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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Alimentaci&oacute;n en zona de operaciones y riesgo cardiovascular</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Feeding in area of operations and cardiovascular risk</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Arturo Lisbona Gil<sup>1</sup>, Jos&eacute; Antonio Rosado Sierra<sup>2</sup></b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>1</sup>Teniente coronel M&eacute;dico    <br><sup>2</sup>Licenciado en Medicina, Servicio de Endocrinolog&iacute;a y Nutrici&oacute;n, Hospital Central de la Defensa G&oacute;mez Ulla Madrid. Espa&ntilde;a.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">La sociedad actual muestra un gran inter&eacute;s por la alimentaci&oacute;n, dada la estrecha relaci&oacute;n entre nutrici&oacute;n y salud. Desgraciadamente, este inter&eacute;s motivado por el deseo de disfrutar de una vida larga y sana, se acompa&ntilde;a de la proliferaci&oacute;n de toda clase de recomendaciones diet&eacute;ticas basadas en mitos y creencias irracionales, olvidando los principios cient&iacute;ficos de la nutrici&oacute;n. Desde tiempos remotos, el hombre ha atribuido a algunos alimentos las virtudes m&aacute;s extraordinarias, que sorprendentemente aparecen m&aacute;s o menos disfrazadas en extravagantes dietas que circulan en la actualidad. La credulidad del hombre en materia de alimentaci&oacute;n es ilimitada. De ah&iacute; la cont&iacute;nua aparici&oacute;n de reg&iacute;menes alimenticios destinados a curar todo tipo de dolencias que encuentran terreno abonado en aquellas personas con un pensamiento m&aacute;gico de la vida, en vez de cient&iacute;fico, y que poco tiene que ver con el nivel cultural o educativo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El objetivo de la alimentaci&oacute;n en zona de operaciones es proporcionar una suficiente energ&iacute;a, ingesta proteica, vitam&iacute;nica, sales minerales y tolerancia intestinal para mantener al combatiente en las mejores condiciones f&iacute;sicas y mentales. Oficiales, suboficiales, tropa y mariner&iacute;a destacados en zona de operaciones (Afganist&aacute;n, L&iacute;bano, &Iacute;ndico, etc) presentan, no infrecuentemente diabetes, hipertensi&oacute;n arterial, hipercolesterolemia, obesidad y h&aacute;bitos como el tabaquismo, que hacen que presenten un mayor riesgo cardiovascular.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Existe cierta preocupaci&oacute;n acerca de la salud cardiovascular de las tropas destacadas en zonas de conflicto. En un art&iacute;culo publicado en la Revista Ej&eacute;rcito<sup>1</sup> se ha sugerido la necesidad de disponer de raciones de combate con un men&uacute; vegetariano, como dieta capaz de disminuir la incidencia de enfermedades cardiovasculares, de determinados tipos de c&aacute;ncer y que confiere una mayor longevidad. Tambi&eacute;n, en ocasiones, ha sido solicitado al Servicio de Endocrinolog&iacute;a y Nutrici&oacute;n del Hospital Central de la Defensa el dise&ntilde;o y facilitaci&oacute;n de dietas para patolog&iacute;as espec&iacute;ficas (hipercolesterolemia, diabetes, etc) con objeto de que aquellos militares que son enviados a zona de operaciones y que tienen un mayor riesgo cardiovascular, puedan seguir una alimentaci&oacute;n m&aacute;s saludable.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La dieta vegetariana es un ejemplo de la confusi&oacute;n que se crea cuando se mezclan conceptos que pertenecen espec&iacute;ficamente al campo de la nutrici&oacute;n, con ideas pseudofilos&oacute;ficas desprovistas de significado desde el punto de vista de las necesidades nutricionales reales del organismo. El origen del vegetarianismo se atribuye al budismo y religiones primitivas de la India, relacionado con la prohibici&oacute;n de sacrificar animales, pero esta prohibici&oacute;n no se debe originariamente a un sentimiento de bondad y compasi&oacute;n hacia los animales, sino que se fundamenta en la doctrina de la transmigraci&oacute;n de las almas. Esta creencia, que tiene su ra&iacute;z en el mito de la inmortalidad sostiene que cuando una persona muere, si ha llevado una vida virtuosa, se reencarna en un nivel superior, mientras que si su conducta ha sido mala, lo hace en un nivel inferior. De esta forma, el m&aacute;s humilde insecto puede estar habitado por un alma humana.