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<journal-title><![CDATA[Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Protección gástrica o protección ósea?: el dilema de los inhibidores de la bomba de protones]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Gastric protection or bone protection?: the dilemma of proton-pump inhibitor]]></article-title>
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<surname><![CDATA[Pino Montes]]></surname>
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<institution><![CDATA[,Hospital Universitario de Salamanca Servicio de Reumatología ]]></institution>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Salamanca Departamento de Medicina ]]></institution>
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<country>España</country>
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</front><body><![CDATA[ 
    <p><a name="top"></a><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font></p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p><font face="Verdana" size="4"><b>¿Protecci&oacute;n g&aacute;strica o protecci&oacute;n &oacute;sea?El dilema de los inhibidores de la bomba de protones</b></font></p>
    <p><font face="Verdana" size="4"><b>Gastric protection or bone protection? The dilemma of proton-pump inhibitor</b></font></p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p><font face="Verdana" size="2"><b>Pino Montes J. del</b></font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Servicio de Reumatolog&iacute;a del Hospital Universitario de Salamanca - Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca (Espa&ntilde;a)    <br>Correo electr&oacute;nico: 
<a href="mailto:jpino@usal.es">jpino@usal.es</a></font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p><font face="Verdana" size="2">La llegada de los inhibidores H2 y m&aacute;s tarde los inhibidores de la bomba de protones (IBP) cambi&oacute; la evoluci&oacute;n cl&iacute;nica de la patolog&iacute;a es&oacute;fago-g&aacute;strica, reduciendo enormemente la frecuencia de la &uacute;lcera p&eacute;ptica y sus complicaciones. En la actualidad son utilizados en una alta proporci&oacute;n de pacientes con muy diversas situaciones cl&iacute;nicas &#091;1&#093;. Est&aacute;n indicados en tratamiento del reflujo grastroesof&aacute;gico, infecci&oacute;n por Helicobacter pylori, s&iacute;ndrome de Zollinger-Ellison, 
<i>ulcus</i> duodenal, &uacute;lcera g&aacute;strica y ulcera p&eacute;ptica inducida por AINE. Sus indudables beneficios debidos a su efecto preventivo sobre el ulcus y su buena toleranciales han llevado a ser considerado como un popular f&aacute;rmaco "protector g&aacute;strico", seguro sin apenas efectos adversos, y empleado en muchas situaciones fuera de indicaci&oacute;n.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Pero no debe olvidarse que el bloqueo de la secreci&oacute;n &aacute;cida por los IBP es la causa de algunos efectos no deseados &#091;2&#093;. El aumento de infecciones intestinales y sist&eacute;micas se ha atribuido al descenso de la secreci&oacute;n &aacute;cida g&aacute;strica y su capacidad bactericida. Otras infecciones, como neumon&iacute;as, tambi&eacute;n son m&aacute;s frecuentes entre los pacientes tratados con IBP. La capacidad de producci&oacute;n de vitamina B<sub>12</sub> y su absorci&oacute;n intestinal puede estar reducida por malabsorci&oacute;n. Tambi&eacute;n se ha descrito una reducci&oacute;n del efecto antiagregante de clopidogrel. Algunos c&aacute;nceres, especialmente el de colon, podr&iacute;an ser m&aacute;s frecuentes. Por &uacute;ltimo, hay que destacar el aumento del riesgo de fractura en pacientes tratados durante largo tiempo con IBP. En este n&uacute;mero se presenta un estudio de Vera Rodr&iacute;guez et al. &#091;3&#093; sobre su posible asociaci&oacute;n con un aumento de fracturas en la poblaci&oacute;n de Canarias, y confirman el aumento de fracturas no traum&aacute;ticas en el grupo de pacientes mayores de 50 a&ntilde;os en tratamiento de larga duraci&oacute;n con IBP en relaci&oacute;n con los que nunca lo han tomado.