<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1988-348X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ene]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ene.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1988-348X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Martín Rodríguez Álvaro]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1988-348X2016000300003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aristóteles en los orígenes del nacimiento de la ontología]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martínez Botija]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sergio]]></given-names>
</name>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pinto Freyre]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jesús]]></given-names>
</name>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Santamaría Pérez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Adrián]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2016</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2016</year>
</pub-date>
<volume>10</volume>
<numero>3</numero>
<fpage>0</fpage>
<lpage>0</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1988-348X2016000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1988-348X2016000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1988-348X2016000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Si la reflexión ontológica pudiera ser de interés para la enfermería, entonces, inevitablemente, su historia ha de serlo también. En este artículo, tratamos de analizar una pequeña parte de la historia de dicha disciplina, concretamente, su origen y el de la mayoría de sus problemáticas, con Aristóteles.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[If ontological reflection could be of interest to nursing, then, inevitably, its history st also be. In this article, we try to analyze a small part of the history of this discipline, namely, its origin and that of most of its problems, with Aristotle.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Enfermería]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[filosofía]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Nursing]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Philosophy]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Persons]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>ART&Iacute;CULOS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Arist&oacute;teles en los or&iacute;genes del nacimiento de la ontolog&iacute;a</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Sergio Mart&iacute;nez Botija, Jes&uacute;s Pinto Freyre y Adri&aacute;n Santamar&iacute;a P&eacute;rez</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si la reflexi&oacute;n ontol&oacute;gica pudiera ser de inter&eacute;s para la enfermer&iacute;a, entonces, inevitablemente, su historia ha de serlo tambi&eacute;n. En este art&iacute;culo, tratamos de analizar una peque&ntilde;a parte de la historia de dicha disciplina, concretamente, su origen y el de la mayor&iacute;a de sus problem&aacute;ticas, con Arist&oacute;teles.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Enfermer&iacute;a, filosof&iacute;a.</font></p> <hr size="1">     <p><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">If ontological reflection could be of interest to nursing, then, inevitably, its history st also be. In this article, we try to analyze a small part of the history of this discipline, namely, its origin and that of most of its problems, with Aristotle.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> Nursing, Philosophy, Persons.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se nos pidi&oacute; abrir esta edici&oacute;n de la revista <i>La ciencia del cuidado</i> con un breve art&iacute;culo que situase, casi en clave geneal&oacute;gica, los or&iacute;genes de la ontolog&iacute;a. La tarea es grave y compleja, no s&oacute;lo por la dificultad de la definici&oacute;n de una disciplina como &eacute;sta, dificultad que no depende exclusivamente del grado de cercan&iacute;a y de competencia que uno tenga con esta palabra; sino tambi&eacute;n por la longitud y erudici&oacute;n que requiere. Pues, ¿qu&eacute; es la tarea geneal&oacute;gica y por qu&eacute; se nos reclama a unos estudiantes de Filosof&iacute;a el realizarla para una revista de Enfermer&iacute;a? Si la interpretamos como un mero ejercicio historiogr&aacute;fico en que se da una narraci&oacute;n del surgimiento de la ontolog&iacute;a como se har&iacute;a con el surgimiento del Imperio romano, entonces