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La propuesta de incluir raciones de combate vegetarianas, se basa en el Adventist Health Study<sup>2</sup>. En este estudio fueron incluidos 34.192 hombres y mujeres, adventistas del s&eacute;ptimo d&iacute;a. La mayor&iacute;a no fumaban ni beb&iacute;an alcohol. Aproximadamente el 50% eran vegetarianos (nunca com&iacute;an carne o lo hac&iacute;an menos de una vez al mes) o semivegetarianos (com&iacute;an carne menos de una vez por semana), el resto eran no vegetarianos y pocos eran veganos. El estudio dur&oacute; 12 a&ntilde;os, con una media de seguimiento de 6 a&ntilde;os, el resultado fue de una mayor esperanza de vida entre los adventistas vegetarianos que entre los no vegetarianos, tanto en hombres como en mujeres, pero no se consigui&oacute; identificar que factores hab&iacute;an contribuido a la mayor longevidad. An&aacute;lisis multivariante mostraron una asociaci&oacute;n entre el consumo de carne de vaca (&gt;3 veces por semana) y la mortalidad por cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica en comparaci&oacute;n con los no vegetarianos. El riesgo de desarrollar cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica fue un 37% menor en varones vegetarianos, la incidencia de carcinoma de colon y pr&oacute;stata fue mayor en no vegetarianos y los consumidores de carne de vaca tuvieron un mayor riesgo de carcinoma de vejiga. El alto consumo de frutas o frutos secos se asoci&oacute; con un menor riesgo de carcinoma de pulm&oacute;n, pr&oacute;stata y p&aacute;ncreas. Los adventistas del s&eacute;ptimo d&iacute;a vegetarianos tuvieron un menor riesgo de diabetes, hipertensi&oacute;n y artritis que los no vegetarianos. El alimento que con m&aacute;s consistencia se correlacion&oacute; con un menor riesgo de cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica fatal y no fatal, fueron las nueces y en menor medida el pan integral. Un importante predictor de mortalidad por enfermedad coronaria en varones fue la edad a la que se hac&iacute;an vegetarianos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, el estudio mostr&oacute; que los vegetarianos ten&iacute;an un menor riesgo de obesidad, hipertensi&oacute;n, diabetes, artritis, c&aacute;ncer de col&oacute;n y pr&oacute;stata, mortalidad por enfermedad coronaria y mortalidad global. El consumo de nueces y pan integral fueron factores protectores contra la enfermedad coronaria mientras que el consumo de carne de vaca aument&oacute; el riesgo en varones, no as&iacute; en mujeres. El consumo de legumbres y frutas (&ge; 3 veces/semana), pareci&oacute; ser un factor protector contra diversos c&aacute;nceres mientras que la carne de vaca probablemente aument&oacute; el riesgo de c&aacute;ncer de colon y vejiga. Es importante resaltar que los vegetarianos pudieron tener un riesgo menor por no consumir carne de vaca, pero es igualmente posible que esta protecci&oacute;n pudiera ser debida al consumo de frutas verduras o nueces, siendo estas &uacute;ltimas las probablemente responsables<sup>3</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ha sido demostrado que la dieta vegetariana no mejora el rendimiento f&iacute;sico en atletas y adem&aacute;s, si no est&aacute; bien planeada, puede ser carencial y por tanto empeorar el rendimiento f&iacute;sico<sup>4</sup>. En &aacute;reas de operaciones, en condiciones de fr&iacute;o o calor extremos y m&aacute;s en situaciones de combate, la forma f&iacute;sica del soldado es fundamental, de forma que un bajo rendimiento f&iacute;sico puede poner en peligro su vida y la de los dem&aacute;s. No parece por tanto la dieta vegetariana la m&aacute;s adecuada para el combatiente. Por otro lado, fueron necesarios 12 a&ntilde;os de estudio con un seguimiento medio de 6 a&ntilde;os para demostrar las virtudes saludables de dicha dieta. No se ha demostrado que una dieta seguida tan s&oacute;lo durante 6 meses, tenga ning&uacute;n efecto sobre la salud cardiovascular, ni positivos ni negativos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tres tipos de dietas se han asociado con buena salud y longevidad, basado en evidencias geogr&aacute;ficas, la dieta china, la japonesa y la mediterr&aacute;nea. El concepto de dieta mediterr&aacute;nea