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Esta relaci&oacute;n entre IBP y fracturas ha llamado la atenci&oacute;n en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os, mucho tiempo despu&eacute;s de la introducci&oacute;n de los IBP. Diversos estudios observacionales han mostrado relaci&oacute;n entre el consumo de IBP y la presencia de fracturas osteopor&oacute;ticas de cadera, vertebrales y de mu&ntilde;eca. En general, se asocian a los tratamientos con altas dosis o periodos superiores a 12 meses. Los resultados son contradictorios, ya que no todos los estudios confirmaron los mismos hallazgos. Los estudios son metodol&oacute;gicamente heterog&eacute;neos y tienen numerosas variables de confusi&oacute;n, lo que explicaba la falta de coherencia en los hallazgos. Por desgracia no se disponen de estudios controlados, ya que este efecto adverso no se hab&iacute;a detectado en los ensayos cl&iacute;nicos sobre el uso de IBP a largo plazo, principalmente porque no hab&iacute;an sido dise&ntilde;ados con el objetivo de valorar fracturas por fragilidad.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">En 2011 se publicaron algunos meta-an&aacute;lisis partiendo de estudios epidemiol&oacute;gicos de cohortes y casos-controles que confirmaron la asociaci&oacute;n entre el consumo cr&oacute;nico de IBP y un aumento de las fracturas por fragilidad en mujeres postmenop&aacute;usicas y varones mayores. Ante esta evidencia, las agencias reguladoras de medicamentos, incluidas la FDA (<i>Foods and Drugs Administration</i>) y la EMA (<i>European Medicines Agency</i>), decidieron emitir alertas sobre este riesgo.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">En el meta-an&aacute;lisis realizado por Ngamruengphong et al. &#091;4&#093; se inclu&iacute;an 10 estudios observacionales (4 de cohortes y 6 de casos y controles) con una poblaci&oacute;n de varones y mujeres entre los que se identificaron m&aacute;s de 200.000 fracturas. En los pacientes que hab&iacute;an consumido IBP el riesgo de fractura estaba incrementado, con una OR de 1,25 (intervalo de confianza (IC 95%: 1,14-1,37) para la fractura de cadera, de 1,50 (IC 95%: 1,3-1,72)para la fractura vertebral y de 1,09 (IC 95%: 0,95-1,24) para la de mu&ntilde;eca. La heterogeneidad del dise&ntilde;o de estos estudios limit&oacute; el an&aacute;lisis sobre la influencia de otros factores relacionados con el tratamiento con IBP. Los resultados de un segundo meta-an&aacute;lisis coincidieron con los del anterior &#091;5&#093;. Se incluyeron dos art&iacute;culos m&aacute;s y se analizaron, adem&aacute;s, estudios con pacientes tratados con inhibidores de los receptores H2 (IRH2). Sus resultados fueron consistentes con el meta-an&aacute;lisis de Ngamruengphong et al., y encontraron tambi&eacute;n aumento del riesgo de fractura, de magnitud similar, en los pacientes con IBP. La OR para la fractura vertebral fue de 1,5 (IC 95%: 1,32-1,72) y para fractura de cadera de 1,23 (IC 95%: 1,11-1,36), siendo para el total de la fracturas de 1,20 (IC 95%: 1,11-1,30). Sin embargo, no se confirm&oacute; que existiera asociaci&oacute;n entre el tratamiento con los IRH2 y las fracturas.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">En ambos estudios el aumento de las fracturas es proporcionalmente discreto despu&eacute;s de ajustar por diversos factores de riesgo. Sin embargo, al extrapolar estos resultados a la poblaci&oacute;n general, en la que el uso de los IBP en la poblaci&oacute;n de riesgo de osteoporosis y fractura es frecuente, el peso de este efecto adverso se hace importante. Estos estudios presentaban mucha heterogeneidad en relaci&oacute;n con la intensidad del riesgo y la duraci&oacute;n del tiempo de tratamiento hasta la aparici&oacute;n de las fracturas, as&iacute; como cierta variabilidad en relaci&oacute;n con los factores de confusi&oacute;n para los que se ajustaron los resultados. A pesar de estas limitaciones, la aparici&oacute;n de fracturas se ha observado especialmente en pacientes con mayores dosis, mayor adherencia y m&aacute;s larga duraci&oacute;n del tratamiento con IBP. En general, este aumento de la tasa de fractura es independiente de otros factores de riesgo de fracturas, incluida la densidad mineral &oacute;sea. Pero algunos autores han encontrado que, adem&aacute;s del consumo cr&oacute;nico de IBP, el uso del tabaco es un factor de riesgo de fractura de cadera en la mujer postmenop&aacute;usica &#091;6&#093;.