacute;a lo mismo con respecto a cuestiones meramente organizativas dictadas por personas ajenas a ellas. Tal ocurri&oacute; con la instituci&oacute;n del noviciado. &Eacute;ste no solo sirvi&oacute; para incrementar las vocaciones y la formaci&oacute;n de un mayor n&uacute;mero de mujeres, sino que gener&oacute; conflictos entre las religiosas. Los problemas se suscitaron por las diversas interpretaciones de la regla y las disposiciones de la Junta de Damas que acarrearon, nuevamente, confusi&oacute;n y divisi&oacute;n al igual que hab&iacute;a sucedido a&ntilde;os antes en el hospital de Barcelona. Hasta tal punto lleg&oacute; la cuesti&oacute;n que Nieto afirma: <i>"entre 1814 y 1818 pareci&oacute; que la instituci&oacute;n de las Hijas de la Caridad en Espa&ntilde;a iba a terminar desmoron&aacute;ndose&quot;</i>. Fue la intervenci&oacute;n de otra mujer, la reina Mar&iacute;a Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, quien logr&oacute; la unificaci&oacute;n de las hermanas el 23 de junio de 1818, fecha en que todas volvieron a la obediencia del instituto<sup>132</sup>. Y como es irrefutable la frase de que la uni&oacute;n hace la fuerza, a partir de este momento las Hijas de la Caridad se extendieron r&aacute;pidamente por todas las provincias espa&ntilde;olas, precedidas por su fama y favorecidas por personas p&iacute;as e instituciones de diversa &iacute;ndole<sup>133</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nuevos contratiempos pol&iacute;ticos iban a beneficiar esta propagaci&oacute;n: el 1 de octubre de 1820 se suprim&iacute;an las &oacute;rdenes monacales y se reformaban las regulares. Ello impact&oacute; duramente en la atenci&oacute;n de los hospitales, cuidados por las &oacute;rdenes de San Juan de Dios, los betlemitas, los Obregones, etc. Pese a la opini&oacute;n de algunos, la mayor&iacute;a de hombres y mujeres dedicados a las tareas caritativas realizaban una labor ejemplar, muy querida y apreciada por los necesitados. Su abandono se not&oacute; de inmediato cuando no se encontraron personas capaces de ocupar sus lugares<sup>134</sup>. Los intentos anteriores, desde Carlos III, parecieron caer en el mayor de los vac&iacute;os y los establecimientos quedaron en estado deplorable<sup>135</sup>. La referida situaci&oacute;n y las mejoras que iban introduci&eacute;ndose en todos y cada uno de los centros en que recalaban las Hijas de la Caridad, condujeron a que la ley de beneficencia, de 1822, recomendase a las Juntas Municipales que prefiriesen, en lo posible, a tales religiosas para la direcci&oacute;n de las casas de maternidad y asistencia de los enfermos de ambos sexos en los hospitales<sup>136</sup>. La explicaci&oacute;n a esta entrega del gobierno liberal lo aclara Francisca Hern&aacute;ndez:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Han puesto de manifiesto su eficacia en la organizaci&oacute;n de la asistencia y cuidado a los enfermos, han administrado bien los recursos y son rentables a las Instituciones demostrado en memorias y documentos. Lo que sorprende es el valor y coraje con que un grupo de mujeres (de las que se discute qu&eacute; son, ya que ni la Iglesia de Espa&ntilde;a lo tiene claro en ese momento) son capaces de afrontar el reto del servicio a los pobres enfermos y hacerse responsables de los Hospitales de la beneficencia p&uacute;blica y privada"</i><sup>137</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De nuevo las Hijas de la Caridad hab&iacute;an recibido un gran impulso, de manera que para cuando estallase el conflicto civil, a la muerte de Fernando VII, el n&uacute;mero de hospitales y de centros ben&eacute;ficos de toda &iacute;ndole atendidos por ellas ocupaba, pr&aacute;cticamente, toda la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola. Estos hospitales ten&iacute;an mayoritariamente su origen en las mandas piadosas de muchas personas, hombres y mujeres, que desde la Edad Media, como ya indiqu&eacute;, ced&iacute;an parte de sus bienes para su fundaci&oacute;n y/o mantenimiento. Las cuant&iacute;as entregadas eran variables y depend&iacute;an, generalmente, de las disponibilidades econ&oacute;micas -hab&iacute;a qui&eacute;n &uacute;nicamente ordenaba el sostenimiento de una cama por tiempo determinado-. Este tipo de dependencia tan fluctuante llegaba a hacer inviables muchos establecimientos por falta de recursos. Las Hijas de la Caridad ofrec&iacute;an mucho a cambio de muy poco<sup>138</sup> y como ellas muchas otras instituciones religiosas, motivo por el que las cosas permanecieron como estaban a pesar de los sucesivos intentos de cambio. Para modificar estos par&aacute;metros ser&iacute;a necesario, aparte de dotaciones presupuestarias fijas y suficientes, el avance de la ciencia m&eacute;dica, las t&eacute;cnicas quir&uacute;rgicas y los descubrimientos en materia de asepsia, anestesia, medicamentos, inmunolog&iacute;a, etc. Cuando todos estos elementos se combinaron el hospital dej&oacute; de ser un lugar donde proporcionar cuidado del cuerpo y consuelo del alma, para convertirse en lugar de curaci&oacute;n. Los hospitales, no obstante, durante pr&aacute;cticamente todo el siglo XIX siguieron acogiendo exclusivamente a los pobres pues los ricos recib&iacute;an atenci&oacute;n domiciliaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde mediados del siglo XVIII los hospitales hab&iacute;an quedado bajo la protecci&oacute;n real hasta la &eacute;poca liberal en que pasaron a depender de los ayuntamientos, bajo los dictados de la ley General de Beneficencia de 1822. La penuria inund&oacute; los centros por la tardanza en la llegada de fondos<sup>139</sup> y la mala gesti&oacute;n. Todo se convirti&oacute; en hacinamiento e insalubridad, que no pudo comenzar a resolverse, e incluso entonces t&iacute;midamente, hasta el segundo periodo liberal de 1836<sup>140</sup>. La desamortizaci&oacute;n fue otro punto negro en la asistencia de hospitales que tard&oacute; en ser corregida<sup>141</sup>. En realidad, la situaci&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola con tantas idas y venidas del absolutismo al liberalismo, de los postulados conservadores a otros m&aacute;s acordes con los tiempos, generaron demasiadas tensiones que, como suele suceder, perjudicaron a los m&aacute;s necesitados. Sin existir nada capaz de cubrir la asistencia y el cuidado, a golpe de decreto, se suprim&iacute;an, una y otra vez, todas aquellas instituciones que desde siempre ven&iacute;an realizando su meritoria labor<sup>142</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En Madrid, para paliar la falta de medios hac&iacute;a tiempo que se hab&iacute;an unificado los hospitales de caridad en un edificio de grandes dimensiones que recibi&oacute; el nombre de Hospital General y de la Pasi&oacute;n<sup>143</sup>. En mayo de 1833 fue aprobada por su Junta la admisi&oacute;n de las Hijas de la Caridad, aunque su instalaci&oacute;n definitiva no se hizo sin conflictos, pues el 24 de noviembre del mismo a&ntilde;o:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>	"fueron expulsados todos los practicantes del General, por protestar con violencia, por la presencia de las monjas en el hospital de hombres; sin duda ten&iacute;an miedo de que las competentes religiosas que ya trabajaban con gran &eacute;xito en otros centros asistenciales ben&eacute;ficos, les arrebataran sus puestos de trabajo"</i><sup>144</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Como vemos las Hijas de la Caridad, en su peregrinar por Espa&ntilde;a, encontraron alicientes pero tambi&eacute;n muchas dificultades en lo tocante a las relaciones entre ellas mismas y con los responsables hospitalarios, am&eacute;n de tener que v&eacute;rselas con las malas condiciones de las instalaciones y la carencias de fondos. Con todo, en 1850, estaban presentes en 75 instituciones ben&eacute;ficas de las cuales 40 eran hospitales. Entre los a&ntilde;os 1850 a 1875 asumir&iacute;an la organizaci&oacute;n de 71 hospitales m&aacute;s. En esos momentos, de las 236 casas abiertas en Espa&ntilde;a, 111 fueron hospitales. De 1876 a 1900 se abrieron otros cien hospitales m&aacute;s, de tal modo que, a principios del siglo XX, de 512 casas dedicadas a los cuidados m&aacute;s diversos, 211 eran hospitales. Posteriormente la cifra alcanzar&iacute;a el n&uacute;mero de 244<sup>145</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las hermanas atend&iacute;an a las madres que iban a dar a luz, a los hu&eacute;rfanos, exp&oacute;sitos y ancianos y, adem&aacute;s de los enfermos de los hospitales civiles y militares, a los de las leproser&iacute;as<sup>146</sup>, contagiosos, incurables y terminales e incluso a los locos. Sus acciones caritativas rayaban en ocasiones en el verdadero hero&iacute;smo, que no puede ser ensalzado con palabras<sup>147</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El aumento de vocaciones y la demanda de servicios hizo necesario ampliar el espacio dedicado a noviciado. La reina Isabel II, declarada valedora de las Hijas de la Caridad<sup>148</sup>, en 1843, intent&oacute; cederles el edificio de las Salesas Nuevas, pero no pudo realizars por ser de propiedad particular y no del Estado. M&aacute;s tarde se consigui&oacute; un solar situado en la huerta de Jes&uacute;s, perteneciente al antiguo convento de los Trinitarios, que s&iacute; lo era. Se hallaba entre las calles de las Huertas, el Prado y la Carrera de San Jer&oacute;nimo. El inmueble qued&oacute; concluido en 1856.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>En la paz como en la guerra: los hospitales militares</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con el mismo celo que actuaron en la paz, lo hicieron en la guerra. Al llegar las ofensivas carlistas, como hab&iacute;a sucedido en &eacute;pocas y regiones anteriores, las hermanas fueron reclamadas para actuar en los Hospitales de Sangre. Su especial dedicaci&oacute;n y cuidado para con los soldados enfermos y heridos no tuvo parang&oacute;n y aqu&iacute; y all&aacute; pueden encontrarse m&uacute;ltiples referencias a su quehacer humanitario<sup>149</sup>. En 1836 Sor Rosa Grau, encargada por entonces del noviciado, dar&aacute; cuenta del esfuerzo realizado para enviar el mayor n&uacute;mero posible de hermanas al frente, a pesar de que faltaban brazos debido al elevado n&uacute;mero de peticiones recibidas<sup>150</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las Hijas de la Caridad estuvieron presentes en los Hospitales de Sangre de Pamplona (1833), Vitoria (1833) donde llegaron a formarse cuatro de ellos, Escoriaza (1836), Cantavieja (1836) Hernani (1836) e Irache (1838). El general Cabrera reglament&oacute; hasta en sus m&aacute;s m&iacute;nimos detalles el funcionamiento de los mismos. Seg&uacute;n el Padre Codina el n&uacute;mero de hermanas que sirvieron en estos hospitales fue de 30 y en ellos soportaron lo indecible como pago a su vocaci&oacute;n: <i>"han padecido cu&aacute;ntos horrores, privaciones y vej&aacute;menes, se puede imaginar"</i><sup>151</sup>. Aunque no todo fue as&iacute; y tambi&eacute;n les cupo la satisfacci&oacute;n de ser acreedoras de respeto en muchos de los lugares por donde los ej&eacute;rcitos anduvieron<sup>152</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con singular misericordia actuaron las Hijas de la Caridad cuando sobrevino la gran epidemia de c&oacute;lera que afect&oacute; a Espa&ntilde;a y a toda Europa. Ellas mismas fueron v&iacute;ctimas de la infecci&oacute;n y, aunque muchas murieron, tal contingencia no les impidi&oacute; multiplicar sus esfuerzos y su n&uacute;mero para atender a los contagiados<sup>153</sup>. Tambi&eacute;n lo hicieron con respecto a otras grandes mortandades, como la del tifus o los rebrotes de viruela<sup>154</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La pericia y experiencia lograda en el trato de los heridos de guerra iba a ser aprovechada por los hospitales militares espa&ntilde;oles en los que, desde el principio de su creaci&oacute;n, las Hijas de la Caridad encontraron su lugar. Unos hospitales militares que pr&aacute;cticamente hab&iacute;an comenzado su historia en el siglo XVIII; ya que, perdido el uso de los magn&iacute;ficos hospitales romanos -valetudinaria-, constituidos en los campamentos donde se aposentaban los ej&eacute;rcitos, no volvi&oacute; a existir nada similar hasta etapas muy avanzadas de la historia. Los heridos eran abandonados a su suerte o cuidados por sus compa&ntilde;eros o aquellas mujeres que se desplazaban con los ej&eacute;rcitos. Nos ha llegado, no obstante, noticias de la instalaci&oacute;n de tiendas para el cuidado de los heridos de guerra en momentos puntuales<sup>155</sup> y las cr&oacute;nicas dan testimonio de lo que podr&iacute;amos llamar el primer Hospital de Campa&ntilde;a que, en ausencia de otras evidencias, data de &eacute;poca de los Reyes Cat&oacute;licos y, concretamente, de 1476, en Toro<sup>156</sup>. Posteriormente, y como ya indiqu&eacute;, fue la reina Isabel I qui&eacute;n se preocup&oacute; de la instalaci&oacute;n de tiendas para el cuidado de enfermos y heridos en las batallas abonando, personalmente, los gastos producidos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No parece, sin embargo, que fuera hasta el siglo XVI, momento en que nacen los "Tercios Espa&ntilde;oles", cuando se organice la asistencia m&eacute;dica de forma estable<sup>157</sup>. Pamplona albergar&iacute;a el primer Hospital Militar fijo, en 1574, 20 a&ntilde;os m&aacute;s tarde se organizar&iacute;a el de Jaca y en 1626 el de La Coru&ntilde;a. En Madrid se compartir&iacute;a el Hospital del Buen Suceso, desde la &eacute;poca de Carlos I. M&aacute;s tarde, ya con Felipe II, los hospitales militares se dividen en: permanentes, de base y de campo; estos &uacute;ltimos con car&aacute;cter temporal y m&oacute;vil<sup>158</sup>. Al inicio del siglo XVIII se esboz&oacute; una organizaci&oacute;n sanitaria militar, confirmada en 1721, al establecerse las obligaciones del personal sanitario militar, lo que les hizo apartarse de las condiciones esencialmente ben&eacute;ficas del resto de los hospitales de caridad y depender exclusivamente del Estado<sup>159</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">A lo largo de los siglos XVIII y XIX, y hasta tanto existieron en algunas capitales hospitales militares, se establec&iacute;a un convenio entre las autoridades militares y los directores de los hospitales civiles para la atenci&oacute;n de los enfermos y heridos del ej&eacute;rcito<sup>160</sup>. As&iacute;, por ejemplo, en 1712, por Real Orden, se dispuso la admisi&oacute;n de tropa y oficiales en el Hospital General y de la Pasi&oacute;n de Madrid. Tal disposici&oacute;n y otras similares nos dan noticia de la inexistencia de un hospital militar espec&iacute;fico en la capital del reino<sup>161</sup>. El primer hospital permanente a cargo de las Hijas de la Caridad fue el fundado en Aranjuez, por la reina Isabel II, en 1865; en &eacute;l se atendieron numerosos soldados enfermos, especialmente de c&oacute;lera.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Precisamente, unos a&ntilde;os antes, fue el gran impacto de esta enfermedad lo que produjo desavenencias en el Hospital General y de la Pasi&oacute;n que albergaba enfermos civiles y militares y motiv&oacute; la separaci&oacute;n de estos &uacute;ltimos. Los soldados fueron trasladados, sucesivamente, a varios edificios hasta que se consider&oacute; necesaria la creaci&oacute;n de un hospital militar permanente en la capital. El 12 de enero de 1841 el ministro de Hacienda, a petici&oacute;n del capit&aacute;n general Evaristo San Miguel, aprob&oacute; los presupuestos de remodelaci&oacute;n del antiguo Seminario de Nobles para su habilitaci&oacute;n como hospital militar de Madrid<sup>162</sup>. El 27 de diciembre de dicho a&ntilde;o, una vez restaurado el edificio, comenz&oacute; el traslado de los 381 enfermos que estaban repartidos en el hospital del Convento de Atocha y en la enfermer&iacute;a de la antigua c&aacute;rcel de Saladero<sup>163</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Espa&ntilde;a, en el siglo XVIII, parec&iacute;a no verse libre de heridos de guerra pues a los producidos por la de Independencia y las Carlistas siguieron los procedentes de la sangr&iacute;a africana. En 1859 un considerable n&uacute;mero de soldados, v&iacute;ctimas de esta &uacute;ltima, fueron llevados a M&aacute;laga. En su hospital tambi&eacute;n se acogieron los contagiados de c&oacute;lera. Las hermanas no dudaron en ofrecerse para cuidar a todos ellos, motivo por el que el director del noviciado recibi&oacute; una Real Orden para que se instalasen las Hijas de la Caridad en dicha capital. Se cuenta con un testimonio de 7 de febrero de 1861, en el que consta que ocho Hijas de la Caridad con un director llegaron a M&aacute;laga, el 29 de noviembre de 1859<sup>164</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En los hospitales de la Marina se recibieron a las Hijas de la Caridad de manera estable a partir de 1870. En el de C&aacute;diz tomaron posesi&oacute;n el 15 de mayo de dicho a&ntilde;o, y en el de Ferrol, se establecieron en 1881, aunque ya en 1870, se hab&iacute;a dado orden para ello:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Deseando el gobierno de la Rep&uacute;blica establecer en el hospital militar de marina del departamento del Ferrol el mismo sistema acordado para el de San Carlos de Aranjuez, en virtud del contrato celebrado con V. R. en 23 de marzo de 1870, dice hoy, por conducto de este ministerio, el capit&aacute;n general del departamento del Ferrol citado lo que copio: Excmo. Sr. El gobierno de la Rep&uacute;blica ha resuelto hacer extensiva al hospital militar de este departamento el sistema establecido en el de San Carlos en 1870, osea dar cabida en aquel al Instituto de las Hijas de la Caridad, que tan brillantes resultados, a la par que econ&oacute;micos, ha producido en el &uacute;ltimo de los establecimientos referidos. En su consecuencia.... Se servir&aacute; manifestar sin demora a esta superioridad el n&uacute;mero de hermanas de la caridad que ser&aacute; necesario para el servicio del hospital... en caso de que como es de suponer no haya habitaci&oacute;n preparada al efecto, remitir&aacute; V. E. presupuesto de los que importe su habilitaci&oacute;n con arreglo al n&uacute;mero de hermanas que proponga... siendo el objeto de este ministerio dictar la medida indicada, procurar por todos los medios posibles que los hospitales de marina sean un modelo digno de imitaci&oacute;n y que el marinero y el soldado enfermos encuentren en ellos, no solo el alivio y la curaci&oacute;n de sus males f&iacute;sicos, sino tambi&eacute;n el consuelo y la elevaci&oacute;n de esp&iacute;ritu, el bienestar, en una palabra, del cuerpo y alma..."</i><sup>165</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como vemos varios motivos alegaba el gobierno para la contrataci&oacute;n de las Hijas de la Caridad, en los que creo importante hacer hincapi&eacute;: los brillantes resultados, sin duda sanitarios, y, en igual medida, lo econ&oacute;mico que resultaban los mismos. En palabras de nuestra actualidad, era evidente que la relaci&oacute;n calidad-precio no pod&iacute;a ser superada, dado que la entrega de todo el tiempo por amor no tiene remuneraci&oacute;n posible y, por a&ntilde;adidura, esta se resum&iacute;a en la manutenci&oacute;n, extremadamente frugal, y el alojamiento, cuando no ten&iacute;an ellas mismas que resolver los problemas financieros, como hicieran en tantas instituciones durante el periodo que sirvieron en ellas. A esta nada balad&iacute; cuesti&oacute;n se sumaba el hecho de pretender que los hospitales de la Marina fueran modelo a seguir y que sus pacientes obtuvieran no solo la curaci&oacute;n de sus males f&iacute;sicos, sino el consuelo que &uacute;nicamente pod&iacute;a conseguirse con el afecto. Estas palabras resumen el inter&eacute;s de establecer a las hermanas en el resto de hospitales militares, inter&eacute;s que cobrar&aacute; forma en la Real Orden de 2 de junio de 1880<sup>166</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De inmediato se cursaron las oportunas &oacute;rdenes, a las respectivas Capitan&iacute;as Generales, para que se realizasen las obras precisas en cada uno de los hospitales militares, de manera que las Hijas de la Caridad pudieran ser alojadas en ellos. El 4 de agosto de 1880 por carta del ministro al Padre Masnou, por entonces director del noviciado, se ped&iacute;a la entrega de hermanas para los catorce hospitales militares<sup>167</sup>. No obstante, su acomodo no fue inmediato pues, seg&uacute;n nos informa Vargas, <i>"por intereses creados y cambios de ministros muchas disposiciones quedaron sin cumplir y no fueron de una forma permanente a dichos hospitales"</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Finalmente, y poco a poco, las hermanas llegaron a ellos y permanecieron hasta la clausura de los mismos o a&uacute;n contin&uacute;an. Su labor siempre destacable en per&iacute;odos de paz quedaba multiplicada en las etapas de guerra. Especial m&eacute;rito y protagonismo derrocharon en los conflictos africanos y coloniales. El n&uacute;mero de heridos y enfermos se multiplic&oacute; en tan nefastos acontecimientos y puso en evidencia las capacidades de resistencia y entrega de las Hijas de la Caridad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En &Aacute;frica, por ejemplo, ante el desastre de Anual<sup>168</sup>, el 31 agosto, se solicit&oacute; el env&iacute;o de hermanas a las tres Comandancias Generales. Como respuesta, el 2 de septiembre sal&iacute;a de Madrid, rumbo a Melilla, una primera expedici&oacute;n formada por 25 hermanas. Para el mes de enero siguiente ya hab&iacute;a 50, solo en dicha ciudad. A lo largo de la contienda, que finaliz&oacute; en el a&ntilde;o 1926, realizaron su labor bajo el fuego enemigo y en condiciones muy penosas. En tan pocos a&ntilde;os la pol&iacute;tica colonialista del norte de &Aacute;frica cost&oacute; la vida a m&aacute;s de 30.000 espa&ntilde;oles y produjo una fuente interminable de desdichas y dolor<sup>169</sup>. Las necesidades en los hospitales eran tremendas y los enfermos se hallaban demasiadas veces en condiciones deplorables<sup>170</sup>. La llegada de las hermanas fue visible, de inmediato, por las mejoras que introdujeron<sup>171</sup>. Luchaban con las fuerzas que ten&iacute;an y con las que no ten&iacute;an, hasta el punto de no ser capaces de distinguir ellas mismas de d&oacute;nde proven&iacute;a su resistencia y c&oacute;mo eran capaces de sostenerse, d&iacute;a tras d&iacute;a, con tan intenso tr&aacute;fago<sup>172</sup>. Se multiplicaban aqu&iacute; y all&aacute; recogiendo ellas mismas a los heridos, acompa&ntilde;&aacute;ndolos en las ambulancias, operando bajo el fuego enemigo...<sup>173</sup>. Muchos son los testimonios que podr&iacute;a recoger y que hablan de su valor y tenacidad, de la meticulosidad de una tarea que hac&iacute;a que los m&eacute;dicos no se fiaran de nadie m&aacute;s que de ellas para cuidaran a los heridos graves. Su esfuerzo no fue vano y todo el mundo se rend&iacute;a admirado ante su eficaz colaboraci&oacute;n generosa y diligente. As&iacute; lo hicieron los m&eacute;dicos, los propios pacientes, y cuantas personas eran capaces de juzgar las diferencias que ellas establec&iacute;an<sup>174</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando estall&oacute; la guerra civil de 1936, las Hijas de la Caridad volvieron a volcarse activamente en la zona controlada por quienes se rebelaron contra la Rep&uacute;blica pues, en las &aacute;reas de intervenci&oacute;n de la misma, ellas, como el resto de religiosas, fueron expulsadas de las instituciones, perseguidas y denostadas<sup>175</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Las hijas de la caridad y el Hospital Gómez  Ulla</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El antiguo edificio que alberg&oacute; el Colegio de Nobles de Madrid, fue hospital militar<sup>176</sup> hasta que el 8 de febrero de 1889 se declar&oacute; un incendio. Los soldados, por mandato de la reina Mar&iacute;a Cristina, que no dud&oacute; en acudir a visitarlos<sup>177</sup>, pasaron a ocupar el Hospital Real del Buen Suceso situado en la calle de la Princesa, que se dividi&oacute;, para su funcionamiento, en dos partes: una que acog&iacute;a a enfermos militares y otra donde se continu&oacute; asistiendo a los enfermos civiles empleados de Palacio. Al tiempo, se realizaron gestiones por el Ministerio de la Guerra con el Ayuntamiento de Carabanchel Bajo para la construcci&oacute;n de un nuevo hospital en terrenos que ya hab&iacute;a ofertado dicho Ayuntamiento de forma gratuita, en 1886, en el entorno del llamado Cerro de Almod&oacute;var<sup>178</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El proyecto, previsto para 500 enfermos, lo present&oacute; el coronel de Ingenieros, Manuel Cano y Le&oacute;n el d&iacute;a 30 de septiembre de 1889. Los planos segu&iacute;an el sistema Tollet, ya utilizado en el de Santa Cruz de Barcelona y el de Valdecilla en Santander. Contar&iacute;a con los m&aacute;s avanzados sistemas del momento en lo referido a calefacci&oacute;n por aire caliente, ventilaci&oacute;n, desinfecci&oacute;n, luz el&eacute;ctrica, alcantarillado, duchas y ba&ntilde;os en todas las salas, un sofisticado m&eacute;todo para refrigeraci&oacute;n de cad&aacute;veres, abastecimiento de agua a trav&eacute;s de una conducci&oacute;n directa desde el Lozoya, etc. Dispondr&iacute;a de los edificios siguientes: el de direcci&oacute;n y administraci&oacute;n, viviendas para el personal, instituto anatomopatol&oacute;gico, pabell&oacute;n de jefes y oficiales enfermos, cuatro pabellones de medicina, dos de cirug&iacute;a, uno de operaciones quir&uacute;rgicas (unidos por una galer&iacute;a de comunicaci&oacute;n), pabell&oacute;n de dementes, de presos y arrestados, de servicios generales, tres para enfermedades infecciosas, capilla y balnearios con una espaciosa piscina de nataci&oacute;n con agua caliente y fr&iacute;a para uso en invierno y verano, cuartel de Sanitarios, cocheras y dep&oacute;sito de cad&aacute;veres<sup>179</sup>. Adem&aacute;s, para mejorar los p&eacute;simos medios de comunicaci&oacute;n existentes, pues &uacute;nicamente se dispon&iacute;a de tranv&iacute;as tirados por mulas, se orden&oacute; la ejecuci&oacute;n de un ramal del tranv&iacute;a de Madrid a Legan&eacute;s, para que llegara hasta la misma puerta del hospital, lo que supuso un empuj&oacute;n para la urbanizaci&oacute;n de la zona y su posterior desarrollo<sup>180</sup>. Se comenz&oacute; a trabajar en 1890 y el complejo qued&oacute; inaugurado en 1896 con el nombre de Hospital Militar de Carabanchel, aunque las obras no acabaron hasta 1903. La urgencia por poner en marcha la instituci&oacute;n estaba provocada por los numerosos heridos que llegaban evacuados de las guerras de Cuba y Filipinas<sup>181</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De este a&ntilde;o data, tambi&eacute;n, el inicio de las labores de las Hijas de la Caridad, que seg&uacute;n el art&iacute;culo 40 del convenio inicial, firmado en 5 de noviembre de 1895, comenzar&iacute;a a regir una vez que se instalaran las hermanas en el recinto hospitalario.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Dicho convenio, que regulaba la prestaci&oacute;n de sus servicios, tard&oacute; en cuajar debido a las modificaciones que se hab&iacute;an introducido. Finalmente, la reina acept&oacute; cambiar los art&iacute;culos que estaban en litigio, especialmente, el 36:<i> "costear&aacute; el hospital los ba&ntilde;os y aguas minerales que fueran necesarios, con los gastos consiguientes para el restablecimiento de las Hijas de la Caridad"</i>, y el 37: <i>"es de cuenta del hospital el coste de la sepultura y dem&aacute;s gastos de enterramiento cuando falleciere alguna de aquellas Hijas de la Caridad"</i>. Hecho lo cual fue firmado entre el capit&aacute;n general de Castilla la Nueva y Extremadura y el director general del Real Noviciado y sali&oacute; publicado en el Diario Oficial n<sup>o</sup> 221 de octubre de 1897, tras su aprobaci&oacute;n por Real Orden de 7 de febrero de 1896 y modificaci&oacute;n por Reales Ordenes de 9 noviembre del mismo y 13 de septiembre de 1897. Los tres primeros art&iacute;culos de los cuarenta con que contaba dicen:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i>"Art&iacute;culo 1<sup>o</sup>. Las Hijas de la Caridad reconocer&aacute;n por Jefe del Hospital al Director de &eacute;ste (nombrado de Real Orden), y en vacante, ausencia o enfermedad, al Jefe del Cuerpo de Sanidad Militar en quien recaiga accidentalmente el mando. Art. 2<sup>o</sup>. Las Hijas de la Caridad observar&aacute;n las reglas comunes y particulares de su instituto, sin que se las pueda obligar a separarse de ellas, variarlas ni modificarlas, dependiendo en este punto exclusivamente del Director General de las Hijas de la Caridad en Espa&ntilde;a o su delegado. Art. 3<sup>o</sup>. Es atribuci&oacute;n propia del Director General de las Hijas de la Caridad o delegado, el nombramiento de superiora y dem&aacute;s hermanas que deben componer la comunidad, la mudanza y traslaci&oacute;n de &eacute;stas, siempre que lo juzgue conveniente, sin que tenga que dar a nadie las razones de por qu&eacute; hace esta variaci&oacute;n o mudanza"</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De 1897 data una circular del ministro de la Guerra por la que se hac&iacute;a extensiva la orden de acoger en los hospitales militares a las Hijas de la Caridad. En realidad, no hac&iacute;a sino continuar una serie de ordenanzas anteriores ya rese&ntilde;adas<sup>182</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No obstante lo anterior, el 18 de abril de 1896, llegaban las doce primeras hermanas al hospital. Era director del mismo el Subinspector M&eacute;dico de 1<sup>a</sup> clase don Juan Berenguer. Al no haberse previsto, inicialmente, un lugar para ellas tuvieron que alojarse en el Colegio de la Uni&oacute;n de Carabanchel, desde donde les tra&iacute;an la comida. Fue nombrada superiora de la comunidad Sor Eugenia Jim&eacute;nez, sustituida por sor Mar&iacute;a Villa, dos meses despu&eacute;s. En aquel momento en el hospital solo hab&iacute;a nueve enfermos comunes pues los infecciosos y quir&uacute;rgicos permanec&iacute;an en el antiguo hospital del Buen Suceso. Su n&uacute;mero comenz&oacute; a crecer r&aacute;pidamente, procedente de Ultramar, de donde llegaban alarmantes noticias del aumento progresivo de bajas por paludismo, fiebre amarilla, disenter&iacute;a, etc.<sup>183</sup>. Tambi&eacute;n lo har&iacute;a el n&uacute;mero de hermanas, hasta completar la cifra de 34 que la visitadora de las Hijas de la Caridad, sor Cristina Jovell&aacute;n, hab&iacute;a asignado a la instituci&oacute;n. Fueron todas acomodadas encima de la farmacia, lugar que m&aacute;s tarde ocupar&iacute;a el laboratorio.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como ya hab&iacute;a pasado en anteriores ocasiones, en el reciente establecimiento hubieron de tener problemas ya que, al parecer, la intendencia no confiaba en ellas y no les suministraba el material necesario para la atenci&oacute;n de los enfermos. A ello hemos de a&ntilde;adir el riesgo en el que estuvo su vida, en marzo de 1897, al ser sorprendidas durante la noche por un incendio. Corri&oacute; el rumor de que hab&iacute;a sido provocado, lo que empuj&oacute; al director de las hermanas, padre Eladio Arn&aacute;iz, a solicitar del director del hospital su retirada. El director, que no estaba dispuesto a perder tan inestimable ayuda, se opuso y convino en la edificaci&oacute;n de un pabell&oacute;n exclusivo para las Hijas de la Caridad que quedar&iacute;a ubicado frente a la iglesia del hospital. El inter&eacute;s por mantenerlas agiliz&oacute; la obra y las hermanas pudieron trasladarse a su nueva residencia a mediados del a&ntilde;o 1898, catalogado por muchos como uno de los m&aacute;s desastrosos para Espa&ntilde;a<sup>184</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Precisamente, el 10 de diciembre de ese a&ntilde;o, nuestro pa&iacute;s firmaba una paz en Par&iacute;s por la que perd&iacute;a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Se cerraba una etapa para la conciencia de los espa&ntilde;oles y se abr&iacute;a otra: su patria dejaba de ser un imperio y sus fronteras, antes inmensas y ultramarinas, quedaban reducidas a la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica compartida con Portugal. Como siempre, un acontecimiento tan nefasto fue consecuencia de una suma de desaciertos pol&iacute;ticos y militares que se un&iacute;an a la debilidad hispana y al planificado y eficaz intervencionismo norteamericano, que apoy&oacute; los movimientos independentistas, para despu&eacute;s cobrarse con largueza la supuesta ayuda otorgada<sup>185</sup>. Por desgracia para el cuantioso n&uacute;mero de muertos y heridos la lejan&iacute;a de las colonias aumentaba la miop&iacute;a con que los espa&ntilde;oles las sent&iacute;an y, la mayor&iacute;a, salvo las infelices familias que no contaban con las 2000 pesetas para liberar a sus hijos de la contienda, segu&iacute;an en su cotidianidad, inmersos en sus preocupaciones, alegr&iacute;as y sinsabores. Incluso, en su sublime imbecilidad, las masas se sent&iacute;an enfervorizadas por el encuentro b&eacute;lico con los Estados Unidos y confiaban en obtener una clamorosa victoria<sup>186</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Frente a la maquinaria guerrera estadounidense, Espa&ntilde;a, obsesionada por sus valores morales que cre&iacute;a indestructibles, opon&iacute;a la gallard&iacute;a y el honor del soldado espa&ntilde;ol, que se reflejaba en algunos estribillos cantados por doquier: <i>"tienen muchos barcos, / nosotros raz&oacute;n. / Ellos armamento, / nosotros, honor..."</i>. Sin embargo, la raz&oacute;n y el honor no son suficientes en las batallas y el resultado no fue la victoria sino una derrota moral, econ&oacute;mica y, sobre todo humana<sup>187</sup>. Durante los meses sucesivos los barcos tra&iacute;an ahora, desde las colonias, sus bodegas llenas de enfermos, cuando antes hab&iacute;an venido repletas de mercanc&iacute;as. Muchos m&eacute;dicos militares murieron en el frente, abrumados por la tarea de intentar paliar los destrozos de la guerra y ayudados por las hermanas de la caridad que serv&iacute;an en ellos<sup>188</sup>. Sin duda, los grandes perdedores fueron los hijos de la pobreza, salidos de la Espa&ntilde;a profunda donde reinaba el analfabetismo, porque las familias burguesas y adineradas pagaban un sustituto o se redim&iacute;an con dinero<sup>189</sup>. Muchos de estos desdichados estuvieron convalecientes en los hospitales militares u otros habilitados para este fin: Santander<sup>190</sup>, Valladolid, Burgos y Vitoria, se&ntilde;alados Machichacomo hospitales de evacuaci&oacute;n, no dieron abasto con el contingente de enfermos por lo que se designaron, tambi&eacute;n, los de Lugo, Bilbao, San Sebasti&aacute;n, Pamplona, Zaragoza y Madrid. En todos ellos las Hijas de la Caridad actuaron con la constancia y dedicaci&oacute;n que ven&iacute;an acreditando desde hac&iacute;a tanto tiempo pues, adem&aacute;s de las tareas administrativas en los servicios generales de intendencia: cocina, lavadero, almacenes, etc., eran auxiliares de cl&iacute;nica en el cuidado de enfermos, como refiere tanto su convenio, como el texto de "Servicios de Intendencia en los Hospitales Militares"<sup>191</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Parece poco importante hacer hincapi&eacute; en el hecho de que los soldados pertenec&iacute;an a los grupos menos ilustrados y pobres de entre la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, cuya instrucci&oacute;n media, a comienzos del siglo XX, dejaba mucho que desear<sup>192</sup>. Sin embargo, es relevante este dato porque situaciones que ahora son impensables para nuestra educaci&oacute;n, en aquellos momentos resultaban absolutamente reales. Temas como el del aseo y la higiene pod&iacute;an parecer incomprensibles para individuos que se hab&iacute;an criado en el campo y con todas las carencias del mundo. El hecho de que en 1901 se establecieran normas de obligado cumplimiento en el hospital, como la que prohib&iacute;a taxativamente escupir en el suelo<sup>193</sup>, nos puede hacer pensar lo dif&iacute;cil que podr&iacute;a ser, en ocasiones, para las religiosas, mantener en las debidas condiciones las salas de hospital y bregar con alg&uacute;n tipo de enfermos, aunque estuviesen respaldadas por los m&eacute;dicos y enfermeros y ayudadas en el desempe&ntilde;o de su tarea por mozos de cl&iacute;nica y sanitarios.