parecer&iacute;a poder realizarla cualquiera con el suficiente tiempo y disposici&oacute;n. Pero este no es el caso, ya que la genealog&iacute;a es un proceso bien distinto que estudia -por decirlo r&aacute;pido y no alargar la cuesti&oacute;n demasiado-, al menos como Nietzsche lo plantea, el origen, cambio y reproducci&oacute;n de los conceptos y sus sentidos, as&iacute; como los posibles reflejos que dicho proceso produzca en la cultura (Foucault, 2014). Es por ello que aqu&iacute; no podremos ni deberemos intentar hacer una genealog&iacute;a de la ontolog&iacute;a, por lo que nos limitaremos a algo m&aacute;s modesto, que es atender a los problemas que la constituyen en sus comienzos. Concretamente, mostraremos muy sumariamente qu&eacute; es lo que Arist&oacute;teles hizo para dar forma a dichos problemas y, con ello, c&oacute;mo dispone el campo de trabajo de la propia ontolog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero antes de comenzar toda esta tarea no podemos evitar preguntarnos qu&eacute; es lo que les lleva a unos enfermeros y enfermeras a interrogarse por los or&iacute;genes de la ontolog&iacute;a. Quiz&aacute;s sea, en parte, porque preguntarse por los or&iacute;genes de algo sea una de las formas de comprender y de conocer ese algo. M&aacute;s, si esto es as&iacute;, ¿por qu&eacute; querr&iacute;a la enfermer&iacute;a conocer y comprender la ontolog&iacute;a? La respuesta primera que a uno o a una se le puede venir a la cabeza es que, en cierto sentido, sea porque puede que est&eacute;n haciendo ontolog&iacute;a. Si no la est&aacute;n haciendo, el inter&eacute;s ser&iacute;a, por el contrario, meramente concupiscente, es decir, un deseo irrefrenable de conocer que les ha conducido, en &uacute;ltima instancia, hasta la pregunta por la ontolog&iacute;a. Pero, si la enfermer&iacute;a lleva algo consigo, que no sabemos si es un lastre o una bendici&oacute;n (o las dos cosas), es que es eminentemente pr&aacute;ctico-pragm&aacute;tica, con lo que resulta inveros&iacute;mil que se hallen perdiendo el tiempo en un proceso meramente acumulativo de adquisici&oacute;n de conocimiento. Con todo, entonces, debe ser que, aun no realiz&aacute;ndola en sus pr&aacute;cticas profesionales genuinas, los enfermeros y las enfermeras est&aacute;n haciendo ontolog&iacute;a por lo menos en sus investigaciones. Y la est&aacute;n haciendo conscientemente, ya que, si bien es cierto que toda investigaci&oacute;n sobre algo del mundo, por el mero hecho de ser sobre ese algo, tiene que partir de una ontolog&iacute;a aunque sea como presupuesto; es necesario reconocerse partiendo de esa ontolog&iacute;a -o haci&eacute;ndola- para que pueda instanciarse la pregunta por ella. Pues, podr&iacute;ase afirmar, que hacer ontolog&iacute;a no es otra cosa que mirar el mundo de una determinada manera; definir un algo, una parte del mundo sobre la que se van a plantear cuestiones; o, como decimos algunos de los que leemos filosof&iacute;a, hacer ontolog&iacute;a es "cortar el mundo" de una forma determinada. Cabe entonces la pregunta de qu&eacute; clase de ontolog&iacute;a nos proponen los enfermeros y las enfermeras.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Antes de concluir esta introducci&oacute;n podr&iacute;amos tratar de aventurar o bosquejar juntos la forma de cortar el mundo que podr&aacute; exhibir la ciencia de enfermer&iacute;a. Y s&iacute;, decimos ciencia, pues es propio de las ciencias el presentar diversas formas de cortar el mundo. Siendo esto as&iacute;, podr&iacute;amos pensar que, dado que la ciencia de enfermer&iacute;a est&aacute; &iacute;ntimamente ligada al trabajo con el cuerpo humano, est&aacute; por ello ligada a un determinado estudio del cuerpo humano. Pero hay algo m&aacute;s -no sabemos si m&aacute;s o menos genuino- con lo que est&aacute; ligada, y es el cuidado. El cuidado determina la forma de cortar el mundo de la enfermer&iacute;a y todos los objetos y procesos que defina en cuanto ciencia, deber&iacute;an organizarse en torno a y desde la mirada que confiere, en tanto que modo determinado de actuar sobre el mundo. No ha de perder de vista, sin embargo, el hecho de que esta forma de cortar el mundo tiene, como ocurre en el resto de ciencias, una condici&oacute;n tal que hace indesligables mirar y actuar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con todo, esperamos que aclarar a grandes rasgos, como aqu&iacute; se va a hacer, qu&eacute; sea la ontolog&iacute;a cuando naci&oacute; pueda ayudar a entender la propia actividad ontol&oacute;gica de la ciencia de enfermer&iacute;a. Adem&aacute;s, esperamos que el comprender la actividad de esta disciplina llamada "ontolog&iacute;a" , ofrezca material y rudimentos para aquella tarea.