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Posteriormente han aparecido nuevos datos que refuerzan esta evidencia. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han publicados varios estudios de cohorte prospectivos. Entre ellos un estudio en la cohorte canadiense CaMos con hombres y mujeres en los que se encontr&oacute; que, tras 10 a&ntilde;os de seguimiento, los pacientes que hab&iacute;an usado IBP ten&iacute;an un incremento de las fracturas incidentales no traum&aacute;ticas independientes de numerosos factores de riesgo conocidos. El riesgo de fractura se calcul&oacute; mediante cociente de riesgo (HR) que fue de 01,75 (IC 95%: 1,41-2,17) para el total de las fracturas &#091;7&#093;. Despu&eacute;s de ajustar por varios factores de riesgo, entre ellos la densidad mineral &oacute;sea de cuello femoral, la asociaci&oacute;n permaneci&oacute; significativa, con una HR de 1,40 (IC 95%: 1,11-1,77). En otro estudio de cohortes en mujeres postmenop&aacute;usica australianas (<i>Australian Longitudinal Study on Women's Health</i>) se valoraron los datos de 4.432 mujeres seguidas durante m&aacute;s de 10 a&ntilde;os, y se encontr&oacute; que hab&iacute;a un aumento de fracturas asociado a fracturas osteopor&oacute;ticas (HR=1,29, IC 95%: 1,08-1,55). En este estudio se evalu&oacute; esta asociaci&oacute;n seg&uacute;n el f&aacute;rmaco utilizado, encontrando que el riesgo estaba incrementado con el empleo de cualquier IBP, especialmente esomeprazol (HR=2,06, IC 95%: 1,37-3,10) &#091;8&#093;. En un estudio de casos y controles con m&aacute;s de 6.500 varones mayores de 45 a&ntilde;os tratados con IBP se confirm&oacute; su relaci&oacute;n con el aumento del riesgo de fractura, especialmente en aquellos m&aacute;s adherentes y con un consumo de larga duraci&oacute;n &#091;9&#093;.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">El mecanismo de acci&oacute;n por el que los IBP aumentan el riesgo de fractura es desconocido, aunque se han propuesto algunas hip&oacute;tesis: disminuci&oacute;n de la absorci&oacute;n intestinal de calcio y vitamina B<sub>12</sub> o la acci&oacute;n directa de los IBP sobre la bomba de protones de los osteoclastos.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La disminuci&oacute;n de la absorci&oacute;n intestinal de calcio y otros minerales est&aacute; basada en estudios experimentales y humanos. La absorci&oacute;n intestinal de carbonato c&aacute;lcico es pH-dependiente y algunos estudios se&ntilde;alan que en los pacientes con hipo o aclorhidria se reduce la absorci&oacute;n de carbonato c&aacute;lcico, especialmente en la mujeres ancianas en ayunas &#091;10&#093;. Esta alteraci&oacute;n de la absorci&oacute;n de calcio no se ha comprobado en los varones por debajo de los 50 a&ntilde;os &#091;11&#093;. La inhibici&oacute;n de la secreci&oacute;n &aacute;cida g&aacute;strica podr&iacute;a contribuir a disminuir la absorci&oacute;n de vitamina B<sub>12</sub> y, de este modo, facilitar una homocistinuria. La reducci&oacute;n de homocistina podr&iacute;a dificultar su incorporaci&oacute;n al col&aacute;geno &oacute;seo y, en consecuencia, facilitar las fracturas.