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cuanto a la formaci&oacute;n de las hermanas, esta corr&iacute;a pareja a las exigencias del momento, como ya indiqu&eacute;, a pesar de las maledicencias de algunas lenguas<sup>194</sup>. Desde luego, el siglo XIX finalizar&iacute;a sin que existiese t&iacute;tulo oficial de enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a, aunque ya en 1858, algunas mentes iluminadas hab&iacute;an hecho o&iacute;r sus voces en cuanto a la conveniencia de crear escuelas donde se formara personal para el ejercicio de las tareas del cuidado. Unas tareas, cada vez m&aacute;s complejas y que iban requiriendo de regulada profesionalizaci&oacute;n. Pedro Felipe Monlau, catedr&aacute;tico de higiene de la Universidad de Madrid, escribi&oacute; en el <i>Monitor de la Salud de las Familias</i>, un art&iacute;culo titulado: "Arte de cuidar enfermos", en el que suger&iacute;a dicha actuaci&oacute;n<sup>195</sup>. Desde luego, a nada que pensaran los contempor&aacute;neos, la capacitaci&oacute;n en el cuidado era necesaria para que la ciencia m&eacute;dica avanzase, como se&ntilde;alaba Walker<sup>196</sup>. Circunstancia que no fue apreciada hasta que dicha ciencia no dio el paso de gigante que le permiti&oacute; no solo aliviar, sino estar en posesi&oacute;n de los conocimientos necesarios para obtener resultados cada vez m&aacute;s satisfactorios. Adem&aacute;s, por aquel entonces, salvo las Hijas de la Caridad, que contaban con el respeto general de m&eacute;dicos y enfermos, las seglares que se dedicaban a la dif&iacute;cil tarea del cuidado por dinero, proced&iacute;an de extracciones comprometidas y eran muy mal vistas, en especial, en los pa&iacute;ses en los que se carec&iacute;a de religiosas dedicadas a los enfermos<sup>197</sup>. De ah&iacute; que, precisamente, la reforma de la enfermer&iacute;a comenzase en Alemania, de manos del pastor protestante Teodor Fliedner, quien fund&oacute; la primera escuela de enfermeras, que sirvi&oacute; de modelo para distintas escuelas de Alemania y otros pa&iacute;ses.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un impulso posterior vendr&iacute;a de manos de la brit&aacute;nica Florence Nightingale, vivamente interesada en el cuidado de los enfermos, pero que no contaba con el benepl&aacute;cito de sus progenitores. No cej&oacute; en su empe&ntilde;o y, a principios de 1850, entr&oacute; en contacto con las Hijas de la Caridad en su hospital de Alejandr&iacute;a (Egipto) y aprendi&oacute; de ellas las primeras nociones de enfermer&iacute;a. Posteriormente, visit&oacute; la escuela Fliedner y curs&oacute; estudios en ella. Al estallar la guerra de Crimea no le falt&oacute; la fuerza y el arrojo para enfrentarse a todo y a todos e iniciar su cruzada particular denunciando la terrible situaci&oacute;n en que se encontraban los enfermos ingleses, <i>"mientras que Francia dispon&iacute;a de excelentes hermanas de la caridad que cuidaban de los heridos</i>"<sup>198</sup>. Organiz&oacute; la asistencia a los soldados ingleses y de regreso a Inglaterra, fund&oacute; una escuela de enfermeras en el hospital de Santo Tom&aacute;s. Otras personas seguir&iacute;an su ejemplo y, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, resultado indirecto de su obra, en 1864, en Ginebra, Henri Dunant, fundar&iacute;a la Cruz Roja Internacional.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todas estas actuaciones constituir&aacute;n un revulsivo en Europa, a veces de consecuencias negativas para las Hijas de la Caridad<sup>199</sup>, hasta el punto de que, tras la fundaci&oacute;n de escuelas de enfermeras en diversos pa&iacute;ses: la India, Alemania, Italia EE.UU..., en el intervalo de 1860 a 1878, algunas personas abogaron por su instalaci&oacute;n en Espa&ntilde;a. En Francia, el debate se centr&oacute; en dilucidar qu&eacute; asistencia era preferible, si la prestada por religiosas o la efectuada por laicas<sup>200</sup>. De nuevo Monlau intervino, efectuando una defensa de la obra de las Hijas de la Caridad, pero sin apartarse de la cr&iacute;tica de sus acciones irregulares<sup>201</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En Espa&ntilde;a, la primera escuela de enfermeras, llamada de Santa Isabel de Hungr&iacute;a, data de 1896<sup>202</sup>. Parece oportuno se&ntilde;alar que esta efervescencia en cuanto a la ocupaci&oacute;n femenina de enfermer&iacute;a laica debe encuadrarse dentro un esquema general y un debate muy confuso -dif&iacute;cil de precisar aqu&iacute; por su misma complejidad y extensi&oacute;n temporal-, que desde antiguo ven&iacute;a buscando v&iacute;as de soluci&oacute;n. Las mujeres llevaban siglos intentando granjearse el respeto de los varones en cuanto a sus capacidades, parcelas de poder y, sobre todo, de conocimiento. Desde la Edad Media, e incluso antes, algunas privilegiadas -bien por su poder econ&oacute;mico, bien por su instrucci&oacute;n-, y muchas de ellas insertas en los marcos religiosos, ven&iacute;an exigiendo, de palabra o de obra, espacios distintos a aquellos en los que se las hab&iacute;a confinado; espacios donde desarrollarse intelectualmente, espacios, en fin, donde darse a s&iacute; mismas contenido como personas, con independencia de la funci&oacute;n biol&oacute;gica de la maternidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La dedicaci&oacute;n al cuidado fuera del hogar<sup>203</sup>, extensi&oacute;n de sus tareas, iba a ser una de las profesiones que los padres, tutores o maridos de la burgues&iacute;a<sup>204</sup> ver&iacute;an con menos disgusto a la hora de plantear las mujeres su inserci&oacute;n en el mundo laboral. Previamente, hubieron de ser desterrados todos los prejuicios que pend&iacute;an sobre esta ocupaci&oacute;n, que junto a la de maestra y, posteriormente, empleada en los servicios administrativos, ser&iacute;a considerada decorosa para su condici&oacute;n y en ella pod&iacute;an buscar una soluci&oacute;n a sus vidas en caso de no contraer matrimonio o bascular hacia la vida religiosa.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La necesidad de formaci&oacute;n era una exigencia para las Hijas de la Caridad, puesto que aquella fue una de las piedras angulares de sus fundadores<sup>205</sup>. De ah&iacute; que las alentara en la vigilancia, la observaci&oacute;n y el aprendizaje para la digna tarea que hab&iacute;an abrazado<sup>206</sup>. Deseaba San Vicente que sus hijas fueran las m&aacute;s cumplidas enfermeras, seg&uacute;n las exigencias de entonces. Este compromiso no pod&iacute;a caer en saco roto y la mayor&iacute;a se esforzaron por cumplir con sus obligaciones del modo m&aacute;s &oacute;ptimo posible y seg&uacute;n lo requer&iacute;an los tiempos. As&iacute;, como ya cit&eacute;, a principios del XIX se buscaron los profesores id&oacute;neos para que las hermanas aprendieran de cirujanos y boticarios competentes y destinados al real servicio. Siguiendo esta pauta de responsabilidad, cuando comenzaron a extenderse por los hospitales de provincia, no se escatimaron gastos para que se instruyeran en las citadas materias<sup>207</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La evoluci&oacute;n de la t&eacute;cnica m&eacute;dica y quir&uacute;rgica exigi&oacute; a las Hijas de la Caridad aplicaci&oacute;n en nuevos conocimientos, de ah&iacute; que muchas de las residentes en el Hospital de Carabanchel obtuvieran su t&iacute;tulo en la escuela de enfermer&iacute;a fundada por la Cruz Roja, en el &uacute;ltimo decenio del siglo XIX. Traspasado el siglo XX, concretamente en 1911, fue el prestigioso cirujano D. Mariano G&oacute;mez Ulla, quien pidi&oacute; a la superiora hermanas para la sala de operaciones. No faltaron las voluntarias a las que don Mariano adiestr&oacute; en el nuevo servicio, ense&ntilde;&aacute;ndolas no solo a cuidar del instrumental, sino tambi&eacute;n a realizar tareas de instrumentistas y ayudantes de manos. Las hermanas adquirieron tal destreza en las mismas que por parte de tan insigne doctor se recomend&oacute; se les concediera, a las tres participantes en dichas labores -Sor Josefa, Sor Amparo y Sor Timotea-, la Cruz Blanca del M&eacute;rito Militar de Segunda Clase. Lo mismo sucedi&oacute; en lo referente a otras capacidades adquiridas por las hermanas en el hospital en los distintos Servicios del mismo. Hay que tener en cuenta que el Hospital Militar de Carabanchel fue, desde 1916, pionero en la formaci&oacute;n, pues se iniciaron en &eacute;l los primeros cursos de especialidades m&eacute;dicas, con los de cirug&iacute;a, por lo que puede considerarse la c&aacute;tedra de la medicina espa&ntilde;ola, adelant&aacute;ndose en muchos a&ntilde;os a los dem&aacute;s centros similares en toda Espa&ntilde;a, en cuanto al concepto de Hospital-Escuela<sup>208</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Un poco antes, por Real Orden de 7 de mayo de 1915, se prescrib&iacute;a el programa de estudios para enfermeras, fueran religiosas o no que deb&iacute;an obtener su t&iacute;tulo mediante examen ante un tribunal<sup>209</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El 18 de mayo de 1917 el general Aguilera, ministro de la Guerra, notific&oacute; que el rey Alfonso XIII hab&iacute;a aprobado el reglamento del nuevo cuerpo de enfermeras de la Cruz Roja, con sede en el hospital de San Jos&eacute; y Santa Adela de Madrid. Para ponerlo en marcha, era necesario contar con un profesorado experto. La reina Victoria Eugenia, comprometida con el cuidado y la salud, como mostr&oacute; al recabar fondos para fundar hospitales en la Pen&iacute;nsula y Ultramar, trajo a Sor Marta, desde Francia, y a Sor Mar&iacute;a desde Gran Breta&ntilde;a, ambas Hijas de la Caridad, para que ejercieran como maestras. Del mismo modo que en los primeros a&ntilde;os de la Cruz Roja Internacional se llam&oacute; a Florence Nightingale para organizar los servicios de enfermer&iacute;a, con el expreso aliciente de que esta singular mujer se hab&iacute;a formado con las Hijas de la Caridad<sup>210</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ese mismo a&ntilde;o de 1917, con objeto de dar cumplimiento a las nuevas exigencias con respecto a la formaci&oacute;n de las personas que atend&iacute;an a los enfermos, los doctores Jim&eacute;nez Herrero y Unzaga, redactaron y donaron a la comunidad de hermanas el <i>Manual de la carrera de enfermeras para el uso de las Hijas de la Caridad espa&ntilde;olas</i>. Dotadas de todo el apoyo moral e intelectual que precisaban, en dicho a&ntilde;o, las hermanas comenzaron en Madrid los estudios de enfermer&iacute;a en el Asilo de San Nicol&aacute;s, bajo la direcci&oacute;n de Sor Justa Lostau. Una circular de 1 de noviembre de 1918 anunciaba a todas las casas, por parte de la Madre sor Josefa Bengoechea, la necesidad de que accediesen a dichos estudios<sup>211</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde entonces, y a&ntilde;o tras a&ntilde;o, no han cesado las Hijas de la Caridad de hacer sus estudios y recibir su t&iacute;tulo de enfermeras tras superar los ex&aacute;menes p&uacute;blicos<sup>212</sup>. Tal actividad redund&oacute; en beneficio especial de los enfermos, del hospital que las acog&iacute;a y de las propias hermanas debido a que pronto habr&iacute;an de ser evaluadas en relaci&oacute;n con las enfermeras seglares. Si hubiesen carecido de la titulaci&oacute;n exigida se hubiesen hallado en desventaja moral e intelectual, am&eacute;n de sufrir las cr&iacute;ticas de quienes no estimaban la necesidad de que las religiosas asistieran a los enfermos en los hospitales. A resultas de ello, el 23 de julio de 1921 Sor Josefa Bengoechea, visitadora, escribe al rey comunicando que muchas de las hermanas poseen el t&iacute;tulo que acredita su capacidad enfermera<sup>213</sup>.</font></p>      <p><font face="Verdana" size="2">La respuesta no se har&iacute;a esperar y por Real Orden de 19 de diciembre de 1921, se volvi&oacute; a insistir en la conveniencia de que las Hijas de la Caridad estuvieran presentes en todos los hospitales militares existentes<sup>214</sup>. Por otro lado, la reina Mar&iacute;a Cristina, que frecuentaba el Hospital de Carabanchel y admiraba la abnegaci&oacute;n   y cari&ntilde;o de las hermanas hacia los enfermos, les propuso efectuar los estudios de enfermer&iacute;a en el interior del mismo para beneficio de la instituci&oacute;n y de ellas mismas. Al aceptar &eacute;stas, se orden&oacute; al director Nicol&aacute;s Fern&aacute;ndez Victorio que realizase las gestiones para que las hermanas se formasen como enfermeras militares, de forma similar a como lo hac&iacute;an las de la Cruz Roja. Fruto de las mismas se estableci&oacute; en el Hospital de Carabanchel la Escuela de Enfermeras Militares para las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l, por R.O. de 22 de febrero de 1922<sup>215</sup>. La ceremonia de inauguraci&oacute;n tuvo lugar en dicho hospital y el coronel director del establecimiento e inspector de la escuela don Venancio Plaza expuso ante SM la Reina Mar&iacute;a Cristina, que presid&iacute;a el acto, el itinerario seguido hasta aquel momento culminante<sup>216</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se inici&oacute; el primer curso en el que solo participaron las hermanas del Hospital Militar de Carabanchel. Posteriormente, la matricula se abri&oacute; a las hermanas del resto de hospitales militares e incluso no militares, hasta 1936 que fue el &uacute;ltimo a&ntilde;o en que se matricularon, bajo las disposiciones de un reglamento que fijaba los pormenores de la citada formaci&oacute;n, avalada por una certificaci&oacute;n expedida a nombre de la persona que obtuviera la calificaci&oacute;n requerida<sup>217</sup>. Al finalizar se entregaba a las diplomadas un brazalete con la insignia de Sanidad que deb&iacute;an portar sobre su brazo derecho cuando estuvieran de servicio, as&iacute; como el reglamento donde se establec&iacute;an minuciosamente las tareas de su competencia, sus derechos y obligaciones con respecto a la instituci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los primeros ex&aacute;menes tuvieron lugar en junio del a&ntilde;o 1922, obteniendo su t&iacute;tulo 22 Hijas de la Caridad<sup>218</sup>, de las que algunas ya se hallaban en posesi&oacute;n del t&iacute;tulo de enfermer&iacute;a por la Facultad de Medicina de San Carlos. El acto de imposici&oacute;n, realizado el 26 de junio, celebrado con toda solemnidad en presencia de la reina Mar&iacute;a Cristina, el director del Hospital y varios generales, lo llevar&iacute;a a cabo la propia reina para mostrar su satisfacci&oacute;n y especial aprecio a las hermanas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pronto se vio la necesidad de extender los estudios a la zona africana para que las Hijas de la Caridad no hubieran de desplazarse a la Pen&iacute;nsula, perjudicando sus actividades. Se acord&oacute; que todos los centros deb&iacute;an seguir el mismo reglamento, aprobado el 24 de junio de 1922. Consecuente con ello, en la primavera del a&ntilde;o siguiente la reina Victoria impon&iacute;a en el Hospital Militar de Carabanchel las insignias a otras 27 Hijas de la Caridad, mientras en Melilla obten&iacute;an su t&iacute;tulo nada menos que 62 hermanas, sin contar las de Tetu&aacute;n y Larache.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El ritmo de los tiempos fue imponiendo cambios y adaptaciones en todos los campos y la medicina no era el m&aacute;s rezagado. La multiplicaci&oacute;n de las especialidades m&eacute;dicas oblig&oacute; a las hermanas a abrazar nuevos conocimientos. En el Hospital de Carabanchel, los jefes de los respectivos servicios se encargaron de su formaci&oacute;n, ense&ntilde;&aacute;ndoles las diferentes t&eacute;cnicas que se iban implantando. Llegaron a alcanzar tal grado de pericia que la mayor&iacute;a de ellas se hicieron imprescindibles en los diferentes equipos<sup>219</sup>. Y si los m&eacute;dicos eran los primeros interesados en contar con personal cualificado que hiciese su labor m&aacute;s c&oacute;moda y exitosa, no ten&iacute;an ellas menor esp&iacute;ritu en aprender, ni las hermanas sirvientes en alentarlas a ello. Como ya he indicado, repetidamente, el esp&iacute;ritu de San Vicente y Santa Luisa planeaba sobre la acuciante necesidad de competencia para la ejecuci&oacute;n de su labor de servicio<sup>220</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un paso m&aacute;s adelante se dar&aacute; en 1930, cuando el ministro de la Guerra aconseje a las hermanas que, con independencia de hallarse en posesi&oacute;n del t&iacute;tulo de enfermeras militares, deb&iacute;an presentarse a examen en las distintas facultades de medicina para obtener el t&iacute;tulo oficial de enfermeras del Estado. Obedientes y responsables, como siempre, as&iacute; lo hicieron el 28 de septiembre de 1932, quedando de esta forma autorizadas para ejercer la profesi&oacute;n de enfermer&iacute;a en todos los establecimientos p&uacute;blicos, seg&uacute;n estipulaba la Real Orden de 7 de mayo de 1915 y Orden de 1931. A&uacute;n puede indicarse que pose&iacute;an mayor preparaci&oacute;n acad&eacute;mica por la ampliaci&oacute;n de estudios de que eran acreedoras<sup>221</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Su formaci&oacute;n ha sido continua y la renovaci&oacute;n de la misma ha ido siempre en aumento con la adicci&oacute;n de las nuevas t&eacute;cnicas e investigaciones. De ah&iacute; que, en 1936, la tercera edici&oacute;n del manual de la carrera de enfermeras para uso de las Hijas de la Caridad, abarcase ya dos voluminosos tomos. El primero con 636 p&aacute;ginas y el segundo con 447. En el pr&oacute;logo se recogen aquellas antiguas y siempre frescas ideas de los fundadores que hablaban de la necesidad de ilustraci&oacute;n para mejor servir<sup>222</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero, si este era el caminar trazado para las Hijas de la Caridad: formaci&oacute;n, entrega, abnegaci&oacute;n, piedad..., en un momento dado, todo se fue al traste. Como sucedi&oacute; al resto de espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas, el ritmo normal de los acontecimientos y de la vida iba a ser sorprendido por la guerra civil. Ya el sobrino de don Mariano G&oacute;mez Ulla, autor de su biograf&iacute;a, dejar&iacute;a muestra del ambiente de intranquilidad que se viv&iacute;a en los proleg&oacute;menos de la guerra, merced a las palabras de su t&iacute;o; y entre otras cosas, las divisiones ideol&oacute;gicas que comenzaron a manifestarse entre el propio personal del hospital y la preocupaci&oacute;n del director por las voces de secularizaci&oacute;n<sup>223</sup> respecto a las religiosas, de todo punto imprescindibles para el buen funcionamiento hospitalario<sup>224</sup> y para otras muchas que as&iacute; lo consideraban, como Jos&eacute; Mar&iacute;a Pem&aacute;n que les dedic&oacute; un hermoso Romance, en mayo de 1936<sup>225</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La crudeza de las jornadas vividas en el hospital hasta su completo desalojo, as&iacute; como las angustiosas experiencias de cada una de ellas, ha sido conservada v&iacute;vidamente en la memoria de las hermanas y trasladada de forma oral de manera que constituye un valioso testimonio de tan fat&iacute;dicos d&iacute;as. La mayor&iacute;a de estos recuerdos hablan de los abusos, desamparo y vejaciones que hubieron de sufrir; el miedo que sintieron por su vida y la situaci&oacute;n de clandestinidad en que tuvieron que permanecer. Adem&aacute;s, para su desgracia, contaban con una gran dificultad a&ntilde;adida: la que provocaba el hecho de que hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;an abandonado el mundo y este se les hac&iacute;a demasiado grande y desconocido. Su vocaci&oacute;n interior y su dedicaci&oacute;n a los problemas de los "internos", las hab&iacute;a aislado de aquella otra realidad de "afuera", de manera que desconoc&iacute;an el modo en que hab&iacute;an de ser vistas y, por tanto, c&oacute;mo presentarse a ojos de quienes las contemplaran<sup>226</sup>. Unos ojos llenos, en demasiados casos, de odios y resentimientos incomprensibles por parte de hombres y mujeres y, en otros, de una extra&ntilde;a intemperancia desatada entre ciertos varones que, en &eacute;poca de guerra, dejan libres sus peores y m&aacute;s primarios instintos sobre el cuerpo de las mujeres consideradas "del enemigo".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Prueba de lo que vengo indicando son las palabras de don Mariano G&oacute;mez Ulla, recogidas en un diario, con las que relat&oacute; los sucesos m&aacute;s importantes de las primeras jornadas de la guerra civil; aquel enfrentamiento entre espa&ntilde;oles debida a la sinraz&oacute;n de los desencuentros y la falta de respeto por las ideas y la libertad, base de la convivencia civilizada y democr&aacute;tica. En dicho diario pueden hallarse testimonios referidos a la suerte de los heridos sacados de las dependencias hospitalarias para ser fusilados y de las Hijas de la Caridad<sup>227</sup>; sucesos que tuvieron lugar durante los primeros meses de la guerra pues, en noviembre de 1936, se recuperaba el hospital por los sublevados. El ej&eacute;rcito republicano evacu&oacute; a los heridos al Hotel Palace, que fue habilitado para hospital<sup>228</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El Real Noviciado y el resto de las instituciones donde se hallaban las hermanas ejerciendo su ministerio fue igualmente objeto de vandalismo y saqueo en estos oscuros d&iacute;as. La preocupaci&oacute;n mayor de los superiores fue, l&oacute;gicamente, d&oacute;nde alojar y qu&eacute; hacer con el gran n&uacute;mero de religiosas que, de repente, se ve&iacute;an arrojadas a la calle, sin destino, sin protecci&oacute;n y sin aparente futuro o con un futuro en el que ni siquiera se atrev&iacute;an a pensar<sup>229</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Muchas de las hermanas pasaron a formar parte de los Hospitales de Sangre que se constituyeron seg&uacute;n avanzaba el conflicto sobre las l&iacute;neas republicanas<sup>230</sup>. Como en otras ocasiones se han recogido multitud de testimonios de agradecimiento por parte de los enfermos y heridos atendidos en los citados hospitales, de entre los cuales, es dif&iacute;cil efectuar una selecci&oacute;n dado que, como indica Vargas, todos los hospitales contaban con su particular epistolario, en su mayor parte desaparecido pues las hermanas, en su humildad, no consideraban que tan personales misivas pudieran constituir alg&uacute;n d&iacute;a fuente de inter&eacute;s para la investigaci&oacute;n. Entre las numerosas cartas conservadas no solo las hay de espa&ntilde;oles, sino tambi&eacute;n de italianos, portugueses, alemanes y algunos marroqu&iacute;es<sup>231</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Finalizada la guerra, en el mes de noviembre de 1939, las hermanas, desperdigadas aqu&iacute; y all&aacute;, volvieron a su casa en el Hospital de Carabanchel. Ninguna de ellas muri&oacute; a consecuencia de la conflagraci&oacute;n. Las &uacute;nicas bajas existentes lo fueron por muerte natural. Por supuesto, seguir&iacute;an la consigna dada a las Hermanas en 1939 por Sor Justa Dom&iacute;nguez, superiora provincial: <i>"Tenemos que perdonar y ense&ntilde;ar a perdonar, y tambi&eacute;n ayudar a los ni&ntilde;os a crecer sin odio ni resentimiento"</i><sup>232</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El hospital se hallaba en ruinas y mientras se proced&iacute;a a su remodelaci&oacute;n se habilit&oacute; un edificio en Vista Alegre. Pero pronto el ritmo acostumbrado se recuper&oacute; y el hospital fue alcanzando cada vez mayor protagonismo, especialmente al ser nombrado, en 1944, Hospital Militar Central. Dispon&iacute;a en aquella fecha de 2.333 camas; 910 en Vista Alegre, donde se atend&iacute;an, especialmente, los enfermos quir&uacute;rgicos y 1423 en Carabanchel, en donde se cuidaban las enfermedades m&eacute;dicas e infecciosas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A partir de 1941, en el cuidado a los hospitalizados, las Hijas de la Caridad iban a contar con la ayuda de las j&oacute;venes procedentes del Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar, creado por Orden de 31 de julio de 1941<sup>233</sup>. Dichas j&oacute;venes fueron el resultado de la colaboraci&oacute;n entre las hermanas y las voluntarias que atendieron a enfermos y heridos en los campos de batalla y en los Hospitales de Sangre. Era un cuerpo altruista y solo recib&iacute;a remuneraci&oacute;n en tiempo de guerra, movilizaci&oacute;n o en pr&aacute;cticas militares<sup>234</sup>. En el plano m&aacute;s espiritual, y tambi&eacute;n bajo la supervisi&oacute;n de las hermanas, cobraron en estos a&ntilde;os mucha importancia las Asociaciones de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, Hijas de Mar&iacute;a y Uni&oacute;n de Enfermos Misioneros. Merced a estas asociaciones se preparaba en las diferentes cl&iacute;nicas a quienes no hab&iacute;an recibido la comuni&oacute;n y se ense&ntilde;aba a los analfabetos, que eran much&iacute;simos en aquellos tiempos. Del mismo modo se organizaban fiestas y actuaciones para alegrar a los hospitalizados en fechas se&ntilde;aladas, tales como la festividad de Reyes, en que nunca faltaron los tres magos y los regalos para los pacientes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con las hijas de Mar&iacute;a se redescubrieron en el Hospital las ra&iacute;ces del instituto de San Vicente al atenderse enfermos pobres a domicilio en compa&ntilde;&iacute;a de las hermanas<sup>235</sup>. Mientras ellas atend&iacute;an la enfermedad, las hijas de Mar&iacute;a limpiaban la casa y lavaban la ropa. Muchos actos ben&eacute;ficos, asistenciales y misionales ronronean en la memoria de quienes fueron testigos de esta etapa hist&oacute;rica llena de efervescencia juvenil y fervor religioso impulsado por la pastoral ejercida por las hermanas sobre sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de fatigas y sobre los enfermos. Dentro de este paroxismo religioso es preciso citar el aumento de vocaciones y, por tanto, el incremento de mujeres que quer&iacute;an convertirse en Hijas de la Caridad. A&uacute;n hoy muchas de las hermanas que vivieron esos a&ntilde;os los recuerdan con cari&ntilde;o y los guardan en un especial rinc&oacute;n en sus corazones y en sus memorias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El siglo XX avanzaba y los a&ntilde;os iban trayendo nuevas expectativas y tambi&eacute;n mayores apremios para las personas dedicadas al cuidado. Y no en lo referido a su convicci&oacute;n personal y entrega, nunca cuestionada, sino en cuanto a la especializaci&oacute;n y exigencia acad&eacute;mica, debido a que se hab&iacute;an introducido profund&iacute;sima innovaciones en el campo de la salud. Algunos m&eacute;dicos y profesores se anticiparon a estas necesidades e incluso llegaron a apuntar lo interesante que podr&iacute;a llegar a ser que las hermanas adquiriesen formaci&oacute;n en escuelas m&aacute;s avanzadas de otros pa&iacute;ses. Siguiendo tales premisas, algunas de ellas tuvieron acceso a dicha instrucci&oacute;n y, posteriormente, fueron fuente en la que beber&iacute;an numerosas Hijas de la Caridad. Una de ellas, concretamente, ejercer&iacute;a luego funciones de secretaria de estudios en la Escuela de enfermeras de Carabanchel<sup>236</sup>, ubicada en la conocida como "Quinta de Buenos Aires", donada, en 1891, por D<sup>a</sup> Josefa Garc&iacute;a, viuda de N&aacute;jera, a las Hijas de la Caridad para la atenci&oacute;n y cuidado de ni&ntilde;os p&aacute;rvulos y en la que, como ya indiqu&eacute;, se hab&iacute;an impartido clases de enfermer&iacute;a en el per&iacute;odo anterior a 1936, momento en que las hermanas fueron arrojadas violentamente de ella, como del resto de sus instituciones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">All&iacute;, se organizaron pues los estudios m&aacute;s modernos que el Real Decreto de 4 de diciembre de 1953<sup>237</sup> hac&iacute;a extensivos a todo el territorio nacional, y que unificaba los de Matronas, Practicantes y enfermeras en una sola carrera: la de Ayudante T&eacute;cnico Sanitario, titulaci&oacute;n m&aacute;s conocida por sus siglas, ATS. Desde ese momento los estudios del cuidado pose&iacute;an un mayor nivel, el de grado medio, no solo por su intr&iacute;nseca duraci&oacute;n: tres a&ntilde;os, sino porque se requer&iacute;a mayor preparaci&oacute;n para poder abordarlos. Tambi&eacute;n se estableci&oacute; que las diferentes escuelas quedaban vinculadas a las Facultades de Medicina respectivas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La escuela de ATS de N&aacute;jera ten&iacute;a capacidad para 180 alumnas (exclusivamente Hijas de la Caridad o aspirantes), que realizaban sus pr&aacute;cticas en el Hospital de Carabanchel<sup>238</sup>. La comunidad que dirig&iacute;a la escuela estaba formada por ocho hermanas: la superiora, la directora, tres profesoras y tres profesoras-tutoras. Su grado de preparaci&oacute;n era elevado y lo acredita el que la directora fuera m&eacute;dica y las tres profesoras hubiesen obtenido el t&iacute;tulo de doctoras en medicina<sup>239</sup>. Precisamente all&iacute; se formar&iacute;an las numeros&iacute;simas hermanas que fueron ocupando puestos de responsabilidad en las distintas provincias espa&ntilde;olas. La escuela dur&oacute; aproximadamente 25 a&ntilde;os y hubo de cerrarse cuando result&oacute; inviable econ&oacute;micamente por falta de vocaciones, a pesar del apoyo que por parte del Hospital se recibi&oacute;, ya que hab&iacute;a mucho inter&eacute;s en que los estudios continuaran. El 6 de agosto de 1966, la escuela fue trasladada a la calle Garc&iacute;a de Paredes de Madrid, donde ocup&oacute; los locales "Luisa de Marillac"<sup>240</sup>. Las Hijas de la Caridad siguieron form&aacute;ndose en un Hospital Militar de Madrid, pues se efectuar&aacute; un nuevo convenio de colaboraci&oacute;n entre la Universidad Complutense de Madrid y el conocido como Hospital del Aire<sup>241</sup>. Sin embargo, la vocaci&oacute;n formadora del hospital de Carabanchel no se acab&oacute; con este cierre, sino que continu&oacute; con la creaci&oacute;n de la Escuela de Aplicaci&oacute;n de Sanidad Militar, durante siete a&ntilde;os<sup>242</sup>. Estos cursos y otros similares, fueron realizados por algunas hermanas, merced a los cuales pasaron a ocupar puestos de supervisoras, monitoras y directoras de enfermer&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un nuevo salto en la profesionalizaci&oacute;n general de los estudios del cuidado se efectu&oacute; en 1977 y conducir&aacute; al reconocimiento cient&iacute;fico y acad&eacute;mico de la enfermer&iacute;a, bajo la denominaci&oacute;n de Diplomatura Universitaria en Enfermer&iacute;a. La mayor&iacute;a de las hermanas se aprestaron a homologar su t&iacute;tulo que, como siempre desarrollar&iacute;an, con gran ilusi&oacute;n, entre las nov&iacute;simas paredes que iban a acogerlas. Esto fue as&iacute; porque, en 1970, ante el deterioro en que se hallaban los viejos pabellones y la fuerza con que las nuevas t&eacute;cnicas m&eacute;dicas y quir&uacute;rgicas exig&iacute;an espacios m&aacute;s acordes con ellas, se redact&oacute; el anteproyecto de lo que hoy es el Hospital Central de la Defensa "G&oacute;mez Ulla". Las obras comenzaron en 1972 y, en 1979, se iniciar&iacute;a el traslado de los servicios del viejo al nuevo hospital. En 1982 estaba toda la hospitalizaci&oacute;n, quir&oacute;fanos, cuidados intensivos y exploraciones funcionales en la torre, nuevamente, distintivo del ahora barrio de Carabanchel<sup>243</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En 1963 hab&iacute;a en el Hospital Militar de Carabanchel una plantilla de 91 hermanas, que llegaron a alcanzar algunos a&ntilde;os el n&uacute;mero de 96. En 1988 quedaban 56, de las cuales solo 34 estaban en activo. La carencia de vocaciones hubo de resolverse con la contrataci&oacute;n de enfermeras y auxiliares de cl&iacute;nica civiles que, como sucede en la actualidad, eran mujeres con una sensibilidad y calidad moral extraordinaria, como requiere la entrega al cuidado de los enfermos, pero cuyas responsabilidades, conclu&iacute;an, obviamente, con la finalizaci&oacute;n de su horario laboral. Las Hijas de la Caridad han trabajo sin horario, doblando turnos, haciendo guardias de noche y despu&eacute;s incorpor&aacute;ndose a sus respectivos servicios sin apenas descansar e incluso sin comer, cuando la situaci&oacute;n lo requer&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En 1996 el Hospital contaba con 45 hermanas, 26 de ellas en activo. Las Hijas de la Caridad se enfrentaban a un nuevo reto, su reducido n&uacute;mero las hac&iacute;a quiz&aacute;s m&aacute;s vulnerables frente al colectivo de enfermer&iacute;a, cada vez m&aacute;s numeroso para atender las 1200 camas del Hospital, habida cuenta de que seg&uacute;n los reglamentos el personal deb&iacute;a obedecer sus &oacute;rdenes<sup>244</sup>. Tal reto fue resuelto frente a este problema con facilidad al adaptarse, como siempre lo hab&iacute;an hecho, a los nuevos tiempos, guiadas por las sabias palabras de la que fue madre general de la Compa&ntilde;&iacute;a, Sor Susana Guillemin<sup>245</sup>. Tambi&eacute;n les dio una consigna ante la edad de la mayor&iacute;a de ellas, pues para las Hijas de la Caridad la jubilaci&oacute;n no deb&iacute;a existir y su tarea estaba m&aacute;s all&aacute; de los a&ntilde;os<sup>246</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para cerrar este trabajo he conversado con las hermanas quienes me han aclarado algunas dudas y me han hecho part&iacute;cipe de sus logros, recuerdos e inquietudes. En la actualidad trabajan en el Hospital Central de la Defensa "G&oacute;mez Ulla", con la entrega que las caracteriza, &uacute;nicamente siete de las 19 Hijas de la Caridad que viven en la Casa de la Comunidad. A&ntilde;oran los tiempos en que su n&uacute;mero era mayor y pod&iacute;an prestar las fuerzas de su vocaci&oacute;n a los enfermos. Unas fuerzas que se han dirigido hacia otros frentes diferentes a los que ocupamos los miembros privilegiados de esta sociedad global. Se prodigan en la actualidad, seg&uacute;n los deseos de sus fundadores, entre los m&aacute;s pobres entre los pobres, los abandonados en las calles y los enfermos de ese tercer mundo que llama cada d&iacute;a con m&aacute;s fuerza a nuestras puertas aturdi&eacute;ndonos con su necesidad y la urgencia vital de su penuria.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es dif&iacute;cil resumir una historia tan densa y profunda en estos escasos folios. Es arduo intentar dar una visi&oacute;n acoplada a la realidad por medio de las palabras. Los sentimientos y la humanidad derramada a raudales deja sin palabras a cualquiera que se adentre en los entresijos de esta historia de mujeres anidada en el coraz&oacute;n del gran libro de la Historia; mujeres dedicadas al cuidado de sus semejantes exclusivamente por amor a un ideal. Probablemente haya quienes piensen que exagero, que tambi&eacute;n ha habido malas experiencias... Puede ser, ¿qu&eacute; colectivo puede presumir de absoluta pureza? Pero, esta obra no ha de medirse por una experiencia, ni tan siquiera por unas cuantas, sino por un conjunto de ellas que abarca m&aacute;s de 350 a&ntilde;os de renuncias personales y entrega a remediar los males del mundo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En un principio eran mujeres humildes e incultas, con el paso del tiempo lo fueron de toda condici&oacute;n, unidas en la tarea de servir y con el prop&oacute;sito de hacerlo en las mejores condiciones posibles por lo que, tambi&eacute;n, desde el inicio, se preocuparon en formarse en la medida que los tiempos lo iban requiriendo. As&iacute;, cuando la mayor&iacute;a de las mujeres y los hombres eran analfabetos, ellas aprendieron a leer y a escribir y se ilustraron en el manejo de las artes en que iban a desenvolverse. Andando el tiempo fueron acreditando conocimientos y formaci&oacute;n acad&eacute;mica al ritmo de las exigencias de su oficio.