INTRODUCCIÓN
La primera definición formal de inteligencia emocional (IE) surge en 1990 a partir de la conceptualización que realizan Salovey y Mayer. Estos autores la definieron como un tipo de inteligencia social que incluye “la habilidad para supervisar los sentimientos y las emociones propias y de los demás, para discriminar entre ellos y para usar esta información como guía de la acción y el pensamiento” (Salovey y Mayer, 1990, p.189). Desde su introducción, la IE ha cobrado gran relevancia en múltiples ámbitos de la Psicología (Gutiérrez Cobo et al., 2017; Keefer et al., 2018; Mikolajczak y Van Bellegem, 2017). En estas tres décadas de su desarrollo se han aportado distintas definiciones (Guy y Lee, 2015; Mayer et al., 2008). En un intento de organizar la literatura sobre IE, es posible reconocer la existencia de tres grandes modelos (Gutiérrez Cobo et al., 2017; Kanesan y Fauzan, 2019).
En el primero, el modelo de habilidad, la IE se comprende como la habilidad de un individuo para percibir, comprender y regular sus propias emociones y las de los demás (Mayer et al., 2004). Estas habilidades están organizadas jerárquicamente, de modo que la percepción de las emociones está en el nivel más básico, y el manejo de las emociones en el nivel más alto y complejo de la jerarquía (Fernández Berrocal et al., 2005; Mayer et al., 2016).
El segundo modelo, el mixto, considera a la IE como un concepto amplio que incluye motivaciones, habilidades interpersonales e intrapersonales, factores de personalidad y bienestar (Kanoujiya y Mishra, 2021; Mayer et al. 2008). Desde este enfoque, destacan las conceptualizaciones de Goleman (1998) y de Bar-On (1997; 2006).
El tercer modelo, el de rasgo, pretende incluir todas las “facetas de la personalidad que están específicamente relacionadas con el afecto” (Petrides et al., 2007, p. 274). El mismo consta de cuatro componentes: bienestar, sociabilidad, autocontrol y emocionalidad (Petrides et al., 2007).
Frente a esta diversidad de modelos, un desafío que se plantea actualmente es la necesidad de arribar a una definición común de IE (Mayer et al., 2008). Desde otro marco se reconoce que estos modelos no son antagónicos y pueden complementarse en la investigación de IE (Evans, 2016; Hughes y Evans, 2016; Roberts et al., 2016; Salguero et al., 2015).
Medición de la IE
El avance en los estudios sobre IE trajo aparejado el desarrollo de múltiples medidas, coexistiendo diversos criterios de clasificación. Así, una forma de clasificarlas considera los modelos de IE previamente señalados (O'Connor et al, 2019). Desde el modelo de habilidad, los mayores esfuerzos se han centrado en el desarrollo de medidas de ejecución (e.g. Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test, MSCEIT; Mayer et al., 2002). Desde el modelo mixto, se han tendido a utilizar especialmente pruebas de autoinforme (e.g. Bar-On Emotional Quotient Inventory, EQ-i; Bar-On, 1997), aunque también formas de evaluación 360 grados, en particular en el ámbito laboral. El modelo de IE rasgo, por su parte, generó medidas de autoinforme para medir la IE general y sus subdimensiones (e.g. Trait Emotional Intelligence Questionnaire, TEIQue, Petrides, 2001; Petrides y Funham, 2003).
Otra clasificación de medidas de IE recupera la distinción entre pruebas de rendimiento máximo y de rendimiento típico (O'Connor et al, 2019; Petrides y Furnham, 2001). Considerando esta distinción, Petrides y Furnham (2001) han diferenciado entre medidas de IE rasgo y medidas de IE habilidad. De acuerdo con los autores, la IE habilidad debería medirse mediante pruebas de rendimiento máximo, mientras que la IE rasgo a través de pruebas de rendimiento típico.
Si bien se han desarrollado medidas de IE desde diferentes perspectivas, su evaluación continúa siendo un tema de debate. Una de las razones es que no existe un criterio consensuado sobre cuáles de esas medidas deberían utilizarse (Bru-Luna, 2021; Sánchez-Teruel y Robles-Bello, 2018). Ello se explica por la proliferación de pruebas, muchas de las cuales presentan dudosas propiedades psicométricas (Extremera et al. 2004; O'Connor et al, 2019; Rodrigo Ruiz et al., 2019; Sánchez-Teruel y Robles-Bello, 2018).