es originado a ra&iacute;z del Seven Countries Study, iniciado por Keys en los a&ntilde;os 50. El estudio mostraba que a pesar de una alta ingesta de grasas, la poblaci&oacute;n de la isla de Creta ten&iacute;a una baja incidencia de enfermedad coronaria, ciertos tipos de c&aacute;ncer y una larga esperanza de vida. Los patrones diet&eacute;ticos tradicionales de Creta, gran parte de Grecia y Sur de Italia, en los a&ntilde;os 60, fueron considerados responsables de la buena salud de estas regiones<sup>5</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aunque no existe una &uacute;nica dieta mediterr&aacute;nea, puesto que 15 pa&iacute;ses bordean el Mar Mediterr&aacute;neo, hay una serie de caracter&iacute;sticas comunes como son la abundancia de verduras, frutas, cereales integrales, nueces y legumbres, aceite de oliva como principal fuente de grasas, pescado, pollo consumido en cantidades moderadas, bajo consumo de carne roja y moderado consumo de vino con las comidas. Las dietas, mediterr&aacute;nea y asi&aacute;ticas, comparten muchos elementos, como la alta ingesta de frutas, verduras, nueces, legumbres, cereales enteros y aceite de diferentes plantas. Sin embargo, los patrones diet&eacute;ticos en el Mediterr&aacute;neo est&aacute;n cambiando r&aacute;pidamente con un aumento del consumo de grasas saturadas y carbohidratos refinados. Esto hace que la prevalencia de obesidad est&eacute; aumentando, debido a la occidentalizaci&oacute;n de la dieta, el aumento de la ingesta cal&oacute;rica y la disminuci&oacute;n de la actividad f&iacute;sica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Aunque se ha dicho que la dieta mediterr&aacute;nea surg&iacute;a de la pobreza alimentaria de la regi&oacute;n, que obligaba al consumo principalmente de cereales, legumbres y verduras cocinadas con aceite de oliva, como principal fuente de calor&iacute;as, es impensable que griegos y romanos llevaran a cabo tan importantes haza&ntilde;as y creaci&oacute;n de Imperios si no hubieran tenido una adecuada y nutritiva dieta. Podemos decir, que la base de la dieta mediterr&aacute;nea es el aceite de oliva, los cereales y el vino. Estos 3 elementos, constituyeron la mayor parte del comercio mediterr&aacute;neo durante el Imperio Romano, llegando a fundar ciudades, como Vollubilis en Marruecos, cuya &uacute;nica funci&oacute;n era el control del aceite de la regi&oacute;n y facilitar su salida al mar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El primer estudio que demuestra los beneficios para la salud de la dieta mediterr&aacute;nea fue el Lyon Diet Heart Study, en el cual, 605 pacientes que hab&iacute;an tenido un infarto de miocardio, fueron asignados a dieta de estilo mediterr&aacute;neo o a una dieta que se parec&iacute;a a la American Heart Association Step I diet. Los pacientes asignados a DM fueron estimulados para consumir m&aacute;s frutas, verduras y pescado y menos carnes rojas, y sustituir la mantequilla por margarinas enriquecidas en &aacute;cido linol&eacute;nico para imitar el contenido en omega-3 de la dieta de Creta. Tras un seguimiento de 27 meses, la tasa de eventos coronarios se redujo en un 73% y la mortalidad en un 70%, en el grupo de intervenci&oacute;n<sup>6</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s recientemente, un estudio con una dieta Indo-Mediterr&aacute;nea, en 1.000 pacientes en la India, con enfermedad coronaria o alto riesgo de enfermedad coronaria, el grupo de intervenci&oacute;n en la dieta, caracterizado por aumento de la ingesta de mostaza, aceite de soja, nueces, verduras, frutas y cereales integrales, reduc&iacute;an la tasa de infarto de miocardio fatal en un 1/3 y de muerte s&uacute;bita de causa cardiaca en 2/3<sup>7</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Trichopoulus, en un estudio publicado en New England Journal of Medicine, estudia 22.043 adultos sanos en Grecia, y, para medir, el grado de seguimiento de la dieta, elabora un sistema de puntuaci&oacute;n para la ingesta de verduras, frutas, nueces, legumbres, cereales, pescado, grasas monoinsaturadas, pollo, carne roja, productos l&aacute;cteos y moderado consumo de alcohol. La media de seguimiento fue de 44 meses. El resultado fue que a mayor adherencia a la dieta mediterr&aacute;nea, la mortalidad cardiovascular y por c&aacute;ncer fue