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin obtener beneficio material, sin remuneraci&oacute;n, seg&uacute;n los c&oacute;digos seculares, las Hijas de la Caridad han realizado su labor de cuidado de la vida; una labor inscrita en la tradicional entrega generosa del amor con que las mujeres velan desde siempre por los seres humanos. Un cuidado que ha pasado desapercibido, silenciado, enajenado de prestigio. Hasta hace muy poco -y solo en una porci&oacute;n diminuta del mundo-, no ha sido tenido en cuenta por el sistema de valores imperante. Un sistema que ningunea el valor de lo afectivo -imposible de ser medido-, depositado en manos de las mujeres, sin el que los seres humanos no podr&iacute;amos desarrollarnos ni vivir como tales, en aras de prestigiar lo que no lo es: lo racional y cuantificable.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">San Vicente de Pa&uacute;l y Santa Luisa de Marillac mostraron al mundo que las mujeres eran capaces de entregar ese afecto nutridor de vida y, tambi&eacute;n, de hacer muchas otras cosas como tomar decisiones, enfrentarse a graves problemas y adversidades y resolverlas, exponerse a la furia de los hombres y salir airosas. Con lo &uacute;nico que no pudieron fue con la perversidad y la ira desatada de las masas que eligen, a ciegas, una y otra vez a lo largo de la Historia, chivos expiatorios y casi siempre inocentes en quienes vengar sus desgracias y evacuar sus frustraciones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al lado de estas mujeres caminaron otras muchas que sin llegar a la entrega de s&iacute; mismas de forma total y absoluta, lo hicieron de una parte de ellas y de sus recursos para que fuera posible la tarea de las Hijas de la Caridad. Aquellas damas, sensibilizadas con la crudeza de los tiempos y las situaciones, se preocuparon, dentro de los esquemas mentales de su &eacute;poca, por procurar remedios a los necesitados.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las primeras hermanas llegaron a Espa&ntilde;a vistiendo el h&aacute;bito gris ceniciento y la toca blanca de alas ca&iacute;das. Tras la revoluci&oacute;n, en Francia, dicho h&aacute;bito pas&oacute; a ser negro, hasta que en 1835 se aprob&oacute; otro de color azulado. Las Hijas de la Caridad espa&ntilde;olas adoptaron el vestido negro en el primer tercio del siglo XIX, y siguieron utiliz&aacute;ndolo con el benepl&aacute;cito del superior general padre Nozo. Adem&aacute;s, desde 1850, comenzaron a llevar sobre sus cabezas la toca almidonada, al modo en que lo usaban ya desde hac&iacute;a tiempo sus hermanas francesas<sup>247</sup> y que no abandonaron hasta 1964. Es esta toca el distintivo de su pasar humilde y silente. Toca que rellenaba los espacios de dolor de las salas donde se agrupaban los enfermos y heridos y que permanec&iacute;an fijadas en la retina de quienes las contemplaron y, a&uacute;n hoy, en quienes hemos visto sus im&aacute;genes, una y otra vez, aqu&iacute; y all&aacute;. Unas im&aacute;genes que nos conducen, inevitablemente, a aquellas otras de palomas blancas afanadas en su continuo zureo. La &uacute;nica diferencia es que el arrullo de las Hijas de la Caridad ha consistido en repartir cari&ntilde;o, consuelo para la angustia y la soledad, alivio para el sufrimiento f&iacute;sico y moral. Como indica Francisca Hern&aacute;ndez, <i>"con sus tocas blancas han sido presencia y s&iacute;mbolo de la caridad de la Iglesia en el mundo Sanitario"</i><sup>248</sup>.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Agradecimientos</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Quiero expresar mi profundo agradecimiento a Sor &Aacute;gueda, Hermana Sirviente de las Hijas de la Caridad en el Hospital Central de la Defensa, que me abri&oacute; el camino, y a Sor &Aacute;ngeles Infante, que con tanto cari&ntilde;o ha organizado el Archivo de la Casa Provincial de Madrid y me proporcion&oacute; todo el material de que dispon&iacute;a. Tambi&eacute;n a las hermanas de ambas Casas que se han desvivido para que esta labor adquiriese realidad.</font></p>     <p>&nbsp;</p><hr align="left" width="30%" size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>1</sup> Esta  deficiencia es debida, a mi entender a dos cuestiones fundamentalmente, una end&oacute;gena y otra ex&oacute;gena. La primera responde al hecho de que las mujeres de la mayor&iacute;a de las &oacute;rdenes religiosas femeninas quedaron atrapadas en los muros de los conventos y en la vida contemplativa y, la segunda, debido al escaso inter&eacute;s que ha generado el colectivo para quienes constru&iacute;an la Historia hasta hace relativamente poco tiempo, concretamente, hasta que se abrieron las nuevas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n de la historia de las mujeres desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo pasado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>2</sup> "Las enfermedades, por lo menos las internas, fueron consideradas durante mucho tiempo por los egipcios como obra de los agentes sobrenaturales, 'un dios o una diosa, una muerto o una muerta, un enemigo o una enemiga', agentes que hab&iacute;an conseguido introducirse en el interior de un ser humano, convertido as&iacute; en un pose&iacute;do, en el m&aacute;s literal de los sentidos, ¿c&oacute;mo expulsarlo sino era a su vez por procedimientos a su vez sobrenaturales, cuya pr&aacute;ctica estaba reservada a magos y hechiceros? Estos conoc&iacute;an f&oacute;rmulas capaces de apartar toda clase de mal". LEFEBVRE, G., y PORCE, J. F., "La medicina egipcia ",<i> La ciencia antigua y medieval. De los or&iacute;genes a 1450</i>. Vol. I, dir. Ren&eacute; Taton, Ediciones Destino, Barcelona, 1985, p. 65.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"...se enumeran numerosos remedios confeccionados a partir de sustancias vegetales, animales y minerales,...nuestro m&eacute;dico sumerio no recurre ni a las f&oacute;rmulas m&aacute;gicas ni a los hechizos. No menciona a ning&uacute;n dios ni a ning&uacute;n demonio en el texto. Ello no quiere significar, sin embargo, que el empleo de sortilegios o de exorcismos para curar a los enfermos fuese desconocido en Sumer en el tercer milenio a. J. C. muy al contrario, semejantes pr&aacute;cticas eran de uso corriente, como se desprende del contenido de unas setenta tablillas peque&ntilde;as cubiertas de encantamientos... Como hicieron los babilonios m&aacute;s tarde, los sumerios atribu&iacute;an la existencia de enfermedades a la presencia de demonios muy mal intencionados, que se hab&iacute;an metido dentro del cuerpo de los enfermos". NOAH KRAMER, Samuel,<i> La Historia empieza en Sumer</i>, Biblioteca de la Historia Ediciones Orbis, Barcelona, 1985, p. 87-90.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Dios ha hecho nacer de la tierra los medicamentos, / y el hombre inteligente no los desprecia... / Hijo m&iacute;o, si est&aacute;s enfermo, no te irrites, / sino reza a Dios, porque &Eacute;l es el que cura. / Renuncia al mal y a la iniquidad, / y purifica tu coraz&oacute;n de todo pecado...". Eclesiast&eacute;s (XXXIII, 1-15).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>3</sup> QUEROL, M<sup>a</sup> &Aacute;ngeles, <i>De los primeros seres humanos</i>, Ed. S&iacute;ntesis, Madrid, 1991, pp. 159.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>4</sup> Ib&iacute;dem, p. 161.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>5</sup> Los yacimientos de Atapuerca muestran que los ancestros de los neandertales que viv&iacute;an hace medio mill&oacute;n de a&ntilde;os en la sierra de Atapuerca ya cuidaban a los discapacitados: "Ten&iacute;a una rara enfermedad llamada craniosinostosis en la que las suturas entre algunos huesos del cr&aacute;neo se fusionan de manera prematura. En su caso, se cerr&oacute; prematuramente la sutura entre el parietal y el occipital en el lado izquierdo de la cabeza. La parte interior de su cr&aacute;neo presenta tambi&eacute;n una asimetr&iacute;a marcada, lo que indica que probablemente sufr&iacute;a retraso mental. En la cavidad del ojo se ha detectado una anomal&iacute;a llamada cribra orbitalia que indica que sufr&iacute;a alguna enfermedad de la sangre... Pese a su fealdad, su mala salud y su probable retraso mental, el volumen de su cerebro era de 1.200 cm<sup>3</sup> -aproximadamente igual al de un adulto actual-, lo que indica que cuando muri&oacute; ya no era una ni&ntilde;a peque&ntilde;a". Declaraciones de Ana Gracia, paleoantrop&oacute;loga de la UCM y primera autora de la investigaci&oacute;n que recogi&oacute; Jos&eacute; Corbella en  <i>La Vanguardia</i> el 31 de marzo de 2009.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>6</sup> Estamos habituados a o&iacute;r y leer ciertos comentarios absurdos referidos a la etapa de <i>los Sapiens</i>: "La mujer en esta &eacute;poca no era 'demasiado buena ama de casa', pues restos de todas clases est&aacute;n esparcidos por doquier" (se refiere el autor al interior del h&aacute;bitat). NOUGIER, Louis-Ren&eacute;, "Prehistoria y Antig&uuml;edad",<i> Historia Mundial de la mujer</i>, dir. Pi&egrave;rre Grimal, Grijalbo, Barcelona, 1973, p. 35.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>7</sup> Hay quienes creen que el detonante fue la caza, durante el paleol&iacute;tico, como ha se&ntilde;alado el antrop&oacute;logo Jolly: "la introducci&oacute;n de la caza produjo en un momento dado algunos cambios (recordemos que en la actualidad se admite casi un&aacute;nimemente un per&iacute;odo larg&iacute;simo en la que el hombre ser&iacute;a recolector oportunista de los m&aacute;s diversos tipos de alimentos, y las prote&iacute;nas provendr&iacute;an de peque&ntilde;os animales o bien del carro&ntilde;eo). Ahora, hembras y machos j&oacute;venes podr&iacute;an realizar la recolecci&oacute;n mientras que los machos adultos se especializar&iacute;an en la caza de grandes mam&iacute;feros. Aqu&iacute; sit&uacute;a este investigador la aparici&oacute;n del proceso de redistribuci&oacute;n de alimentos (vegetales y prote&iacute;nas), especializaci&oacute;n de instrumentos, cooperaci&oacute;n econ&oacute;mica y posiblemente la organizaci&oacute;n de lo que ahora llamamos sistemas de parentesco... El reparto de las tareas por sexo se producir&iacute;a en primer lugar en el seno de familias matric&eacute;ntricas ampliadas. Los esfuerzos de los machos en la caza sirvieron de lazo entre esas unidades que se reforzar&iacute;an por el intercambio de parejas sexuales. Lo que no sabemos es cuando se produjeron todas estas interacciones". KAY MARTIN, M. y VOORHIES, B&aacute;rbara, <i>La mujer: Un enfoque antropol&oacute;gico</i>, Anagrama, Barcelona, 1978, pp. 159-173.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Otras investigaciones ponen de relieve que los conflictos que se establecieron en el neol&iacute;tico pudieron desarrollar una casta guerrera que condujese a la divisi&oacute;n sexual de las tareas. De ah&iacute; que no se hayan encontrado esqueletos de mujeres muertas por flechas y s&iacute; los de muchos hombres. BADINTER, Elisabeth, <i>L'un est l'autre</i>, Odile Jacob, 1986, p. 92.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Esta &uacute;ltima idea pudiera ser la m&aacute;s acertadas de considerarse que la actividad alimentaria m&aacute;s importante durante el paleol&iacute;tico no fue la caza, sino el carro&ntilde;eo y la recolecci&oacute;n. GARRIDO GONZ&Aacute;LEZ, Elisa, "una igualdad inicial" en <i>Historia de las mujeres en Espa&ntilde;a</i>, Editorial S&iacute;ntesis, Madrid, 1997, p. 27.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>8</sup> "Con raz&oacute;n, como he dicho, la Naturaleza ha destinado el trabajo de la mujer para el cuidado dom&eacute;stico, y el del marido para los ejercicios forenses y para los exteriores". COLUMELA, <i>De re rustica</i> (XII, Pref.), citado por CARRILLERO MILL&Aacute;N, A. Manuel, "El trabajo de las mujeres en las unidades dom&eacute;sticas campesinas del sureste peninsular durante el Alto Imperio romano", <i>Mujeres y Arqueolog&iacute;a. Nuevas aportaciones desde el materialismo hist&oacute;rico. Homenaje al prof. Manuel Carrillero Mill&aacute;n</i>, Junta de Andaluc&iacute;a, Granada, 2008, p. 212.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>9</sup> "Hist&oacute;ricamente las mujeres se han encargado de las relaciones de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de la vida humana: ellas crean y mantienen la relaci&oacute;n. Sin embargo el valor de esta obra ha sido minimizado por el patriarcado, que la ha ignorado. Por ello no se ha recogido por escrito y, cuando se ha recogido, la ret&oacute;rica del discurso se ha encargado de borrar las huellas de la originalidad de hacer de las mujeres". CABALLERO NAVAS, Carmen, "Magia: experiencia femenina y pr&aacute;ctica de la relaci&oacute;n", <i>De dos en dos. Las pr&aacute;cticas de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de la vida y la convivencia humana</i>, Horas y horas, Madrid, 2000, p. 37.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>10</sup> "Pero la mayor&iacute;a de los enfermos eran atendidos en sus casas, siendo las mujeres las que los cuidaban, asumiendo as&iacute; el papel de enfermeras... Para preservar a la familia de males, las mujeres deb&iacute;an convertirse en cuidadoras... debieron de aprender a satisfacer lo que hoy llamamos necesidades b&aacute;sicas y transmitir a sus hijas los mismos conocimientos que ellas hab&iacute;an adquirido de sus madres para que llevasen a cabo el mismo cometido...". SANTO TOM&Aacute;S P&Eacute;REZ, Magdalena, "Analizar el pasado para proyectarse hacia el futuro", <i>Hiades. Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a</i>, n<sup>o</sup> 7, septiembre, 2000, p. 102. Ferragud ha utilizado documentos de aplicaci&oacute;n para poner de manifiesto la gran cantidad de remedios caseros que utilizaban las mujeres para cuidar las enfermedades de sus familiares: "Una mujer de un campesino pod&iacute;a disponer de una gama suficientes y variados recursos como para asistir a aquellos que con ella conviv&iacute;an". FERRAGUD DOMINGO, Carmel, "La atenci&oacute;n m&eacute;dica dom&eacute;stica practicada por mujeres en la Valencia bajomedieval", <i>Dynamis</i>, 2007, 27, p. 147.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"La atenci&oacute;n en los partos y el cuidado de las enfermedades de todo tipo eran conocimientos tradicionales que las mujeres pose&iacute;an y que se transmit&iacute;an de madres a hijas... Estos conocimientos m&eacute;dicos, aunque no reconocidos como medicina, eran saberes emp&iacute;ricos que solo pose&iacute;an las mujeres y entre ellas compart&iacute;an. En algunos casos estos conocimientos las puso en peligro de ser acusadas de brujas. Las hierbas, determinados alimentos, algunos cuidados especiales, etc., eran los medios que usaban para la ayuda en las enfermedades. Nada de ello estaba escrito, todo era transmisi&oacute;n oral entre mujeres". SEGURA GRAI&Ntilde;O, Cristina, "La sociedad feudal", <i>Historia de las mujeres en Espa&ntilde;a</i>, Op. Cit., p. 162.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"La mujer que dirig&iacute;a una casa, fuera cual fuese su tama&ntilde;a o importancia, parece haber sido responsable de la salud de los que entraban dentro de su esfera de influencia... La participaci&oacute;n de la mujer corriente en el arte de curar comenz&oacute; con la aplicaci&oacute;n de primeros auxilios a los que las rodeaban. Formaba parte aceptada de la educaci&oacute;n de una dama noble saber tratar las heridas, los huesos rotos o dislocados y los golpes graves con que los hombres de su casa pod&iacute;an regresar de las guerras, torneos o en&eacute;rgicas cacer&iacute;as. Los romanos indican la conveniencia de que las mujeres fueran expertas en vendajes, ung&uuml;entos y limpieza de heridas, al haber aprendido estas artes como parte de su educaci&oacute;n".WADE LABARGE, Margaret, <i>La mujer en la Edad Media</i>, Nerea, Madrid, 1986, pp.217 y 218.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Algunos historiadores e historiadoras, como John Riddle y Muriel Joyce Hughes, han sugerido que durante las edades media y moderna, la mayor&iacute;a de las mujeres pose&iacute;an conocimientos de tipo pr&aacute;ctico sobre simples (hierbas), b&aacute;lsamos, ung&uuml;entos, linimentos, conocimientos que eran transmitidos de madre a hija". KLAIRMONT-LINGO, Alison, "Las mujeres en el mercado Sanitario de Lyon en el siglo XVI", <i>Sanadoras, matronas y m&eacute;dicas en Europa, siglos XII-XX</i>, Icaria, Barcelona, 2001, p. 85.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"A pesar de su papel marginal en la pr&aacute;ctica profesional, las mujeres estuvieron siempre al lado de los lechos de la gente enferma... En realidad ellas eran cuidadoras y no solo sanadoras. Las mujeres y los barberos presidieron las tareas manuales del cuidado del cuerpo enfermo que los sanitarios de categor&iacute;as superiores desde&ntilde;aron por degradantes. Unas y otros 'curaban el cuerpo con el cuerpo' y por consiguiente estaban en la base de la pir&aacute;mide que estructuraba las artes sanitarias en el antiguo r&eacute;gimen". POMATA, Giana, <i>"Entre el cielo y la tierra: las Sanadoras de Bolonia en el siglo XVI", Sanadoras,...</i> Op. Cit., p. 127.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>11</sup> "Entonces Helena ech&oacute; en el vino del que beb&iacute;an un f&aacute;rmaco contra el llanto y la c&oacute;lera, que hac&iacute;a olvidar todos los males... Tan excelentes y bien elaborados f&aacute;rmacos ten&iacute;a en su poder la hija de Zeus, que le hab&iacute;a dado la egipcia Polidamna, esposa de Ton, cuya feraz tierra produce much&iacute;simos, los cuales al ser mezclados, unos resultan saludables y otros nocivos". HOMERO,<i> Odisea</i>, IV, citado en M&eacute;dicos y <i>Medicina en la Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica. Antolog&iacute;a de textos</i>, edic. de Eduardo Acosta M&eacute;ndez, Fundaci&oacute;n Canaria Hospitales del Cabildo de Tenerife, 1999, p. 255.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los documentos art&iacute;sticos pueden ofrecer muchas veces m&aacute;s informaci&oacute;n de la que se espera. As&iacute;, es sumamente curiosa la serie de ilustraciones que ofrece la obra editada por Acosta. En ella no se habla de las mujeres m&aacute;s que como pacientes, salvo en el caso de Helena, pues los textos recogidos pertenecen a ilustres y sabios varones griegos y romanos. Sin embargo, las sobredichas im&aacute;genes documentan la actividad sanadora y cuidadora de las mujeres: a) joven enfermo vomitando que es ayudado por una mujer, en un plato griego del Wagnere Museum de Wurzburg.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 279. b) Escena similar en otro plato griego existente en los museos Vaticanos,  <i>Ib&iacute;dem</i>, p.123. c) Tumba de una mujer medica procedente del siglo I d. C. (sin ubicaci&oacute;n).<i> Ib&iacute;dem</i>, p. 191. d) Escena de un parto: una comadrona y su asistenta ayudan a una mujer a dar a luz. Bajorrelieve, fechado en el siglo II d. C., Museo de Ostia (Roma). <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 169.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>12</sup> ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa,<i> Violencias y mujeres en la Edad Media</i> Castellana, Castellum, Madrid, 2007, p. 147.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; lo declara Jacoba F&eacute;lici&eacute;: "Adem&aacute;s, es mejor, m&aacute;s honesto y apropiado que una mujer sagaz y experta en el arte visite a una mujer enferma, la explore e investigue los secretos de la naturaleza y las partes rec&oacute;nditas de &eacute;sta, que esto lo haga un hombre, a quien no le est&aacute; permitido ver las cosas mencionadas, investigar ni palpar las manos, mamas, vientre, pies, etc. de las mujeres; y, sobre todo, debe el primero evitar y huir, en la medida en la que pueda, de los secretos de las mujeres y de las sociedades secretas de &eacute;stas". CABANES JIM&Eacute;NEZ, Pilar, "La medicina en la Historia Medieval Cristiana", <i>Esp&eacute;culo. Revista de estudios literarios</i>, n&uacute;m. 32, Universidad Complutense de Madrid, 2006.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>13</sup> ARIAS BAUTISTA, <i>Violencias...Op. Cit</i>., pp. 102 y ss., p. 272 y ss. y 504.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>14</sup> ya cit&eacute; el caso de una m&eacute;dica romana que corona con tal t&iacute;tulo su sepultura, ver nota n&uacute;m. 15</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>15</sup> BANISTER, Richard, "Setter to the Reader", en <i>Treatise of One Hundred and Thirteene Diseases of the Eyes</i>, London, 1622, edic. facs&iacute;mil, The English Experience, Vol. 279, New York, 1971, citado por HELLWARTH, Jennifer, "Lady Grace Milmay, una Sanadora inglesa del siglo XVI", <i>Sanadoras..., Op. Cit.</i>, p.106.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>16</sup> "Que el n&uacute;mero de curanderas, ba&ntilde;istas y asistentes en medicina que practicaban su oficio en las ciudades europeas deb&iacute;a ser elevado lo demuestra el hecho de que, hasta muy entrado el siglo XIX, hubo en Europa muchos ba&ntilde;istas y cicatriceros sin titulaci&oacute;n y exentos de cualquier tipo de control". OPITZ, Claudia, "Vida cotidiana de las mujeres en la Baja Edad Media (1250-1500), <i>Historia de las mujeres. La Edad Media</i>, Vol. 2, Taurus, Madrid, 1992, p. 364.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"No cabe duda de que las mujeres siguieron ejerciendo la medicina y que eran populares entres sus pacientes. Hay numerosas indicaciones de que las mujeres cobraban menos, aceptaban pacientes m&aacute;s pobres y, en algunos casos, asist&iacute;an con fines puramente caritativos. Por esta causa el gobierno municipal las ten&iacute;a en especial consideraci&oacute;n". WADE LABARGE, Margaret,<i> Op. Cit.</i>, p. 227.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>17</sup> "A partir de los fragmentos de la obra de Trota que descubri&oacute; John Benton, he reconstruido la imagen de una Trota sanadora y consumada emp&iacute;rica, que combina los saberes terap&eacute;uticos tradicionales con nuevas propuestas que son resultado de sus propias aportaciones. El abanico de afecciones que trata va desde las enfermedades gastrointestinales a las oftalmol&oacute;gicas o las pedi&aacute;tricas. Su dominio de la medicina emp&iacute;rica es impresionante". GREEN, M&oacute;nica, "En busca de una aut&eacute;ntica medicina de mujeres: los extra&ntilde;os destinos de Trota de Salerno e Hildegarda de Bingen", <i>Sanadoras,...Op. Cit.</i>, p. 50.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>18</sup> "El estatus marital a veces facilit&oacute;, y parece que legitim&oacute;, la contrataci&oacute;n de ciertas sanadoras... A la pareja se le concedi&oacute; esta licencia por su 'gran experiencia, tanto en cirug&iacute;a, roturas y dislocaciones de miembros... Las viudas de los barberos-cirujanos que continuaron practicando despu&eacute;s del fallecimiento de sus esposos ejemplifican, asimismo, otra forma de identidad laboral compartida". KLAIRMONT- LINGO, Alison, "Las mujeres en el mercado Sanitario de Lyon en el siglo XVI", <i>Sanadoras,...Op. Cit.</i>, pp. 87 y 88.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>19</sup> "Sufri&oacute; un proceso de transformaci&oacute;n profundo al organizarse un sistema de control institucional de las actividades en torno al mantenimiento de la salud y la curaci&oacute;n de la enfermedad. Un proceso largo que se inici&oacute; con el establecimiento lento pero inexorable de los estudios generales como instituciones reguladoras del saber m&eacute;dico y de su pr&aacute;ctica legal, instituciones de las que se excluy&oacute; a las mujeres". CABR&Eacute; I PARET, Montserrat, "Nacer en relaci&oacute;n", <i>De dos en dos... Op. Cit.</i>, p. 20.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>20</sup> "Jacoba es advertida de que si vuelve a realizar alguna pr&aacute;ctica sanadora ser&aacute; excomulgada y condenada al pago de sesenta libras parisienses. En esta misma resoluci&oacute;n se advierte de la misma manera a otros cinco practicantes, tres mujeres (Juana la conversa, la cirujana Margarita de Ypres y la judia Belota)... Los y las pacientes de Jacoba declaran que 'es m&aacute;s sabia' en el arte de la cirug&iacute;a y de la medicina que cualquier maestro m&eacute;dico y cirujano que hubiera en Par&iacute;s". CABR&Eacute; I PARET, Montserrat y SALM&Oacute;N MU&Ntilde;IZ, Fernando, "Poder acad&eacute;mico versus autoridad femenina: la facultad de medicina de Paris contra Jacoba F&eacute;lici&eacute; (1322), citado por KLAIRMONT-LINGO, Alison, <i>Op. Cit.</i>, pp. 58 y 59.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>21</sup> "De igual modo que la agricultura promete alimento a los cuerpos sanos, as&iacute; la medicina a los enfermos. Ciertamente no hay lugar del que ella se asunte, ya que hasta los pueblos m&aacute;s ignorantes tuvieron conocimientos de hierbas y otros remedios al alcance de cualquiera para auxilio de heridas y enfermedades. No obstante, entre los griegos ha sido bastante m&aacute;s cultivada que en otros pueblos, aunque no desde su origen primero sino pocas generaciones antes que nosotros... En un primer momento la ciencia de curar se consideraba parte de la filosof&iacute;a, puesto que tanto la curaci&oacute;n de enfermedades como la contemplaci&oacute;n de la naturaleza naci&oacute; de la mano de las mismas autoridades... Despu&eacute;s Diocles de Caristo y posteriormente Prax&aacute;goras y Crisipo, y m&aacute;s tarde Ser&oacute;filo y Erasistrato ejercieron este arte de tal modo, que abrieron el camino hacia diversas formas de curaci&oacute;n. Y en esa misma &eacute;poca la medicina se dividi&oacute; en tres partes, de modo que una era la que curaba a trav&eacute;s de la dieta, otra por medio de medicamentos y la tercera por la acci&oacute;n de las manos. A la primera la denominaron los griegos diet&eacute;tica, a la segunda farmac&eacute;utica y a la tercera cirug&iacute;a". Informaci&oacute;n plasmada en la obra de Celso (I d.C.) que puede considerarse la m&aacute;s importante obra de la literatura de medicina romana conservada.<i> M&eacute;dicos...Op. Cit.</i>, pp. 189-195.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>22</sup> "En la Grecia del siglo V a.C. el ars medica era ya <i>epist&eacute;me</i>, ciencia cabal, que, uniendo la especulaci&oacute;n con la observaci&oacute;n fue sistematizando mediante la raz&oacute;n todos los datos de experiencia".<i> Ib&iacute;dem</i>, p.11.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>23</sup> "El m&eacute;dico, entendido tradicionalmente como un <i>demiourg&oacute;s</i> es decir, un artesano al servicio de su comunidad, aparece en el <i>Corpus</i> (Hipocr&aacute;tico), por primera vez, no s&oacute;lo como profesional de la medicina, sino tambi&eacute;n como investigador". <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 27.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>24</sup> "El hospital medieval cristiano tuvo su origen en las salas de enfermer&iacute;a de los monasterios, el 'infirmariun', en principio dedicadas al cuidado de los monjes, donde no solo estaban los enfermos sino tambi&eacute;n los ancianos disminuidos. A la sombra de los monasterios surgen huertos y jardines dedicados al cultivo de plantas medicinales para abastecer a las boticas de los establecimientos. El modelo de asistencia nacida en los 'infirmariun' (de 'in firmus', carente de fortaleza), ser&aacute; despu&eacute;s adoptada para el clero secular y los se&ntilde;ores pertenecientes a las capas altas de la sociedad. Otra cosa bien distinta fue el hospital -de 'hospes', forastero- nacido tambi&eacute;n en la Baja Edad Media en los monasterios, pero fuera del recinto de &eacute;stos, destinado a dar albergue a los pobres y peregrinos que siguiendo el ideal de la pobreza evang&eacute;lica, deambulaban por los caminos, viviendo de la caridad de los m&aacute;s afortunados. Aquel 'hospitale pauperum' estaba concebido m&aacute;s como un asilo de transe&uacute;ntes que como un verdadero centro de asistencia a los enfermos. M&aacute;s tarde el pobre perder&aacute; su condici&oacute;n de itinerante y buscar&aacute; el amparo de las ciudades, donde los obispos, en cuyas manos se ha ido concentrando la riqueza, gastar&aacute;n buena parte en la creaci&oacute;n de hospitales para necesitados. Dada la ineficacia de la medicina, estos centros se convert&iacute;an en morada permanente de todos los que no pod&iacute;an ganarse el sustento y de los enfermos cr&oacute;nicos que se refugiaban en ellos hasta el fin de sus d&iacute;as". VIDAL GALACHE, Florentina y VIDAL GALACHE, Benicia, "Curar el cuerpo y salvar el alma. La asistencia en el Hospital General y Pasi&oacute;n (1767-1850)", <i>Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, H. Contempor&aacute;nea</i>, t. 8, 1995, pp. 33-34.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>25</sup> En los hospitales de campa&ntilde;a romanos la asistencia a los enfermos la prestaban varones.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>26</sup> "...e all&iacute; fue el cuidado,/ all&iacute; fue la coita fuerte,/all&iacute; tobo ella guisado / de veer cerca su muerte./...de coraz&oacute;n suspiraba/ de las manos se fer&iacute;e,/ muy gravemente loraba/ toda la color perd&iacute;e,/ e dec&iacute;a: "¡ay, qu&eacute; ventura,/ mi mesquina, mal andante/ a tan fuerte e tan dura!/ ¿por qu&eacute; non mor&iacute; yo ante/ que aquesto allegase/ nin que me en aquesto viese?/ ¿Qui&eacute;n fue nunca que cuidades/ que yo el mi se&ntilde;or perdiese,/ nin que as&iacute; fuera echada/ del lugar do fui nacida?/ ¡por Dios, desaventurada,/ por mi mal fue la mi vida!/ ca nuna yo en tal manera/ cuide vi a la albergada/ ca una vil soldadera"". <i>Historia Troyana</i>, MEN&Eacute;NDEZ PIDAL, Ram&oacute;n, <i>Tres Poetas primitivos</i>, Espasa Calpe, Madrid, 1968, p. 128.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>27</sup> "Un barbero y varias mujeres atend&iacute;an las necesidades f&iacute;sicas b&aacute;sicas de los enfermos y enfermas indigentes. Los documentos administrativos del H&ocirc;tel Dieu de Lyon categorizaban a las contratadas como 'mujeres', 'chicas de servicio' y 'hermanas' (prostitutas arrepentidas) ". KLAIRMONT-LINGO, Alison, "Las mujeres en el mercado...", <i>Op. Cit.,</i> p. 82.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>28</sup> Palabras de Donahue, referidas a las consorores teut&oacute;nicas. PARENTI, <i>Op. Cit.</i>, p. 44.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>29</sup> "La regla de oro de la pr&aacute;ctica de la nueva fe 'no era ser cuidado, sino cuidar', por lo que el cuidado de los enfermos y afligidos se elev&oacute; a un plano superior, convirti&eacute;ndose en una vocaci&oacute;n sagrada, en un deber declarado de todos los hombres y mujeres cristianos". "Enfermer&iacute;a: el arte y la ciencia del cuidado. Del hombre fil&oacute;sofo a la medicina ciencia y de la mujer-cuidadora a la enfermer&iacute;a arte y ciencia", <i>Revista Academia de Medicina</i>,  <a target="_blank" href="http://www.encolombia.com/medicina/academedicina">www.encolombia.com/medicina/academedicina</a>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>30</sup> "La influencia del cristianismo en Roma hizo que personas adineradas y de estatus respetable se involucrasen en la creaci&oacute;n de hospitales y la atenci&oacute;n a los necesitados. As&iacute;, la rica viuda romana Marcela transform&oacute; su residencia en centro de formaci&oacute;n y vivencia de hermanas enfermeras. La hermosa Fabiola fund&oacute; un hospital, pr&oacute;ximo a la idea moderna de esta instituci&oacute;n, y conform&oacute; y cuid&oacute; a las v&iacute;ctimasdepauperadas por el hambre y las enfermedades". SOLDEVILLA, Javier y MART&Iacute;NEZ, Fernando, "Pasado y presente en el cuidado de las heridas", Hiades. <i>Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a</i>, 8, octubre 2001, p. 474.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>31</sup> "Palabra derivada del griego <i>di&aacute;conos</i>, que significa servicio... Generalmente mujeres maduras, viudas o v&iacute;rgenes, con experiencia en el cuidado de otros. Se distinguen por el atuendo blanco. Eran personas respetas y consagradas y estaban situadas a nivel del clero". QUINTERO LAVERDE, Mar&iacute;a Clara, "Enfermer&iacute;a en el mundo cristiano", <i>Revista Aquichan</i>, a&ntilde;o 1, n<sup>o</sup> 1, Bogot&aacute;, 2001, p. 42.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>32</sup> "Era notorio para todas las personas que el cuerpo humano era d&eacute;bil, que enfermaba, se deterioraba y envejec&iacute;a. La violencia de la naturaleza sobre la fr&aacute;gil humanidad no ten&iacute;a l&iacute;mite. Hombres y mujeres estaban expuestos a las calamidades. Poco pod&iacute;a hacerse para calmar el fr&iacute;o, el calor, el hambre y las enfermedades de etiolog&iacute;a desconocida. La falta de higiene y la limitada y pueril farmacopea poco aliviaban. Par&aacute;sitos de todo tipo anidaban en aqu&eacute;llos m&iacute;seros cuerpos: sarna, piojos, moscas y mosquitos pululaban junto a los microsc&oacute;picos virus y bacterias, por entonces seres absolutamente desconocidos. Con b&aacute;lsamos, ung&uuml;entos, plegarias, sahumerios y algunas hierbas se combat&iacute;an, o intentaban combatir, tanto las dolencias conocidas como las grav&iacute;simas pandemias que asolaban c&iacute;clicamente las poblaciones; en especial, la peste negra o bub&oacute;nica que tantos estragos provoc&oacute; en los &uacute;ltimos siglos medievales". ARIAS BAUTISTA, <i>Violencias...Op. Cit</i>., p. 106</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>33</sup> El desconocimiento acerca de su propagaci&oacute;n produjo innumerables teor&iacute;as, atribuy&eacute;ndose el origen a "la c&oacute;lera divina, los criminales actos de los jud&iacute;os y de los leprosos, a una disposici&oacute;n desfavorable de los astros o a anomal&iacute;as meteorol&oacute;gicas o hasta geol&oacute;gicas". AA. VV. "La Ciencia Antigua...", <i>Op. Cit.</i>, p. 695.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>34</sup> "Dios es belleza simple e inconcebible porque es Luz pura. Las cosas no son solamente nobles, son divinas, en la medida en que son luminosas... las almas son bellas porque son luces. Es as&iacute; tanto en el orden moral como en el f&iacute;sico", BRUYNE, Edgar de, <i>La est&eacute;tica de la Edad Media</i>, Visor, Madrid, 1987, p. 84.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>35</sup> "...amor e luxuria traen muchas enfermedades e abrevian la vida a los omes e faz&eacute;nlos antes de tiempo envejecer, e encaes&ccedil;er, los miembros temblar... Los &ccedil;inco sentidos alterar e algunos dellos en todo o en parte perder; e con muchos pensamientos a las vezes enloque&ccedil;er, o a las vezes privar de juizio e razon natural al ombre e muger... ". MART&Iacute;NEZ DE TOLEDO, Alfonso, <i>Corbacho</i>, Edic. Michael Gerli, C&aacute;tedra, Madrid, 1979, p. 98.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>36</sup> LUNA, Antipapa, "El Libro de la Consolaci&oacute;n de la vida humana", <i>Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles. Desde la Formaci&oacute;n del lenguaje hasta nuestros d&iacute;as. Escritores en Prosa anteriores al S. XV</i>, Edic. Pascual de Gayangos, Atlas, Madrid, 1952, pp. 587 y 599.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>37</sup> "No ha de olvidarse el hecho de que la enfermedad por antonomasia, la lepra, capaz de producir en el cuerpo de los seres humanos deformidades monstruosas, se achac&oacute; a que los hijos con tal padecimiento hab&iacute;an sido engendrados al mantenerse relaciones sexuales durante la menstruaci&oacute;n de la madre, o como consecuencia de las relaciones sexuales de la madre, en cinta, con un leproso". MADERO EGU&Iacute;A, Marta, <i>Manos violentas, palabras vedadas. La injuria en Castilla y Le&oacute;n (siglos XIII-XV)</i>, Taurus, Madrid, 1992, p. 64.