A las dificultades conceptuales y de medición señaladas, en países de habla hispana como Argentina, se suman limitaciones referidas a la utilización de instrumentos diseñados para otras culturas. Frecuentemente se emplean pruebas meramente traducidas, sin profundizar en equivalencias conceptuales, lingüísticas y métricas (International Test Commission, 2017). La selección de instrumentos no adaptados o validados para población local conduce a sesgos y a la imposibilidad de comparar con los hallazgos publicados en otros países (Muñiz et al., 2020).
Conjuntamente con los aspectos mencionados, si bien se han desarrollado revisiones sistemáticas sobre medidas de IE (e.g. Arrivillaga y Extremera, 2020; Bru-Luna, 2021, O'Connor et al., 2019; Rodrigo Ruiz et al., 2019; Sánchez-Camallo y Grane, 2022; Sánchez-Teruel y Robles-Bello, 2018) no existe en Argentina un estudio de tales características. En estas tres décadas de desarrollo de la IE, no se han efectuado en dicho país trabajos que puedan aportar visibilidad sobre las medidas de IE existentes y sobre su calidad psicométrica.
Atendiendo a los aspectos mencionados, se propone en este estudio realizar una revisión sistemática sobre los instrumentos construidos, adaptados y/o validados para la medición de IE en adultos de población argentina. Este análisis tendrá en cuenta: la existencia de medidas de IE que se hayan construido y/o adaptado en Argentina, los modelos teóricos existentes que subyacen a cada instrumento, las propiedades psicométricas reportadas y su comparación con respecto a las propiedades señaladas en las pruebas originales (en el caso de adaptaciones).
MÉTODO
Para realizar este trabajo se consideraron las directrices de la declaración PRISMA (Page et al., 2021). La estrategia de búsqueda consistió en el rastreo a través de las bases de datos PubMed, SciELO, Redalyc y ScienceDirect, durante el mes de mayo de 2022. Se combinaron los términos de búsqueda “(inteligencia emocional OR emotional intelligence) AND (confiabilidad OR reliability) AND (validez or validity) AND (construcción OR construction OR adaptación OR adaptation OR validación OR validation)”.
Con respecto a los criterios de inclusión, se limitó la búsqueda a: 1) estudios de validación, adaptación o construcción de instrumentos de IE en el contexto argentino; 2) escritos en español o en inglés; 3) publicados en revistas con referato; 4) que incluyeran muestras de adultos de Argentina; y 5) que aportaran evidencias de validez y confiabilidad. Se excluyeron investigaciones publicadas en otros idiomas, artículos teóricos, revisiones, estudios cualitativos e investigaciones realizadas con muestras de infantes, adolescentes o adultos mayores.
Para la elegibilidad de los artículos, dos investigadores revisaron inicialmente los títulos, resúmenes y palabras clave de todos los estudios identificados. En aquellos casos en que los resúmenes no posibilitaron valorar la elegibilidad, se revisaron los artículos completos. Una vez seleccionados los artículos, se implementó la lista de verificación de PRISMA. Los casos de discrepancia se resolvieron mediante consenso. Luego se indagaron las referencias de los artículos seleccionados con el fin de identificar instrumentos faltantes.
Con respecto a la estrategia de extracción de datos, se utilizó una planilla de cálculo para consignar: título, autores, año de publicación, idioma, revista y resultados.
RESULTADOS
La búsqueda arrojó un total de 805 resultados: 159 provenientes de PubMed, 240 de SciELO, 387 de Redalyc y 19 de ScienceDirect. De estos, se eliminaron 22 duplicados. Al leer los resúmenes restantes se excluyeron 775 artículos y se examinaron los textos completos de 8 artículos. Los artículos excluidos por resumen no cumplían con los criterios de inclusión. Por ejemplo, se trataba de manuscritos que no incluían estudios de validación o adaptación de instrumentos de medida de IE, o que utilizaban medidas de IE para responder a los objetivos propuestos, pero no eran estudios instrumentales. También se descartaron estudios que no estaban realizados en la Argentina.