menor, resultando significativa s&oacute;lo en los &gt; 55 a&ntilde;os, pero no en los menores de 55 a&ntilde;os, quiz&aacute; debido a un incremento acumulativo en el tiempo beneficioso de la dieta mediterr&aacute;nea o quiz&aacute; por el bajo n&uacute;mero de eventos que se produjeron en ese grupo de poblaci&oacute;n. El beneficio fue mayor respecto a la mortalidad cardiovascular que por c&aacute;ncer, aunque ambos resultaron significativos. Los &uacute;nicos alimentos que resultaron predictivos de mortalidad fueron las frutas y nueces y el cociente &aacute;cidos grasos monoinsaturados/saturados. En este estudio, a pesar de la fuerte asociaci&oacute;n entre la puntuaci&oacute;n de la dieta mediterr&aacute;nea y la mortalidad, no se encontraron asociaciones entre los componentes individuales de la dieta. Una posible explicaci&oacute;n ser&iacute;a que el efecto de cada uno de los nutrientes es demasiado peque&ntilde;o para ser detectado, pero el efecto acumulativo o sin&eacute;rgico es sustancial<sup>8</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, podemos decir que en la literatura, ninguna dieta seguida durante 6 meses, que es el tiempo m&aacute;ximo que los combatientes permanecen en zona de operaciones, ha demostrado un efecto beneficioso o perjudicial desde el punto de vista cardiovascular. Las dietas espec&iacute;ficas, vegetariana, mediterr&aacute;nea o de prevenci&oacute;n secundaria cardiovascular, han precisado un seguimiento de varios a&ntilde;os para demostrar un efecto beneficioso. Y por otro lado, este efecto beneficioso cardiovascular est&aacute; alejado del objetivo que se persigue con la alimentaci&oacute;n para el combate. Adem&aacute;s, pensando en el riesgo cardiovascular de las tropas, tambi&eacute;n se deber&iacute;a recomendar la abstenci&oacute;n de fumar en operaciones, cuando el peligro real viene dado por la propia naturaleza de la misi&oacute;n.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. F. J Miguel Mart&iacute;nez. Men&uacute; vegetariano para raciones individuales de combate. Revista Ej&eacute;rcito N.829. Mayo 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856713&pid=S1887-8571201200030000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Fraser GE, Lindsted KD, Beeson L. Effect of risk factor values on lifetime risk of anda ge at first coronary event. The Adventist Health Study. Am J Epidemiol 1995;142:746-58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856715&pid=S1887-8571201200030000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Fraser, GE, Shavlik DJ. Ten Years of Life. It is a Matter of Choice? Arch Intern Med 2001;161:1645-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856717&pid=S1887-8571201200030000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Nieman DC. Physical fitness and vegetarian diets: is there a relation? Am J Clin Nutr 1999;70(suppl):570S-575S.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856719&pid=S1887-8571201200030000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Willet WC, Sacks F, Trichopoulus A, et al. Mediterranean diet pyramid: a cultural model for healthy eating. Am J Clin Nutr 1995;61:Suppl:1402S-1406S.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856721&pid=S1887-8571201200030000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. de Lorgeril M, Renaud S, Mamelle N, et al. Mediterranean alpha-linolenic acid-rich diet in secondary prevention of coronary heart disease. Lancet 1994;343.1454-1459.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856723&pid=S1887-8571201200030000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Singh RB, Dubnov G, Niaz MA, et al. Effect of a Indo-Mediterranean diet on progression of coronary artery disease in high risk patients (Indo-Mediterranean Diet Heart Study): a randomised single-blind trial. Lancet 2002;369:1455-1461.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856725&pid=S1887-8571201200030000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Trichopoulou A, Costacou T, Bamia C, Trichopoulos D. Adherence to a Mediterranean Diet and Survival in a Greek Population. N Engl J Med 2003;348:2599-2068.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5856727&pid=S1887-8571201200030000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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