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>38</sup> CABANES JIM&Eacute;NEZ, Op. Cit., p.12.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>39</sup> Uno de los principios de la teor&iacute;a de la socializaci&oacute;n que puede seguirse en la obra BOURDIEU, Pi&eacute;rre,<i> La dominaci&oacute;n masculina</i>, Anagrama, Barcelona, 2000.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>40</sup> "Da la impresi&oacute;n de que estas santas mujeres habr&iacute;an tomado al pie de la letra lo que dice el Evangelio de Tom&aacute;s (ap&oacute;crifo), tambi&eacute;n conocido como los dichos secretos de Jes&uacute;s: la mujer debe convertirse en hombre si quiere entrar en el reino de los cielos". PEJENAUTE RUBIO, Francisco, "El pr&oacute;logo de Venancio Fortunato a la Vida de Santa Radegunda frente a los de Baudonivia y Hildeberto de Lavardin ", <i>Minerva. Revista de Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica</i>, 18 (2005), pp.179-180.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>41</sup> "Pasada la &eacute;poca de las persecuciones, el martirio lo buscar&iacute;an las santas mujeres a trav&eacute;s del aniquilamiento de su propio cuerpo, y solo a trav&eacute;s del mismo podr&iacute;an llegar a una santidad que exig&iacute;a un aut&eacute;ntico hero&iacute;smo, a una santidad que podr&iacute;a denominarse masculina. Esto explicar&iacute;a su af&aacute;n de comportarse como hombres, de rivalizar con ellos, aureolados como est&aacute;n con las prerrogativas de su sexo, mediante un arma que ellos no les pod&iacute;an arrebatar: su automartirio. Es m&aacute;s, llegado el caso, la hagiograf&iacute;a legendaria quiere que no fueron pocas las que, en su rivalidad y en su emulaci&oacute;n de los hombres, se disfrazaron de hombres, cambiaron sus nombres por nombres masculinos, ingresaron en monasterios de monjes en los que, por lo general, permanecieron hasta su muerte y m&aacute;s de una llegaron a dirigir, la vida entera de la comunidad".<i> Ib&iacute;dem</i>, p. 177.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Este tema se ha desarrollado tambi&eacute;n en ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, "Frontera de s&iacute;, frontera de Dios. El cuerpo femenino en la Edad Media", <i>De lo sagrado y lo profano. Mujeres tras/entre/sin fronteras</i>, Arcibel Editores, Sevilla, 2009, 31-46.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>42</sup> Sobre este concepto y su evoluci&oacute;n ver GRAZIOSI, Marina, "En los or&iacute;genes del machismo jur&iacute;dico. La idea de inferioridad de la mujer  en la obra de Farinacio", <i>Jueces para la democracia</i>, n<sup>o</sup> 30 (1997), pp. 49-56.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>43</sup> P&Eacute;REZ DE TUDELA VELASCO, M. <sup>a</sup> Isabel, "El espejo Mariano de la feminidad en la Edad Media Espa&ntilde;ola", <i>Anuario Filos&oacute;fico</i>, 1993 (26), p. 623.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>44</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 634.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>45</sup> ALFONSO X, <i>Cantigas de Santa Mar&iacute;a</i>, edic. de Jos&eacute; Filgueira Valverde, Castalia, Odre Nuevos, Madrid, 1985, p. 147. Un estudio pormenorizado sobre el tema puede seguirse en MORENTE PARRA, Mar&iacute;a Isabel, "La Virgen como cuidadora y Sanadora a trav&eacute;s de las Cantigas de Santa Mar&iacute;a de Alfonso X", Hiades. <i>Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a</i>, n&uacute;m. 8, 2001, pp. 337-341.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>46</sup> DINET, Dominique,<i> Vocation et fid&eacute;lite</i>, Paris 1988. CANDAU CHAC&Oacute;N, M<sup>a</sup> Luisa, "Vida y vocaci&oacute;n religiosa en los tiempos modernos", Archivo Hispalense 220, (1989), pp. 151-164. RAPLEY, Elisabeth, "Women and dic religious vocation in Seventcenth-Century France", <i>French Historical Studies</i>, 18(3) (1994), pp. 613-631. MU&Ntilde;OZ FERN&Aacute;NDEZ, &Aacute;ngela, <i>Acciones e intenciones de mujeres: vida religiosa de las madrile&ntilde;as (siglos XV-XVI)</i>, Madrid 1995. CABIBBO, Sara, "Una santa en familia. Modelos de santidad y experiencias de vida (Italia, siglos XVII-XIX)", <i>Studia Hist&oacute;rica. Historia Moderna</i>, 19(1998), pp. 37-48. Bibliograf&iacute;a en REDER GADOW, Marion, Las voces silenciosas de los claustros de clausura, <i>Cuadernos de Historia Moderna</i>, 2000, 25, p. 285.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>47</sup> "La mujer parece entrar por fin en contacto con el mundo que se agita fuera de las casas y los monasterios; un mundo poblado por marginados, pobres, enfermos, lisiados, vagabundos, mendigos, pero, sin embargo, siempre un mundo que, aunque por poco tiempo, la arranca de la quietud dom&eacute;stica y le impone contactos sociales ajenos a la familia". CASGRANDE, Carla, "La mujer custodiada", <i>Historia de las mujeres. La Edad Media...Op. Cit.</i> p.123.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>48</sup> La Orden de los caballeros de San Juan del Hospital contaba con mujeres que llevaban un h&aacute;bito rojo como los varones. Igualmente, entre los caballeros Teut&oacute;nicos, aparece una orden femenina, 'para realizar tareas hospitalarias', sin embargo, no eran admitidas como miembros de pleno derecho, por lo que se las llamaba consorores (hermanas laicas). Tomaban votos pero viv&iacute;a fuera del recinto hospitalario. PARENTINI, M<sup>a</sup> Rosa, <i>Historia de la enfermer&iacute;a. Aspectos relevantes desde sus or&iacute;genes hasta el siglo XX</i>, edic. Trilce, Montevideo, 2002, pp. 43-44..</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>49</sup> Una aproximaci&oacute;n general a su figura puede seguirse en ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, Hildegarda de Bingen,<i> Historia 16</i>, a&ntilde;o XXI, n<sup>o</sup>, 243, Madrid, julio 1996, pp. 99-108.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>50</sup> "Desde el momento en que se le concedi&oacute; la libertad de actuar como se hab&iacute;a propuesto, se dedic&oacute; a los quehaceres de terciaria (Mantellata, porque llevaban un manto negro sobre las ropas corrientes). Auque viv&iacute;a en la casa paterna se entreg&oacute; a la oraci&oacute;n y el cuidado de los enfermos, siendo esta &uacute;ltima su particular dedicaci&oacute;n, sobre todo en los hospitales della Scala y de San L&aacute;zaro y posteriormente atendiendo a los afectados por el rebrote de peste conocido como "la peste de los ni&ntilde;os"". ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, "Catalina de Siena", <i>Las sabias mujeres II (Siglos III-XVI). Homenaje a Lola Luna</i>, Asociaci&oacute;n Cultural Al-Mudayna, Madrid, 1995, p. 106.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>51</sup> Claudia Opitz, al igual que un buen n&uacute;mero de historiadores e historiadoras, sostiene que la gran cantidad de conventos y monasterios femeninos que aparecieron a partir del siglo XIII en toda Europa, se debe a que la poblaci&oacute;n femenina era demasiado elevada como para encontrar acomodo a trav&eacute;s del matrimonio, por lo que a muchas de ellas no les resultaba f&aacute;cil ganarse el sustento. Ello motiv&oacute; un incremento de mujeres que se unieron para resolver su grav&iacute;simo problema: "Durante los siglos XIII y XIV las comunidades de beguinas ofrec&iacute;an a la poblaci&oacute;n m&aacute;s necesitada cobijo y trabajo en mayor medida que todo el resto de los conventos femeninos. Estaban sometidas a las autoridades municipales, como los asilos y hospicios... Colonia contaba, hacia mediados del siglo XIV, con 169 conventos de beguinas que albergaban a 1.170 mujeres; en Estrasburgo exist&iacute;an, en la misma &eacute;poca, alrededor de 600 beguinas. El porcentaje de mujeres dedicadas a la vida religiosa lleg&oacute; a suponer aproximadamente el 10 por 100 de la poblaci&oacute;n femenina... Viv&iacute;an de realizar trabajos manuales y atender a los enfermos... tambi&eacute;n preparaban cad&aacute;veres para su enterramiento". OPITZ, Claudia, "Vida cotidiana... <i>Op. Cit</i>., pp. 383-384.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Se agrupaban la mayor parte de las veces en una serie de casas... El movimiento hab&iacute;a comenzando con mujeres santas que de manera individual organizaban celdas, con frecuencia cerca de un hospital, una abad&iacute;a o una leproser&iacute;a, donde pod&iacute;an rezar y prestar servicios manuales... El movimiento creci&oacute; espont&aacute;neamente y se vio especialmente alentado por el extraordinario excedente de mujeres casaderas en los Pa&iacute;ses Bajos en los siglos XII y XIII, as&iacute; como por una gran cantidad de viudas". WADE LABARGE,<i> Op. Cit.</i>, p. 151.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>52</sup> <i>Homenatge de l'IEC a Joan Coromines, en el centenari de la seva naixen&ccedil;a</i>, Instituto d'estudis catalans, Biblioteca Filol&ograve;gica, LVII, Barcelona, 2006, pp. 108-109.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>53</sup> "Las cartas y testamentos medievales tienden a describir como hospital cualquier edificio dise&ntilde;ado especialmente para albergar a los que necesitaran hospitalidad temporal. Pod&iacute;a tratarse de peregrinos, enfermos o sanos, pobres vagabundos, ancianos empobrecidos o enfermos. Las dos primeras categor&iacute;as se refugiaban en lo que se puede llamar m&aacute;s exactamente hospicio... Es imposible establecer una clara separaci&oacute;n entre hospicio y hospital pues las descripciones eran vagas". WADE LABARGE,<i> Op. Cit.</i>, p. 253.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>54</sup> "Por cuanto nos es fecha relaci&oacute;n que en el camino real que va de la &Ccedil;ibdad de Oviedo para la &Ccedil;ibdad de Santiago de Compostela hay puerto de sierra despoblado, donde dizen Fuenfr&iacute;a, donde di&ccedil;en que acaec&iacute;a que los romeros que yban a Santiago e los otros caminantes que pasan por el dicho camino en los tiempos pasados recib&iacute;an mucho detrimento a cabsa de non aver ventas nin poblaci&oacute;n en el dicho puerto e camino, e que a cabsa desto, movida con caridad e por servi&ccedil;io de Dios e del bienaventurado ap&oacute;stol se&ntilde;or Santiago fezystes e hedeficastes en el dicho puerto e camino una iglesia e un hospital donde los romeros e pobres que pasasen por el dicho camino fuesen acogidos e hospedados". RUIZ DE LA PE&Ntilde;A SOLAR, Juan Ignacio, "Dos fundaciones hospitalarias medievales en el itinerario astur-gal&aacute;ico del Camino de Santiago: Fonfr&iacute;a y Montouto", <i>Bolet&iacute;n del Real Instituto de Estudios asturianos</i>, a&ntilde;o n<sup>o</sup> 48, n<sup>o</sup> 144, 1994, p. 583.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>55</sup> "Yo, Alfonso, por la Gracia de Dios Rey de Castilla y de Toledo, y mi mujer Do&ntilde;a Leonor... estamos edificando a honra de Dios y de la Sant&iacute;sima Virgen, su madre, un monasterio en la Vega de Burgos que se llama Santa Maria la Real, a donde perpetuamente se observe el Instituto Cisterciense.... ". "Documentos Fundacionales de las Huelgas", <i>Cistercium</i>, 173, (1987), p. 249.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>56</sup> Lo m&aacute;s controvertido y chocante de este monasterio no fue la comunidad, sino su abadesa, quien gracias al apoyo regio, a los fueros y privilegios, al alejamiento de la casa madre del Cister, a la protecci&oacute;n papal y a la obra de las "se&ntilde;oras" -reinas y princesas all&iacute; refugiadas-, mantuvieron una jurisdicci&oacute;n &uacute;nica en toda la historia de la Iglesia, lo cual no solo se refleja en el plano material, sino en el espiritual. As&iacute;, sabemos que la abadesa de las Huelgas ten&iacute;a la misma jurisdicci&oacute;n sobre los monasterios femeninos que los abades generales de la orden ten&iacute;an sobre los masculinos. Esta situaci&oacute;n de privilegio se prolong&oacute;, con los consiguientes vaivenes, hasta el s. XIX, en que la desamortizaci&oacute;n acab&oacute; con los dominios temporales de uno de los se&ntilde;or&iacute;os m&aacute;s importantes de la Edad Media Castellana. la Bula "Quae Diversa" de 1873, acab&oacute; con los privilegios espirituales, eliminando la dependencia que un&iacute;a los dem&aacute;s monasterios con el de las Huelgas, aunque en cierto modo hoy mantiene su antiguo rango a la cabeza de la federaci&oacute;n Cisterciense de Espa&ntilde;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>57</sup> IGLESIAS APARICIO, Pilar, <i>Las pioneras de la medicina en Gran Breta&ntilde;a</i>, tesis doctoral, edici&oacute;n digital, Universidad de Vigo, 2003, p. 175.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>58</sup> Por orden cronol&oacute;gico -desde 1058 hasta 1852-, y con indicaci&oacute;n de su fundador o fundadora, aparecen los hospitales peninsulares en la obra de ARENAL, Concepci&oacute;n, <i>La beneficencia, la filantrop&iacute;a y la caridad</i>, Imprenta Colegio sordomudos y ciegos, Madrid, 1861, pp. 5-10.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>59</sup> "Era cat&oacute;lica &eacute; devota; facia limosnas secretas en lugares debidos...". "Era religiosa y devota a todas las religiones, tenia gran caridad, suma prudencia, grand&iacute;simo favor de justicia, mucha modestia, gran honestidad y estudio de vida apartada; era ejemplar, de buenas &eacute; loables costumbres, magn&aacute;nima, liberal&iacute;sima en mandas y dones repartidos por todo el mundo. A los embaxadores que venian de otros pincipes y &aacute; sus servidores muy grata; &aacute; todos los suplicantes &eacute; negociadores de sus reinos muy apacible... Su mansedumbre fue admirable; su majestad la mayor que jamas fue vista; su misericordia sobre todo loor; mas aunque asi usaba de piedad, no olvidaba el ceptro de la justicia... ". PULGAR, Hernando del, "Cr&oacute;nica de los Se&ntilde;ores Reyes Cat&oacute;licos Don Fernando y Do&ntilde;a Isabel de Castilla y Arag&oacute;n, escrita por su cronista...", <i>Cr&oacute;nicas de los Reyes de Castilla, desde Alfonso el Sabio hasta los Cat&oacute;licos Don Fernando y Do&ntilde;a Isabel</i>, Edic. Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles, Tomo I, Atlas, Madrid, 1953, p. 256 y 523, respectivamente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>60</sup> "&Eacute; para curar los feridos &eacute; los dolientes, la Reyna enviaba siempre a los reales seis tiendas grandes, &eacute; las camas de ropas necesarias para los feridos y enfermos; y embiava fisicos &eacute; cirujanos &eacute; medicinas &eacute; homes que les sirviesen, &eacute; mandaba que no llevasen precio alguno, porque ella lo mandaba pagar. Y estas tiendas con todo este aparejo, se llamaban en los reales el Hospital de la Reyna".<i> Ib&iacute;dem</i>, p. 402. "Hab&iacute;a en aquella hueste cirujanos, que la Reyna enviaba cuando entraba su gente en tierra de moros, &aacute; los quales mandaba que sin ning&uacute;n precio curasen los feridos, porque ella lo facia todo pagar". <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 399.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>61</sup> Seg&uacute;n Muro Abad "La relaci&oacute;n entre la hechicer&iacute;a y el mundo de la superstici&oacute;n con el de las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas o pseudom&eacute;dicas, es muy estrecho. La hechicer&iacute;a es solicitada de modo asiduo para la sanaci&oacute;n; quien sana al margen de la medicina, entendida como profesi&oacute;n regulada por unas estrictas y convencionales normas, roza la brujer&iacute;a, auque no siempre incurre en ella". CASTA&Ntilde;EGA, Mart&iacute;n, <i>Tratado de las supersticiones y hechicer&iacute;as y de la possibilidad y remedio dellas</i> (1529), Edic. Juan Robert Muro Abad, Instituto de Estudios Riojanos, Logro&ntilde;o, 1994, p.59.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>62</sup> "Yo se embalsamar y comendar y santig&uuml;ar cuando algo est&aacute; aojado, que una vieja me vez&oacute;, quera saludadera y buena como yo. S&eacute; quitar ahitos, s&eacute; para lombrizes, s&eacute; encantar (sanar, curar con ensalmos) la terciana, s&eacute; remedio para la cuartana y para el mal de la madre (&uacute;tero). S&eacute; cortar frenillos de bobos y no bobos, s&eacute; hacer que no duelan los ri&ntilde;ones y sanar las renes, y s&eacute; medicar la natura de la mujer y la del hombre, s&eacute; sanar la sordera y s&eacute; envolver sue&ntilde;os, s&eacute; conocer en la frente la fisonom&iacute;a, y la quiromancia en la mano, y prenosticar". DELICADO, Francisco, <i>La lozana andaluza</i>, Edic. Bruno Dami&aacute;n, Cl&aacute;sicos Castalia, Madrid, 1969, p. 176.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>63</sup> "Precursor de la asistencia p&uacute;blica". GAUDEUL, Bernardo, <i>Saint Vincent de Paul, Pr&eacute;curseur de l'Assitance P&uacute;blique</i>, Ferdinand Sorlot, Par&iacute;s, 1938, p. 112. Citado por FLINTON, Sor Margaret, <i>Santa Luisa de Marillac. El aspecto social de su obra</i>, Editorial CEME, Salamanca, 1974, p. 16.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>64</sup> V&eacute;ase la obra de RODR&Iacute;GUEZ, Mar&iacute;a del Carmen, H. C, "Luisa de Marillac, pionera de unos servicios p&uacute;blicos y humanizadores", AA. VV. <i>Luisa de Marillac</i>, CEME, 1991.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>65</sup> Se ha utilizado la edici&oacute;n traducida por Juan de Gonzalo Nieto Ivarra, Imprenta de Benito Monfort, Valencia, 1781, edici&oacute;n facs&iacute;mile conmemorativa de los 100 a&ntilde;os de Seguridad Social, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2000.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>66</sup> CARASA SOTO, Pedro, "Juan Luis Vives y la reforma social", VIVES, Juan Luis...<i>Op. Cit.</i>, p. 34</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>67</sup> "...deve ser particular desvelo de los que goviernan cuidar, y poner todo esfuerza en que unos sirvan a otros de socorro, nadie sea oprimido, nadie injuriado, nadie reciba da&ntilde;o injustos, y que el que es m&aacute;s debil asista al que es m&aacute;s poderoso, y de esta suerte la concordia del com&uacute;n, y congregaci&oacute;n de los ciudadanos se aumenta cada dia en la caridad, y permanezca eternamente...no es justo que una ciudad rica toleren los magistrados, que ciudadano alguno sea maltratado de el hambre y la miseria". <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. V-VI.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>68</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 11, 18 y 21.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>69</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 27, 29 y 36.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>70</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 48.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>71</sup> "...la pobreza se la env&iacute;a un Dios just&iacute;simo por un oculto juicio, aun para ellos muy &uacute;til, pues les quita la ocasi&oacute;n y materia de pecar, y se la da para que se ejerciten m&aacute;s f&aacute;cilmente en la virtud, y que por tanto no solo se ha de tolerar con paciencia, sino que se ha de abrazar tambi&eacute;n con gusto como don de Dios... cosa que es se&ntilde;al grande de su amor, porque a quien ama castiga, no pierdan el fruto de la correcci&oacute;n y la calamidad... desechados del mundo, y elegidos de Dios; desnudos, desembarazados y expeditos acompa&ntilde;en con alegr&iacute;a a Christo despojado, expedito y desnudo... Supuesto que reciben males en esta vida, trabajen, y esfuercen para no tenerlos m&aacute;s grandes y peores en la otra...".<i> Ib&iacute;dem</i>, pp. 49-50.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>72</sup> "...ninguno pues ignore que no ha recibido solamente para su uso y comodidad el cuerpo, la alma, la vida, ni el dinero, sino sepa que es un dispensero o fiel repartidor de todas esas cosas, y que no las recibi&oacute; de Dios para otro fin... De gracia dice el Se&ntilde;or, haveis recibido lo que teneis, dadlo tambien sin inter&eacute;s y de gracia...".<i> Ib&iacute;dem</i>, pp. 103 y 104.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>73</sup> "¡C&oacute;mo! ¡Ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con &eacute;l ni sentirse enfermo con &eacute;l! Eso es no tener caridad; es ser cristiano en pintura". C. XII, 271.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>74</sup> "No puede haber caridad si no va acompa&ntilde;ada de justicia" C. II, 54.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>75</sup> "Hall&aacute;ndome cerca de Lyon, en una ciudad de no muchos habitantes, a que la Providencia me hab&iacute;a llamado para ser p&aacute;rroco de ella, como un domingo estuviese revisti&eacute;ndome para decir la Santa Misa, se me vino a dar parte que en una casa aislada de las otras y distante de la poblaci&oacute;n como un cuarto de legua, todo el mundo estaba enfermo y en necesidad tal que no se pod&iacute;a decir con palabras; sin que quedase en pie una sola persona para asistir a los dem&aacute;s. Esto me lleg&oacute; al alma. En la pl&aacute;tica no dej&eacute; de recordar vivamente al pueblo tan grande l&aacute;stima, y Dios, tocando el coraz&oacute;n de los que me escuchaban, hizo que todos se sintiesen movidos de compasi&oacute;n hacia aquellos pobres". NIETO, Ponciano, <i>Historia de las Hijas de la Caridad</i>, Biblioteca San Vicente de Pa&uacute;l, Madrid, Imprenta Regina, 1932, Vol. I, pp. 25-26.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>76</sup> "Asistir a los pobres enfermos de los lugares en que se halle establecida, corporal y espiritualmente; corporalmente, suministr&aacute;ndoles de comer y beber y los medicamentos necesarios durante el tiempo de su enfermedad; y espiritualmente haci&eacute;ndoles administrar los Sacramentos de la Penitencia, la Eucarist&iacute;a y la Extremaunci&oacute;n, procurando que los que mueran salgan de esta vida en buen estado y los que cure, se resuelvan a vivir bien en adelante". <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 27.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>77</sup> Recu&eacute;rdese que en esta etapa se recrudecieron a&uacute;n m&aacute;s, si cabe, las limitaciones impuestas a las mujeres en cuanto a su libertad de movimientos. Nada pod&iacute;an hacer sin la aquiescencia de los varones de quienes dependieran: padres, maridos, hermanos, tutores...</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>78</sup> "Deben portarse con amable solicitud y paciencia, con entra&ntilde;as de verdadera y maternal caridad, no olvidando que cuanto hacemos a favor del pr&oacute;jimo enfermo o necesitado, lo hacemos a Jesucristo". NIETO, <i>Op. Cit.</i>, pp. 28-29.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>79</sup> "Las se&ntilde;oras de la Caridad se profesar&aacute;n unas a otras singular afecto, como personas a quienes nuestro se&ntilde;or ha unido y ligado con su amor, visit&aacute;ndose y consol&aacute;ndose amistosamente en sus penas y enfermedades ". <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 29.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>80</sup> Santa Luisa de Marillac...<i>Ecos de la Casa Madre, Op. Cit</i>., p. 171.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>81</sup> "Excusad siempre las faltas que observ&eacute;is en las otras... Si vuestra hermana es de un genio pronto; si es un poco melanc&oacute;lica o demasiado viva, o demasiado pesada, ¿qu&eacute; quer&eacute;is que haga, si es as&iacute; de natural? Pues aunque muchas veces se esforzar&aacute; en vencerse, no siempre podr&aacute; impedir que se manifiesten sus inclinaciones. ¿Y ha de ser este motivo para que su hermana, que debe amarla como a s&iacute; misma, se enfade contra ella, la trate mal y le ponga mala cara? ¡Oh, hermanas m&iacute;as! ¡Cu&aacute;n necesario es que os guard&eacute;is de todo esto! Antes bien, por el contrario, deb&eacute;is hacer como si nada hubieseis notado y no disputar con ella, pensando que tal vez muy pronto necesitar&eacute;is que esa misma hermana haga lo mismo con vos".<i> Ib&iacute;dem</i>, p. 171.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>82</sup> MURARO, Luisa, "I cavalieri delle donne", <i>Via Dogano. Rivista di Politica</i> 21/22 (1995), p. 7.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>83</sup> "Porque las damas que componen la cofrad&iacute;a son, en su mayor parte, de tal condici&oacute;n que no les permite desempe&ntilde;ar las m&aacute;s bajas y humildes tareas que conviene hacer como: llevar la olla de comida por la ciudad, hacer Sangr&iacute;as, poner enemas, curar las llagas, hacer las camas, velar a los enfermos que est&aacute;n solos y en peligro de muerte...". "Santa Luisa de Marillac...", <i>Ecos de la Casa Madre</i>, n<sup>o</sup> 3, marzo 1974, p. 113.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>84</sup> FLINTON, <i>Op. Cit</i>. p. 18.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>85</sup> NIETO, <i>Op. Cit.</i>, p. 34.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>86</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 35.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>87</sup> "Santa Luisa de Marillac...". <i>Ecos de la Casa Madre, Op. Cit</i>., p. 113.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>88</sup> "...las pod&eacute;is enviar siempre que comprendan que deben venir con la condici&oacute;n de probar y de que las prueben... Decidles todo lo que hay que hacer y el reglamento de la Casa; que estar&aacute;n vestidas y alimentadas muy pobremente; que hay que vivir en la Compa&ntilde;&iacute;a con una continua mortificaci&oacute;n de cuerpo y de esp&iacute;ritu... No hay que traer otras intenciones al venir a la Compa&ntilde;&iacute;a m&aacute;s que de venir a ella puramente, para el servicio de Dios y del pr&oacute;jimo... Por favor tened cuidado de que no sea el deseo de ver Par&iacute;s lo que las haga tener deseo de venir, ni tampoco las necesidades tengan, para asegurar su vida". Recogido de varias cartas de Luisa de Marillac.<i> Ib&iacute;dem</i>, p. 162.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>89</sup> "As&iacute; que todos los d&iacute;as, ma&ntilde;ana y tarde y siempre que fuera preciso, iba cada una de ellas a llevar los alimentos y medicinas correspondientes a los enfermos de la parroquia o Caridad que estaba a su cargo, volviendo despu&eacute;s al retiro y compartiendo de esta suerte el tiempo entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica de la caridad, entre sus servicios de enfermeras y los ejercicios piadosos, alma y sost&eacute;n de su vida de abnegaci&oacute;n y sacrificio". NIETO, <i>Op. Cit</i>., p. 39.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>90</sup> - Levantarse a las cinco, siempre que por la noche se hubieran podido acostar a las diez. Meditaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n entre ellas de los buenos pensamientos y resoluciones que el Se&ntilde;or les hubiera inspirado en ella. - Misa y comuni&oacute;n si fuera posible los festivos, siempre que el confesor lo permitiese. - Toma de alimento. - Cuidado y visita de los enfermos. En caso de urgencia deb&iacute;an abandonar la piedad y dedicarse al socorro. - Rezo del rosario y examen particular y general antes de comer y cenar y el general antes de acostarse. - Una vez al mes deb&iacute;an dar cuenta de s&iacute; mismas a la que estaba al frente de todas y asistir a una pl&aacute;tica o conferencia que San Vicente, u otro sacerdote de la congregaci&oacute;n de la Misi&oacute;n les dar&iacute;a. - Anualmente ejercicios espirituales "para renovarse en sus buenos prop&oacute;sitos". - Se nombraba a una hermana para que estuviese al frente de otras aparte de Luisa de Marillac. - Se las llamaba por su nombre de pila a&ntilde;adiendo a veces, como distintivo, el nombre de la Parroquia o Caridad en que serv&iacute;an a los enfermos, o particularidades de las personas. <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 40-42</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>91</sup> Las normas sobre la religiosidad femenina dictadas por los varones no pod&iacute;an menos que seguir las normas aplicadas en general a las mujeres. &Eacute;stas, dedicadas a Dios -esposas de Cristo-, hab&iacute;an de permanecer encerradas tras los altos muros que las guardaban y que como dice Reder: "Justificaban una mayor rigurosidad de la clausura para las mujeres por ser &eacute;stas m&aacute;s inconstantes y d&eacute;biles, es decir, estimaban una supuesta mayor fragilidad en el sexo femenino". REDER, <i>Op. Cit.</i>, p. 297.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Ciertamente, hubo muchas rupturas de la clausura debidas al elevado n&uacute;mero de mujeres forzadas a profesar, especialmente, entre los grupos privilegiados. Otras ingresaban bajo condiciones bastante laxas, acompa&ntilde;adas, incluso de servicio. Para unas y otras se autorizaban las visitas de allegados y familiares que pod&iacute;an dar lugar a esc&aacute;ndalo. Sin embargo, no parece que fuera la t&oacute;nica general el abuso de la disciplina regular, seg&uacute;n las numerosas y rigurosas investigaciones que se han ido realizando en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. As&iacute; lo manifiesta, entre otras, TORRES S&Aacute;NCHEZ, Concha, <i>La clausura femenina en la Salamanca del siglo XVII. Dominicas y Carmelitas Descalzas</i>, Universidad de Salamanca, 1991, p. 172. Con Independencia de ello, a partir del Concilio de Trento, se endurecieron las posturas y se exigi&oacute; la clausura estricta para todas las religiosas. Quiz&aacute; fue el tono de la norma lo que impuls&oacute; a muchos a pensar que el jolgorio era lo habitual dentro de la vida conventual: "Renovando el Santo Concilio la constituci&oacute;n de Bonifacio VIII, que principia: Periculoso; manda a todos los Obispos, poni&eacute;ndoles por testigo la divina justicia, y amenaz&aacute;ndolos con la maldici&oacute;n eterna, que procuren con el mayor cuidado restablecer diligentemente la clausura de las monjas en donde estuviere quebrantada, y conservarla donde se observe, en todos los monasterios que les est&eacute;n sujetos, con su autoridad ordinaria, y en los que no lo est&eacute;n, con la autoridad de la Sede Apost&oacute;lica; refrenando a los inobedientes, y a los que se opongan, con censuras eclesi&aacute;sticas y otras penas, sin cuidar de ninguna apelaci&oacute;n, e implorando tambi&eacute;n para esto el auxilio del brazo secular, si fuere necesario. El Santo Concilio exhorta a todos los Pr&iacute;ncipes cristianos, a que presten este auxilio, y obliga a ello a todos los magistrados seculares, so pena de excomuni&oacute;n, que han de incurrir por s&oacute;lo el hecho. Ni sea l&iacute;cito a ninguna monja salir de su monasterio despu&eacute;s de la profesi&oacute;n, ni aun por breve tiempo, con ning&uacute;n pretexto, a no tener causa leg&iacute;tima que el Obispo apruebe: sin que obsten indultos, ni privilegios algunos. Tampoco sea l&iacute;cito a persona alguna, de cualquier linaje, condici&oacute;n, sexo, o edad que sea, entrar dentro de los claustros del monasterio, so pena de excomuni&oacute;n, que se ha de incurrir por solo el hecho; a no tener licencia por escrito del Obispo o superior. M&aacute;s este o el Obispo s&oacute;lo la deben dar en casos necesarios; ni otra persona la pueda dar de modo alguno, aun en vigor de cualquier facultad, o indulto concedido hasta ahora, o que en adelante se conceda. Y por cuanto los monasterios de monjas, fundadas fuera de poblado, est&aacute;n expuestos muchas veces por carecer de toda custodia, a robos y otros insultos de hombres facinerosos; cuiden los Obispos y otros superiores, si les pareciere conveniente, de que se trasladen las monjas desde ellos a otros monasterios nuevos o antiguos, que est&eacute;n dentro de las ciudades, o lugares bien poblados; invocando tambi&eacute;n para esto, si fuese necesario, el auxilio del brazo secular. Y obliguen a obedecer con censuras eclesi&aacute;sticas a los que lo impidan, o no obedezcan". <i>El sacrosanto y Ecum&eacute;nico Concilio de Trento</i>, traduc. de Ignacio L&oacute;pez de Ayala, 7<sup>a</sup> edic., Imprenta Sierra y Mart&iacute;, Barcelona, 1828, p. 363.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> La dureza de este mandato oblig&oacute; a los y las fundadoras posteriores, que quer&iacute;an permanecer entregadas a la acci&oacute;n ben&eacute;fico-social, como las Hijas de la Compa&ntilde;&iacute;a de Mar&iacute;a, las Ursulinas, las Damas Inglesas... a buscar la manera de no ser monjas claustrales. Pocas lo lograron, entre ellas se encuentran las Hijas de la Caridad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>92</sup> "advertid a estas postulantes, escrib&iacute;a a una superiora, en 1658, que vuestra compa&ntilde;&iacute;a no es una religi&oacute;n ni vuestra casa un hospital de donde no haya de moverse, sino una asociaci&oacute;n de doncellas que acuden continuamente, para la asistencia de los pobres, enfermos a diversos puntos y en horas precisas, cualquiera que sea el tiempo que haga". San Vicente, T. VII, p. 49. "Las Hijas de la Caridad no tienen por monasterio m&aacute;s que las casas de los enfermos o donde reside la Superiora; por celda un cuarto de alquiler, por capilla la iglesia de la parroquia, por claustro las calles de la ciudad por clausura la obediencia... por rejas el temor de Dios y por velo la Santa modestia". San Vicente, T. X, p. 661. Citado por NIETO, <i>Op. Cit.</i>, pp. 67 y 68, respectivamente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>93</sup> "Quien dice religiosa, dice enclaustrada y las Hijas de la Caridad deben ir por todas partes. Por esto, hermanas, m&iacute;as, aunque no est&eacute;is encerradas deb&eacute;is ser tan virtuosas y m&aacute;s que las Hijas de Santa Maria. ¿Por qu&eacute;? Porque &eacute;stas est&aacute;n encerradas. Cuando una religiosa quisiera obrar mal, la reja est&aacute; cerrada; no lo sabr&iacute;an: la ocasi&oacute;n le es evitada, pero no hay nadie que vaya por el mundo como las Hijas de la Caridad y que tenga tantas ocasiones como vosotras, hermanas m&iacute;as. Por esto importa muchos que se&aacute;is m&aacute;s virtuosas que las religiosas, y si hay un grado de perfecci&oacute;n para las personas de religi&oacute;n hace falta dos para las Hijas de la Caridad, porque corren un gran riesgo de perderse si no son virtuosas". FLINTON, Op. <i>Cit., pp.</i> 59 y 60.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>94</sup> <i>HANOTAUX, Gabriel, Histoire du Cardinal Richelieu</i>. La France en 1614, Plon, Paris, 1893, Vol. I, p. 211, citado por FLINTON, <i>Op. Cit</i>. p. 15.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>95</sup> Palabras de Georges Cuvier, RODR&Iacute;GUEZ, <i>Op. Cit</i>., p. 217.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>96</sup> San Vicente, T. IX, p. 594, citado por NIETO, <i>Op. Cit.</i>, p. 54.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>97</sup> FLINTON, <i>Op. Cit.</i>, p. 33.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>98</sup> NIETO, <i>Op. Cit.</i>, p. 50.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>99</sup> 1<sup>o</sup>) Los se&ntilde;ores administradores reconoc&iacute;an en las Hijas de la Caridad la independencia del Superior de la Congregaci&oacute;n de la Misi&oacute;n, quien, por lo mismo, pod&iacute;a cambiarlas siempre que as&iacute; lo juzgase conveniente. 2<sup>o</sup>) Las Hermanas puestas al servicio del establecimiento depender&iacute;an de los se&ntilde;ores administradores en cuanto se relaciones con la parte econ&oacute;mica y temporal, en cuyos asuntos s&oacute;lo con ellos deber&iacute;an entenderse. 3<sup>o</sup>) Los se&ntilde;ores administradores se reservaban tambi&eacute;n el derecho de pedir a la Se&ntilde;ora Le Gras y al Superior de la Misi&oacute;n el reemplazo de aquellas hermanas cuya conducta les desagradase.<i> Ib&iacute;dem</i>, pp. 50-51.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>100</sup> "Lo primero que Dios les pide es que le amen sobremanera y que hagan todo por amor a &Eacute;l; lo segundo, que se amen entre s&iacute; como hermanas a quienes Dios ha unido en los v&iacute;nculos del amor, y a los enfermos pobres como a sus se&ntilde;ores, puesto que Nuestro Se&ntilde;or est&aacute; en ellos y ellos en Nuestro Se&ntilde;or". "Santa Luisa de Marillac...". <i>Ecos de la Casa Madre, Op. Cit. </i p. 117.