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>2. El origen del vocabulario, la forma de reflexi&oacute;n y los problemas de la ontolog&iacute;a</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para poder comprender qu&eacute; sea eso que llamamos "ontolog&iacute;a" hemos de conocer los problemas de los que se encarga, c&oacute;mo los aborda y algunos de los t&eacute;rminos que para ello emplea. Y en este sentido, sucede que el nacimiento de la ontolog&iacute;a como disciplina no coincide con el origen de lo que ser&aacute; su tarea. Es, pues, necesario, para que se d&eacute; el origen de cualquier forma de pensamiento, el que se d&eacute; el planteamiento, aunque sea a un nivel rudimentario, de esos problemas de que se vaya a encargar como condici&oacute;n de posibilidad de una posterior institucionalizaci&oacute;n de los mismos. Por ello, hemos de hacer un viaje a un mundo extra&ntilde;o y muy distinto al nuestro, del que, sin embargo, nacen las cuestiones que ir&aacute;n configurando la cultura occidental. Hablamos de ese mundo organizado en peque&ntilde;as ciudades-estado o <i>&#960;&#959;&#955;&#953;&#962;</i>, de ese mundo que ver&aacute; nacer a Alejandro Magno; esto es, de la <i>H&eacute;lade</i> en que nacieron S&oacute;crates, Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. La Grecia de los siglos V-IV a.C. en que ya hab&iacute;a culminado el desarrollo del pensamiento y del arte formal.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Podr&iacute;amos remitirnos, pues, al que se considera como el momento que supone el acta fundacional de la filosof&iacute;a occidental que es la muerte de S&oacute;crates y, con ello, tendr&iacute;amos que apelar a la que Whitehead llam&oacute; la obra de la que toda la tradici&oacute;n filos&oacute;fica es s&oacute;lo "una nota a pie de p&aacute;gina" (Whitehead, 1956). Pero no es en Plat&oacute;n en quien -ni en su filosof&iacute;a donde- encontraremos algo parecido a la ontolog&iacute;a. Aunque sea cierto que &eacute;l inaugura muchos problemas y da muchas respuestas que siguen vigentes hoy d&iacute;a, la forma en que lo hace no es suficientemente sistem&aacute;tica: podemos encontrar reflexiones de car&aacute;cter ontol&oacute;gico insertas en obras que van de muy otras cuestiones -la analog&iacute;a de la caverna en el libro VII de la Rep&uacute;blica es un ejemplo de ello. Adem&aacute;s, los t&eacute;rminos en los que Plat&oacute;n emprende la resoluci&oacute;n de los problemas pueden resultar lejanos y casi debemos emprender una labor de traducci&oacute;n para poder manejarlos en ontolog&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es, entonces, en su disc&iacute;pulo m&aacute;s famoso en quien nos fijaremos para situar el origen del vocabulario, los problemas y la forma de reflexi&oacute;n ontol&oacute;gicos, es decir, en Arist&oacute;teles. Sin embargo, no es aqu&iacute; conveniente dar un repaso general a su figura, ni a su pensamiento. S&oacute;lo nos vamos a limitar a dar unas peque&ntilde;as consideraciones antes de comenzar el rastreo de este origen.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3. Peque&ntilde;as consideraciones sobre "Arist&oacute;teles"</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Vamos a hablar de Arist&oacute;teles y de su pensamiento, tal como hemos enunciado m&aacute;s arriba, pero conforme lo hac&iacute;amos est&aacute;bamos construyendo una mentira. Como dir&iacute;a un famoso ejemplo repetido en la filosof&iacute;a del lenguaje del siglo XX, "el Arist&oacute;teles que escribi&oacute; la <i>Metaf&iacute;sica</i> no es el mismo que el que naci&oacute; en Estagira en el 384 a.C.". Esto puede sonar extra&ntilde;o, pero es una forma muy exacta de describir nuestra relaci&oacute;n con Arist&oacute;teles y con la Antig&uumledad cl&aacute;sica en general. Los textos que escribieron estos autores, o bien se han perdido, o bien, si los conservamos, lo hacemos pagando un precio a veces no debidamente asumido. As&iacute;, la obra de Arist&oacute;teles es fruto de la ordenaci&oacute;n que, bajo propio criterio, realiz&oacute; el bibliotecario de Alejandr&iacute;a, Andr&oacute;nico de Rodas, en el siglo I d.C. Adem&aacute;s, no se trata de cualquier ordenaci&oacute;n de la obra general de Arist&oacute;teles, sino de sus escritos "esot&eacute;ricos" , que eran apuntes que usaba para dar sus clases