De los 8 artículos cuyos textos completos fueron analizados, 2 fueron excluidos dado que, eran investigaciones realizadas en el contexto argentino, pero empleaban instrumentos que no fueron adaptados y/o validados para su utilización en dicho país. Un artículo fue excluido por estudiar las competencias socioemocionales, pero no específicamente la inteligencia emocional. Luego de analizar los 5 artículos restantes, al considerar sus respectivas referencias bibliográficas, se pudieron detectar 4 nuevos estudios. De éstos, 1 no fue recuperado dado que se trataba de un artículo sin publicar. Los 3 restantes cumplían con los criterios especificados para la revisión y fueron incorporados a la misma, llegando a un total de 8 artículos. Los resultados de la búsqueda se muestran en la Figura 1, en la que se presenta el diagrama de flujo que detalla el proceso de selección de los estudios según la declaración PRISMA (Page et al., 2021).
La Tabla 1 resume los siguientes aspectos de las 8 investigaciones detectadas: autores del estudio; base o fuente de los que fueron extraídos; nombre del instrumento y versión; modelo teórico; clasificación técnica de los instrumentos; si se trató de una adaptación o construcción; muestra (n, lugar); edades de los participantes; evidencias de validez y confiabilidad; y comparación psicométrica con las versiones originales. Utilizando el criterio que clasifica las medidas de IE según los modelos teóricos (habilidad, rasgo y mixto), se describen los principales aspectos que se presentan en la Tabla 1.
Medidas basadas en el modelo de habilidad
La primera categoría incluye instrumentos que se enmarcan en el modelo de habilidad, principalmente en el de Salovey y Mayer (1990). El primer instrumento desarrollado bajo esta conceptualización fue la Trait Meta-Mood Scale 48 (TMMS; Salovey et al., 1995). Dos de los artículos seleccionados presentan la adaptación de este instrumento para adultos argentinos (González et al., 2020; Mikulic et al., 2017). Sin embargo, el estudio de Mikulic et al. (2017) adaptó la versión original de 48 ítems (Salovey et al.,1995), mientras que el de González et al (2020) partió de la versión española de 24 ítems (Fernández-Berrocal el al., 2004) para efectuar estudios de validación. Mikulic et al. (2017) obtuvieron una solución de 3 factores con 27 ítems en una muestra de población general de Buenos Aires. Si bien la solución factorial obtenida conservó los 3 factores propuestos en el modelo de Salovey et al. (1995), la composición de los mismos y la cantidad de ítems resultantes fue diferente. En cuanto a los resultados referidos a la consistencia interna de la adaptación de Mikulic et al. (2017), que oscilaron entre α=.74 y α=.85, muestran concordancia con los valores reportados en la versión original (Tabla 1).
González et al. (2020) validaron la versión española de 24 ítems (Fernández-Berrocal et al., 2004) en una muestra de estudiantes universitarios, conservando una estructura de 3 factores y 24 ítems. Dicho estudio presentó valores de consistencia interna levemente superiores a los reportados para la TMMS-24 (Tabla 1).
Con respecto al Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test (MSCEIT; Mayer et al., 2002) se encontró una adaptación para población general de Buenos Aires (Mikulic et al, 2013). En el estudio realizado se explicita el proceso que incluyó modificaciones en distintos ítems con el fin de garantizar la equivalencia conceptual y lingüística. También se reportan los resultados del análisis de fiabilidad de las escalas. Se obtuvo una alta fiabilidad para el puntaje total, las dos áreas y las 4 ramas del MSCEIT (Tabla 1), aunque los valores hallados fueron levemente inferiores a los reportados en la versión original (Mayer et al., 2002). La validación de la adaptación privilegió la comprobación de la validez ecológica hasta el momento de su publicación.
Otro instrumento basado en el modelo de Mayer y Salovey (1997) es el Schutte Self-Report Emotional Intelligence Test (SSEIT, Schutte et al. 1998). Se halló un solo estudio realizado en Argentina que expone su adaptación para estudiantes de Rosario y Santa Fé (Omar et al., 2014). Respecto a las propiedades psicométricas reportadas, a diferencia de la versión original, se halló una solución bifactorial: 1) Expresión y regulación emocional, conformado por 15 ítems y 2) Usos de la emoción, constituido por 10 ítems. Se reportan evidencian de validez concurrente y coeficientes de consistencia interna similares a los hallados por Schutte et al. (1998) (Tabla 1).