>p. 117</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>101</sup> RODR&Iacute;GUEZ, Op. Cit., p. 225. La limitaci&oacute;n de este estudio me impide volcar las interesantes ideas de la Santa en torno al cuidado de los enfermos y las actividades y obligaciones de sus hijas. Una pormenorizada relaci&oacute;n de las mismas est&aacute; recogida en la obra Santa Luisa de Marillac. Correspondencia y escritos, Editorial CEME, Salamanca, 1985, pp. 733-739.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>102</sup> Esta Ana de Austria hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio con Luis XIII, en 1615, y era hija de la reina Margarita de Austria Estiria y de su esposo Felipe III de Espa&ntilde;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>103</sup> NIETO, Op. Cit., p. 56.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>104</sup> "Santa Luisa de Marillac...". Ecos de la Casa Madre, Op. Cit., p. 115.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>105</sup> "La reina os pide que vay&aacute;is a Calais a curar a los pobres heridos. ¡Qu&eacute; motivo para humillaros al ver que Dios quiere servirse de vosotras en tan grandes cosas! Salvador m&iacute;o, los hombres van a la guerra para matarse entre s&iacute;; ¡y vosotras vais a la guerra para repara los da&ntilde;os que all&iacute; se hacen! ¡Qu&eacute; bendici&oacute;n de Dios! Los hombres matan los cuerpos y muchas veces las almas... vosotras vais a devolverles la vida, o, al menos, para ayud&aacute;rsela a conservar a los que quedan..." Citado en AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad en los Hospitales Militares</i>, Madrid, 2004, Vol. I, pp. 18-19.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>106</sup> "el esp&iacute;ritu de vuestra Compa&ntilde;&iacute;a consiste en tres cosas: en a amar a Nuestro Se&ntilde;or y en servirle con esp&iacute;ritu de humildad y sencillez. Mientras la caridad, la humildad y la sencillez se conserven en vosotras se podr&aacute; decir: La compa&ntilde;&iacute;a de las Hijas de la Caridad vive a&uacute;n...m&aacute;s el d&iacute;a en que la caridad, la humildad y la sencillez desaparezcan de la Compa&ntilde;&iacute;a, &eacute;sta habr&aacute; muerto... una vez m&aacute;s os repito que el esp&iacute;ritu de vuestra Compa&ntilde;&iacute;a consiste en el amor a Nuestro Se&ntilde;or, en el amor a los pobres, en vuestro mutuo amor, en la humildad y en la sencillez...". NIETO, Op. Cit., 62.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>107</sup> "Le pido, hermana m&iacute;a -escribe Luisa-, que ense&ntilde;e a sangrar a nuestra hermana; pero sobre todo, ens&eacute;&ntilde;ele bien los peligros de las arterias, nervios y dem&aacute;s y acu&eacute;rdese si ocurriese que usted cree haber abierto una arteria, de sacar una gran cantidad de Sangre y poner una moneda en la compresa para hacer la ligadura". FLINTON, Op. Cit. p. 69.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>108</sup> "Se guardar&aacute;n de no sangrar ni purgar sin ir bien prevenidas contra los peligros que de ello les pueden sobrevenir, y para esto cuando son llamadas a ver a los enfermos, despu&eacute;s de la acogida que ellas les deben hacer, abord&aacute;ndolos con alegr&iacute;a y buena voluntad, se informar&aacute;n del tiempo que hace que est&aacute;n enfermos, y comenzar&aacute;n sus curas con lavativas o Sangr&iacute;as si ellos encuentran repugnancia, y si las fiebres contin&uacute;an, aumentar&aacute;n a tres o cuatro veces, y cuando la fiebre se obstine, tomar&aacute;n el pie, luego volver&aacute;n a comenzar desde el brazo hasta que disminuya, y comenzar&aacute;n a purgarlos con tisana laxante cuando sea fiebre intermitente acompa&ntilde;a de escalofr&iacute;os; se guardar&aacute;n de no dar ninguna medicina, mientras dure el escalofr&iacute;o o el sudor, a no ser un vaso de agua, en el que se halle diluido un grano de triaca, poco antes de que el escalofr&iacute;o quiera volver a empezar". Ib&iacute;dem, p. 70.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>109</sup> Una pormenorizada rese&ntilde;a de estas regulaciones est&aacute; descritas en AA. VV.,  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, pp. 20 a 27.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>110</sup> "Nada m&aacute;s llegar al hospital se efectuaba un minucioso registro del enfermo y sus posesiones, seguido de otros dos: "Uno de entrada, en el que se anotar&aacute; d&iacute;a, mes y a&ntilde;o en que ingresa cada enfermo, su nombre, su ocupaci&oacute;n y pa&iacute;s, atando a su mu&ntilde;eca una nota, as&iacute; como al paquete de sus ropas, siendo muy cuidadosas en conservar los papeles de importancia y las cartas, si se les encontraran, como tambi&eacute;n de advertir a sus parientes en caso de muerte o de curaci&oacute;n, si ven la necesidad. El segundo registro ser&aacute; para inscribir los enfermos curados y el tiempo que hayan estado en el hospital. En el tercero se escribir&aacute; el nombre y el pa&iacute;s de los muertos y el tiempo de su enfermedad"". "Santa Luisa de Marillac...".  <i>Ecos de la Casa Madre, Op. Cit.</i>, p. 165.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>111</sup> A la entrada del enfermo: "Lavarle los pies, cambiarle la camisa, recoger los vestidos y el dinero apuntando todo en un registro para devolv&eacute;rselo si cura, darle una taza de caldo y cuidar de que el cisrujano vea al enfermo... Limpiar a menudo la boca de los enfermos graves... Hay que tener siempre las drogas en buen estado, que nada se gaste, que nada se pierda; que todos los utensilios est&eacute;n limpios".  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp.165-166.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>112</sup> "La que est&eacute; de turno... preparar&aacute; la comida, la llevar&aacute; a los enfermos y, al acercarse a ellos, los saludar&aacute; alegre y caritativamente; colocar&aacute; la mesita sobre la cama, pondr&aacute; encima una servilleta, un taz&oacute;n, una cuachara y un pedazo de pan: har&aacute; lavarse las manos a los enfermos y dir&aacute; la bendici&oacute;n, servir&aacute; el potaje en una escudilla... convidar&aacute; caritativamente al enfermo a comer por el amor de Jes&uacute;s y de su Madre; todo con amor, como si lo hiciera a su propio hijo o, m&aacute;s bien, a Dios... les cortar&aacute; la carne y les echar&aacute; de beber en un vaso... les dir&aacute; algunas palabritas de nuestro Se&ntilde;or, tratando de alegrar a los que est&eacute;n desconsolados... que los que no puedan comer carne tomen cada tres horas caldos y huevos... Si no pueden tomar huevos les dar&aacute;n jalea real y consom&eacute;, en poca cantidad y con frecuencia. Los que no puedan tomar vino, tomaran tisana...". Citado en AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad...Op. Cit.</i>, Vol. I, pp. 15-16.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>113</sup> "Por lo que se refiere a vuestra conducta con los enfermos, ¡Oh!, que no sea para salir del paso, sino con mucho afecto, habl&aacute;ndoles y sirvi&eacute;ndoles de todo coraz&oacute;n, inform&aacute;ndoos muy particularmente de sus necesidades, habl&aacute;ndoles con dulzura y compasi&oacute;n, procur&aacute;ndoles, sin ser demasiado inoportunas ni acuciantes, el socorro a sus necesidades; pero, sobre todo, teniendo un gran cuidado de su salvaci&oacute;n...Dulzura y Santo afecto a vuestros pobres enfermo, gran dulzura hacia los pobres".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 168.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>114</sup> Al morir San Vicente se estima hab&iacute;a unas 50 casa y 200 hermanas. NIETO,  <i>Op. Cit.</i>, p. 77.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>115</sup> "En 1704 los hijos de San Vicente hab&iacute;an fundado en Barcelona la primera casa misi&oacute;n, pero las circunstancias socio-pol&iacute;ticas no fueron propicias para su expansi&oacute;n". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i> p. 19.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>116</sup> Nadie mejor que Concepci&oacute;n Arenal nos da cuenta de la situaci&oacute;n de la beneficencia cuando las Hijas de la Caridad llegaron a Espa&ntilde;a: "Cuando las costumbres se dulcificaron y la luz de la ciencia empez&oacute; a difundirse; cuando ning&uacute;n enfermo se vio rechazado por la &iacute;ndole de su enfermedad; cuando el exp&oacute;sito no fue mirado con injusta prevenci&oacute;n; cuando la unidad pol&iacute;tica y la centralizaci&oacute;n administrativa dejaron expedita la acci&oacute;n del poder supremo, parece que la beneficencia debi&oacute; llegar a un alto grado de prosperidad. Pero la antigua fe hab&iacute;a deca&iacute;do, el esp&iacute;ritu de caridad estaba amortiguado, el abandono, empobrec&iacute;a los asilos piadosos, y la criminal codicia los defraudaba. Los patronos heredaban el nombre, no las virtudes de los fundadores que les legaban la tutela de los desvalidos, y cuando esta se encomendaba a corporaciones religiosas o a alguno de sus individuos que por raz&oacute;n de oficio la ejerc&iacute;a, se notaba tambi&eacute;n el cambio que con el tiempo se hab&iacute;a verificado en las instituciones y en los hombres... el esp&iacute;ritu de caridad hab&iacute;a desaparecido por regla general de los establecimientos ben&eacute;ficos, y con &eacute;l la econom&iacute;a, el celo, la probidad y el orden... Los monasterios y conventos limitaban su humanitaria misi&oacute;n a dar limosna sin discernimiento a todos los vagos que llegaban a sus puertas a una hora dada. Los Santos banquetes de la caridad hab&iacute;an descendido a la repugnante sopa, convertida en est&iacute;mulo de la vagancia, m&aacute;s bien que en amparo de la miseria. La mendicidad se extendi&oacute; por la naci&oacute;n entera como una lepra asquerosa y la ley intent&oacute; d&eacute;bilmente ponerle in&uacute;tiles diques. Grandes rentas, en parte nominales y dilapidadas en parte; mala asistencia en donde quiera que la casualidad no opon&iacute;a el celo individual al culpable abandono, que era la regla; la mendicidad y la vagancia paseando en triunfo por dondequiera sus harapos y su cinismo; tal era el cuadro que a fines del siglo XVIII ofrec&iacute;a la beneficencia". ARENAL,  <i>La Beneficencia... Op. Cit.</i>, p. 17.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>117</sup> "Dentro de la pol&iacute;tica de asistencia social obligatoria llevada a cabo durante el reinado de Carlos III, inspirada en no pocos aspectos por la personalidad de Campomanes, ocupaba un espacio importante la llamada 'polic&iacute;a de pobres'. Es sabido que para el Estado ilustrado la ociosidad constitu&iacute;a una verdadera 'peste pol&iacute;tica'; pues bien, se trataba de desterrar uno de los tantos h&aacute;bitos que contrajeron los espa&ntilde;oles durante siglos; de sustraer aquellos que, sin  <i>discernir</i>, daban limosna a todo aquel que tendiera su mano y de obstaculizar a aquellos que hac&iacute;an de la mendicidad una profesi&oacute;n... La finalidad &uacute;ltima, como en tantos otros aspectos del llamado 'despotismo ilustrado', se encuentra en el engrandecimiento del Estado, al tiempo que se realiza una labor social: elaborar una pol&iacute;tica de asistencia social para procurar llevar m&aacute;s ciudadanos a la aplicaci&oacute;n del trabajo. Para Campomanes, la 'polic&iacute;a de pobres' deb&iacute;a estar al mismo tiempo supervisada por la Justicia. As&iacute; se crear&iacute;an las  <i>diputaciones de barrio</i> o en su lugar las de <i>parroquia</i>, que propiciar&iacute;an  <i>juntas de caridad</i> que buscaran los medios de atender a los necesitados -'carga necesaria de los sanos'- y de recuperar una masa supletoria de ciudadanos". GUILLAM&Oacute;N &Aacute;LVAREZ, Francisco Javier, "Disposiciones sobre polic&iacute;a de pobres: establecimiento de diputaciones de barrio en el reinado de Carlos III",  <i>Cuadernos de Historia Moderna y Contempor&aacute;nea</i>, n<sup>o</sup> 1, 1980, pp. 31-32.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>118</sup> VIDAL GALACHE, Florentina, "El impacto de la Ley General de Beneficencia de 1822 en Madrid",  <i>Revista de la Facultad de Geograf&iacute;a e Historia</i>, n&uacute;m. 1, 1987, p. 42.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de todas las medidas tomadas por reyes, ministros e intelectuales, a&uacute;n en el siglo XIX no se ten&iacute;a claramente discernida de qui&eacute;n era competencia la beneficencia. Personalidades que se ocuparon de ella, como Hern&aacute;ndez Iglesias, achacan a la actividad de la Iglesia, y la exagerada importancia cobrada por ella en cuestiones caritativas la falta de protagonismo del Estado. Dicho alude a la necesidad del Estado de tomar medidas por el tibieza de los cristianos en aquellos momentos. HERN&Aacute;NDEZ IGLESIAS, Ferm&iacute;n,  <i>La beneficencia en Espa&ntilde;a</i>, Establecimiento tipogr&aacute;fico de Manuel Minuesa, Madrid, 1876, p. 14.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>119</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 16-18.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>120</sup> VARGAS, <i>Op. Cit.</i> p. 24.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>121</sup> "los administradores del hospital estaban empe&ntilde;ados en sacarlas de su regla e instituto y formar una asociaci&oacute;n sujeta a su direcci&oacute;n y a las constituciones que ellos diesen. La m&aacute;s joven de entre ellas, Teresa Cort&eacute;s, se acerc&oacute; a aquellos postulados de los administradores y no quiso renovar los votos... en 1791, decidieron por tanto (las cinco restantes), de acuerdo con el visitador, retirarse del hospital de Barcelona, lo que hicieron el 23 y 24 de junio de 1792". NIETO,  <i>Op. Cit.</i> 135-137.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>122</sup> AA. VV. <i>Las Hijas de la Caridad...Op. Cit.</i>, vol. I, pp. 28-29. "La experiencia ha acreditado su utilidad y las ventajas que logra el santo hospital, ya en la mejor asistencia de los pobres, ya en el aseo y limpieza de las camas y habitaciones, ya en el cuidado de los ni&ntilde;os exp&oacute;sitos, ya en el manejo econ&oacute;mico y fiel de lo que se distribuye por sus manos". Hospital de L&eacute;rida 1797. VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 692. 693.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>123</sup> "Una multitud de mujeres y hombres disfrazados penetr&oacute; con violencia en las casas de las Hijas de la Caridad y de otras comunidades de religiosas, persiguiendo, desnudando y maltratando afrentosamente a aquellas almas puras, entregadas a la pr&aacute;ctica de la virtud y en su mayor parte adem&aacute;s, al alivio de los menesterosos... Sufrieron estas odiosas violencias de manos de aquellos mismos hombres y mujeres cuya miseria y enfermedades tantas veces hab&iacute;an socorrido y curado... Tres de ellas empleadas en socorrer a los enfermos de la parroquia de Santa Margarita, murieron a consecuencia de tan b&aacute;rbaros atropellos... Paseadas en un burro por las calles de la ciudad de Burdeos expuestas a la burla del populacho... En Versalles fueron llevadas a palos y a azotes hasta la iglesia parroquial". NIETO,  <i>Op. Cit.</i>, p. 151 y ss.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La exposici&oacute;n del cuerpo para ludibrio p&uacute;blico es costumbre antigua entre los seres humanos y no por ello menos cruel y horrible. Cuando se hace contra el cuerpo de las mujeres y el cuerpo consagrado al servicio de Dios a&uacute;n parece m&aacute;s perverso, toda vez que ellas han renunciado al uso sexuado del mismo. Quiz&aacute;s, como dice Le Goff: "La obsesi&oacute;n del pecado ligado al cuerpo es lo que convierte a este en un gran proveedor de injurias". Pr&oacute;logo, MADERO EGU&Iacute;A,  <i>Op. Cit</i>, p. 12.</font></p>      <p><font face="Verdana" size="2"><sup>124</sup> NIETO, <i>Op. Cit.</i>, p. 161.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>125</sup> Ligada a la Sociedad Matritense y tras muchas discusiones, que ahora no es momento de recoger, acerca de la idoneidad o no de las mujeres para formar parte de dicha instituci&oacute;n y hacerse cargo de aquellas tareas consideradas "propias de su sexo", se conform&oacute; la llamada Junta de Damas de Honor y M&eacute;rito, aprobada por Real C&eacute;dula, el 27 de agosto de 1787, en la que se indicaba, entre otras cosas: "El rey entiende, que la admisi&oacute;n de socias de m&eacute;rito y honor, que en juntas regulares y separadas, traten de los mejores medios de promover la virtud, la aplicaci&oacute;n y la industria en su sexo, ser&iacute;a muy conveniente a la Corte, y que escogidas las que por sus circunstancias sean m&aacute;s acreedoras a esta honrosa distinci&oacute;n, procedan y traten unidas los medios de fomentar la buena educaci&oacute;n, mejorar las costumbres con su ejemplo, y sus escritos, introducir el amor al trabajo, cortar el luxo, que al paso que destruye las fortunas particulares, retrae a muchos del matrimonio en perjuicio del Estado...". Como indica Virginia Trueba: "las mujeres hab&iacute;an sido ganadas para la causa del reformismo ilustrado". Formaron la citada Junta, inicialmente, 14 damas de la alta aristocracia. TRUEBA MIRA, Virginia,  <i>El claroscuro de las luces. Escritoras de la Ilustraci&oacute;n espa&ntilde;ola</i>, Montesinos, Barcelona, 2005, pp. 39-48 y ss.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>126</sup> "Hall&aacute;ndose el rey sumamente penetrado de lo demasiado interesante que es por todos respetos el instituto de las Hijas de la Caridad, y que no debe privar de tan &uacute;til como necesario consuelo y socorro espiritual y temporal de (sic) sus amados vasallos, y en especial a los desvalidos y dolientes, a cuyo servicio est&aacute;n consagradas estas hero&iacute;nas, ni dejar de abrigarlas en sus estados de una manera m&aacute;s s&oacute;lida y duradera, para que, extendida su particular buena asistencia, su ejemplo y su buen orden, m&eacute;todo y econom&iacute;a en los piadosos establecimientos... porque perpetuado en Espa&ntilde;a un bien tan general, &uacute;til y necesario, quiere S. M., usando de su soberana autoridad, que se establezca en la Villa de Madrid, un Noviciado de las Hijas de la Caridad, en casa que ha de servir de Colegio de las Ni&ntilde;as de la Paz, bien que con la separaci&oacute;n conveniente para llenar una y otra atenci&oacute;n; y que... se encargue V. E. de esta importante empresa, esto es, el establecimiento del Noviciado y del Colegio de las Ni&ntilde;as de la Paz, para lo cual da S. M. las m&aacute;s amplias facultades, sin que persona, Cuerpo, ni jurisdicci&oacute;n alguna, se oponga ni pueda entrometerse a su conocimiento directa ni indirectamente, a no ser para auxiliarla en cuanto la ocurra, a cuyo fin y por todo lo dem&aacute;s que convenga, paso de Real Orden el correspondiente aviso con esta fecha al se&ntilde;or Gobernador del Consejo, quedando S. M. en proporcionar cuantos auxilios sean posibles para el Noviciado y el Colegio". NIETO,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 186-192.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>127</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 199</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>128</sup> "Disparad las escopetas, matad a estos infelices enfermos, heridos y extranjeros: pero yo morir&eacute; antes de que vosotros os deshonr&eacute;is con semejante asesinato. No me intimidan vuestros gritos ni vuestras armas. Os presento mi coraz&oacute;n. ¡Haced fuego miserables!". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 68.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>129</sup> VARGAS, <i>Op. Cit.</i>, p. 755.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>130</sup> Un oficial de 22 a&ntilde;os, que capitaneaba el batall&oacute;n 114 a las &oacute;rdenes del Mariscal Suchet nunca olvid&oacute; el gesto de la hermana: "Y decor&oacute; el sal&oacute;n de su casa con un magn&iacute;fico cuadro al &oacute;leo representando el asalto al hospital y escribiendo al pie de &eacute;l: A la memoria de sor Vicenta Molner y Sagim&oacute;n de la orden de San Vicente de Pa&uacute;l y hoy superiora del convento de Pamplona". Adem&aacute;s del reconocimiento en el seno de su hogar, escribi&oacute; en  <i>La Ilustraci&oacute;n Francesa</i> su cari&ntilde;oso recuerdo, el 2 de noviembre de 1861, transcrito por Francisco Gras y Eli&aacute;s en su obra  <i>Hijos ilustres</i> de Reus: "Aquella joven celestial fue mi amparo y salvaci&oacute;n, y si mis deseos y anhelos llegan a cumplirse, su nombre ser&aacute; inmortal ¡Ay! Si ella supiera que un olvidado viejo, hace cincuenta a&ntilde;os que bendice su nombre a todas horas, y que la nieve de mis canas, lejos de apagar el fuego del sentimiento de gratitud, lo anima cada d&iacute;a con mayor intensidad. Si ella supiera el cari&ntilde;o que le profeso, morir&iacute;a feliz. Es lo &uacute;nico que ambiciono en este mundo. ¡Diera gustoso la mitad de mi fortuna para poderle notificar que nunca la he olvidado!". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 69.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>131</sup> "Yo soy Hija de la Caridad; no tengo bandera, vengo a ayudar a los necesitados dondequiera que los encuentro, trato de hacerles el bien sin juzgarlos, y, se lo aseguro, si usted mismo fuera perseguido y me pidiera ayuda, no se la negar&iacute;a". MALONEY, Robert P.,  <i>Cinco   Rostros de Rosal&iacute;a Rendu</i>, conferencia impartida en la Casa Madre de Par&iacute;s, el 25 de marzo de 2003.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>132</sup> El conflicto suscitado puede seguirse en NIETO,  <i>Op. Cit</i>, p. 199 - 234.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>133</sup> "Nuestra pobre y reducida Casa es frecuentada por muchos Diputados de las Provincias, que vienen a pedir Hermanas para sus establecimientos de beneficencia".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 317.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>134</sup> VIDAL GALACHE, "El impacto de la Ley General de Beneficencia... ",  <i>Op. Cit.</i>, p. 47.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>135</sup> "La verdad es que los hospicios, las casas de exp&oacute;sitos y los dem&aacute;s establecimientos piadosos de la corte y de las provincias, hab&iacute;an venido al m&aacute;s deplorable estado por efecto del desorden introducido". HERN&Aacute;NDEZ IGLESIAS,  	<i>Op. Cit.</i>, p. 77.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>136</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>. p. 68.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>137</sup> HERN&Aacute;NDEZ MART&Iacute;N, Francisca, Las Hijas de la Caridad en la profesionalizaci&oacute;n de la enfermer&iacute;a,  <i>Cultura de los Cuidados</i>, 2<sup>o</sup> semestre 2006, a&ntilde;o X, n<sup>o</sup> 20, p. 42.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>138</sup> "Ellas no cuentan con m&aacute;s renta que una manutenci&oacute;n moderada y los gastos indispensables para un humilde vestido que les suministran los establecimientos de beneficencia...". Carta dirigida a las Cortes Constituyentes en 1855, por el Obispo de Canarias, como protesta por el golpe de la desamortizaci&oacute;n. NIETO,  <i>Op. Cit.</i>, 338.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>139</sup> En 1838 escrib&iacute;a sor Valentina Culla, superiora del hospital de Badajoz: "Faltando a la exponente y a sus s&uacute;bditas la asignaci&oacute;n que se estipul&oacute; por contratas y sin tener con qu&eacute; sostener a los enfermos, parec&iacute;a forzoso tener que cerrar el hospital, pero antes de llegar a tal extremo, determin&oacute; hacer hasta el &uacute;ltimo esfuerzo para evitarlo, tomando al efecto los medios que &uacute;nicamente estaban a su alcance, ya esforz&aacute;ndose a trabajos de mano, ya buscando el fiado de art&iacute;culos de consumo con la esperanza de que pronto mejorar&iacute;a la suerte del establecimiento... con los medios referidos y con las limosnas que han hecho a esta comunidad algunas personas que le son afectas, viendo tanta pobreza, logr&oacute;, la que representa, no sin grandes apuros, mantener los enfermos y las hermanas no solo durante los cuatro meses expresados, sino mucho tiempo anterior, en que se hab&iacute;a experimentado la escasez, aunque en fuerza de ella se hallan aquella exhausta de ropas y el hospital con notables faltas, particularmente en el surtido de botica y roper&iacute;a y despensa, adeud&aacute;ndose a esta comunidad por consecuencia de todo ello 14.196 reales y 14 maraved&iacute;es, que; importa la relaci&oacute;n citada, adem&aacute;s de los otros 13.513 reales y 25 maraved&iacute;es que voluntariamente hab&iacute;a dejado de percibir y se anotan enseguida". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 694.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>140</sup> VIDAL GALACHE y VIDAL GALACHE, "Curar el cuerpo y salvar el alma..."  <i>Op. Cit.</i>, p. 35..</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>141</sup> "Cuando en el a&ntilde;o 1861 vino con otras hermanas a Burgos para encargarse del cuidado y asistencia de los enfermos del hospital de San Juan, encontr&oacute; &eacute;ste desprovisto de las cosas m&aacute;s necesarias y urgentes en un establecimiento de beneficencia. Casi sin muebles en las habitaciones, sin camas en las salas de los enfermos, sin ropas para &eacute;stos y para los asilados y sin m&aacute;s iglesia y oratorio para el culto que una cruz de madera; m&aacute;s bien que hospital, parec&iacute;a, el desmantelado y mugriento edificio de San Juan casa habitaci&oacute;n de la miseria... Cualquier otra persona que no hubiese sido entonces joven superiora de ella, hubiera desistido del intento de fundaci&oacute;n. Sor Mar&iacute;a no sinti&oacute; por eso desmayo... al poco tiempo la casa de la miseria y la inmundicia qued&oacute; transformada en verdadero hospital, en digna morada de la dignidad del hombre,... muchas de las obras de reparaci&oacute;n del hospital se deben en gran parte a las solicitud y previsi&oacute;n de la superiora cuya muerte deploramos, como a su celo y a las industrias de su caridad se deben tambi&eacute;n las grandes estanter&iacute;as bien llenas de ropas, las habitaciones convenientemente amuebladas y decoradas y los dormitorios y salas provistas de camas para la multitud de asilados y enfermos que constantemente las ocupan. Al hospital de San Juan manda Burgos los enfermos, los heridos, manda los apestados, manda los hu&eacute;rfanos, manda los ancianos desvalidos de uno y otro sexo, es decir, todas las enfermedades y las miserias humanas para que las Hijas de la Caridad se los asistan y se los cuiden y se los instruyan y moralicen...". Necrol&oacute;gica de sor Mar&iacute;a Rojo,  <i>El Castellano</i> de Burgos, 1900. VARGAS, Op. Cit., p. 695.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>142</sup> Para corroborar lo que digo, &uacute;nicamente voy a citar algunas de las leyes que durante todo este tiempo se promulgaron: 25 de octubre de 1820: supresi&oacute;n de &oacute;rdenes religiosas; 8 de marzo de 1836: supresi&oacute;n de entidades religiosas (monasterios, conventos, colegios, congregaciones y dem&aacute;s...). Con la Ley de 29 de julio de 1837 dejan de existir como comunidades religiosas, para ser considerados como establecimientos civiles que se regir&aacute;n por reglamentos de r&eacute;gimen interior dictados por el Gobierno. Ley 29 de agosto de 1837: pol&iacute;tica desamortizadora Mendiz&aacute;bal. Real Orden de 19 de septiembre de 1867: derogaci&oacute;n Ley de 1837 que suprime monasterios, conventos, colegios, congregaciones, etc. Decreto de 25 de junio de 1868 que permite a las comunidades religiosas poseer y adquirir bienes. Decreto de 10 de octubre de 1868: supresi&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. Decretos de 12, 18 y 19 de octubre de 1868: supresi&oacute;n de entidades religiosas (monasterios, conventos,...) fundados por Decreto de 29 julio 1837. En ROJAS BUEND&Iacute;A, Mar&iacute;a del Mar,  <i>Los derechos fundamentales de libertad de conciencia y asociaci&oacute;n: an&aacute;lisis hist&oacute;rico y r&eacute;gimen jur&iacute;dico conjunto</i>, tesis doctoral, Edici&oacute;n electr&oacute;nica, Universidad Carlos III de Madrid, 2006, pp.398-400.</font></p>      <p><font face="Verdana" size="2"><sup>143</sup> Tarea a que se dedic&oacute; Felipe II desde 1561 y se culmin&oacute; en 1567. VIDAL GALACHE, Florentina y VIDAL GALACHE y VIDAL GALACHE, "Curar el cuerpo y salvar el alma..."  	<i>Op. Cit.</i>, p. 36.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>144</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 45.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>145</sup> HERN&Aacute;NDEZ MART&Iacute;N,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 42-43.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>146</sup> "Cuando se hizo cargo de este hospital, dice la cr&oacute;nica, los pobres leprosos se hallaban como encenagados en un lodazal de inmundicias, de tal manera que sus miserables celdas parec&iacute;an m&aacute;s bien sepulcros repletos de cad&aacute;veres en estado de descomposici&oacute;n, que habitaciones de seres vivos. Esto iba unido a una horribles desmoralizaci&oacute;n... despu&eacute;s de sanear con sus cuatro hermanas aquella casa de dolor... sal&iacute;an a pedir de puerta en puerta ropas para vestir las desnudas carnes de su pobres lazarinos". Sor Felipa Salarich, 1888, leproser&iacute;a de San L&aacute;zaro en las Palmas, VARGAS,  <i>Op. Cit.</i> pp. 731-732.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>147</sup> "Estando un d&iacute;a de guardia, en el Hospital General de Madrid, sor Concepci&oacute;n Calzacorta, ingres&oacute; un enfermo con una pierna gangrenada pero tan descuidada que los gusanos sal&iacute;an a montones. Hizo lo que pudo para aliviarle y busc&oacute; al m&eacute;dico que le dijo que no se le pod&iacute;a operar, que rociase la pierna en alcohol y la envolviese en una s&aacute;bana. Como no le pareci&oacute; oportuno dejar a aquel pobre sufriendo como sufr&iacute;a, con unas pinzas fue limpi&aacute;ndole una por una las seis heridas que ten&iacute;a sacando todos los gusanos, con el agradecimiento del enfermo. Esta hermana muri&oacute; v&iacute;ctima del tifus por limpiar aun pobre lleno de par&aacute;sitos y miseria y colocarlo en un blanco lecho".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 733.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>148</sup> "La divina providencia ha permitido que estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, lejos de haberse entibiado el evang&eacute;lico ardor de esas sublimes m&aacute;rtires de la religi&oacute;n, haya tomado mayor vuelo; y acaso en ninguna &eacute;poca han acudido en m&aacute;s n&uacute;mero y con m&aacute;s empe&ntilde;o a ofrecer su salud y su vida en los altares de la caridad. Se&ntilde;oras de esclarecido linaje, doncellas delicadas, j&oacute;venes de esmerada educaci&oacute;n, renunciando a los goces de la opulencia y a los halagos del mundo, han querido abrazar el estandarte de San Vicente y desempe&ntilde;ar con ferviente celo los penos&iacute;simos deberes de su Instituto... Nuestra augusta soberna, siempre dispuesta a tender su mano generosa a los desvalidos, se dign&oacute; declararse protectora de las Hijas de la Caridad, y en su real nombre, les concedi&oacute; el gobierno un local espacioso para edificar el noviciado...La reina nombra una comisi&oacute;n para que abra y controle una suscripci&oacute;n para la edificaci&oacute;n de noviciado de las Hijas de la Caridad y al fomento de ese instituto humanitario, que cuidando del enfermo y consolando al desvalido, presta tantos y tan importantes beneficios a las clases necesitadas". NIETO,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 321-323.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>149</sup> "Pudi&eacute;ramos citar mil ejemplos admirables de caridad, de compasi&oacute;n, de ternura, de valor cristiano de las Hijas de la Caridad a favor de nuestros soldados heridos. Los hospitales militares de Vitoria, de Pamplona, los establecidos provisionalmente en medio de los ej&eacute;rcitos beligerantes, presenciaron una y mil veces el hero&iacute;smo de las venerables hermanas que no teniendo m&aacute;s opini&oacute;n que la de favorecer a sus pr&oacute;jimos y aliviarlos en sus desgracias, se consagraron al servicio del legionario franc&eacute;s e ingl&eacute;s igualmente que al del espa&ntilde;ol, su hermano. Mil valientes, que en el d&iacute;a se hallan en el frente de nuestro ej&eacute;rcito, deben la conservaci&oacute;n de sus d&iacute;as al celo infatigable, a la paciencia angelical de las hermanas, as&iacute; que no hay soldado espa&ntilde;ol para quien el solo t&iacute;tulo de hija de la caridad no sea un objeto de profunda veneraci&oacute;n".  <i>Ib&iacute;dem</i>., p. 252.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>150</sup> "De aqu&iacute; salen hermanas para todos los puntos en que las necesidades de los pueblos las reclaman. Los ej&eacute;rcitos mismos de V. M. reciben socorros considerables de vuestro Real Noviciado. D&iacute;ganlo los Hospitales Militares de Sangre de la ciudad de Pamplona, servidos por Hijas de la Caridad, que de aqu&iacute; han salido. D&iacute;ganlo los tres de Vitoria, puestos todos a cargo de las mismas. Ya por tres veces han salido de esta vuestra casa refuerzos de Hermanas para asistir a tanto benem&eacute;rito militar... Actualmente piden diez para levantar un cuarto hospital militar en esta &uacute;ltima ciudad. A pesar de estar casi exhausto de hermanas, se ha hecho un &uacute;ltimo esfuerzo y se han podido juntar cinco aptas para desempe&ntilde;ar los penos&iacute;simos cargos de una hospitalidad tan numerosa". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 268.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>151</sup> AA. VV., <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, pp. 75-77.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>152</sup> "Como se sab&iacute;a que ven&iacute;a el general Mart&iacute;nez Campos, con una columna de 25000 hombres, todos los habitantes, menos tres o cuatro individuos liberales y algunas mujeres, huyeron a Francia o a los montes, llev&aacute;ndose lo que pod&iacute;an y dejando sus casas abandonadas... Apenas hab&iacute;an salido los carlistas de la villa cuando empez&oacute; a entrar la columna con el mayor orden y silencio, pues solo se o&iacute;an los pasos de los soldados, y no cesaron de venir bagajes, caballer&iacute;as, artiller&iacute;a, etc. toda lo noche y d&iacute;a siguiente... El general Mart&iacute;nez Campos con otros Jefes, al pasar por la casa de las hermanas, llam&oacute; &eacute;l mismo a la puerta y habiendo salido la superiora a ver que se les ofrec&iacute;a, manifest&oacute; el general alegrarse de encontrar a las Hijas de la Caridad y les asegur&oacute; que se respetar&iacute;a la comunidad y que nadie se alojar&iacute;a en la casa. Y as&iacute; fue... escaseaban mucho los comestibles, especialmente el pan del que no se pod&iacute;a dar abasto pero el panadero, aunque era uno de los liberales y nunca nos hab&iacute;a suministrado el pan tuvo la atenci&oacute;n de reservar el pan necesario para la comunidad, que enviaba ocultamente. Otros vecinos ven&iacute;an de vez en cuando a preguntar si necesit&aacute;bamos algo y si respetaban la casa los militares". Memoria del colegio de las Hijas de la Caridad- Vera del Bidasoa, 1876.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 92.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>153</sup> "Todo el mundo vio con asombro a estas angelicales hermanas volar gustosas a donde el contagio hac&iacute;a mayores estragos y el peligro era m&aacute;s inminente. Prestar a los enfermos los servicios m&aacute;s expuestos y m&aacute;s repugnantes a la naturaleza, y olvidadas de la delicadeza de su sexo y de los horrores que de continuo les rodeaban, pasar los d&iacute;as y las noches enteras a la cabecera de los invadidos de contagio y hacer con ellos tiernos y caritativos oficios que solo la religi&oacute;n puede imponer a los que reglan sus acciones por sus divinos principios y saben que la mayor caridad es dar la vida en beneficio de los hermanos". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 709.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Las hermanas reparti&eacute;ndonos la noche, solo pod&iacute;amos descansar una o dos horas, pues no todas pod&iacute;an cargar sobre sus hombros los   cad&aacute;veres para llevarlos al dep&oacute;sito, y hasta el mismo m&eacute;dico que visitaba entonces el hospital atravesaba las salas exclamando: de esta nos vamos todos, sin atreverse a acercarse a los enfermos... Entonces vi&eacute;ronse obligadas las hermanas con unas ni&ntilde;as del hospicio a lavar la ropa en las acequias de San Jos&eacute;... adem&aacute;s mientras dur&oacute; la epidemia, las hermanas ayudadas por el Sr. Obispo y algunas otras personas caritativas repart&iacute;amos comida por la ma&ntilde;ana y por la tarde a m&aacute;s de doscientos pobres". C&oacute;lera en Canarias. Las Palmas. Testimonio de una hermana.  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 712-713.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">"Un d&iacute;a trajeron a un militar aqu&iacute; al hospital atacado de c&oacute;lera y tan ag&oacute;nico que no quisieron llevarlo a la ambulancia y lo llevaron al dep&oacute;sito de los muertos; tan a los &uacute;ltimos momentos creyeron que estaba. El celo de sor Francisca no le abandon&oacute;, se fue all&iacute; sola con el pobrecito. Empez&oacute; a darle medicina cada cinco minutos, cada diez, cada quince, cada veinte, minutos hasta que empez&oacute; a reaccionar poquito a poco y por fin quiso dios premiar el celo y gran caridad de sor Francisca. Despu&eacute;s de alg&uacute;n tiempo se fue bueno el militar, dando gracias a Dios y a su bienhechora. Reus".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 723.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>154</sup> "Cerca del antiguo cementerio de San Mart&iacute;n de Madrid, y sobre el cerro llamado del pimiento con vistas a la Moncloa se alzaba un hospital epid&eacute;mico inaugurado en mayo de 1903. En 20 pabellones, se vieron hacinados durante los meses de febrero, marzo y abril de 1904 hasta 240 enfermos y llegaron a ser asistidos en dos a&ntilde;os 2432 de tifus exantem&aacute;tico y 300 de viruela. Las defunciones ascendieron a 484 de los primeros y 50 de los segundos. Desde el primer d&iacute;a las Hijas de la Caridad se hicieron cargo de los enfermos. Pero lo peor fue luchar contra la administraci&oacute;n y direcci&oacute;n de aquella mansi&oacute;n de las desdichas. Total abandono. Los pozos negros y las alcantarillas del recinto emanaban al descubierto olores y contagios m&aacute;s peligrosos que los mismos enfermos. Las pobres hermanas, como ovejas destinadas al sacrificio, clamaban en vano, m&aacute;s que por ellas por los dolientes... La desidia llegaba al punto de permanecer los cad&aacute;veres insepultos dos, cuatro y hasta ocho d&iacute;as. A&ntilde;&aacute;dese a esto el calor por lo que desprend&iacute;an tal olor y fetidez que se hac&iacute;a casi imposible acercarse a ellos habi&eacute;ndose de tomar mil precauciones y desinfecciones para sacarlos. Siete Hijas de la Caridad murieron v&iacute;ctimas del contagio del tifus. Entre ellas dos hermanas sor Teresa y sor Alfonsa Madrid, de 28 y 23 a&ntilde;os, respectivamente, que contrajeron la enfermedad y murieron el 3 y 4 de junio de 1904...". Ib&iacute;dem, pp. 726-727.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>155</sup> "Durante la conquista del reino de Toledo, Alfonso VI ya instal&oacute; tiendas de campa&ntilde;a para la asistencia de heridos en Canales y Olmos, en 1081. Y Fernando III el Santo y Alfonso XI utilizaron tambi&eacute;n tiendas de campa&ntilde;a como rudimentarios hospitales donde curar a sus soldados heridos en la batalla". AA. VV.,  <i>G&oacute;mez Ulla. Hospital Militar Central. Cien A&ntilde;os de Historia</i>, Ministerio de Defensa, Madrid, 1996, p. 35.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Deber&iacute;amos quiz&aacute;s preguntarnos si la escasa informaci&oacute;n sobre el particular es consecuencia de que la instalaci&oacute;n de tiendas era pr&aacute;ctica frecuente, motivo por el que no nos han sido legadas otras referencias, o &eacute;stas fueron situaciones extraordinarias y por ello se pone de manifiesto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>156</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 16.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>157</sup> "Cada tercio, que contaba con 10.000 hombres, llevaba consigo un protom&eacute;dico, facultativo de confianza del capit&aacute;n general, que dispon&iacute;a de cuatro ayudantes y un cirujano. En 1567 a este cirujano se le asignaba como auxiliar un barbero por compa&ntilde;&iacute;a (12 a 15 en total).  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 17.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>158</sup> GOODMAN, David, NAVARROS, V&iacute;ctor,  <i>Poder y penuria: Gobierno, tecnolog&iacute;a y sociedad en la Espa&ntilde;a de Felipe II</i>, Alianza Editorial, Madrid, 1990, p. 277.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>159</sup> "La creaci&oacute;n de cuerpos profesionales organizados, m&eacute;dicos, cirujanos, practicantes y boticarios as&iacute; como la normalizaci&oacute;n de sus funciones, permiti&oacute; la finalidad y objetivos eminentemente cl&iacute;nicos de los hospitales militares, mientras el resto de los hospitales del Estado, ve&iacute;an mediatizada su funci&oacute;n por imperativos ben&eacute;ficos y caritativos". GRANJEL, Luis S., "La medicina espa&ntilde;ola del siglo XVIII",  <i>Historia General de la Medicina Espa&ntilde;ola</i>, Vol. 4, Universidad de Salamanca, 1981-1986, pp. 120-135.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>160</sup> "Durante el siglo XVIII fueron relativamente frecuentes los convenios de la Real Hacienda con los centros ben&eacute;ficos para la asistencia de militares, tanto de la Marina como de Ej&eacute;rcito. Estos contratos recib&iacute;an el nombre de 'asientos' y respond&iacute;an a la necesidad de camas por el cierre de la mayor&iacute;a de hospitales militares que se llev&oacute; a cabo durante el setecientos". VIDAL GALACHE y VIDAL GALACHE, "Testamentos de civiles y militares fallecidos en instituciones de caridad en los siglos XVIII y XIX",  <i>Espacio, tiempo y forma. Serie V, Historia Contempor&aacute;nea</i>, n<sup>o</sup> 4, 1991, p. 204.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Hospital de San Rafael en Santander: "En el se admiten militares y marinos en virtud de Reales Ordenes por no haber en esta capital hospital militar y el Gobierno abona por cada estancia cinco reales". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 70.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>161</sup> AA. VV. <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, pp. 36-37.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hubo una solicitud de hermanas para el Hospital Militar ubicado en el Cuartel de Santa Isabel en 1834. Fueron a &eacute;l seis de ellas aunque sus servicios solo duraron un mes, de julio a agosto: "En consecuencia de lo que hablamos ayer noche he tenido una sesi&oacute;n con la Superiora de este Hospital General y hemos resuelto poner a disposici&oacute;n de V. S. seis hermanas, para que interinamente vayan disponiendo lo necesario para el arreglo interino y econ&oacute;mico del nuevo Hospital Militar que va a establecerse en el cuartel de santa Isabel..." VARGAS, Op. Cit., pp. 268-269.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>162</sup> Misi&oacute;n que ya hab&iacute;a desempe&ntilde;ado el vetusto edificio en 1809 por orden de Jos&eacute; I Bonaparte.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>163</sup> AA. VV. <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. II, pp. 222-223.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>164</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, Vol. II, p. 155.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>165</sup> VARGAS, <i>Op. Cit.</i>, p. 750 751.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>166</sup> "De conformidad con lo prevenido en el real decreto de 19 de abril &uacute;ltimo, en su art. 11, organizando el servicio de los hospitales militares, y deseando el rey que D. g. que las Hijas de la Caridad, cuya humanitaria y noble misi&oacute;n vienen desempe&ntilde;ando con reconocido celo y desinter&eacute;s en los diferentes establecimientos en que prestan sus servicios, ejerzan su ben&eacute;fica influencia y prodiguen sus cuidados a los militares que por enfermedad o heridos ingresan en los Hospitales militares, se ha servido ordenarme remita a vd. como a superior de la orden, el estado adjunto de aquellos establecimientos".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 749.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>167</sup> "Se admitir&aacute; en el servicio de los hospitales militares a las Hijas de la Caridad para el desempe&ntilde;o de cargos de despensera, roper&iacute;a, cocina, lavadero, vigilancia en el aseo de las enfermer&iacute;a, consuelo a los pacientes, cuando lo permitan los m&eacute;dicos de visita o de guardia, y otros servicios propios y compatibles con el decoro de sus instituci&oacute;n, debiendo reducirse el personal de las compa&ntilde;&iacute;as Sanitarias y de la clase civil que no sea absolutamente indispensable".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 749.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>168</sup> Grav&iacute;sima derrota espa&ntilde;ola frente a los rife&ntilde;os de Abd-el-Krim, que tuvo lugar el 22 de julio de 1921 y caus&oacute; una impactante cifra de muertos y desaparecidos -establecida en torno a los 10.000-, y un cuantios&iacute;simo n&uacute;mero de heridos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>169</sup> "En el Doker, escribe sor Justa Lestau, tenemos de 800 a 900 enfermos y heridos, en el Santiago, a cuyo frente est&aacute; sor Francisca Casado, 1200 atendidos por 17 hermanas, en el Jordana pasan de 300, las hermanas son 4... El campo de nuestra caridad y celo es aqu&iacute; muy grande... El total de enfermos en el hospital miliar de Tetu&aacute;n, desde que llegaron las Hijas de la Caridad, el 1 de octubre de 1921 hasta 31 octubre de 1929, se atendieron 11.060 heridos y 126.922 enfermos. Solo en 1924 hubo 5.499 heridos y 16.705 enfermos". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 782-784.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>170</sup> Consuelo Gonz&aacute;lez Ramos comenta sus experiencias personales: "Al Docker me llev&oacute; el cumplimiento de un voto: yo tambi&eacute;n ten&iacute;a en el Avanzamiento a una persona querida y para que Dios la librase del furor de las balas enemigas, ofrec&iacute; coadyuvar a la humanitaria obra de auxiliar a los heridos... Empec&eacute; a prestar servicio al d&iacute;a siguiente de la gloriosa jornada del 27 de diciembre y fui destinada a la tercera cl&iacute;nica. Entr&eacute; muy resuelta a uno de los pabellones; pero no bien hube franqueado la entrada, qued&eacute; confusa ante el cuadro de dolor que se extendi&oacute; a mi vista".  <i>El Telegrama del Rif.</i> 15 febrero de 1912. "Retrato del Hospital del Docker IV", en S&Aacute;NCHEZ SU&Aacute;REZ, M<sup>a</sup> &Aacute;ngeles,  <i>Mujeres en Melilla</i>, SATE-STEs y Grupo Editorial Universitario, Melilla, 2004, pp. 23-24.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Y yo, que con mi pluma hab&iacute;a exaltado esos rasgos de valor sobrehumano, redact&eacute; un telegrama para un peri&oacute;dico, en el que escribo hace veinte a&ntilde;os, alabando los m&eacute;ritos de la duquesa de la Victoria y de las damas que tan abnegada y generosamente colaboran con ella, y dije que iba la duquesa a M&aacute;laga por horas, para volver a su humanitaria labor, y a realizar el enorme milagro de que sus heridos, atendidos sol&iacute;citamente, alimentados con esmero, descansando sobre camas limpias y con ropas nuevas, costasen menos de la mitad de lo que cuestan los heridos atendidos en el hospital Docker de Melilla, donde los marinos, compa&ntilde;eros del infortunado joven se&ntilde;or Lazaga, no pudieron estar vel&aacute;ndole sentados en las sillas que rodeaban aquel lecho del dolor, porque las chinches, en tropel, cubr&iacute;an los blancos pantalones de sus uniformes". Discurso de Indalecio Prieto, octubre 1921.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 36.</font></p>      <p><font face="Verdana" size="2"><sup>171</sup> "Era necesario verlo de cerca y despu&eacute;s de visto pregonarlo, tal dec&iacute;a quien escrib&iacute;a bajo las siglas C. N. S. un articulo que vio la luz p&uacute;blica en Melilla el 27 de noviembre del mismo a&ntilde;o 1921, en que llegaron las Hijas de la Caridad al hospital Doker, catalogado por el Ministro La Cierva como una cloaca. El art&iacute;culo daba la siguiente e interesante informaci&oacute;n: Pues bien, solo hace dos meses que est&aacute;n en &eacute;l los &aacute;ngeles llamados Hijas de la Caridad y, ¡qu&eacute; transformaci&oacute;n ha sufrido! Ya no parecen cloacas aquellos barracones de madera y cart&oacute;n... pues se barren, se limpian, se mudan las camas y no se acuesta a un enfermo sin que se cambien las s&aacute;banas. Y si alguno muere, se cambian tambi&eacute;n el colch&oacute;n las almohadas y las mantas. Ya no se lavan los platos donde se levaban los vasos inmundos y las escupideras, ya tienen todos los enfermos sus cubiertos, su vaso y su taza. Ya no se les deja la leche a los que est&aacute;n a dieta encima de la mesilla un litro por la ma&ntilde;ana, otro al mediod&iacute;a y otro por la noche y el enfermo lo toma o no lo toma. De eso nadie se cuidaba. Ya no se reparten las comidas en convoyes que son unos cajones donde se colocaban 30 o 40 platos y al llegar los &uacute;ltimos ya estaban fr&iacute;os y llenos de polvo. Ahora la comida se reparte en marmitas y portaviandas y se le va dando uno a uno repartiendo al mismo tiempo que la comida, frases de cari&ntilde;o y consuelo. Ya no mueren solos. Ahora tienen los soldados a la cabecea a una hija de la caridad que le enjuga el sudor, le limpia y se cuida de darle el alimento y medicinas de d&iacute;a y de noches, a su hora, que le dice palabras que le recuerdan a su madre... ¡Qu&eacute; encargos les hacen a las hermanas! Les entregan cuanto poseen, les hablan con la confianza que lo har&iacute;an con sus madres y se quedan tan tranquilos... ¡Qu&eacute; escenas he presenciado...! Por ellas se ha establecido una habitaci&oacute;n con bancos y algunas camas para que descansen los soldados. El tren los trae a la puerta del hospital dos veces al d&iacute;a y all&iacute; los deja hasta que los m&eacute;dicos los distribuyen en los hospitales de Melilla. Estos pobres enfermos esperaban antes a la intemperie, sentados en bancos o tirados por el suelo dos o tres horas... los reciben en dicha habitaci&oacute;n con caridad y cari&ntilde;o reparti&eacute;ndoles caldo, vino generoso, galletas y leche... A la plazoleta donde est&aacute; la sala de operaciones y las de reconocimiento, llegan los autocamiones con los heridos y los van dejando en camillas para irles introduciendo en aquellas, pero a veces son tantos que no caben y as&iacute; se quedan, fuera. Hay que ver entonces las Hijas de la Caridad, esos &aacute;ngeles de carne humana, van tap&aacute;ndoles con mantas con la solicitud con que lo har&iacute;a una madre. Lav&aacute;ndoles la cara, que muchos de ellos tienen llena de sangre y polvo. D&aacute;ndoles co&ntilde;ac para fortalecerlos, agua y vino generoso y derramando de uno en uno el precioso b&aacute;lsamo de la caridad que solo ellas poseen. Los que van a hospitales donde no hay madres, como ellos les dicen, se entristecen...". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 785-787.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>172</sup> "O&iacute; decir a un enfermo de alguna edad: pero vds. ¿son mujeres o que son? Ella con mucha gracia le contest&oacute;: no se lo puedo decir a vd. porque yo tampoco lo s&eacute;, pues si fu&eacute;semos mujeres no podr&iacute;amos soportar, no solo el ruido de las balas y el trabajo, sino el ver sufrir tanto a estos infelices". Continuaci&oacute;n del art&iacute;culo de prensa arriba citado.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 788.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Las noches de vela eran tremendas. Se iba de tienda en tienda con una vela en la mano. Tropezando en las cuerdas que se tend&iacute;an para sujetarlas. Cuando soplaba levante, se desataban y ten&iacute;amos que luchar hasta dejar a nuestros soldados seguros de que la lluvia no llegaba a ellos. Despu&eacute;s de todos estos trotes te retirabas a las cinco de la ma&ntilde;ana a descansar pero las hermanas estaban rezando, all&iacute; se hac&iacute;a el desayuno y all&iacute; se tomaba. Aunque estabas cargada de sue&ntilde;o no pod&iacute;as dormir. Cada vez que considero las privaciones que hemos pasado, los peligros de contagio a que estuvimos expuestas, me parece imposible, que sin el auxilio divino pudi&eacute;ramos escapar tan bien. Esto no solo lo admiramos nosotras, sino que los mismos m&eacute;dicos que prestaban sus servicios en el Hospital reconoc&iacute;an lo mismo...". Sor Guadalupe Mi&ntilde;&oacute;n. Hospital de la Jordana, Melilla.  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 784-785.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>173</sup> "Cuando iba haber combate se preparaba todo lo necesario y march&aacute;bamos al campo casi siempre m&aacute;s de dos hermanas con los m&eacute;dicos, para volver alguna con las ambulancias de los heridos que no eran operados y las otras se quedaban a las operaciones de los graves y velarlos, pues dec&iacute;an los m&eacute;dicos que solo se fiaban de los cuidados que prestaban las hermanas a los operados, particularmente los de vientre... En las posiciones como se ten&iacute;a que estar operando no hab&iacute;a medio de defensa y varias veces las balas traspasaban las ventanillas donde se operaba, porque era lo &uacute;nico que ten&iacute;a que estar iluminado y serv&iacute;a de blanco al enemigo". Las avanzadas. Testimonio de Sor Eulalia Alfaro.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 797-798.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"En el desembarco de Alhucemas iban tres barcos hospital con 300 camas cada uno (uno por columna) con Hijas de la Caridad. Veinte d&iacute;as consecutivos estuvieron recibiendo y curando heridos, yendo y viniendo con ellos a Melilla".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 802.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>174</sup> Son innumerables los testimonios recogidos por Vargas y de los que me gustar&iacute;a dejar constancia. He elegido algunos al azar, cartas variadas, que dan noticia de lo que indico:</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Fuentes de la Higuera, 21 de febrero de 1925. Se&ntilde;orita Sor Valentina: El artillero de la cama n<sup>o</sup> 29, tiene el honor de saludarla dese&aacute;ndola un buen estado de salud, como yo la disfruto hoy, a dios gracias. Hermanita, le participo como tuvimos un buen viaje, pero a consecuencia de hacer mal tiempo, cuando llegu&eacute; a mi casa me encontraba un poco enfermo y todas las noches so&ntilde;aba que estaba en el hospital y en vez de llamar a mi madre llamaba a la hermana y mi madre me dec&iacute;a ¿Por qu&eacute; llamas tanto a la hermana? Y yo le dije, es que despu&eacute;s de Dios, le debo la vida a ella, y mi madre se puso a llorar, pero hoy ya me encuentro bien, gracias a dios y a vd. Porque nunca podr&eacute; pagarle el bien que usted me ha hecho y los sacrificios que ha hecho por todos los de la sala. Porque a no ser que vd. sea la virgen, no puede ser otra cosa. Porque un ser humano no se sacrifica como vd. se ha sacrificado por todos nosotros. Sin m&aacute;s por esta. Dar&aacute; muchos recuerdos al comandante y capit&aacute;n m&eacute;dico y a los Sanitarios, a Cano y al otro y vd. reciba de mi madre y de mi padre y de toda mi familia y particularmente del cura y de este inolvidable enfermo, que lo es, Francisco Gonzalvo. Mis se&ntilde;as son: calle de las Eras, n<sup>o</sup> 49, Fuente la Higuera, provincia de Valencia".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 803.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Ferm&iacute;n Moreno S&aacute;nchez: ...soy sargento del tercio herido en los brazos... cont&eacute; el proceso de mi curaci&oacute;n (a mis padres) y de una forma sencilla los asiduos cuidados, el inter&eacute;s viv&iacute;simo y la paciencia santa de vds. para conmigo, han comprendido todo el valor y la abnegaci&oacute;n sublime, y creyendo que mi vida dependi&oacute; de sus cuidados, alentaron mis deseos para que les escribiese manifest&aacute;ndoles el infinito agradecimiento de unos viejos honrados, que cimentaron su vida en la convicci&oacute;n de que las pr&aacute;cticas de caridad en lo que m&aacute;s nos acerca a Dios.... Por mi parte, yo, sor Benita, sor Fellisa, sor Petra, que s&eacute; el valor enorme, la influencia decisiva en mi &aacute;nimo, abatido por la gravedad y aislamiento de personas queridas, no puedo por menos de conocer la obra tan humana que realizan y como les promet&iacute; ser portavoz de sus virtudes...".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">"Francisco Fruto y Nicol&aacute;s G&oacute;mez: 16 nov 1924 a sor Emilia hospital de Tetu&aacute;n: Hermanita nos cuidan muy bien, pero como cuando est&aacute;bamos con usted no. Porque aqu&iacute; no hay hermanitas y todo lo que nos dan tiene que pasar por manos de los enfermeros y ellos nos dan lo que quieren, as&iacute; que hemos sentido mucho marcharnos de esa...".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"11 nov 1928 Antonio Contioso y su madre a Teresa, Hospital Larache: Mi adorada Madre: este tu hijo agradecido no puede menos de enviarte esta humilde misiva, porque volar con el pensamiento hacia ti constituye su m&aacute;s grato recuerdo. Jam&aacute;s olvida, cuando en aquellas noches de fiebre, lejos de los suyos, llegabas t&uacute;, ¡Oh dulce Santa! Y con solicitud maternal le colmabas de atenciones y cuidados. T&uacute; que en el canto de tu infinita bondad aliviaste mis dolores; t&uacute; que velabas mi agitado sue&ntilde;o en horas intempestivas y delirantes; t&uacute; que diste pan espiritual a m&iacute; &aacute;nimo embargado, divina Santa, dulce encarnaci&oacute;n de Santa Teresa de Jes&uacute;s, gloria a ti. Bello &aacute;ngel de la guarda, hada dulce de blancas alas que Dios envi&oacute; para mi consuelo, deja que este tu hijo te ofrende la m&iacute;stica rosa de su gratitud y se humille fervorosamente a tus pies. Besa tus manos con unci&oacute;n divina este tu hijo agradecido". "Porque esas sencillas almas, madres eternas de albas tocas... con esa sencillez divina que les nace del alma no comprenden la magnitud de su obra. Es tan desinteresado su altruismo, tan escasa de ego&iacute;smo su bondad, son tan pur&iacute;simas sus intenciones, que al mirarlas risue&ntilde;as, m&aacute;s parece que se regocijan por la &iacute;ntima satisfacci&oacute;n que a nosotros nos conmueve. No quieren nada, ni piden nada...". La voz de Marruecos, 1924. VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 790-794.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>175</sup> Un pormenorizado estudio acerca del tema puede encontrarse en ESCRIBANO, Eugenio,  <i>Las Hijas de la Caridad de la Provincia Espa&ntilde;ola en trescientos veinticinco hospitales de Sangre durante la cruzada nacional</i>, 3 vols., Gr&aacute;ficas Uguina, Madrid, 1942.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>176</sup> A pesar de que el edificio no ten&iacute;a buenas condiciones ni para el alojamiento, ni para hospital: "...Muy poco despu&eacute;s de instalado el Hospital en el antiguo Seminario de Nobles, las personas peritas echaron de ver los inconvenientes que para albergar enfermos ten&iacute;a el edificio, notando que el cubo de las salas era muy deficiente para el proceso regular de la marcha de las enfermedades, aun las menos graves; que la superposici&oacute;n de los pisos hasta cuatro alturas en algunas partes, es un motivo para que se mezclen los g&eacute;rmenes causantes o provenientes de aquellas, los cuales, deposit&aacute;ndose en los intersticios de los muros simplemente blanqueados, los convert&iacute;an en verdaderos focos de infecciones, origen de m&uacute;ltiples dolencias nuevas para los que all&iacute; entraban padeciendo otras m&aacute;s leves. Y causa de contagio para los que hab&iacute;an de asistir a a&uacute;n para el populoso barrio donde se halla enclavado el nosocomio; y que lo que hab&iacute;a de ser lugar para que recobraran la salud perdida los soldados que penetraban en &eacute;l, era y ha seguido siendo hasta nuestros d&iacute;as enorme mont&oacute;n de materias org&aacute;nicas en descomposici&oacute;n, muy abonadas para engendrar y desarrollar los mismos males, y otros peores, que se quer&iacute;an evitar con su costosa conservaci&oacute;n".  <i>La Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana</i>, 1896, citado por SANLLORENTE, Sor Agustina y VICENTE L&Oacute;PEZ, Sor Trinidad,  <i>Las Hijas de la Caridad en el Hospital Militar G&oacute;mez Ulla (1896-1988)</i>, (edici&oacute;n impresa, sin editar, conservada en la Casa de la Hijas de la Caridad del Hospital G&oacute;mez Ulla), Madrid, 1988.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>177</sup> "La piadosa y caritativa reina visit&oacute; las salas donde los enfermos han encontrado asilo despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n del hospital militar, dirigiendo a los pobres soldados frases de consuelo, ordenando luego que ning&uacute;n auxilio les falte mientras permanezcan en el Buen Suceso, disponiendo que se les sirviera por la noche la raci&oacute;n extraordinaria que determinaran los m&eacute;dicos de cada sala". Tomado de la Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana, por AA. VV.,  <i>El Hospital... Op. Cit.</i>, p. 45.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>178</sup> "La situaci&oacute;n del hospital que ha de competir con los mejores del extranjero, se encuentra a un kil&oacute;metro de Carabanchel, en una suave pendiente del cerro de Almod&oacute;var y en un solar de 84.123 metros cuadrados, generosa y gratuitamente concedido por el pueblo en masa, a ejemplo del Ayuntamiento al Ministerio de la Guerra; am&aacute;s otros 18.000 metros cuadrados, aproximadamente, destinados a instalar barracas provisionales de cirug&iacute;a o enfermedades epid&eacute;micas". GONZ&Aacute;LEZ Y VALENCIA, Ildefonso,  <i>Cr&oacute;nicas de Carabanchel Bajo</i>, Madrid, 1891, p. 99.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>179</sup> AA. VV., <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, pp. 54-63.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>180</sup> AA. VV., <i>Recuerdos de Carabanchel. Historia y cultura</i>, edic. la Librer&iacute;a, Ayuntamiento de Madrid, 2003, pp. 149 y 150.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>181</sup> De nuevo los muertos y heridos pod&iacute;an contarse por millares. "En Cuba hubo 58.000 fallecidos por enfermedad y 16.000 fueron evacuados en barcos-hospitales y en vapores comerciales como inv&aacute;lidos totales". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 68.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>182</sup> "2<sup>a</sup> Secci&oacute;n - Circular - Excmo. Se&ntilde;or: Reconocido por la experiencia el ventajoso resultado que para la asistencia de enfermos y heridos reporta el establecimiento de asociaciones religiosas de mujeres, no solo en los Hospitales Militares de diferentes naciones Europeas, sino tambi&eacute;n en los de Marina de la Pen&iacute;nsula y en los Militares de los Distrititos de Ultramar, adoptados recientemente tan beneficioso como eficaz elemento de auxilio en el Hospital de Madrid, por virtud de convenio entre el capit&aacute;n general de Castilla la Nueva y Extremadura y director general del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad, aprobado por orden de 7 de febrero de 1896; y demostrando adem&aacute;s los valiosos servicios que esta asociaci&oacute;n religiosa viene prestando en el citado hospital y en los de Cuba y Filipinas, atendiendo y cuidando con incesante abnegaci&oacute;n y caridad a los numerosos enfermos y heridos que en ellos existen, con motivo de las actuales campa&ntilde;as, la Reina Regente del Reino se ha servido resolver, en nombre de su augusto hijo el Rey (q. D. g.) que los capitanes generales de las Regiones en cuyos territorios existan hospitales militares que por su capacidad y condici&oacute;n permitan que se establezcan, desde luego en ellos las Hijas de la Caridad para ejercer su humanitario ministerio, entablen las gestiones necesarias con el referido director general de dicho Real Noviciado a fin de celebrar convenios iguales al que se ha hecho menci&oacute;n". AA. VV.,  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. II, p. 227.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>183</sup> AA. VV., <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 73.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>184</sup> AA. VV. <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, pp. 226-227.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>185</sup> "En realidad el 98 no fue un desastre tal como lo entendieron los contempor&aacute;neos. Como ha venido insistiendo la historiograf&iacute;a desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, la guerra hispano-norteamericana fue parte de un proceso de redistribuci&oacute;n de nuevas y viejas colonias en varias partes del mundo bajo la din&aacute;mica de una nueva &eacute;poca de imperialismo ". BALFOUR, Sebasti&aacute;n, "Nuevas y viejas interpretaciones del 98 y de sus consecuencias en Espa&ntilde;a",  <i>XIII Coloquio de Historia Canario-Americana, VIII Congreso Internacional de Historia de Am&eacute;rica, 1998</i>, Las Palmas de Gran Canaria, 2000, p. 36.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>186</sup> "Pero en las calles y plazas de las ciudades espa&ntilde;olas se manifest&oacute; una psicosis b&eacute;lica con gritos de '¡A Nueva York!', etc. y acordes de la 'Marcha de C&aacute;diz', por gentes que en su mayor&iacute;a se quedaban en sus casa de este lado del Atl&aacute;ntico... Y la guerra contra la naci&oacute;n m&aacute;s boyante del mundo se hac&iacute;a en medio de estas casas ape&ntilde;uscadas, que hab&iacute;a que derribar, api&ntilde;adas como en junta de rabadanes ilusos. Se ten&iacute;a la idea de que el poder m&aacute;gico de los ministerios y del Banco de Espa&ntilde;a estaban preparando la victoria, y por el Prado sal&iacute;an batallones vestidos de rayadillo, calzados con alpargatas de tiras blancas y negras Sandalias de expatriados, que daban un aspecto t&eacute;trico y herido a los pies. ¡Todos iban contentos porque les hab&iacute;an regalado una cajetilla para el viaje!... En las tertulias madrile&ntilde;as se cre&iacute;a que los cruceros yanquis virar&iacute;an en redondo ante la sola presencia de nuestra flota; y peri&oacute;dico hubo, como el Heraldo de Madrid, entonces propiedad de Canalejas, que asegur&oacute; muy serio, que las tripulaciones norteamericanas desertar&iacute;an a la primera de cambio". TU&Ntilde;&Oacute;N DE LARA, Manuel, "Los &uacute;ltimos d&iacute;as de un Imperio", El desastre del 98,  <i>Cuadernos de Historia 16</i>, n<sup>o</sup> 30, Madrid, 1985, pp. 9-10 y 12.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>187</sup> "Nuestro pa&iacute;s inicia el siglo XX con una poblaci&oacute;n de 18.618.086 habitantes, contra&iacute;da en su crecimiento por la elevada tasa de mortalidad   -28,8 por mil cuando en Europa era de 19 por mil- y diezmada en estos a&ntilde;os por la incidencia de la guerra cubana, negativa en un doble aspecto: reduce los nacimientos y merma el n&uacute;mero de varones de entre diecis&eacute;is y treinta y seis a&ntilde;os que marchan al frente". CAPEL MART&Iacute;NEZ, M<sup>a</sup> Rosa,  <i>El trabajo y la educaci&oacute;n de la mujer en Espa&ntilde;a (1900-1930)</i>, Ministerio de Cultura, Madrid, 1986, p. 22. Se olvida de mencionar Rosa Capel, quiz&aacute;s por la obviedad, que eran estos hombres los reproductores de la siguiente generaci&oacute;n y la fuerza de trabajo. Su p&eacute;rdida ocasionaba una dram&aacute;tica situaci&oacute;n en la pir&aacute;mide de poblaci&oacute;n y en los resultados econ&oacute;micos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>188</sup> "En 1896 hubo 37 m&eacute;dicos militares muertos; 28 en 1897; 30 en 1898 y 13 en 1899". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i> p. 87.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>189</sup> "El desastre del 98, si hubo tal desastre, fue sobre todo el desastre personal de muchos soldados y marineros y de sus familias; el desastre de todos los minusv&aacute;lidos y enfermos de paludismo, de disenter&iacute;a, tuberculosis y fiebre amarilla. Las condiciones en que regresaron fueron tan malas que en algunos casos las autoridades desembarcaban las tropas de noche para evitar protestas. Muchos perecieron durante el viaje faltos de atenci&oacute;n m&eacute;dica y los que llegaron ven&iacute;an harapientos y fam&eacute;licos... m&aacute;s de 300.000 soldados fueron enviados al Caribe y a Filipinas en los cuatro a&ntilde;os de la guerra...". BALFOUR,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 39-40.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>190</sup> "En el Hospital de San Rafael, de Santander, por ejemplo, que ven&iacute;a atendiendo militares y marinos en virtud de Reales Ordenes por no haber hospital Militar, las Hijas de la Caridad derrocharon su celo desde el a&ntilde;o de su llegada, 1844, en &eacute;l hab&iacute;an atendido heridos de la guerra de la revoluci&oacute;n de 1874, enfermos por la epidemia de c&oacute;lera de 1885 y a las v&iacute;ctimas de la explosi&oacute;n del vapor Cabo de Machichaco, ocurrida en 1893. Pero dieron realmente lo mejor de s&iacute; mismas en el cuidado de los soldados heridos y apestados repatriados de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En 1897 fue necesario abrir nuevos espacios para su atenci&oacute;n. Dicha secci&oacute;n acogi&oacute; a 1570 soldados procedentes de Cuba de los cuales fallecieron 96 y 206 fueron trasladados a otros hospitales. Para atender la avalancha la sala reservada a los militares en el hospital civil se suprimi&oacute; y se sustituy&oacute; por un hospital militar temporal que contaba con 1500 camas". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. II, pp. 70-72.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>191</sup> "Tendr&aacute;n a su cargo las Hijas de la Caridad y desempe&ntilde;aran con celo propio de su Instituto, las salas de los enfermos del hospital militar, dando en todas los alimentos y medicinas, internas, a excepci&oacute;n de las salas destinadas al ven&eacute;reo, por prohibirlo sus reglas; pero cuidar&aacute;n de que los encargados de dichas salas cumplan exactamente con sus deberes, prestando toda la asistencia debida a los enfermos y suministr&aacute;ndoles todos los alimentos y medicinas necesarias. Ser&aacute; peculiar de las Hijas de la Caridad el velar a los enfermos por la noche ". Art&iacute;culo 21 del convenio.  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 228.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"...Y el cuidado directo del hospitalizado est&aacute; a cargo de las benem&eacute;ritas Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l, manantial de caridad y de virtudes, descanso y tranquilidad de m&eacute;dicos e intendentes, irreemplazables, como la pr&aacute;ctica ha demostrado cumplidamente, a la cabecera del enfermo". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla...Op. Cit.</i> p. 464.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>192</sup> En el censo del a&ntilde;o 1860 (he tomado esta cifra por situarla un poco antes de los acontecimientos de 1898, pero que variar&aacute; poco con respecto a dicho a&ntilde;o). 