en el Liceo. Por lo tanto, se trata, no de libros, sino de artefactos que juntan textos de varios momentos distintos de la vida del pensador macedonio, muchos de ellos con ciertas contradicciones y opiniones enfrentadas. El resto de la obra del estagirita, es decir, la que public&oacute; en forma de di&aacute;logo para el p&uacute;blico, simplemente se conserva en peque&ntilde;as referencias de otros autores, mostr&aacute;ndose de esta forma como si fuera un objeto legendario perdido en la historia. A esto hay que sumar las m&uacute;ltiples traducciones y modificaciones que, desde la cultura &aacute;rabe primero y, luego, desde la cristiana medieval, alteraron significativamente el contenido de las obras del corpus aristot&eacute;lico y aumentaron, si cabe, la condici&oacute;n de artefacto que ya se les presum&iacute;a.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De esta forma, la afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual vamos a hablar del pensamiento aristot&eacute;lico debe ser ahora corregida: vamos a hablar del pensamiento que durante siglos se ha reunido bajo el nombre de "aristot&eacute;lico" . Y decir esto, quiere apuntar a que, en cierto modo, lo que vamos a trazar aqu&iacute; va a ser tambi&eacute;n una peque&ntilde;a traici&oacute;n al gran genio macedonio. Es una necesidad, empero, confesar este crimen, pues cabe el riesgo de que se acaben atribuyendo doctrinas a Arist&oacute;teles que quiz&aacute;s no le correspondan a partir de lo que a continuaci&oacute;n nos disponemos a exponer.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3.1. Arist&oacute;teles, padre del pensamiento ontol&oacute;gico.</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Digamos ahora y r&aacute;pido que Arist&oacute;teles es el padre del pensamiento ontol&oacute;gico, luego ya habr&aacute; ocasi&oacute;n para desdecirnos. Pero Arist&oacute;teles parece tambi&eacute;n el padre de muchas otras tantas cosas: la psicolog&iacute;a, la biolog&iacute;a, la zoolog&iacute;a, la l&oacute;gica... ¿C&oacute;mo es que puede ser el padre de tantas y tan variadas clases de reflexiones? La respuesta se antoja sencilla, tiene un libro (o artefacto) para cada una de ellas en los que aborda con mayor o menor profusi&oacute;n, acierto y sistematicidad, cada una de esas cuestiones. Entonces, ¿en qu&eacute; libros encontramos al Arist&oacute;teles " ont&oacute;logo"? Uno podr&iacute;a pensar que en el libro <i>Metaf&iacute;sica</i>, pero, si se piensa as&iacute; -como se hizo durante mucho tiempo-, entonces se deja fuera asuntos de gran relevancia para la ontolog&iacute;a que el macedonio va a abordar en la <i>F&iacute;sica</i> y en varios de sus libros de L&oacute;gica/&Oacute;rganon (sobre todo en <i>Categor&iacute;as</i> pertenecientes a los <i>Anal&iacute;ticos primeros</i>). Exploremos, pues, c&oacute;mo se va a desplegar y exhibir este pensamiento ontol&oacute;gico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3.1.1. El problema.</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Arist&oacute;teles no accede a planteamientos ontol&oacute;gicos por pura inspiraci&oacute;n, ya que, aun siendo el que inaugura esta clase de reflexi&oacute;n, su forma de llegar a ellos se da como respuesta a uno de los problemas de mayor resonancia de la filosof&iacute;a antigua. Este problema no es ninguno m&aacute;s extra&ntilde;o que el de explicar qu&eacute; es el movimiento o, con otras palabras, por qu&eacute; se mueven las cosas, en un sentido de "movimiento" muy lato (movimiento o cambio va a ser hasta el crecimiento de un &aacute;rbol). Los primeros pensadores griegos ya se hab&iacute;an topado con esta dificultad en su observaci&oacute;n de la naturaleza y, como respuesta, intentaron hallar y formular un principio rector que fuera el origen de todos los movimientos. Dicho principio se denomin&oacute; "<i>&#945;&#961;&#967;&#942;</i> (arch&eacute;) y para su caracterizaci&oacute;n se dieron propuestas de muy diversa naturaleza. Hab&iacute;a as&iacute; quienes lo formularon como agua, fuego o, incluso, lo indeterminado. Otras respuestas pasaron por negar alguno de los miembros del binomio "movimiento-ser" .</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Arist&oacute;teles va a abordarlo de otra manera. Frente a Plat&oacute;n, que tuvo que plantear la existencia de un mundo m&aacute;s real de ideas est&aacute;ticas, que "ca&iacute;an" en un mundo material dando su forma a la materia (la cual estaba sometida a la generaci&oacute;n y la corrupci&oacute;n); el macedonio supuso que ambos principios, el del movimiento y el de la estasis, hab&iacute;an de residir en una misma realidad, un mismo mundo, y aplicarse con la misma propiedad a la misma cosa. Pero, entonces, ¿c&oacute;mo es que los seres pasan de un principio a otro? Pasan al verse todos sometidos a la interacci&oacute;n causal, todos est&aacute;n movidos a-causa-de y, en su movimiento, son causa-de otros.