También desde el modelo de habilidad de Mayer y Salovey (1997) se detectó un instrumento construido en Argentina: el Inventario de Inteligencia Emocional Percibida (IIEP, Mikulic et al., 2018). El IIEP se construyó con la finalidad de integrar los componentes intra e interpersonales en la evaluación de la IE percibida. Los estudios de validez reportados muestran evidencia de una estructura interna de 6 factores (atención emocional propia, expresión emocional, comprensión emocional propia, regulación emocional propia, atención emocional de los otros, comprensión y regulación emocional de los otros). El análisis de los factores obtenidos permitió establecer un alto nivel de correspondencia con respecto al modelo teórico de IE adoptado (Mikulic et al, 2017). Como se registra en la Tabla 1, la confiabilidad por consistencia interna de las escalas osciló entre α =.81 y .93.
Medidas basadas en el Modelo de Rasgo
Considerando los instrumentos basados en el modelo de IE rasgo se identificó la adaptación del Trait Emotional Intelligence Questionnaire (TEIQue, Petrides & Furnham, 2001, 2003) para su uso en adultos de Buenos Aires (Mikulic et al., 2010). Se reportaron evidencias favorables de validez de constructo y concurrente de la versión adaptada del TEIQue. En cuanto a la consistencia interna, los coeficientes obtenidos para cada uno de los 4 factores fueron de mayor magnitud en la adaptación argentina que en la original (Tabla 1).
Medidas basadas en el Modelo Mixto
Desde este enfoque se encontró la adaptación del BarOn Emotional Quotient Inventory (EQ-i; Bar-On, 1994, 1997) realizada por Gómez Dupertuis y Moreno (1995) y la validación efectuada por Regner (2008). Gómez Dupertuis y Moreno (1996) reportaron índices de confiabilidad que oscilaron entre α = .53 y .86, para las doce sub-escalas adaptadas del EQ-i (Tabla 1), pero no informaron valores de consistencia interna para los 5 factores del instrumento, ni estudios de validez. Regner (2008) obtuvo evidencias favorables de confiabilidad, validez convergente y discriminante (Tabla 1). Sin embargo, esta validación presenta como limitación que la muestra sobre la cual se realizaron los estudios corresponde a una sola ciudad de Argentina y presenta un tamaño reducido.
DISCUSIÓN
El objetivo de este trabajo fue realizar una revisión sistemática sobre los instrumentos construidos, adaptados y/o validados para la medición de IE en adultos argentinos. Sí se consideran los resultados de revisiones de medidas de IE efectuadas en otros países (Arrivillaga y Extremera, 2018; Bru-Luna et al., 2021, O'Connor et al., 2019; Rodrigo-Ruiz et al., 2019; Sánchez-Camacho y Grane, 2022; Sánchez-Teruel, Robles-Bello, 2018) el total de instrumentos construidos, adaptados y/o validados para la medición de la IE en Argentina resulta escaso. Considerando los modelos teóricos, según lo recabado en la presente revisión, se han registrado 8 estudios: 5 referidos a instrumentos basados en el modelo de habilidad, 2 al modelo mixto y 1 al modelo de rasgo. Estos datos concuerdan con la tendencia hallada, por ejemplo, en el trabajo de Bru-Luna et al. (2021) realizado en España, en el cual se identificaron 40 instrumentos de IE: 27 del modelo de habilidad, 8 del modelo mixto, 2 del modelo de rasgo y 3 que fueron conceptualizados bajo diferentes modelos (Mikolajczak et al., 2009; Ghuman, 2016). La prevalencia de instrumentos basados en el modelo de habilidad, denota la posición predominante del mismo en el campo actual de la investigación de IE.
También se registró una mayor utilización de medidas de autoinforme respecto de las pruebas de ejecución, en consonancia con investigaciones previas (Miners et al., 2017; Sánchez-Teruel y Robles-Bello, 2018). Este aspecto probablemente se deba a las ventajas de este tipo de medidas por su practicidad, ahorro de costos y tiempo (Extremera et al., 2004).
Considerando el proceso de revisión realizado, se descartaron una serie de artículos efectuados en el contexto argentino, dado que utilizaban instrumentos que carecían de adaptación y validación para su uso en adultos de ese país (Alecsiuk, 2015; Góngora y Casullo, 2009). Esto indica la necesidad de contar con adaptaciones actualizadas de las pruebas originadas en otros contextos y con profesionales especializados en el diseño y construcción de instrumentos.
Por otro lado, gran parte de los estudios argentinos no incluidos en esta revisión, utilizaron validaciones para población de España o de otros países que hablan español. Este aspecto demuestra, como señalan Muñiz et al. (2020), que uno de los principales problemas en relación con los instrumentos de medida, provienen de su uso inadecuado, más que de la calidad de los mismos.