11.837.391 personas eran analfabetas en nuestro pa&iacute;s. Tal cifra nos habla de un 81,02 por 100 de la poblaci&oacute;n. L&Oacute;PEZ-CORD&Oacute;N CORTEZO, M<sup>a</sup> Victoria, La situaci&oacute;n de la mujer a finales del Antiguo R&eacute;gimen (1760-1860),  <i>Mujer y sociedad en Espa&ntilde;a (1700-1975)</i>, Ministerio de Cultura, Madrid, 1986, p. 102.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>193</sup> Esta medida, entre otras iba encaminada a la "educaci&oacute;n moral del soldado". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla...Op. Cit.</i>, p. 101.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>194</sup> "Las Hijas de la Caridad se ocupaban de las labores de asistencia Sanitaria, aunque para ejercer este trabajo no tuvieran t&iacute;tulo alguno". AA. VV.  <i>Recuerdos de Carabanchel... Op. Cit.</i>, p. 150.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>195</sup> "Para cuidar al enfermo la m&aacute;s indicada es la familia, pero hay parientes a quienes no habla muy recio la voz de la Sangre, y sobre todo familias reducidas o compuestas de individuos que por su edad u otras circunstancias no sirven para enfermeros; hay tambi&eacute;n enfermedades largas, hay obligaciones imprescindibles, hay imposibilidad material de que los interesados pierdan el d&iacute;a y la noche durante semanas enteras, etc. y en todos estos casos se hace preciso valerse de un enfermero o enfermera de profesi&oacute;n, apelan a las asistentas, a las personas que se dedican a velar la enfermedad por la noche, etc. Ser&iacute;a digno, muy digno de S. M. atender como debe por su alta y tutelar misi&oacute;n a esta necesidad de las familias y de los establecimientos ben&eacute;ficos, creando escuelas de enfermeros de ambos sexos, fomentando y protegiendo los institutos hospitalarios". &Aacute;LVAREZ RICART, M<sup>a</sup> del Carmen,  <i>La mujer como profesional de la medicina en la Espa&ntilde;a del s. XIX</i>, Antrhopos, 1988, Barcelona, p 196.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>196</sup> "El cuidado del enfermo no es solo importante para &eacute;ste, sino tambi&eacute;n para el m&eacute;dico, cuanto mejor cuidados est&eacute;n los enfermos, tanto mejor ser&aacute; el pron&oacute;stico y mayor ser&aacute; el &eacute;xito del m&eacute;dico". WALKER, Kenneth,  <i>Historia de la Medicina</i>, traducci&oacute;n del Dr. Jacinto Corbella, Credsa, Barcelona, 1966, p. 202.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>197</sup> "Medio fregonas, medio borrachas, han sido magistralmente descritas por Dickens... Para tener idea de ad&oacute;nde hab&iacute;a llegado el cuidado de los enfermos en los hospitales, basta con leer el editorial de  <i>The Times</i>, Londres, 15 de abril de 1857: 'Sermoneadas y re&ntilde;idas por los limosneros y directores, menospreciadas por los pagadores, injuriadas por los cirujanos, tiranizadas por los enfermeros, cubiertas de oprobio por los propios enfermos, insultadas cuando son viejas o feas, tratadas con excesiva familiaridad cuando son de buen ver, seducidas si son j&oacute;venes y bonitas... El salario era irrisorio. Una sola cuidaba de una sala con diecisiete camas y trabajaba desde las seis de la ma&ntilde;ana hasta las siete de la tarde...".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 202-203.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>198</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>., p. 203.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>199</sup> &Aacute;lvarez Ricart, ha rastreado las revistas aparecidas en Espa&ntilde;a, buscando noticias sobre la creaci&oacute;n de las escuelas de Nihgtingale y Fliedner, sin hallar rastro de ello. Queda constancia de la fundaci&oacute;n de una escuela de enfermeras en Liverpool en 1861 de la que se indica 'han acudido muchas personas a formarse y muchas que la sostienen'. De 1862 se lee que 'Hospital General de Viena acaba de despedir a las hermanas de la caridad, y en su lugar se han puesto enfermeras. &Aacute;LVAREZ RICART,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 196-197.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>200</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 197.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>201</sup> "La caridad cristiana ha constituido ya hace tiempo congregaciones de hermanos y hermanas que se consagran con amable celo y desinter&eacute;s a la asistencia de enfermos; m&aacute;s hasta ahora el servicio ha sido casi exclusivamente hospitalario, haciendo muy poco tiempo que unos cuantos institutos de hermanas se prestan al servicio a domicilio... el hospital de Viena acaba de despedir tambi&eacute;n, a petici&oacute;n un&aacute;nime de los 21 m&eacute;dicos, a las Hijas de la Caridad... en su lugar ha puesto enfermeras... En teor&iacute;a no hay instituci&oacute;n m&aacute;s aceptable que la de las hermanas, pero de hecho en la pr&aacute;ctica, vemos muchas veces quejas a que dan lugar... porque asumen a veces papeles y atribuciones que no les corresponden, regentando por ejemplo boticas en los hospitales sin poseer titulaci&oacute;n oficial que les faculte para ello y, tambi&eacute;n, administrando medicamentos a enfermos, igualmente sin la debida titulaci&oacute;n... Ellas no tienen reparos en volver. La caridad no conoce el rencor, la mayor ofensa que pod&iacute;a hacerse a las heroicas servidoras de los pobres y de los enfermos ser&iacute;a dudar de ellas en estos momentos o no atreverse despu&eacute;s de haberlas expulsado del pa&iacute;s a recurrir a ellas. Las hermanas partieron sin sentir indignaci&oacute;n alguna y volver&aacute;n sin envanecimiento".  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 200-206.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>202</sup> &Aacute;LVAREZ NEBREDA, Carlos, Real Escuela de Santa Isabel de Hungr&iacute;a, Primera Escuela de Enfermeras de Espa&ntilde;a,  <i>Tribuna Sanitaria</i>, 2007, http://www.codem.es/tribuna/ptribuna.asp?nrevista=206&amp;nApartado=6</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>203</sup> La Ley de Sanidad P&uacute;blica, de 10 de agosto de 1904, posibilitaba a las mujeres para adquirir el t&iacute;tulo de practicante. L&Oacute;PEZ MONTESINOS, M<sup>a</sup> Jos&eacute;, Revisi&oacute;n cronol&oacute;gica de la ense&ntilde;anza de enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a,  <i>Enfermer&iacute;a Global</i>, Universidad de Murcia, n<sup>o</sup> 5, noviembre 2004, p. 2.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>204</sup> Entre las clases populares las mujeres trabajaban en la agricultura (de forma directa o indirecta) y el servicio dom&eacute;stico y tambi&eacute;n en las f&aacute;bricas sin ning&uacute;n tipo de cuestionamiento.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>205</sup> "Siendo el fin principal de las Hijas de la Caridad el cuidado de los enfermos, quiso San Vicente, su padre y fundador, que pusiesen en ello todo su empe&ntilde;o, anteponi&eacute;ndolo a todo lo dem&aacute;s y hasta interrumpiendo o dejando rezos y oraciones, cuando fuese necesario, pues la mejor oraci&oacute;n era socorrer al necesitado por amor a Jesucristo ". VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 703.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>206</sup> "Es necesario que os apliqu&eacute;is de un modo particular a aprender el modo con que tratan los m&eacute;dicos las enfermedades, para que cuando est&eacute;is en las aldeas o en alg&uacute;n punto donde no haya m&eacute;dico pod&aacute;is serviros de su ense&ntilde;anza con utilidad. Fijaos bien en qu&eacute; casos es preciso sangrar y repetir la sangr&iacute;a; cuando se ha de hacer en un brazo o en un pie, qu&eacute; cantidad de sangre se debe sacar cada vez, cu&aacute;ndo es menester aplicar ventosas; aprended los remedios propios para cada enfermedad. Todo esto es muy necesario, hijas m&iacute;as, y har&eacute;is muy bien en conocerlo".  <i>Ib&iacute;dem</i>. p. 704.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>207</sup> "Que la escasez de fondos de algunos hospitales encargados a las Hijas de la Caridad y los crecidos gastos que es forzoso hacer para proporcionar a los enfermos las medicinas correspondientes, movieron a las expresadas hermanas a dedicarse con el posible estudio de aprender a hacer los cocimientos, jarabes, destilaciones y otras operaciones de farmacia m&aacute;s necesarios y frecuentes, bajo la direcci&oacute;n de los respectivos facultativos. El director general... para servir al p&uacute;blico con m&aacute;s acierto y proporcionar a los pobres todo el alivio posible, pidi&oacute; al superior general de la congregaci&oacute;n de la misi&oacute;n y de las Hijas de la Caridad, que de las muchas hermanas que hay en Francia h&aacute;biles en farmacia, enviase algunas que pudiesen ense&ntilde;ar a las espa&ntilde;olas... enviaron tres, que se hallan en esta corte, pero sin haber hasta ahora podido ejercer su oficio, por falta de medios y por temor de que no fuesen inutilizados sus trabajos si anteriormente no procuraban alcanzar de un permiso expreso para elaborar las medicinas necesarias para los pobres... Logrando esto y estableciendo una escuela interior, en donde se habilitasen las hermanas de la corte podr&iacute;an salir para los establecimientos que las pidiesen de donde podr&iacute;a con el tiempo generalizarse este bien con muchas ventajas de los pobres... De la farmacia del real noviciado salieron buenas boticarias y enfermeras durante el siglo XIX". Memorial del Rdo. P. Fortunato Feu, dirigido al rey en 1830.  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 704-705.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>208</sup> SANLLORENTE y VICENTE L&Oacute;PEZ,  <i>Op. Cit.</i>, p. 22.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>209</sup> Era l&oacute;gica evoluci&oacute;n de las distintas disposiciones en nuestro pa&iacute;s y de las regulaciones que se estaban realizando desde hac&iacute;a tiempo en otros pa&iacute;ses. As&iacute;, el 16 de noviembre de 1888 se regulaba el ejercicio de Practicantes y Matronas y en enero de 1904 la Instrucci&oacute;n General de Salud P&uacute;blica, legitimaba y regulaba el ejercicio profesional, impidiendo la pr&aacute;ctica a personas no tituladas. L&Oacute;PEZ MONTESINOS, Op. Cit., p. 2.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>210</sup> AA. VV., <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, pp. 33-34.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>211</sup> "La precisi&oacute;n en que se ve&iacute;a el Consejo de llevar a efecto la resoluci&oacute;n tomada de designar la mayor&iacute;a de las Hermanas j&oacute;venes, que tomar&aacute;n Dios mediante el Santo h&aacute;bito en el pr&oacute;ximo noviembre, para dedicarlas a los estudios de enfermeras por no ser suficientes las elegidas en los establecimientos...".VARGAS,  <i>Op. Cit.</i>, p. 705.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>212</sup> Seg&uacute;n testimonio oral de las hermanas, desde el momento en que se reglaron los estudios de enfermer&iacute;a, poqu&iacute;simas no fueron capaces de obtener la titulaci&oacute;n acorde con el momento que les toc&oacute; vivir; todo lo contrario, bastantes de entre ellas se exigieron a s&iacute; mismas mayor cualificaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>213</sup> "...a la que suscribe, sor Josefa Bengoechea, visitadora de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l en Espa&ntilde;a, con domicilio en el Real Noviciado, calle de Jes&uacute;s, n<sup>o</sup> 3, le cabe la satisfacci&oacute;n de ponerse incondicionalmente a las ordenes de S. M. para el mayor servicio del ejercito espa&ntilde;ol, ya que la divina providencia me ha suministrado abundante numero de Hijas de la Caridad aptas para todos los menesteres de los hospitales, ambulancias, etc. comprobada su idoneidad en cientos de ellas mediante el t&iacute;tulo de enfermeras expedido por la Facultad de Medicina de la Universidad Central". AA. VV.,  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, p. 35.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>214</sup> "Circular. Excmo. Sr.: El Rey (q. D. g.) se ha servido disponer que se establezca desde luego en todos los hospitales militares de la Pen&iacute;nsula, Baleares y Canarias en que a&uacute;n no lo estuviese, el servicio de Hijas de la Caridad, ajust&aacute;ndose las Capitan&iacute;as Generales, para llevar a cabo los convenios respectivos a lo que determina la Real Orden de 15 de octubre de 1900..." AA. VV.,  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 465.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>215</sup> "SECCI&Oacute;N de Sanidad Militar. Instrucci&oacute;n. Excmo. Sr. Como ampliaci&oacute;n a la Real Orden circular de 22 de febrero &uacute;ltimo (D. O. n<sup>o</sup> 45) y con objeto de dar mayor eficacia a lo que se disponer en el art&iacute;culo 1<sup>o</sup> del cap&iacute;tulo 1<sup>o</sup> y en el 35 del cap&iacute;tulo 3<sup>o</sup> de la dicha Soberana Disposici&oacute;n, el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer que se establezca en el Hospital Militar de Carabanchel, con car&aacute;cter permanente, la ense&ntilde;anza te&oacute;rico pr&aacute;ctica de los conocimientos exigibles a la enfermer&iacute;a moderna para que las Hijas de la Caridad que hayan de desempe&ntilde;ar su cometido en los Hospitales Militares. Para esta ense&ntilde;anza ser&aacute; designado un jefe m&eacute;dico de entre los destinados en dicho Centro, sin perjuicio de su servicio y a propuesta del Director del Establecimiento. La instrucci&oacute;n te&oacute;rico pr&aacute;ctica se sujetar&aacute; al reglamento y programa que se redactar&aacute; por el personal de dicho Hospital remiti&eacute;ndose, para su aprobaci&oacute;n, a este Ministerio. Una vez terminada la instrucci&oacute;n de las Hijas de la Caridad que efect&uacute;en los cursos de ense&ntilde;anza ser&aacute;n sometidas a examen, con arreglo a las formalidades que se indiquen en el expresado programa reglamento concedi&eacute;ndoseles a las aprobadas, certificado de aptitud. Fin primordial de esta ense&ntilde;anza es el de constituir una plantilla de enfermeras que, adem&aacute;s del alto esp&iacute;ritu religioso y altruista propio de la humanitaria asociaci&oacute;n de las Hijas de la Caridad, posean conocimientos especiales de &iacute;ndole sanitaria que complete y perfeccione su funci&oacute;n auxiliar del Cuerpo de Sanidad Militar en los Hospitales debiendo hallarse en posesi&oacute;n del certificado de aptitud todas aquellas que presten sus servicios en los mismos. Estas enfermeras llevar&aacute;n como distintivo profesional el distintivo del Cuerpo de Sanidad Militar sobre la manga del brazo derecho. Los cursos de referencia ser&aacute;n trimestrales y para obtener el diploma o certificado de tales enfermeras asistir&aacute;n a dos cursos: el primero te&oacute;rico pr&aacute;ctico y el segundo exclusivamente pr&aacute;ctico. De Real Orden lo digo a V. E. para su conocimiento y dem&aacute;s efectos. Dios guarde a V. E. muchos a&ntilde;os. Madrid, 20 de mayo de 1922 (D. O. n<sup>o</sup> 112, de 21 de mayo 1922). Jos&eacute; Mar&iacute;a de Olaguer Feliu. Capit&aacute;n general de la Primera Regi&oacute;n. Documento conservado en la Comunidad de las Hijas de la Caridad en el Hospital Central de la Defensa "G&oacute;mez Ulla".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>216</sup> "El deseo que la Reina hab&iacute;a expresado al director del hospital de que se diera cierta ense&ntilde;anza te&oacute;rica a las Hijas de la Caridad que en &eacute;l prestaban servicio, se plasm&oacute; en una instituci&oacute;n para la cual no era necesario m&aacute;s presupuesto ni plantilla que el sentimiento del deber, el amor al servicio y la buena voluntad por parte de todos". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I. p. 35.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>217</sup> "Reglamento programa de las enfermeras de San Vicente de Pa&uacute;l, de los hospitales militares: Art&iacute;culo 1<sup>o</sup>.- A tenor de lo dispuesto en la Real Orden de 20 de mayo de 1922, la ense&ntilde;anza te&oacute;rico pr&aacute;ctica que ha de constituir la preparaci&oacute;n m&eacute;dica de las Hijas de la Caridad de los hospitales militares se regir&aacute; por el siguiente reglamento programa. Art&iacute;culo 2<sup>o</sup>.- La expresada ense&ntilde;anza se har&aacute; en dos partes durante cada a&ntilde;o, en los meses de febrero, marzo y abril, la primera, y mayo, junio y julio, la segunda. Art&iacute;culo 3<sup>o</sup>.- Una vez terminada esta con conceptuaci&oacute;n favorable, le ser&aacute; concedido a cada alumna un certificado de aptitud como enfermera de San Vicente de Pa&uacute;l de los hospitales militares que expedir&aacute; el se&ntilde;or director del Hospital Militar de Carabanchel, Jefe inspector de dicha ense&ntilde;anza".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 36.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>218</sup> <i>El Imparcial</i> de 27 de junio de 1922, recog&iacute;a el evento y el nombre de estas 22 pioneras: "Isabel Aguirre, Amparo Escriv&aacute;, Remedios Mata, Benigna Marugarren, Matilde Pardo, Tiburcia Quintana, Feliciana Urbar&aacute;n, Irene Cast&aacute;n, Robustiana Eguiza, Guadalupe Mendoza, Luisa Nu&ntilde;i, Cristina Santolaria, Concepci&oacute;n Vald&eacute;s, Mar&iacute;a D&iacute;az, Bonifacia Gast&oacute;n, Felipa Moreno, Josefa Odriozola, Nieves P&aacute;ramo, Nieves Indiano, Marina Villegas, Carmen Zufia".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 40.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>219</sup> "Cada Jefe de Servicio se encargaba de la formaci&oacute;n de las hermanas ense&ntilde;&aacute;ndoles las diferentes t&eacute;cnicas que se iban implantando, as&iacute; como los conocimientos b&aacute;sicos de las especialidades en que trabajaban. Fue tanto el inter&eacute;s, esp&iacute;ritu de colaboraci&oacute;n y af&aacute;n de superaci&oacute;n de las hermanas, que pronto llegar a ser pieza clave en los diferentes equipos. ¿Qui&eacute;n ha pasado por el Hospital aunque haya sido un breve espacio de tiempo y no ha o&iacute;do hablar de la labor de Sor Amparo y Sor Victoria en los Quir&oacute;fanos Centrales, de Sor Concepci&oacute;n en Aparato Respiratorio, de Sor Sara en O. R. L. de Sor Mar&iacute;a Josefa en Psiquiatr&iacute;a, de Sor Faustina en Cirug&iacute;a Pl&aacute;stica, o de las hermanas Arrieta en Cirug&iacute;a General, etc.? En 1928 el Jefe de Radiolog&iacute;a imparti&oacute; un cursillo para las hermanas exclusivamente otorg&aacute;ndoles el correspondiente diploma, a las de quir&oacute;fano se las ense&ntilde;&oacute; a dar anestesia con la mascarilla Hombredan. En 1925, las hermanas ya tomaban la T.A., hac&iacute;an de instrumentistas y a veces de ayudantes de los cirujanos y, en 1931, la hermana del laboratorio, Sor Gabriela, no solo hac&iacute;a los an&aacute;lisis m&aacute;s corrientes en sangre y orina, sino que fue impuesta en la Secci&oacute;n de Anatom&iacute;a Patol&oacute;gica para trabajar al microscopio. SANLLORENTE y VICENTE L&Oacute;PEZ,  <i>Op. Cit.</i>, p. 25.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>220</sup> "Destacable fue el empuje de sor Manuela Calvo, hermana sirviente (1923-1948 y 1952-1958), que con una excelente visi&oacute;n de futuro, hac&iacute;a que todas las hermanas se preparasen lo mejor posible para servir a los enfermos con dignidad y eficacia por una parte, y por otra, para que la falta de formaci&oacute;n no fuera causa de separarles del servicio directo al m&aacute;s necesitado". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 466.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>221</sup> <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 467</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>222</sup> "...d&aacute;ndose cuenta del avance extraordinario que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os va adquiriendo la carrera de enfermera, y la necesidad en que m&aacute;s que ninguna otra est&aacute; la enfermera religiosa, si ha de conservar su puesto en la cabecera del enfermo de poseer la ilustraci&oacute;n cuando menos igual a la m&aacute;s superior de las modernas laicas, nos invit&oacute; la comunidad a que, utilizando nuestra experiencia de m&aacute;s de 20 a&ntilde;os en la direcci&oacute;n de los estudios de las Hijas de la Caridad, que con su brillante actuaci&oacute;n en los ex&aacute;menes obtuvieron el deseado titulo de enfermera oficial... Pusi&eacute;semos esos conocimientos y esas practicas en disposici&oacute;n de ser transmitida a un libro que fuese no solo la norma o direcci&oacute;n elemental que guiase a la alumna en el &aacute;spero camino del programa oficial sino que iniciase tambi&eacute;n a la enfermera ya en funcionamiento en las cuestiones m&uacute;ltiples y complejas para las que, cada vez con m&aacute;s insistencia, viene siendo reclamada por el m&eacute;dico del hospital... por ello este libro m&aacute;s que una nueva edici&oacute;n es algo muy distinto de los anteriores, porque aun conservando, para facilidad de las estudiantes, la divisi&oacute;n en cap&iacute;tulos y en lecciones, el orden del programa oficial es, sin embargo, algo muy distinto en la manera de tratar las cuestiones, en el modo gr&aacute;fico de representarlas, en la inclusi&oacute;n de nuevos cap&iacute;tulos consecuencia obligada del avance constante de la medicina y en la inclusi&oacute;n en &uacute;ltimo t&eacute;rmino de materias tan importantes como Puericultura, Radiolog&iacute;a en general, Psiquiatr&iacute;a, etc. que a modo de ap&eacute;ndice figuran al final". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.,</i> pp. 39-40.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>223</sup> Ya, con anterioridad, un d&iacute;a en que don Mariano desempe&ntilde;aba interinamente la direcci&oacute;n del hospital militar, por enfermedad del coronel director, fue citado por Manuel Aza&ntilde;a, presidente de la Rep&uacute;blica, para indicarle que quer&iacute;a que las hermanas abandonaran el hospital para sustituirlas por personal civil. La repuesta del doctor G&oacute;mez Ulla fue contundente: "-se&ntilde;or presidente, esto va a salirle muy caro al ramo de guerra, aparte de ello le dir&eacute;, excelencia, que las Hijas de la Caridad son insustituibles. Aza&ntilde;a le replica: -Pero entonces, ¿qu&eacute; tienen esas mujeres de especial y qu&eacute; cobran estas monjas que tan baratas salen al estado? -Cobran 1,50 pesetas diarias, Sr. Presidente. -no lo entiendo ¿Qu&eacute; pretenden esas Hijas de la Caridad? -Nada. Excelencia, simplemente un cachito de cielo". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 468.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>224</sup> "...los tiempos que corren no son buenos, se palpa en el ambiente de inseguridad, de incertidumbre, no solo en los estamentos de la naci&oacute;n sino tambi&eacute;n en la calle. Esta inquietud trasciende a la vez al Hospital, donde de una manera velada se empieza a manifestar las diversas ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas y se van se&ntilde;alando los campos donde muchos m&eacute;dicos militares van a militar... Las Hermanas de la Caridad empiezan a ser atacadas, se habla en Carabanchel de que han de ser secularizadas".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 467.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>225</sup> "Yo s&eacute; de unas manos buenas/ -dulces manos de mujer-/ que embellecen cuanto tocan/ como la aurora al nacer/ Manos pr&oacute;digas que saben/ convertir el mal en bien/ y consolar los dolores/ y vestir la desnudez.../ y hacer todo con gracia / con ternura y sencillez/ Los pobres no solo tienen/ en sus cuerpos hambre y sed/ Tambi&eacute;n tienen en sus almas/ sed y hambre de un no s&eacute; qu&eacute;.../ No solo es limosna el pan/ que damos para comer/ una sonrisa de gracia/ una palabra de miel/ pueden ser en muchas horas/ mejor limosna tal vez/ Benditos los corazones/ que los saben comprender/ Benditas las manos buenas/ que saben hacer el bien/ no con largueza tan solo/ sino con gracia tambi&eacute;n/ Yo os pondr&iacute;a como ejemplo/ El raso de una mujer.../ Mas temo que mis palabras/ Hirieran su sencillez/ Su vida es como el arroyo/ que corre y canta a la vez y va regando de flores/ sus orillas al correr.../ All&aacute; va su vida buena/ Llena de amor y de f&eacute;/ Con temblores de hero&iacute;smo/ Y gracia de sencillez/ Ilumin&aacute;ndolo todo/ Como la aurora al nacer/ All&aacute; va el arroyo claro/ Cantando y haciendo bien. Documento conservado en la Casa de Comunidad de las Hijas de la Caridad en el Hospital Central de la Defensa "G&oacute;mez Ulla".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>226</sup> "la vestimenta que llev&aacute;bamos y la hora en que sal&iacute;amos hizo exclamar a don Mariano: Dios m&iacute;o en que hora tan peligrosa sal&iacute;s y con lo feas que est&aacute;is...Una vez las hermanas fuera del hospital, algunas encontraron refugio en las Embajadas o en casas de amigos o conocidos, otras sirviendo en pensiones para pagarse el sustento; tambi&eacute;n las llamaban para cuidar enfermos, en Hospitales de Sangre, y no falt&oacute; qui&eacute;n se pas&oacute; parte de la guerra en c&aacute;rceles y checas que las dej&oacute; marcadas para toda la vida. Al o&iacute;rlas relatar su calvario no puede uno por menos que sentir indignaci&oacute;n por los ultrajes de que fueron v&iacute;ctimas: echadas de sus casas, insultadas por las turbas y los hombres armados hasta los dientes y mofadas por acciones y groseras frases. Todo por la &uacute;nica culpa, servir a Dios y haberse sacrificado generosamente en el servicio de los pobres...". AA. VV.  <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 469.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>227</sup> Martes, 4 de agosto de 1936: "A las diez de la ma&ntilde;ana me entero en Duque de Alba que se han llevado los milicianos a todas las hermanas, incluida la Superiora; vuelvo r&aacute;pidamente al hospital para hacer gestiones, llamo inmediatamente por tel&eacute;fono al Ministro de la Guerra para tener noticias sin resultado. A las siete de la tarde me entero de que est&aacute;n a salvo. Todas mis gestiones las hago por ser mujeres indefensas. Efectivamente, las Hijas de la Caridad con la superiora al frente, sor Manuela Calvo, fueron llamadas por orden del pueblo a abandonar el centro con ropas seglares, para ser fusiladas. La superiora detr&aacute;s de la &uacute;ltima de sus Hijas subieron a los camiones que las trasportar&iacute;an al lugar del fusilamiento y que ellas ignoraban... Uno de los jefes que las conduc&iacute;an reconoci&oacute; a unas cuantas que lo trataron con todo el inter&eacute;s y el cari&ntilde;o, unos a&ntilde;os antes, cuando hac&iacute;a el servicio militar... - ¡alto compa&ntilde;eros! A estas mujeres no se las puede matar, porque estas no son como las otras, ellas no practican m&aacute;s que el bien para todos. Y encar&aacute;ndose con la superiora le dice: -os vamos a dejar en el Puente de Toledo, qued&aacute;is en libertad, arregl&aacute;oslas como pod&aacute;is en Madrid, esto no entra en mis poderes, pero s&iacute; el salvaros la vida, pues sois buenas".  <i>Ib&iacute;dem</i>, p. 468.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>228</sup> "El d&iacute;a 8 de noviembre de 1936 (I A&ntilde;o Triunfal), en el empleo de Comandante y al mando de la 1<sup>a</sup> Bandera de la Legi&oacute;n, tuve el honor de asaltar este magn&iacute;fico Hospital Militar de Carabanchel, s&iacute;mbolo y orgullo del Cuerpo de Sanidad Militar, reconquist&aacute;ndolo para la Espa&ntilde;a Nacional. Y solo comparables al cari&ntilde;o y emoci&oacute;n, inmensos que en aquel d&iacute;a pusimos mis tropas y yo para recuperarlo, izando en &eacute;l para siempre nuestra Bandera, son la emoci&oacute;n y el cari&ntilde;o que hoy siento, al estampar mi firma la primera, en el &Aacute;lbum (nueva serie) de este prestigioso y meritorio Establecimiento Militar. Carabanchel Bajo 16 de noviembre de 1939. El coronel Jos&eacute; &Aacute;lvarez Entrena". SANLLORENTE y VICENTE L&Oacute;PEZ,  <i>Op. Cit.</i>, 41.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>229</sup> "El Real Noviciado fue desalojado el 6 de febrero del 36. En &eacute;l se encontraban 200 novicias y 60 profesas. El P. Tobar dec&iacute;a desesperado: ¿qu&eacute; hago yo con m&aacute;s de 8.000 Hijas de la Caridad el d&iacute;a en que se vean todas en la calle? ¿D&oacute;nde las llevo? ¿Con qu&eacute; las alimento? ¿A qu&eacute; las dedico?...</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Carta de la madre Sor Justa Dom&iacute;nguez, 30 de mayo a todas sus hijas: ¡Cu&aacute;nto padecen nuestras hermanas en algunas casas! Son el blanco de las iras de pobres enga&ntilde;ados, que las insultan y calumnian sin miramiento alguno. De varios establecimientos las han despedido. Son ya 17 las comunidades deshechas y casi otras tantas las amenazadas. Nos han quemado el asilo escuelas del Pilar, en Cuatro Caminos, echando a las hermanas a empellones dejando sin albergue  a cincuenta ni&ntilde;as asiladas, sin clases a unos mil ni&ntilde;os de ambos sexos, a las obreras sin academia nocturna y a unas 400 j&oacute;venes sin el c&aacute;lido ambiente que en los domingos y fiestas disfrutaban en sus escuelas y con sus amadas hermanas. Ese mismo d&iacute;a 4 de mayo despojaron del santo h&aacute;bito y lo quemaron en la calle, a dos de nuestras hermanas del asilo de las mercedes, una de las cuales interrogada confes&oacute; con gran valor y serenidad nuestra santa fe. Recibieron muchos golpes y groseros insultos hasta dejarlas magulladas y llenas de cardenales..." VARGAS, Op. Cit., pp. 812 y ss.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>230</sup> "Antes del levantamiento militar hab&iacute;a en Espa&ntilde;a 16 hospitales militares. Se abrieron 152 en 1936, 104 en 1937, 42 en 1938 y 11 en 1939; es decir, un total de 309, que junto a los 16 existentes alcanzaban la cifra de 325. En ellos sirvieron 2.890 Hijas de la Caridad. Pero con el cierre de todos los dem&aacute;s ministerios no es arriesgado decir que atendieron los hospitales m&aacute;s de 4.000. Se ha calculado que el n&uacute;mero de enfermos y heridos ingresados en ellos fue de 1.605.862, a falta de la estad&iacute;stica de 86 hospitales. Se estima que las Hijas de la Caridad cuidaron en la guerra civil a m&aacute;s de 2 millones de soldados de Franco. Para la ubicaci&oacute;n de los Hospitales de Sangre la iglesia cedi&oacute; 72 de sus mejores edificios y los dem&aacute;s los proporcion&oacute; la beneficencia provincial y municipal, am&eacute;n de particulares y escuelas p&uacute;blicas, casinos, f&aacute;bricas, casas y palacios privados. Las Hijas de la Caridad convirtieron en hospitales 124 casas, muchas de su propiedad".  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 804-805.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>231</sup> "31 enero 1937: Hermanitas las felicito con un aprecio muy grande para que sepan de mi salud y que me recuerdo del cielo de Benavente. Que vds. han sido la segunda madre que conoc&iacute;, despu&eacute;s de los ocho a&ntilde;os que llevo rodando por el mundo y por tanto quiero decirles que me encuentro en Plasencia. Jes&uacute;s Dom&iacute;nguez Cabreira".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">&quot;Mondariz, 28 julio 1937: Sor Rosa, Sor Tomasa, Sor Consuelo, Sor Blanca, todas, todas... que buenas han sido con nosotros que bien han sabido vds. en todo momento suplir a nuestras madres, hermanas, y esposas... mucho las tenemos que agradecer y grande tiene que ser la recompensa para vds...".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Escarabajosa, 5 febrero 1938: "El trato que he recibido de vds., el cari&ntilde;oso desvelo y constante sacrificio, solo pueden compararse al trato desvelo y sacrificio de una madre. Ahora que la tengo a mi lado es cuando m&aacute;s claro he visto hasta donde llega la caridad de aquellas almas que se consagran a Cristo para hacer el bien a la humanidad. Eleuterio Cuellar".  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 807 y ss.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>232</sup> <i>Las hijas de la caridad testigos de concordia y solidaridad, ayer y hoy</i>, 2005.  <a target="_blank" href="http://www.conferenciaepiscopal.es/dossier/.../caridad2.pdf">http://www.conferenciaepiscopal.es/dossier/.../caridad2.pdf</a>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>233</sup> Realizaban un curso de dos a&ntilde;os &uacute;nicamente reconocido para Sanidad Militar. Aparte del curso te&oacute;rico, las pr&aacute;cticas las realizaban como adjuntas a las hermanas en cada uno de los Servicios del Hospital. Muchas de ellas revalidaron sus estudios como Auxiliares de Enfermer&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>234</sup> SANLLORENTE y VICENTE L&Oacute;PEZ,  <i>Op. Cit.</i>, p. 43.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>235</sup> La pobreza se ense&ntilde;ore&oacute; de toda Espa&ntilde;a y los habitantes de Carabanchel sufrieron lo indecible porque los bombardeos fueron continuos en esta zona y pocas casas quedaron en pie. Adem&aacute;s, para mayor sufrimiento: "con el nuevo r&eacute;gimen perdi&oacute; todo su valor el dinero republicano de forma que los perdedores de la guerra se encontraron en la m&aacute;s absoluta pobreza, con la necesidad de malvender sus bienes para adquirir alimentos...Carabanchel se convertir&aacute; en una zona de recepci&oacute;n de inmigrantes que propici&oacute; la aparici&oacute;n de bolsas de infraviviendas en las que la vida se desarrollaba de forma calamitosa. AA. VV.  <i>Recuerdos...Op. Cit.</i>, pp. 165-166 y 171.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>236</sup> "En 1950 el profesor Jim&eacute;nez D&iacute;az, fundador de la Cl&iacute;nica de la Concepci&oacute;n de Madrid, coment&oacute; a la visitadora de las Hijas de la Caridad la necesidad de que las hermanas pasaran a instruirse en EE.UU. Consecuente a esta observaci&oacute;n, en el mes de septiembre de dicho a&ntilde;o, sal&iacute;an hacia Nueva York tres hermanas que permanecer&iacute;an ocho meses en el  <i>Sister of Charity Hospital</i> de Bufalo, y cuatro en el <i>St. Marys Hospital</i> de Rochester. Una se form&oacute; en administraci&oacute;n, otra en diet&eacute;tica y la m&aacute;s joven en escuelas de enfermer&iacute;a y en nursing arts. A su regreso, las dos primeras se ubicaron en la Concepci&oacute;n donde se organiz&oacute; un excelente servicio de cocina diet&eacute;tica. La tercera fue nombrada secretaria de estudios e instructora de pr&aacute;cticas de la escuela de enfermeras que fundaron las Hijas de la Caridad en Carabanchel. M&aacute;s tarde Don Emilio Mu&ntilde;oz, catedr&aacute;tico de Farmacolog&iacute;a, Vice-Decano de la Facultad de Medicina y director del Hospital Cl&iacute;nico de San Cecilio de Granada, pidi&oacute; a la visitadora de las Hijas de la Caridad en Madrid, una hermana para que se hiciera cargo de la escuela de enfermeras que quer&iacute;a crear. El 28 de noviembre de 1953 llegaba a Granada sor Josefina Castro, quien se hab&iacute;a preparado en EUU para la direcci&oacute;n de escuelas de enfermer&iacute;a, y que se convirti&oacute; en la primera enfermera jefe de la de Granada. CASTRO VIZOSO, Josefina,  <i>Identidad de la enfermer&iacute;a cono profesi&oacute;n</i>, Organizaci&oacute;n Colegial de Enfermer&iacute;a, Granada, 1993.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>237</sup> Una compilaci&oacute;n legislativa acerca de la ense&ntilde;anza de enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a, puede seguirse en L&Oacute;PEZ MONTESINOS, M<sup>a</sup> Jos&eacute;,  <i>Op. Cit.</i>, pp. 2-6.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>238</sup> "La visitadora, sor Justa Dom&iacute;nguez, solicit&oacute; al Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional, la aprobaci&oacute;n de una escuela de enfermer&iacute;a de la iglesia que se instalar&iacute;a en la calle Jos&eacute; Antonio, 42, Carabanchel Bajo en el edificio de las escuelas del Carmen. La instancia fue aprobada, el 26 de agosto de 1953 y ser&aacute; reconocida como Escuela Oficial". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 50.