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero esta relaci&oacute;n causal es misteriosa, as&iacute; como el movimiento. Lo que lo hace tan extra&ntilde;o es que en &eacute;l detectamos que no todo cambia cuando se da el movimiento o el cambio. Hay algo que siempre permanece en todo ese proceso. Tenemos, as&iacute;, por ejemplo, la experiencia de ver moverse a un autom&oacute;vil por una carretera o de ver crecer una semilla plantada por nuestras manos. De esta manera, si todo fuera est&aacute;tico, por un lado, el movimiento del coche, o el crecimiento de la semilla, ser&iacute;a s&oacute;lo una apariencia o una ilusi&oacute;n, como podr&iacute;a haber afirmado Plat&oacute;n. Esto se debe a que, al no existir el movimiento, cualquier cambio tanto en el autom&oacute;vil, como en la planta, ser&iacute;a m&aacute;s bien un proceso similar, <i>mutatis mutandi</i>, al movimiento aparente que percibimos en la luna cuando nos desplazamos nosotros como observadores. Por otro lado, si todo fuera movimiento, entonces, para cualquier cosa, ya sea el coche o la planta, no habr&iacute;a forma de demostrar y explicar que la cosa a la que nos referimos se trate de la misma una vez ha cambiado o se ha movido, esto es, no tendr&iacute;amos forma de decir que aquel coche sea el mismo mientras lo vemos desplazarse o que la planta que ha brotado de la semilla que plantamos, tiene algo que ver con esa semilla. Existe, pues, la experiencia de que algo siempre permanece, cuando las cosas se mueven. Es aqu&iacute; cuando Arist&oacute;teles aprovecha para introducir dos t&eacute;rminos que, aun existentes en el griego y habiendo sido manejados para resolver esta clase de problemas, son alterados en su sentido, tal que dicha forma de emplearlos devendr&aacute; la forma can&oacute;nica de los mismos en la ontolog&iacute;a. Uno de ellos es <i>"&#959;&#965;&#963;&#943;&#945;"</i> (<i>ous&iacute;a</i>) que, traducido a trav&eacute;s del lat&iacute;n, quedar&iacute;a como "substantia" o "substancia" . La substancia es aquello que permanece en el cambio y en el movimiento; aquello que posibilita que podamos decir que, por ejemplo, el autom&oacute;vil que se traslada de A a B es el mismo en todos los momentos del desplazamiento. El otro t&eacute;rmino es " accidente" . Percibimos, pues, que cuando una cosa cambia, lo que cambia son los accidentes y lo que permanece es la substancia. Pero veamos en primer lugar qu&eacute; nos tiene que decir Arist&oacute;teles sobre la substancia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La elaboraci&oacute;n m&aacute;s profusa de Arist&oacute;teles sobre la substancia est&aacute; en el libro de las <i>Categor&iacute;as</i>. Este libro est&aacute; dentro de los tratados del <i>&Oacute;rganon</i> y, aun inaugurando lo que luego se conocer&aacute; como l&oacute;gica predicativa, nos va a proporcionar algunas consideraciones importantes para comprender la metaf&iacute;sica/ontolog&iacute;a aristot&eacute;lica. En &eacute;l se nos dice que hay dos clases de substancia: substancia primera y substancia segunda. La substancia primera es aquello que no podr&iacute;amos expresar en un sujeto, pero que tampoco se predica de &eacute;l. Esto, dicho as&iacute;, puede resultar un tanto confuso. Pensemos una oraci&oacute;n cualquiera, "La nieve es blanca" . Dada esta oraci&oacute;n, la substancia primera no ser&iacute;a "La nieve" , ni se podr&iacute;a predicar de "La nieve" como si puede hacerse con "blanca" . Pero, si no podemos representarla en un predicado, ¿qu&eacute; es? Arist&oacute;teles lo dice de forma pr&iacute;stina al caracterizarlo como lo individual, es decir, la nieve tal cual la estamos viendo ahora y d&oacute;nde la estamos viendo: esa nieve que tenemos ahora en nuestras manos. Pero puede que todav&iacute;a no quede lo suficientemente claro. Pensemos otra oraci&oacute;n, "Darwin, mi perro, tiene once a&ntilde;os" . Substancia primera no ser&iacute;a "Mi perro Darwin" tal y como aqu&iacute; aparece expresado, pues a ello puede predic&aacute;rsele, en tanto sujeto, una serie de propiedades como "tiene cuatro patas" , "naci&oacute; en Madrid" o "es de pelaje dorado" . Substancia primera ser&iacute;a