Con respecto a los instrumentos analizados, se observó un claro predominio de las adaptaciones sobre las construcciones, dado el primordial interés de los investigadores por contar con publicaciones internacionales y transculturales.
Aunque todos los instrumentos adaptados presentaron propiedades psicométricas apropiadas para su utilización en contexto argentino, no en todos los casos se replicaron las estructuras factoriales y la distribución de los ítems de las versiones originales. Este aspecto denota la importancia de realizar estudios de validación para conocer las características de estos instrumentos al ser utilizados en diferentes contextos. Si no se disponen de pruebas adaptadas y validadas para la población diana, resulta difícil determinar la forma en que los factores culturales interactúan con la capacidad del individuo para percibir, comprender y regular sus emociones. Tampoco resulta posible conocer el peso específico que cada dimensión de IE tiene sobre el ajuste emocional y social de las personas (Fernández-Berrocal et al., 2005).
Asimismo, si bien los resultados obtenidos respecto a las propiedades psicométricas de las medidas analizadas son promisorios, existen limitaciones metodológicas. Por ejemplo, la adaptación de varios instrumentos fue realizada con muestras intencionales de tamaño pequeño y conformadas por estudiantes universitarios (e.g. Gómez Dupertuis y Moreno, 1996; González et al., 2020; Mikulic et al., 2010; Omar et al., 2014). Sin la pretensión de generar un juicio de valor sobre estas medidas, el propósito es resaltar la necesidad de robustecer la calidad demostrada por las mismas, a partir de nuevos estudios con muestras más grandes y representativas.
Considerando las limitaciones de este trabajo, se debe tener en cuenta que diversos estudios consultados no se incluyeron en la presente revisión por no reportar las propiedades psicométricas de las medidas de IE empleadas, o por no especificar si las mismas eran adaptaciones o validaciones locales. También se descartaron los estudios que no estuvieran escritos en idioma español o inglés, así como aquellos que referían instrumentos adaptados y/o validados para otros grupos etarios, como infantes y adolescentes. Esto puede significar una merma de información sobre la existencia de instrumentos de IE posiblemente válidos y confiables, construidos o adaptados para otros grupos o poblaciones de Argentina.
Asimismo, es preciso señalar que la investigación en IE se incrementa notablemente día a día y las bases de búsqueda consultadas no agotan la diversidad de estudios sobre adaptaciones, construcciones y validaciones de medidas de IE que pudieron haberse efectuado en Argentina. Además, la revisión sistemática se restringió a publicaciones indexadas y, por lo tanto, pudieron haberse omitido diferentes estudios publicados en otras fuentes de información, como libros o artículos que estaban en prensa, así como aquellos que hayan sido publicados en el transcurso de la elaboración de este estudio.
CONCLUSIONES
Si bien son escasos los instrumentos de IE que han sido construidos, adaptados y/o validados en Argentina, han mostrado óptimas propiedades psicométricas. En este sentido, pueden constituirse en herramientas valiosas para utilizar en investigaciones sobre IE en adultos y en la práctica profesional. Estos hallazgos alientan a continuar investigando las propiedades psicométricas de los instrumentos considerando diferentes grupos sociales y contextos.
Asimismo, la posibilidad de contar con medidas de IE válidas y confiables abre un campo de relevancia en la investigación actual de IE, que refiere a los estudios transculturales. Éstos pueden proveer los conocimientos acerca de los aspectos universales y específicos que intervienen en la percepción, expresión y manejo de las emociones (Takšić et al., 2018). Para ello, es preciso contar con medidas que reflejen las particularidades de las variables de estudio en los diferentes contextos en los que se empleen, a fin de evitar sesgos en las inferencias realizadas. Por último, se señala la importancia de continuar efectuando revisiones sistemáticas de la IE, dada la multiplicidad de modelos y medidas que han surgido en estas últimas décadas. Este trabajo pretende ser un aporte en este sentido, al recopilar y analizar los diferentes instrumentos para medir IE en población adulta argentina tras una revisión selectiva de la literatura. Asimismo, debido al interés que la investigación científica ha mostrado por la IE y sus beneficios en diferentes áreas vitales, es de suma relevancia extender esta revisión en diversos grupos etarios y contextos de aplicación de la Psicología.