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><sup>239</sup> Parece interesante rese&ntilde;ar la importancia de que una Hija de la Caridad fuera m&eacute;dica y tres fueran doctoras en Medicina en una &eacute;poca en la que a&uacute;n no se hab&iacute;an consolidado los estudios universitarios para las mujeres, ya que acced&iacute;an a ellos desde hac&iacute;a relativamente poco tiempo y su n&uacute;mero era rid&iacute;culo en relaci&oacute;n con los varones: "En 1872 se matricula por primera vez una mujer en una facultad espa&ntilde;ola, en concreto, en la de Medicina de Barcelona. Se trata de M<sup>a</sup> Elena Maseras, que hab&iacute;a tenido que solicitar un permiso especial para realizar los estudios de segunda ense&ntilde;anza y posteriormente los universitarios... Las siguientes alumnas se incorporar&aacute;n gracia al vac&iacute;o legislativo existente respecto al acceso de las mujeres a la Universidad... En 1875, y tambi&eacute;n en una clase de medicina (Terap&eacute;utica), el catedr&aacute;tico nombr&oacute; a una alumna y exigi&oacute; su presencia en la clase por hallarse en ella matriculada. El Siglo M&eacute;dico, relat&oacute; el hecho como algo extraordinario haciendo puntualizaciones tales como que se la recibi&oacute; con un aplauso, que iba acompa&ntilde;ada de su hermano, tambi&eacute;n estudiante de medicina, que se sentaba al lado del catedr&aacute;tico y que desde que ella comenz&oacute; las clases hubo un aumento en la presencia en clase... Hasta 1910 las alumnas que quer&iacute;an estudiar en r&eacute;gimen oficial, asistiendo a clase, deb&iacute;an pedir un permiso especial a las autoridades acad&eacute;micas. El catedr&aacute;tico de la asignatura se compromet&iacute;a a garantizar el orden en el aula... La primera alumna en doctorarse en Espa&ntilde;a, lo fue tambi&eacute;n en Medicina, en 1882, Dolores Aleu y Riera... En el curso 40/41 las mujeres estudiaban principalmente Filosof&iacute;a y Letras, Ciencias (sobretodo Qu&iacute;mica) y Farmacia, acogiendo estas Facultades el 82% de las alumnas universitarias. A partir de 1950 el alumnado de Filosof&iacute;a y Letras eran en su mayor&iacute;a mujeres (69,9%) y en Farmacia las mujeres fueron mayor&iacute;a a partir de 1960. Por el contrario, los estudios de Derecho, Veterinaria y Medicina contaban con un n&uacute;mero muy reducido de mujeres entre sus estudiantes, y a&uacute;n menor entre sus licenciados en plena posguerra. Respecto a los estudios de Medicina hay que se&ntilde;alar que en estos a&ntilde;os se produce un llamativo aumento de las alumnas matriculadas, que de representar el 5,5% en el curso 40/41, pasan al 20,2 % en el 69/70. L&Oacute;PEZ DE LA CRUZ, Laura, "La presencia de la mujer en la Universidad Espa&ntilde;ola",  <i>Revista Historia de la Educaci&oacute;n Latinoamericana</i>, Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia, n<sup>o</sup> 4, (2002), pp. 291-299.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>240</sup> AA. VV. <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 51.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>241</sup> "El 16 de octubre de 1971 se firm&oacute; el convenio entre el Hospital del Aire y las Hijas de la Caridad para establecer una escuela de ATS - seg&uacute;n los estudios fijados para todo el &aacute;mbito nacional-, dependiente de la facultad de Medicina de la Complutense. Qued&oacute; ubicada en las plantas 9 y 10 del edificio. La 9 habilitada para residencia-internado de alumnas y la 10 para aulas y salas de estudio. Las clases se iniciaron ese mismo a&ntilde;o, con una media de 50 alumnas por curso. La escuela funcion&oacute; hasta el 31 de mayo de 1980, fecha que se clausur&oacute;, por decisi&oacute;n de los superiores. Durante el periodo de funcionamiento se graduaron en enfermer&iacute;a 450 profesionales".  <i>Ib&iacute;dem</i>, pp. 51-52.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>242</sup> A propuesta de la Universidad Complutense se desarrollaron Cursos de dos a&ntilde;os acad&eacute;micos, &uacute;nicamente para el personal militar y las hijas de la Caridad, acabados los cuales se conced&iacute;a un diploma de Formaci&oacute;n complementaria en administraci&oacute;n y ense&ntilde;anza de enfermer&iacute;a. La escuela recibi&oacute; el nombre de "Nuestra Se&ntilde;ora del Perpetuo Socorro". Informaci&oacute;n facilitada por Sor Trinidad Vicente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>243</sup> AA. VV., <i>G&oacute;mez Ulla... Op. Cit.</i>, p. 475.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>244</sup> "Las Hijas de la Caridad no depender&aacute;n del personal subalterno del Hospital. El personal de esta clase afecto a las cl&iacute;nicas, dependencias y dem&aacute;s servicios, obedecer&aacute; sin excusas a las hermanas encargadas de los mismos en todo lo referente a su peculiar cometido. Para su especial servicio dentro de cada cl&iacute;nica, las Hijas de la Caridad recibir&aacute;n directamente del Jefe de aquella las &oacute;rdenes e instrucciones necesarias para la mejor asistencia a los enfermos. Cumplir&aacute;n asimismo las Hijas de la Caridad en las cl&iacute;nicas el servicio de asistencia personal a los enfermos, auxiliadas de los enfermeros que con este objeto est&aacute;n afecto a cada sala, los que obedecer&aacute;n sin excusa ni demora alguna. Esta asistencia personal de los enfermos supone que las Hijas de la Caridad, seg&uacute;n las prescripciones de los m&eacute;dicos, dar&aacute;n las medicinas interiores y aplicar&aacute;n o har&aacute;n que, por quien corresponda, se apliquen las exteriores". Art. 7, 36 y 37.  <i>Disposiciones Oficiales Vigentes acerca de las Hijas de la Caridad en los Hospitales Militares</i>, Imp. Vallinas, Madrid, 1923.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>245</sup> "Si la Hijas de la Caridad de hoy quiere ser fiel al mundo y a la Iglesia est&aacute; obligada a pasar: de una situaci&oacute;n de posesi&oacute;n a una situaci&oacute;n de inserci&oacute;n y de una actitud de autoridad, a una actitud de colaboraci&oacute;n ". AA. VV.  <i>Las Hijas de la Caridad... Op. Cit.</i>, Vol. I, p. 54.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>246</sup> "La edad no tiene nada que ver para vivir en plenitud una verdadera vida de Hija de la Caridad, todo se sit&uacute;a en el ser, antes que en hacer. Para una Hija de la Caridad la jubilaci&oacute;n no existe. Quiero decir que la Hijas de la Caridad permanecen siempre al servicio de los pobres, adapt&aacute;ndose a las circunstancias y siempre en actitud de siervas".  <i>Ib&iacute;dem</i>, Vol. II, p. 241.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>247</sup> NIETO, <i>Op. Cit.</i>, p. 276.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>248</sup> HERN&Aacute;NDEZ MART&Iacute;N,  <i>Op. Cit.</i>, p. 39.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. AA. VV., G&oacute;mez Ulla. Hospital Militar Central. Cien A&ntilde;os de Historia, Ministerio de Defensa, Madrid, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821677&pid=S1887-8571201100030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. AA. VV. "La Ciencia Antigua y Medieval (de los or&iacute;genes a 1450)", Historia General de las Ciencias, Vol. I, dir. Ren&eacute; Taton, Destino, Barcelona, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821679&pid=S1887-8571201100030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. AA. VV. Las Hijas de la Caridad en los Hospitales Militares, Madrid, (edici&oacute;n impresa, sin editar, conservada en el Archivo de la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad en Madrid), 4 Vols., 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821681&pid=S1887-8571201100030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. AA. VV., Luisa de Marillac, Editorial CEME, Santa Marta del Tormes, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821683&pid=S1887-8571201100030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. AA.VV., Recuerdos de Carabanchel. Historia y cultura, edic. la Librer&iacute;a, Ayuntamiento de Madrid, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821685&pid=S1887-8571201100030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. AA. VV., Vicente de Pa&uacute;l y los enfermos, Editorial CEME, Santa Marta del Tormes, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821687&pid=S1887-8571201100030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. AIMAR, A., VIDELA, N., TORRE, M., Tendencias y perspectivas de la ciencia enfermera, Enfermer&iacute;a Global, n<sup>o</sup> 9, noviembre 2006, pp. 1-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821689&pid=S1887-8571201100030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. &Aacute;LVAREZ RICART, M<sup>a</sup> del Carmen, La mujer como profesional de la medicina en la Espa&ntilde;a del siglo XIX, Anthropos, Barcelona, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821691&pid=S1887-8571201100030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. ARENAL, Concepci&oacute;n, La beneficencia, la filantrop&iacute;a y la caridad, Imprenta del Colegio de sordomudos y ciegos, Madrid, 1861.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821693&pid=S1887-8571201100030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, "Catalina de Siena", Las sabias mujeres II (Siglos III-XVI). Homenaje a Lola Luna, Asociaci&oacute;n Cultural Al-Mudayna, Madrid, 1995, pp. 103-125.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821695&pid=S1887-8571201100030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, "Hildegarda de Bingen", Historia 16, a&ntilde;o XXI, n<sup>o</sup>, 243, Madrid, julio 1996, pp. 99-108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821697&pid=S1887-8571201100030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, Violencias y mujeres en la Edad Media Castellana, Castellum, Madrid, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821699&pid=S1887-8571201100030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. ARIAS BAUTISTA, Mar&iacute;a Teresa, "Frontera de s&iacute;, frontera de Dios. El cuerpo femenino en la Edad Media", De lo sagrado y lo profano. Mujeres tras/entre/sin fronteras, Arcibel Editores, Sevilla, 2009, pp. 31-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821701&pid=S1887-8571201100030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. BADINTER, Elisabeth, L'un est l'autre, Odile Jacob, Paris, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821703&pid=S1887-8571201100030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. BALFOUR, Sebasti&aacute;n, "Nuevas y viejas interpretaciones del 98 y de sus consecuencias en Espa&ntilde;a, XIII Coloquio de Historia Canario-Americana, VIII Congreso Internacional de Historia de Am&eacute;rica, 1998, Las Palmas de Gran Canaria, 2000, pp. 35-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821705&pid=S1887-8571201100030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. BOURDIEU, Pi&eacute;rre, La dominaci&oacute;n masculina, Anagrama, Barcelona, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821707&pid=S1887-8571201100030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. BRUYNE, Edgar de, La est&eacute;tica de la Edad Media, Visor, Madrid, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821709&pid=S1887-8571201100030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. "Documentos Fundacionales de las Huelgas" en Cistercium, 173, (1987).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821711&pid=S1887-8571201100030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. CABALLERO NAVAS, Carmen, "Magia: experiencia femenina y pr&aacute;ctica de la relaci&oacute;n", De dos en dos. Las pr&aacute;cticas de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de la vida y la convivencia humana, Horas y horas, Madrid, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821713&pid=S1887-8571201100030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. CABANES JIM&Eacute;NEZ, Pilar, "La medicina en la Historia Medieval Cristiana", Esp&eacute;culo. Revista de estudios literarios, n&uacute;m. 32, Universidad Complutense de Madrid, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821715&pid=S1887-8571201100030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. CABR&Eacute; I PARET, Montserrat, "Nacer en relaci&oacute;n", De dos en dos. Las pr&aacute;cticas de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de la vida y la convivencia humana, Horas y horas, Madrid, 2000, pp. 15-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821717&pid=S1887-8571201100030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. CAPEL MART&Iacute;NEZ, M<sup>a</sup> Rosa, El trabajo y la educaci&oacute;n de la mujer en Espa&ntilde;a (1900-1930), Ministerio de Cultura, Madrid, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821719&pid=S1887-8571201100030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. CAPILLA P&Eacute;REZ, Andrea, Concepci&oacute;n Arenal: Un enfoque desde el trabajo social, Portularia 1, 2001, Universidad de Huelva, pp. 155-170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821721&pid=S1887-8571201100030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. CARRILLERO MILL&Aacute;N, A. Manuel, "El trabajo de las mujeres en las unidades dom&eacute;sticas campesinas del sureste peninsular durante el Alto Imperio romano", Mujeres y Arqueolog&iacute;a. Nuevas aportaciones desde el materialismo hist&oacute;rico. Homenaje al prof. Manuel Carrillero Mill&aacute;n, Junta de Andaluc&iacute;a, Granada, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821723&pid=S1887-8571201100030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">25. CASTELLANOS, Pedro Luis, "Sobre el concepto de salud-enfermedad. Un punto de vista epistemol&oacute;gico", Revista Facultad Nacional de Salud P&uacute;blica, Universidad de Antioquia, vol. 11, ene-jun 1988, pp. 40-55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821725&pid=S1887-8571201100030000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">26. CASTA&Ntilde;EGA, M., Tratado de las supersticiones y hechicer&iacute;as y de la possibilidad y remedio dellas (1529), Edic. Juan Robert Muro Abad, Instituto de Estudios Riojanos, Logro&ntilde;o, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821727&pid=S1887-8571201100030000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">27. CIUDAD JIM&Eacute;NEZ, Agustina, El Hospital de Maudes. La adaptaci&oacute;n de un edificio a trav&eacute;s de la Historia, Consejer&iacute;a de Obras P&uacute;blicas, Urbanismo y Transporte, CAM, Madrid, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821729&pid=S1887-8571201100030000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">28. DELICADO, Francisco, La lozana andaluza, Edic. Bruno Dami&aacute;n, Cl&aacute;sicos Castalia, Madrid, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821731&pid=S1887-8571201100030000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">29. Disposiciones Oficiales Vigentes acerca de las Hijas de la Caridad en los Hospitales Militares, Imp. Vallinas, Madrid, 1923.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821733&pid=S1887-8571201100030000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">30. ECHEVARRI CHAVARRI, Cecilio, "Hospitalidad-Enfermer&iacute;a, conceptos un&iacute;vocos", Cultura de los cuidados, 2<sup>o</sup> semestre 2006, a&ntilde;o X, n<sup>o</sup> 20, pp. 32-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821735&pid=S1887-8571201100030000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">31. El sacrosanto y Ecum&eacute;nico Concilio de Trento, traduc. de Ignacio L&oacute;pez de Ayala, 7<sup>a</sup> edic., Imprenta Sierra y Mart&iacute;, Barcelona, 1828.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821737&pid=S1887-8571201100030000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">32. ESCRIBANO, Eugenio, "Las Hijas de la Caridad de la Provincia Espa&ntilde;ola. Trescientos veinticinco hospitales de Sangre durante la cruzada nacional, 3 vols., Gr&aacute;ficas Uguina, Madrid, 1942.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821739&pid=S1887-8571201100030000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">33. FERRAGUD DOMINGO, Carmel, "La atenci&oacute;n m&eacute;dica dom&eacute;stica practicada por mujeres en la Valencia bajomedieval", Dynamis, 2007; 27: 133-155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821741&pid=S1887-8571201100030000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">34. FLINTON, Margaret, Santa Luisa de Marillac. El aspecto social de su obra, Editorial CEME, Salamanca, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821743&pid=S1887-8571201100030000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">35. GALLENT MARACO, Mercedes, "Problemas fundamentales en torno a la historia de la Sanidad Medieval en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica", IV Semana de Estudios Medievales del 2 al 6 de agosto de 1993, N&aacute;jera, 1994, pp. 189-206.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821745&pid=S1887-8571201100030000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">36.GARRIDO GONZ&Aacute;LEZ, Elisa, "una igualdad inicial" en Historia de las mujeres en Espa&ntilde;a, Editorial S&iacute;ntesis, Madrid, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821747&pid=S1887-8571201100030000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">37. GONZ&Aacute;LEZ Y VALENCIA, Ildefonso, Cr&oacute;nicas de Carabanchel Bajo, Madrid, 1891.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821749&pid=S1887-8571201100030000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">38. GOODMAN, David, NAVARROS, V&iacute;ctor, Poder y penuria: Gobierno, tecnolog&iacute;a y sociedad en la Espa&ntilde;a de Felipe II, Alianza Editorial, Madrid, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821751&pid=S1887-8571201100030000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">39. GRANJEL, Luis S., "La medicina espa&ntilde;ola del siglo XVIII", Historia General de la Medicina Espa&ntilde;ola, Vol. 4, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1981-1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821753&pid=S1887-8571201100030000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">40. GRAZIOSI, Marina, "En los or&iacute;genes del machismo jur&iacute;dico. La idea de inferioridad de la mujer en la obra de Farinacio", Jueces para la democracia, n&uacute;m. 30 (1997), pp. 49-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821755&pid=S1887-8571201100030000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">41. GREEN, M&oacute;nica, "En busca de una aut&eacute;ntica medicina de mujeres: los extra&ntilde;os destinos de Trota de Salerno e Hildegarda de Bingen", Sanadoras, matronas y m&eacute;dicas en Europa, siglos XII-XX, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 9-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821757&pid=S1887-8571201100030000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">42. GUILLAM&Oacute;N &Aacute;LVAREZ, Francisco Javier, "Disposiciones sobre polic&iacute;a de pobres: establecimiento de diputaciones de barrio en el reinado de Carlos III", Cuadernos de Historia Moderna y Contempor&aacute;nea, n<sup>o</sup> 1, 1980, pp. 31-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821759&pid=S1887-8571201100030000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">43. HELLWARTH, Jennifer, "Lady Grace Milmay, una Sanadora inglesa del siglo XVI", Sanadoras, matronas y m&eacute;dicas en Europa, siglos XII-XX, Icaria, Barcelona, 2001, pp.93-114.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821761&pid=S1887-8571201100030000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">44. HERN&Aacute;NDEZ IGLESIAS, Ferm&iacute;n, La beneficencia en Espa&ntilde;a, Establecimiento Tipogr&aacute;fico de Manuel Minuesa, Madrid, 1876.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821763&pid=S1887-8571201100030000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">45. HERN&Aacute;NDEZ MART&Iacute;N, Francisca, "Las Hijas de la Caridad en la profesionalizaci&oacute;n de la enfermer&iacute;a", Cultura de los Cuidados, 2<sup>o</sup> semestre 2006, a&ntilde;o X, n<sup>o</sup> 20, pp. 39-49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821765&pid=S1887-8571201100030000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">46. IGLESIAS APARICIO, Pilar, Las pioneras de la medicina en Gran Breta&ntilde;a, tesis doctoral, Edici&oacute;n digital, Universidad de Vigo, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821767&pid=S1887-8571201100030000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">47. KAY MARTIN, M. y VOORHIES, B&aacute;rbara, La mujer: Un enfoque antropol&oacute;gico, Anagrama, Barcelona, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821769&pid=S1887-8571201100030000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">48. KLAIRMONT-LINGO, Alison, "Las mujeres en el mercado Sanitario de Lyon en el siglo XVI", Sanadoras, matronas y m&eacute;dicas en Europa, siglos XII-XX, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 77-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821771&pid=S1887-8571201100030000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">49. LEFEBVRE, G., y PORCE, J. F., "La medicina egipcia", La ciencia antigua y medieval. De los or&iacute;genes a 1450, Vol. I, Ediciones Destino, Barcelona, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821773&pid=S1887-8571201100030000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">50. L&Oacute;PEZ-CORD&Oacute;N CORTEZO, M<sup>a</sup> Victoria, "La situaci&oacute;n de la mujer a finales del Antiguo R&eacute;gimen (1760-1860)", Mujer y sociedad en Espa&ntilde;a (1700-1975), Ministerio de Cultura, Madrid, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821775&pid=S1887-8571201100030000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">51. L&Oacute;PEZ DE LA CRUZ, Laura, "La presencia de la mujer en la Universidad Espa&ntilde;ola", Revista Historia de la Educaci&oacute;n Latinoamericana, Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia, n<sup>o</sup> 4, (2002), pp. 291-299.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821777&pid=S1887-8571201100030000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">52. L&Oacute;PEZ MONTESINOS, M<sup>a</sup> Jos&eacute;, "Revisi&oacute;n cronol&oacute;gica de la ense&ntilde;anza de enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a", Enfermer&iacute;a Global, Universidad de Murcia, n<sup>o</sup> 5, noviembre 2004, pp. 1-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821779&pid=S1887-8571201100030000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">53. MADERO EGU&Iacute;A, Marta, Manos violentas, palabras vedadas. La injuria en Castilla y Le&oacute;n (siglos XIII-XV), Taurus, Madrid, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821781&pid=S1887-8571201100030000100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">54. MALONEY, Robert P., Cinco Rostros de Rosal&iacute;a Rendu, conferencia impartida en la Casa Madre de Par&iacute;s, el 25 de marzo de 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821783&pid=S1887-8571201100030000100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">55. Manual de las Hijas de la Caridad sirvientas de los pobres enfermos en el Hospital y en la visita a domicilio, ed. La Milagrosa, Madrid, 1952.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821785&pid=S1887-8571201100030000100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">56. MART&Iacute;NEZ DE TOLEDO, Alfonso, Corbacho, Edic. Michael Gerli, C&aacute;tedra, Madrid, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821787&pid=S1887-8571201100030000100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">57. M&eacute;dicos y Medicina en la Antigüedad Cl&aacute;sica. Antolog&iacute;a de textos, edic. de Eduardo Acosta M&eacute;ndez, Fundaci&oacute;n Canaria Hospitales del Cabildo de Tenerife, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821789&pid=S1887-8571201100030000100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">58. MEN&Eacute;NDEZ PIDAL, Ram&oacute;n, Tres Poetas primitivos, Espasa Calpe, Madrid, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821791&pid=S1887-8571201100030000100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">59. MORENTE PARRA, Mar&iacute;a Isabel, "La Virgen como cuidadora y Sanadora a trav&eacute;s de las Cantigas de Santa Mar&iacute;a de Alfonso X", Hiades. Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a, n&uacute;m. 8, 2001, pp. 337-341.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821793&pid=S1887-8571201100030000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">60. MURARO, Luisa, "I cavalieri delle donne", Via Dogano. Rivista di Politica 21/22, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821795&pid=S1887-8571201100030000100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">61. NIETO, Ponciano, Historia de las Hijas de la Caridad, Biblioteca San Vicente de Pa&uacute;l, Imprenta Regina, Madrid, 1932, 2 vols.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821797&pid=S1887-8571201100030000100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">62. NOAH KRAMER, Samuel, La Historia empieza en Sumer, Biblioteca de la Historia, Ediciones Orbis, Barcelona, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821799&pid=S1887-8571201100030000100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">63. OPITZ, Claudia, "Vida cotidiana de las mujeres en la Baja Edad Media (1250-1500), Historia de las mujeres. La Edad Media, Vol. 2, Taurus, Madrid, 1992, pp. 321-399.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821801&pid=S1887-8571201100030000100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">64. PARENTINI, M<sup>a</sup> Rosa, Historia de la enfermer&iacute;a. Aspectos relevantes desde sus or&iacute;genes hasta el siglo XX, Edic. Trilce, Montevideo, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821803&pid=S1887-8571201100030000100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">65. PEJENAUTE RUBIO, Francisco, "El pr&oacute;logo de Venancio Fortunato a la Vida de Santa Radegunda frente a los de Baudonivia y Hildeberto de Lavardin", Minerva. Revista de Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica, 18 (2005), pp. 171-186.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821805&pid=S1887-8571201100030000100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">66. P&Eacute;REZ DE TUDELA Y VELASCO, M<sup>a</sup> Isabel, "El espejo Mariano de la feminidad en la Edad Media Espa&ntilde;ola", Anuario Filos&oacute;fico, 1993 (26), pp. 621-634.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821807&pid=S1887-8571201100030000100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">67. POMATA, Giana, "Entre el cielo y la tierra: las Sanadoras de Bolonia en el siglo XVI", Sanadoras, matronas y m&eacute;dicas en Europa, siglos XII-XX, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 115-142.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821809&pid=S1887-8571201100030000100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">68. PULGAR, Hernando del, "Cr&oacute;nica de los Se&ntilde;ores Reyes Cat&oacute;licos Don Fernando y Do&ntilde;a Isabel de Castilla y Arag&oacute;n, escrita por su cronista...", Cr&oacute;nicas de los Reyes de Castilla, desde Alfonso el Sabio hasta los Cat&oacute;licos Don Fernando y Do&ntilde;a Isabel, Edic. Cayetano Rosell, Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles, Tomo I, Atlas, Madrid, 1953.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821811&pid=S1887-8571201100030000100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">69. QUEROL, M<sup>a</sup> &Aacute;ngeles, De los primeros seres humanos, Ed. S&iacute;ntesis, Madrid, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821813&pid=S1887-8571201100030000100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">70. REDER GADOW, Marion, "Las voces silenciosas de los claustros de clausura", Cuadernos de Historia Moderna, 25, 2000, pp. 279-335.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821815&pid=S1887-8571201100030000100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">71. R&eacute;gimen y Servicio de las Hijas de la Caridad en los Hospitales Militares, Colecci&oacute;n Legislativa del Ej&eacute;rcito, n<sup>o</sup> 185, pp. 271-281.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821817&pid=S1887-8571201100030000100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">72. RODR&Iacute;GUEZ, Mar&iacute;a del Carmen, H. C, "Luisa de Marillac, pionera de unos servicios p&uacute;blicos y humanizadores", Luisa de Marillac, CEME, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821819&pid=S1887-8571201100030000100072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">73. ROJAS BUEND&Iacute;A, M<sup>a</sup> del Mar, Los derechos fundamentales de libertad de conciencia y asociaci&oacute;n: an&aacute;lisis hist&oacute;rico y r&eacute;gimen jur&iacute;dico conjunto, tesis doctoral, edici&oacute;n digital, Universidad Carlos III de Madrid, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821821&pid=S1887-8571201100030000100073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">74. RUIZ DE LA PE&Ntilde;A SOLAR, Juan Ignacio, "Dos fundaciones hospitalarias medievales en el itinerario astur-gal&aacute;ico del Camino de Santiago: Fonfr&iacute;a y Montouto", Bolet&iacute;n del Real Instituto de Estudios asturianos, a&ntilde;o n<sup>o</sup> 48, n&uacute;m. 144, 1994, pp. 581-592.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821823&pid=S1887-8571201100030000100074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">75. Santa Luisa de Marillac. Correspondencia y escritos, Editorial CEME, Salamanca, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821825&pid=S1887-8571201100030000100075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">76. "Santa Luisa de Marillac y las primeras religiosas hospitalarias", Ecos de la Casa Madre, n<sup>o</sup> 3, marzo 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821827&pid=S1887-8571201100030000100076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">77. S&Aacute;NCHEZ SU&Aacute;REZ, M<sup>a</sup> &Aacute;ngeles, Mujeres en Melilla, SATE-STEs y Grupo Editorial Universitario, Melilla, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821829&pid=S1887-8571201100030000100077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">78. SANLLORENTE, Agustina y VICENTE L&Oacute;PEZ, Trinidad, Las Hijas de la Caridad en el Hospital Militar G&oacute;mez Ulla (1896-1988), (edici&oacute;n impresa, sin editar, conservada en la Casa de la Hijas de la Caridad del Hospital G&oacute;mez Ulla), Madrid, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821831&pid=S1887-8571201100030000100078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">79. SANTO TOM&Aacute;S P&Eacute;REZ, Magdalena, "Analizar el pasado para proyectarse hacia el futuro", Hiades. Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a, n<sup>o</sup> 7, septiembre, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821833&pid=S1887-8571201100030000100079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">80. SEGURA GRAI&Ntilde;O, Cristina, "La sociedad feudal", Historia de las mujeres en Espa&ntilde;a, S&iacute;ntesis, Madrid, 1997, pp. 153-184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821835&pid=S1887-8571201100030000100080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">81. SOUBEYROUX, Jacques, "Pauperismo y relaciones sociales en el Madrid del siglo XVIII". Estudios de Historia Social, 12 y 13, 1980, pp. 7-227.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821837&pid=S1887-8571201100030000100081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">82. SOLDEVILLA, Javier y MART&Iacute;NEZ, Fernando, "Pasado y presente en el cuidado de las heridas", Hiades. Revista de Historia de la Enfermer&iacute;a, 8, octubre 2001, pp. 469-477.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821839&pid=S1887-8571201100030000100082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">83. TORRES S&Aacute;NCHEZ, Concha, La clausura femenina en la Salamanca del siglo XVII. Dominicas y Carmelitas Descalzas, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821841&pid=S1887-8571201100030000100083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">84. TU&Ntilde;&Oacute;N DE LARA, Manuel, "Los &uacute;ltimos d&iacute;as de un Imperio", en El desastre del 98, Cuadernos de Historia 16, n<sup>o</sup> 30, Madrid, 1985, pp. 6-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821843&pid=S1887-8571201100030000100084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">85. TRUEBA MIRA, Virginia, El claroscuro de las luces. Escritoras de la Ilustraci&oacute;n espa&ntilde;ola, Montesinos, Barcelona, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821845&pid=S1887-8571201100030000100085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">86. VALDE&Oacute;N BARUQUE, Julio, "El ritmo del individuo: en las puertas de la pobreza, de la vejez, de la enfermedad y de la muerte", La vida cotidiana en la Edad Media: VIII Semana de Estudios Medievales 4-8 de agosto de 1997, N&aacute;jera, 1998, pp. 275-288.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821847&pid=S1887-8571201100030000100086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">87. VALLS MOLIND, Roser, Dise&ntilde;o de programas para la formaci&oacute;n &eacute;tica de los profesionales de la enfermer&iacute;a, Tesis doctoral, edici&oacute;n digital, Universidad de Barcelona, Barcelona, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821849&pid=S1887-8571201100030000100087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">88. VARGAS S&Aacute;EZ, Pedro, Historia de las Hijas de la Caridad de la Provincia Espa&ntilde;ola, Madrid, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821851&pid=S1887-8571201100030000100088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">89. VIDAL GALACHE, Florentina, "El impacto de la Ley General de Beneficencia de 1822 en Madrid", Revista de la Facultad de Geograf&iacute;a e Historia, n&uacute;m. 1, 1987, pp. 41-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821853&pid=S1887-8571201100030000100089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">90. VIDAL GALACHE, Benicia, "Testamentos de civiles y militares fallecidos en instituciones de caridad en los siglos XVIII y XIX", Espacio, tiempo y forma. Serie V, Historia Contempor&aacute;nea, n<sup>o</sup> 4, 1991, pp. 203-214.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821855&pid=S1887-8571201100030000100090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">91. VIDAL GALACHE, Florentina y VIDAL GALACHE, Benicia, "Curar el cuerpo y salvar el alma. La asistencia en el Hospital General y Pasi&oacute;n (1767-1850)", Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, H.<sup>a</sup> Contempor&aacute;nea, T. 8, 1995, pp. 33-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821857&pid=S1887-8571201100030000100091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">92. VIVES, Juan Luis, Tratado del Socorro de los pobres, edici&oacute;n traducida por Juan de Gonzalo Nieto Ivarra, Imprenta de Benito Monfort, Valencia, 1781, edici&oacute;n facs&iacute;mil conmemorativa de los 100 a&ntilde;os de Seguridad Social, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821859&pid=S1887-8571201100030000100092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">93. WADE LABARGE, Margaret, La mujer en la Edad Media, Nerea, Madrid, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821861&pid=S1887-8571201100030000100093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">94. WALKER, Kenneth, Historia de la Medicina, traducci&oacute;n del Dr. Jacinto Corbella, Credsa, Barcelona, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5821863&pid=S1887-8571201100030000100094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/sm/v67s1/seta.gif" width="15" height="17"></a><a name="bajo"></a><b>Dirección para correspondencia:</b>    <br>Avda. Isabel de Farnesio,    <br>6 Blq. 3, 2<sup>o</sup>-2.    <br>28660 Boadilla del Monte (Madrid).    <br> <a href="mailto:ogigias@hotmail.com">ogigias@hotmail.com</a></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Recibido: 28 de junio de 2010    <br>Aceptado: 24 de marzo de 2011</font></p>      ]]></body><back>
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