el perro Darwin tal cual lo estamos aqu&iacute; viendo: desde la perspectiva, en el lugar y en el instante que lo percibimos. Esto quiere decir que la substancia primera s&oacute;lo podr&iacute;a ser conocida por ostensi&oacute;n o por su expresi&oacute;n en un nombre genuinamente propio en t&eacute;rminos russelianos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La substancia segunda ser&iacute;a, propiamente, el objeto de nuestro lenguaje y, con ello, el objeto de nuestro saber o ciencia (en sentido griego "ciencia" es " <i>"&#949;&#960;&#953;&#963;&#964;&#951;&#956;&#942;"</i> o "episteme" ), ya que, como dice Arist&oacute;teles al comienzo de la <i>Metaf&iacute;sica</i>, no es posible hacer ciencia de cosas particulares, sino de lo general. Lo general es aquello de lo que se pueden predicar accidentes en tanto que sujeto de una oraci&oacute;n con sentido, esto es, es la substancia segunda. Aunque tal y como lo expresa en <i>Categor&iacute;as</i> podr&iacute;amos caracterizarla como aquello que, estando en un sujeto, no se dice de un sujeto. Los ejemplos que hemos dado de ella ser&iacute;an "La nieve" en "La nieve es blanca" , o "Mi perro Darwin" en "Darwin, mi perro, tiene once a&ntilde;os" . Las substancias segundas se pueden subsumir en especies, que a su vez pueden estar agrupadas en g&eacute;neros. De esta forma, tenemos a S&oacute;crates como individuo que ser&iacute;a una substancia primera o S&oacute;crates en cuanto tal; luego, S&oacute;crates en cuanto hombre que ser&iacute;a una substancia segunda en tanto que especie; y, finalmente, S&oacute;crates en cuanto animal, que ser&iacute;a una substancia segunda en cuanto g&eacute;nero.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De las definiciones de substancia primera y substancia segunda podemos extraer la delimitaci&oacute;n de lo que ser&iacute;an los accidentes, aunque sea por apelar a una forma negativa de &eacute;stas. Se dir&iacute;a, pues, que accidente es lo que pudiendo estar, o no, en un sujeto, se dice necesariamente de &eacute;l. "Accidente" ser&iacute;a entonces equivalente a "predicado" o a "cualidad" o a "propiedad". Volviendo entonces a los ejemplos que antes d&aacute;bamos, dir&iacute;amos que en "La nieve es blanca" el accidente es " blanca" . Vemos que se dice de un sujeto, pero tambi&eacute;n que podr&iacute;a no estar en &eacute;l: "La nieve blanca se funde en primavera" .</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Luego veremos m&aacute;s implicaciones de esto, pero volvamos, de momento, al lugar del que part&iacute;amos -el movimiento y la causa-, pues no lo hemos explicado suficientemente. ¿C&oacute;mo se produce el movimiento, ahora que hemos visto que efectivamente se da? Dijimos que por la causa, pero esto es simplemente cambiar el nombre de "movimiento" por el de "causa" . Arist&oacute;teles nos va a decir que hay diferentes tipos de causa. Est&aacute; la causa eficiente, que es el sentido que damos hoy d&iacute;a a esta palabra: el hecho de que a un fen&oacute;meno le siga otro d&aacute;ndole as&iacute; origen "si A, entonces B" o  El impacto de la bola blanca mueve la bola negra" . Tambi&eacute;n, hay una causa formal que es la que da raz&oacute;n de que una cosa sea lo que es: "la forma del &aacute;rbol es causa del &aacute;rbol" . Estrechamente ligada a esta, la causa material, que determina lo que ha de recibir de forma pasiva la forma, por ejemplo, "la causa material de la moneda es el oro" . Y, por &uacute;ltimo, la causa final o teleol&oacute;gica, esto es, aquella que expresa hacia lo que tiende una cosa: "la semilla tiende -como causa final suya- al &aacute;rbol" . Pues bien, con estas clases de causas explica Arist&oacute;teles todo movimiento o cambio. Pero es necesario formular los t&eacute;rminos comunes a todo movimiento o cambio que participan en &eacute;l. As&iacute;, toda cosa es el resultado de un tr&aacute;nsito de la materia a la forma; con lo que, todo nace o pasa de la nada al todo por el "deseo" que tiene toda materia de actualizarse en una forma concreta: de determinarse. Esto se debe a que la materia es pura potencia, es decir, es tendencia-a. El cambio de esta clase se da, pues -en sentido en que expresa la causa final que es la que m&aacute;s le interesa a Arist&oacute;teles- por el " deseo" de toda potencia de actualizarse, por la pulsi&oacute;n de dejar de ser un llegar-a-ser (como, por ejemplo, es un ni&ntilde;o) a un ser o entelequia primera o <i>"&#949;&#957;&#964;&#949;&#955;&#941;&#967;&#953;&#945;</i> (un hombre).