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Algunos datos experimentales se&ntilde;alan que la acci&oacute;n de los IBP podr&iacute;a influir directamente sobre las c&eacute;lulas &oacute;seas. En este sentido, la acci&oacute;n osteocl&aacute;stica podr&iacute;a resentirse debido a la inhibici&oacute;n de la bomba de protones de que disponen los osteoclastos. De este modo se llegar&iacute;a a una situaci&oacute;n metab&oacute;lica con bajo remodelado. No hay datos sobre cu&aacute;l puede ser el significado cl&iacute;nico real de esta acci&oacute;n. Por otro lado, la acci&oacute;n de los IBP en el hueso podr&iacute;a estar relacionada con un aumento de la histamina, ya que el bloqueo de los receptores H1 previene el aumento del riesgo de fractura inducido por los IBP &#091;12&#093;.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">De cualquier modo, el aumento del riesgo de fractura observado en los pacientes tratados con estos f&aacute;rmacos no parece est&aacute; relacionado con una disminuci&oacute;n de la densidad mineral &oacute;sea o un aceleraci&oacute;n de su p&eacute;rdida &oacute;sea. Algunos estudios han encontrado que los pacientes que inician tratamiento con IBP tienen una densidad mineral &oacute;sea baja, pero &eacute;sta no se modifica de forma importante durante el tratamiento &#091;13&#093;.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">A la vista de todos estos datos, la EMA y la Agencia Espa&ntilde;ola de Medicamentos y Productos Sanitarios (marzo 2012) emitieron alertas sobre la seguridad de los IBP, en las que advert&iacute;an de este aumento del riesgo de fracturas de cadera, vertebrales y de antebrazo en pacientes con tratamiento a largo plazo (m&aacute;s de 1 a&ntilde;o) con IBP.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Las ventajas de los IBP son indudables para el tratamiento de los problemas relacionados con el reflujo gastrointestinal y la &uacute;lcera p&eacute;ptica en general. Y en estos casos el riesgo-beneficio es favorable a este &uacute;ltimo. Sin embargo, como se&ntilde;alan Vera Rodr&iacute;guez et al. en su art&iacute;culo &#091;3&#093;, en una gran proporci&oacute;n de pacientes as&iacute; tratados no est&aacute; clara cu&aacute;l es la indicaci&oacute;n del tratamiento. En muchas ocasiones se ha asumido que el riesgo de prevenci&oacute;n de &uacute;lcera p&eacute;ptica en sujetos en tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos podr&iacute;a extrapolarse a los pacientes con polimedicaci&oacute;n, pero esta posibilidad no est&aacute; probada. En estos pacientes en los que los beneficios son inciertos, el riesgo de fractura, aunque sea peque&ntilde;o, no es asumible.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Podr&iacute;a pensarse que el riesgo inducido por los IBP podr&iacute;a ser controlado con f&aacute;rmacos antifracturarios como los bisfosfonatos (BSF). Sin embargo, los datos disponibles no avalan esta hip&oacute;tesis. Yang et al., en un reciente meta-an&aacute;lisis, analizan 4 estudios que incluyen m&aacute;s de 57.000 pacientes observando las posibles ventajas de la combinaci&oacute;n de IBP y BSF. Contrariamente a lo esperado, esta combinaci&oacute;n tiene m&aacute;s riesgo de fractura que los IBP solos (OR=1,52). El riesgo de fractura vertebral tiene una OR de 1,60 (IC 95%: 1,13-2,26) &#091;14&#093;.</font></p>
    <p><font face="Verdana" size="2">Con todos estos datos, parece razonable pensar que el tratamiento con IBP es un factor de riesgo de fractura que se ve incrementado entre un 9-75%. Este efecto indeseable es un efecto de clase, ya que se mantiene cuando se analizan los diferentes IBP por separado. Este riesgo es posible que no pueda ser anulado por el uso concomitante de BSF. No hay contraindicaci&oacute;n en el uso de IBP en pacientes con osteoporosis o con riesgo de fractura; no obstante, a la vista de los datos disponibles, es necesario actuar juiciosamente a la hora de indicar el bloqueo de la producci&oacute;n de secreci&oacute;n &aacute;cida g&aacute;strica con IBP, especialmente en las mujeres postmenop&aacute;usicas y varones de m&aacute;s de 50 a&ntilde;os.</font></p>
    <p>&nbsp;</p>
    <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>