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3.1.2. Otros aspectos de la ontolog&iacute;a aristot&eacute;lica.</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Arist&oacute;teles da una respuesta mayor todav&iacute;a al problema del cambio pero no hay mucho m&aacute;s espacio y hemos querido condensar en l&iacute;neas muy generales su propuesta, la cual, -dicho sea de paso- ser&aacute; aceptada, casi de forma un&aacute;nime, para explicar la realidad hasta la f&iacute;sica newtoniana. Pero aqu&iacute; hemos de salirnos un poco del problema del cambio -no lo hemos dicho pero es el problema de la &#966;&#973;&#963;&#953;&#962; o physis o naturaleza, es decir, "lo que brota" - y afrontar, en pocas l&iacute;neas, uno de los gruesos de la ontolog&iacute;a aristot&eacute;lica, para comprender hasta qu&eacute; punto es Arist&oacute;teles el padre del vocabulario y de la problem&aacute;tica ontol&oacute;gica. As&iacute; pues, hemos de advertir que uno de los problemas mayores de la ontolog&iacute;a (a partir del cual podremos seguir con la cuesti&oacute;n de las substancias que dej&aacute;bamos antes abierta) y del que intuitivamente podr&iacute;a decirse que se ocupa, es c&oacute;mo organizar lo que hay. Frente a una primera pregunta ontol&oacute;gica que es "¿qu&eacute; hay?" , que para Arist&oacute;teles ser&iacute;a respondida, <i>grosso modo</i>, como «hay substancias fruto del cambio y de la actualizaci&oacute;n de una potencia o de la "informaci&oacute;n" de una materia de que se predican unos accidentes"; frente a aquella primera pregunta y su respuesta seguimos encontr&aacute;ndonos con la intuici&oacute;n de que hay una jerarqu&iacute;a o una ordenaci&oacute;n en lo real. Arist&oacute;teles va a proponer, as&iacute;, que lo real (que para &eacute;l no es distinto, por cierto, de los fen&oacute;menos o, en sus palabras, <i>sensibles</i>) se organice de acuerdo a sus propiedades esenciales, esto es, se articule en categor&iacute;as. No las vamos a explicar y s&oacute;lo vamos a decir que son diez (substancia, cantidad, cualidad, relaci&oacute;n, lugar, tiempo, situaci&oacute;n, condici&oacute;n, acci&oacute;n y pasi&oacute;n), y que, esta forma -conceptual- de ordenar lo real ser&aacute; un objeto de una amplia discusi&oacute;n a lo largo de la historia de la filosof&iacute;a y de la ontolog&iacute;a (hemos de pensar que toda la " ciencia" que se produce despu&eacute;s de Arist&oacute;teles est&aacute; ligada a ellas, como, por ejemplo, la investigaci&oacute;n de Ptolomeo) y nos encontraremos, tras el impacto de la f&iacute;sica newtoniana, al propio Kant discutiendo en este punto con Arist&oacute;teles y rechazando como categor&iacute;as, por ejemplo, el lugar, la substancia, el tiempo, la acci&oacute;n o la pasi&oacute;n, entre otras.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>3.3. Arist&oacute;teles a lo largo de la historia.</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En los siglos que seguir&aacute;n a Arist&oacute;teles su ontolog&iacute;a y su filosof&iacute;a sufrir&aacute;n una gran expansi&oacute;n que peligrar&aacute;, dado que tambi&eacute;n lo har&aacute;n sus obras, con la ca&iacute;da del Imperio romano. Ser&aacute;n, como hemos visto, los &aacute;rabes los que la recuperen y tambi&eacute;n los primeros que la comenten. Y luego, los autores y profesores medievales los que la investiguen y los que de ella se sirvan para dar una estructura y fundamentaci&oacute;n ontol&oacute;gica del cristianismo. As&iacute;, vemos a Avicena, a Santo Tom&aacute;s, a Duns Scoto, a Guillermo de Ockham, que partir&aacute;n de la ontolog&iacute;a aristot&eacute;lica. Por ejemplo, Santo Tom&aacute;s recuperar&aacute; algo que hemos pasado antes por alto porque no es lo genuinamente " ontol&oacute;gico" de la ontolog&iacute;a o metaf&iacute;sica aristot&eacute;lica: recuperar&aacute; la noci&oacute;n de motor inm&oacute;vil de Arist&oacute;teles, que es ese del cual se encarga la primera de las ciencias, ese <i>ens realisimum</i> de quien todo es consecuencia, pero que no tiene causa, eso que es todo acto y toda forma sin materia ni potencialidad. Santo Tom&aacute;s la va a recuperar, y, con ella, casi de forma &iacute;ntegra, toda la ontolog&iacute;a aristot&eacute;lica, para -entre otras cosas- poder justificar doctrinas cristianas clave, como la existencia de Dios, mediante sus c&eacute;lebres cinco v&iacute;as.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aqu&iacute; no tenemos la oportunidad, dadas las limitaciones de espacio, de ver terminado un proyecto casi geneal&oacute;gico sobre la ontolog&iacute;a como disciplina, por lo que nos hemos limitado a ver c&oacute;mo queda abierto su campo de problemas. Sin embargo, en un texto que saldr&aacute; con posterioridad a &eacute;ste y del que ha sido extra&iacute;do, se podr&aacute; ver, de una forma m&aacute;s completa, c&oacute;mo se despliega la ontolog&iacute;a y su tarea, pasando por los inicios de la Modernidad y viendo c&oacute;mo quedar&aacute; y en qu&eacute; estado a comienzos del siglo XX.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>4. Conclusiones: Posibles v&iacute;as</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aqu&iacute; no tenemos la oportunidad, dadas las limitaciones de espacio, de ver terminado un proyecto casi geneal&oacute;gico sobre la ontolog&iacute;a como disciplina, por lo que nos hemos limitado a ver c&oacute;mo queda abierto su campo de problemas. Sin embargo, en un texto que saldr&aacute; con posterioridad a &eacute;ste y del que ha sido extra&iacute;do, se podr&aacute; ver, de una forma m&aacute;s completa, c&oacute;mo se despliega la ontolog&iacute;a y su tarea, pasando por los inicios de la Modernidad y viendo c&oacute;mo quedar&aacute; y en qu&eacute; estado a comienzos del siglo XX.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Foucault, M. (2014). Nietzsche, la genealog&iacute;a, la historia. (J. V. P&eacute;rez, Trad.) Valencia: Pretextos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874904&pid=S1988-348X201600030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Whitehead, A. N. (1956). Proceso y realidad. (J. R. Armengol, Trad.) Buenos Aires: Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874906&pid=S1988-348X201600030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Aubenque, P. (2008). El problema del ser en Aristo&oacute;teles. (V. Peña, Trad.) Madrid: ESCOLAR Y MAYO.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874908&pid=S1988-348X201600030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Mart&iacute;nez Marzoa, F. (2000). Historia de la  filosofía. Madrid: Ediciones Istmo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874910&pid=S1988-348X201600030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Arist&oacute;teles (2014). Metaf&iacute;sica (T. C. Mart&iacute;nez, Trad.) Madrid: Gredos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874912&pid=S1988-348X201600030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Arist&oacute;teles (2002). F&iacute;sica (G. R. de Echand&iacute;a, Trad.) Madrid: Gredos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874914&pid=S1988-348X201600030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Arist&oacute;teles (1995). Organon I y II (M. C. Sanmart&iacute;n, Trad.) Madrid: Gredos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1874916&pid=S1988-348X201600030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pérez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. V.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Nietzsche, la genealogía, la historia]]></source>
<year>2014</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pretextos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Whitehead]]></surname>
<given-names><![CDATA[A. N.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Armengol]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Proceso y realidad]]></source>
<year>1956</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Losada]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aubenque]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Peña]]></surname>
<given-names><![CDATA[V.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El problema del ser en Aristoóteles]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ESCOLAR Y MAYO]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martínez Marzoa]]></surname>
<given-names><![CDATA[F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia de la filosofía]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Istmo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Martínez]]></surname>
<given-names><![CDATA[T. C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Metafísica]]></source>
<year>2014</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Echandía]]></surname>
<given-names><![CDATA[G. R. de]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Física]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sanmartín]]></surname>
<given-names><![CDATA[M. C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Organon I y II]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