    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Neila Calvo S, Nan Nan D, Garc&iacute;a Ibarbia C, Olmos Mart&iacute;nez JM, Gonz&aacute;lez Mac&iacute;as J, Hern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez JL. La realidad de la osteoporosis en el paciente hospitalizado en Medicina Interna. Rev Osteoporos Metab Miner 2013;5:141-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973340&pid=S1889-836X201500040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Reimer C. Safety of long-term PPI therapy. Best Pract Res Clin Gastroenterol 2013;27:443-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973342&pid=S1889-836X201500040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Vera Rodr&iacute;guez J, Mart&iacute;n Bethencourt E, Calvo Hern&aacute;ndez LM, Hern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez D, Saavedra Santana P, G&oacute;mez de Tejada Romero MJ, et al. Uso inadecuado de inhibidores de la bomba de protones y riesgo de fractura por fragilidad. Estudio preliminar. Rev Osteoporos Metab Miner 2015;7:107-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973344&pid=S1889-836X201500040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Ngamruengphong S, Leontiadis GI, Radhi S, Dentino A, Nugent K. Proton pump inhibitors and risk of fracture: a systematic review and meta-analysis of observational studies. Am J Gastroenterol 2011;106:1209-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973346&pid=S1889-836X201500040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Kwok CS, Yeong JK, Loke YK. Meta-analysis: risk of fractures with acid-suppressing medication. Bone 2011;48:768-76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973348&pid=S1889-836X201500040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Khalili H, Huang SH, Jacobson BC, Camargo CA, Diane Feskanich D, Chan AT. Use of proton pump inhibitors and risk of hip fracture in relation to dietary and lifestyle factors: a prospective cohort study. BMJ 2012;344:e372.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973350&pid=S1889-836X201500040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Fraser LA, Leslie WD, Targownik LE, Papaioannou A, Adachi JD, and CaMos Research Group. The effect of proton pump inhibitors on fracture risk: report from the Canadian Multicenter Osteoporosis Study. Osteoporos Int 2013;24: 1161-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973352&pid=S1889-836X201500040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Van der Hoorn MM, Tett SE, de Vries OJ, Dobson AJ, Peeters GM. The effect of dose and type of proton pump inhibitor use on risk of fractures and osteoporosis treatment in older Australian women: A prospective cohort study. Bone 2015;81:675-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973354&pid=S1889-836X201500040000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Adams AL, Black MH, Zhang JL, Shi JM, Jacobsen SJ. Proton-pump inhibitor use and hip fractures in men: a population-based case-control study. Ann Epidemiol 2014;24:286-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973356&pid=S1889-836X201500040000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Quesada G&oacute;mez JM, Sosa Henr&iacute;quez M. Nutrici&oacute;n y osteoporosis. Calcio y vitamina D. Rev Osteoporos Metab Miner 2011 3:165-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973358&pid=S1889-836X201500040000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Sharara AI, El-Halabi MM, Ghaith OA, Habib RH, Mansour NM, Malli A, et al. Proton pump inhibitors have no measurable effect on calcium and bone metabolism in healthy young males: A prospective matched controlled study. Metabolism 2013;62:518-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4973360&pid=S1889-836X201500040000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Abrahamsen B, Vestergaard P. Proton pump inhibitor use and fracture risk-effect modification by histamine H1 receptor blockade. Observational case-control study using National Prescription Data. 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